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18.04.17

Sobre la verdad de la resurrección

Desde el siglo XIX ha tomado impulso peculiar una verdadera guerra contra el Resucitado. O para ser más exactos: oposición abierta, pero vestida de racionalidad, al dato tan sencillo y tan fundamental que nos traen los Evangelios: el que murió en la Cruz no ha quedado sujeto a la corrupción de los cadáveres; vive, está lleno de la gloria del Padre, y la muerte ya no tiene poder sobre Él.

Ya San Mateo (28,11-15) cuenta de un primer intento, muy burdo, de negar la victoria postrera del Crucificado: los soldados que guardaban la tumba deben testificar que, mientras ellos dormían, los discípulos robaron el cadáver.

Uno puede leer la historia de las herejías cristológicas como un esfuerzo continuado de robar su sentido y significado real a la resurrección. Por ejemplo: Si Cristo es un ser altísimo distinto de Dios y creado por Dios, como cree el arrianismo, entonces no es Dios pero tampoco es hombre, luego su muerte es falsa, o no es la muerte nuestra, y su resurrección no dice en verdad nada a nosotros.

Resucitó!
Si hay un Cristo “hijo de Dios” distinto de otro Cristo “hijo de María,” como quiere el nestorianismo, entonces la resurrección es, a lo sumo, la reanimación de un cadáver: una especie de segunda encarnación. Por supuesto, ello tampoco dice nada a nuestra esperanza porque nosotros no contamos con que el Lógos se una a nosotros después de que muramos.

Si en Cristo sólo hay una naturaleza, la naturaleza divina, como pretende el monofisismo, entonces su muerte es un holograma repleto de efectos especiales… que nada dicen a la realidad cruda y dura de nuestra propia muerte.

Al revisar las principales herejías uno pronto entiende la sabiduría del dictum de San Ireneo: Caro cardo salutis: la verdad y realidad de la carne de Cristo, y por ende, de su plena naturaleza humana, unida en la única persona del Verbo, es el fundamento para creer en el amor que se desplegó en la Cruz, y para dar fundamento a la esperanza que se despliega con la resurrección.

Así las cosas, una oleada de escepticismo hacia los milagros en general, y hacia la resurrección de Cristo en particular, ha llevado a tratar de reinterpretar los Evangelios desde ideas ajenas y artificales, como aquello de que Cristo resucitó “en la fe de los discípulos,” es decir, algo completamente semejante a lo que un entusiasta de Mao Tse-Tung puede gritar en una manifestación callejera: “¡Mao Vive!” Y si le preguntamos al del grito: de qué modo vive Mao, él admite que el cadáver de Mao siguió el destino de todo cadáver, y que lo que se conserva es por obra de un proceso de embalsamamiento. Pues así pretenden estos sedicentes teólogos que pensemos de Cristo: que lo que está vivo es “su proyecto,” “su causa,” la cual después se interpreta como luchar por unos “valores del Reino,” que al final se reducen a un humanismo horizontal y buenista bien salpicado de socialismo.


Puede complementarse esta reflexión con:

  1. Cinco homilías sobre la resurrección
  2. Video sobre cómo prepararse para la Pascua y para el Tiempo Pascual.
  3. Pascua y comunidad.

26.12.16

Sobre aquello de No Juzgar

Jesús cuando vino al mundo enseñó a no juzgar, sino por el contrario enseñó a amar, porqué lo hacemos nosotros los cristianos? – K.M.

* * *

La expresión “no juzgar” hay que saberla entender porque de otro modo lleva a contradicciones insolubles.

Piensa nada más en esto: Cuando le decimos a alguien: “No juzgues” ya estamos haciendo un juicio nosotros mismos.

Piensa también en que si uno quisiera evitar absolutamente TODO juicio, uno no podría decir nada sobre los que secuestran niñas para violarlas y matarlas porque entonces uno estaría “juzgando” al que cometió tales hechos.

Y piensa además que si uno intentara evitar TODO juicio moral, resultaría imposible educar a un niño o a un joven porque educar siempre implica expresar juicios morales; como por ejemplo: “No sigas el camino de los corruptos, que se roban el dinero del pueblo.”

Por último, démonos cuenta de que lo de “no juzgar” se dice y repite machaconamente cuando se trata de ciertos comportamientos (y pecados) mientras que otros sí son condenados duramente. Es frecuente que se aplique lo de no juzgar a temas de afectividad y sexo (implicando que cada quien viva su sexualidad más o menos como le parezca) mientras que el tráfico de drogas o las actividades de la mafia se condenan sin tapujos. O sea que evitamos juzgar en cuanto a los pecados “de moda” y sí juzgamos las lacras “de moda.”

Todo eso muestra que el sentido de las palabras de Cristo no podía ser–y no es–que debemos abstenernos de decir si las cosas son buenas o son malas. Uno no puede ver un secuestro o una violación, por ejemplo, y quedar amordazado por esta interpretación de las palabras de Cristo hasta el punto de no poder denunciarlo porque “eso sería juzgar.”

Entonces, ¿cómo entender rectamente la enseñanza del Señor?

Un buen punto de partida es que Cristo no hablaba español, ni latín; quizás entendía bastante griego pero su mente y corazón provienen del pueblo judío y de la raza hebrea. Lo mejor es explorar las palabras “justicia/juicio” (mishpat) y “juzgar” (shaphat ó shafat) desde el hebreo. Y lo primero que uno nota es que shafat es un verbo que equivale a “gobernar” de modo que el que hace justicia es ante todo el mismo que gobierna, o sea, el rey. Puesto que Dios es el rey del mundo y el soberano de las naciones de la tierra, es claro que “hacer justicia” o dar el “mishpat” corresponde a Dios.

En nuestras sociedades, en cambio, los juicios suceden en juzgados, y pueden ser apelados, e ir a distintos tribunales, de más alto rango; o por el contrario, hay casos que pueden prescribir y ya no ser sometidos al sistema judicial. En Israel, y en general en todos los pueblos antiguos, el juicio sobre una situación o sobre una persona, era algo que sucedía UNA VEZ y que venía directamente del soberano (no había nuestra famosa separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial); pronunciar juicio no admitía en principio apelación y definía para siempre el destino de una persona. esa es la idea de “juzgar” que está detrás de la advertencia de Cristo.

“Juzgar” en lengua hebrea, es tomar el lugar del juez, y el único juez es Dios, cuyos “juicios” indican la verdad definitiva y el destino final de cada persona. De modo que “no juzgar” equivale a: “No pretendas tomar el lugar de Dios creyendo que puedes conocer o definir el desenlace final de la vida de otra persona.” Por supuesto, ese mandato no implica que suspendamos toda opinión sobre todo comportamiento pues entonces ni siquiera la predicación sería posible.

Y no olvidemos que el mismo Cristo nos invitó a practicar la corrección fraterna (Mateo 18,15-17). ¿Cómo podría yo corregir a mi hermano si cada vez que le fuera a decir que está haciendo algo incorrecto él me dijera: “¡Tú, cállate: me estás juzgando.”

En resumen: el mandamiento de No Juzgar significa que no usurpemos el lugar de Dios en cuanto a qué va a suceder finalmente en la vida de una persona; pero ello no impide que reconozcamos, en nosotros mismos y en los demás, cosas que son incorrectas y que deben ser corregidas.

16.10.16

Secuestro de representatividad

El concepto

En el sistema de gobierno democrático pocas palabras pueden competir en importancia con el verbo “representar” y sus derivados. La razón por la que unos líderes acceden a cuotas de poder mayores que los demás ciudadanos, ya se trate de lo ejecutivo, lo legislativo o lo judicial, es porque se supone que representan a sectores amplios o significativos de la sociedad. por eso todo político en sus cabales debe asegurarse de que sus electores se vean representados en él, o ella, según sea el caso.

El proceso para lograr la representatividad es complejo, diverso y cambiante: como un juego cuyas reglas se re-escriben a menudo. Uno puede decir con bastante fundamento que, en general, esas reglas tienden cada vez más a lo vano, lo externo, lo publicitario. Hay elecciones muy importantes en que el tono de voz, el peinado del candidato, la vestimenta o la gente con la que se toma fotografías tienen un peso absurdo y muy alto. Si conoce Usted la realidad española, imagine por ejemplo qué pasaría si Pablo Iglesias apareciera mañana dando declaraciones sin su famosa coleta, y más bien aderezado con una elegante corbata y saco de paño.

Lamentablemente la consecuencia que esto trae es que las destrezas requeridas por el juego democrático para acceder al poder no son necesariamente equivalentes a las destrezas requeridas para hacer un gobierno justo y orientado al bien del país. El resultado de este desfase de destrezas es que con bastante frecuencia llegan a la cima del poder retóricos o actores notablemente ineptos cuya única preocupación se condensa en esta pregunta: ¿Y ahora qué tengo que hacer / parecer / decir / declarar / gritar para seguir en el poder? Nada de extraño que el político camaleónico sea un especie de rabiosa reproducción en nuestros días.

Otra consecuencia de la hipertrofia de la representatividad es que los inevitables ataques entre facciones conllevan casi siempre un esfuerzo por transmitir al adversario este mensaje: “Usted NO representa a tal o cual sector de la sociedad…” Una frase tan breve, que a la mayoría de los seres humanos nos dejaría impávidos, supone una tortura mental espantosa para los que son políticos por su ADN, o porque no tuveron otra opción en la vida. Decirle a un político que no representa a una parte de la población es como maldecirlo, como arrancarle un brazo, como dejar al descubierto que finalmente es simplemente un ser humano.

Me vienen a la memoria varios ejemplos de esta clase de “improperios.” El 31 de agosto de 2016, en una de las largas series de discursos con motivo de los esfuerzos por formar gobierno en España, Mariano Rajoy, presidente en funciones, y Pablo Iglesias se envuelven en menuda trifulca por la representatividad, con estas palabras, que recoge la versión electrónica del periódico El Mundo:

Iglesias dijo que, afortunadamente, nadie dudaba de que Podemos y PP son “formaciones antagónicas” […] y empezó con su cantinela habitual sobre la gente. ¡Viva la gente! La hay donde quiera que vas. Incluso en el PP, como bien le contestó Rajoy: “¿Hay alguien en esta Cámara, además de usted y sus correligionarios, que tenga algo bueno? ¿Todos los que no le gustan a usted son malos? A ustedes les votan los jóvenes, los catedráticos… Al PP, según usted, nos votan los ricos y algún despistado. Ustedes no tienen el monopolio de la gente".

No soy entusiasta de Rajoy. Ni de lejos. Pero su respuesta es ejemplo de libro de lo que significa golpear a un político, en este caso, a Iglesias, donde más le duele: “Ustedes no tienen el monopolio de la gente…”

El mismo periódico alude a otra anécdota semejante, esta vez en el debate entre Giscard D’Estaing y Mitterand, en 1974. El periódico El País recoge lo sucedido:

El primer debate en la historia de las presidenciales francesas tuvo lugar el 10 de mayo de 1974, cuando la tradición se había consolidado ya en América tras el legendario enfrentamiento entre Kennedy y Nixon. En aquella ocasión, Valéry Giscard D’Estaing y François Mitterand se sentaron frente a frente durante 1 hora y 40 minutos en un escenario entre pomposo y lúgubre. Los tiempos se medían con unos cronómetros semejantes a los de la Estación de Saint Lazare de París y los periodistas no tenían opción a hacer preguntas. De ese duelo queda una frase histórica para la política francesa. Cuando parecía que Mitterrand se llevaba el gato al agua en el debate, Giscard D’Estaing le dijo: “Señor Mitterrand, usted no tiene el monopolio del corazón". La leyenda dice que esa frase hizo mucho por la victoria del candidato conservador.

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10.09.16

Para no diluir la preciosa palabra 'misericordia'

Por favor, señale en cuál de los siguientes diez (10) pasajes de los evangelios Jesucristo dejó de ser misericordioso–o en caso contrario, amplíe Usted y complete su idea de misericordia:

* En Lucas 24, Jesucristo llamó “necios y torpes para entender las Escrituras” a dos de sus discípulos.

* En Mateo 16, llamo “Satanás” al apóstol Pedro, porque este quería disuadirlo de seguir el camino de la Cruz.

* En Juan 3, expulsó a latigazos a los que vendían palomas o cambiaban dinero en el Templo de Jerusalén.

* En Lucas 9, llamó “generación incrédula” a un grupo de seguidores, y preguntó: “¿hasta cuándo tendré que soportarlos?” con ocasión de un exorcismo que sus apóstoles no pudieron completar.

* En Juan 4, le dejó muy claro a la samaritana: “El hombre con el que estás viviendo NO es tu marido…”

* En Mateo 11, le anunció a la ciudad de Cafarnaúm que iba derecho hacia el infierno: así tal cual.

* En Juan 18, le aclaró a Pilato que él estaba en pecado, y que los que lo habían entregado a él estaban cometiendo un pecado peor.

* En Lucas 17, anunció la condenación para los que escandalizan o hacen perder la fe a los niños.

* En Mateo 26, dijo del traidor: “más le valdría no haber nacido.”

* Numerosas veces trató a sus adversarios de hipócritas, sepulcros blanqueados y raza de víboras.

Todos estos son pasajes reales de la Biblia. No se quede Usted con un Jesucristo mutilado o acomodado a los gustos del tiempo presente. Jesucristo NUNCA dejó de ser misericordioso; pero la misericordia incluye mostrar y denunciar el pecado, y llamar con voz clara a la conversión.

30.08.16

¿Cómo hay que votar en el referendo por la paz en Colombia?

Muchas personas me lo han preguntado: ¿Cómo debemos votar en el referendo por la paz?

* * *

Mi respuesta ha sido siempre la que nos han ofrecido nuestros obispos: cada colombiano debe estudiar los acuerdos; reflexionar; si es creyente, hacer oración; y luego votar en conciencia.

Nadie debe interpretar esta postura de la Iglesia como un abandono a sus feligreses, según decía algún irresponsable en una página web. Ese tipo de personas son las mismas que, cuando la Iglesia toma una postura que no les gusta, por ejemplo: en una votación en el senado sobre adopción de niños por parejas del mismo sexo, insisten en que la Iglesia no debe “meterse en política.” O sea que si, en casos moralmente graves y claros la Iglesia habla, se está “metiendo en política;” pero si en casos dudosos y controvertidos apela a la conciencia de las personas, está “abandonando el rebaño.” Todo indica que para algunas personas cualquier ocasión es buena para despreciar y vituperar a la Iglesia Católica.

En mi caso, que es el de millones de colombianos, veo algunas cosas buenas y varias cosas muy malas en los acuerdos firmados entre el gobierno y las FARC.

Es bueno que el jefe máximo de las FARC ordene un cese al fuego. No es un favor que nos hacen pero es de agradecer que podemos esperar mucha menos violencia en términos de secuestros, narcotráfico de guerrilleros y amenazas a la población civil.

Es muy bueno que la comunidad internacional se haya hecho y se siga haciendo presente, especialmente a través de la ONU. La veeduría internacional es un dato importante, que da credibilidad al proceso.

Es mala la sensación de impunidad que ha quedado en millones de nosotros. Simplificando las cosas, parece que los mandos medios y los guerrilleros rasos quedan mayormente exonerados porque la responsabilidad pesará sobre los máximos dirigentes. Pero estos tampoco pagarán gran cosa ni restituirán prácticamente nada porque pasan a ser parte de un movimiento político, y por supuesto, eso requiere que estén plenamente activos en la vida civil. El resumen y sensación es de impunidad. Cosa que choca cuando se tiene en cuenta la dureza de las penas–penas justas, por lo demás–que se han aplicado a algunos militares.

Es muy dañino que en un acuerdo de paz con las FARC haya amplias porciones de texto que consagran como parte del ordenamiento legal colombiano la ideología de género. Muchos miles de colombianos somos lo suficientemente informados e inteligentes como para ver el juego del presidente Juan Manuel Santos: hace unas pocas semanas, cientos de miles de colombianos, principalmente papás y mamás, se manifestaron en contra de la imposición de la ideología de género. El señor presidente anunció ante las cámaras que no se impondría a través del Ministerio de Educación una reglamentación supuestamente “anti-discriminatoria” que dejaba sin derechos a los papás que no quisieran que sus hijos fueran indoctrinados en la mencionada ideología. Pero, ¡sorpresa!, el caballo de Troya vuelve a entrar como un subcapítulo del larguísimo acuerdo con las FARC.

Claramente estamos ante un mandatario capaz de mentir con sus “juegos de póker,” usando la expresión que él mismo ha tomado para referirse con cierto cinismo a sus estrategias y su astucia. ¿Es de fiar lo que pacte un personaje así? ¿Qué otras trampas y bombas de tiempo están por ahí escondidas? ¿Cuántos de los que románticamente votarán por la “paz” darán aprobación a cosas que son realmente muy difíciles de descubrir, salvo para los expertos?

Reitero: cada quien tendrá que votar en conciencia. Son muchos los factores implicados, y mucha la luz que necesitamos para dar el mejor paso en esta coyuntura de la historia de Colombia.