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14.05.17

El egoísmo, epidemia espiritual de nuestro tiempo

Una comparación con la hipertensión

  • La hipertensión ha sido llamada «asesino silencioso» porque da muy pocas señales externas, lo cual le permite avanzar e instalarse en el cuerpo de su víctima.

  • La hipertensión hace particular daño en el corazón y en el cerebro; metafóricamente: en nuestros sentimientos y pensamientos (proyectos)

  • La hipertensión no se cura con una intervención drástica, como decir, una cirugía, sino que requiere medicamentos y a la vez cambios en el estilo de vida.

  • La persona hipertensa puede verse saludable, así como un egoísta radical puede llegar a ser una persona muy agradable, pero sólo cuando le conviene, y en la medida en que logra lo que quiere.

  • SIN EMBARGO, la hipertensión no se propaga por contagio; el egoísmo, sí.

  • Además, la hipertensión es algo fundamentalmente individual; el egoísmo funciona también en grupos más o menos concéntricos: Yo, yo y mi pareja, yo y mis amigos, yo y mi familia, yo y mi grupo o clase, etc. (A esto llamamos «egoísmo extendido»)

Factores actuales de gravedad

  • La idea muy generalizada de que libertad es “hacer lo que a cada quien le dé la gana” ve al individualismo como el estado natural de la especie humana.

  • A su vez, para los intereses económicos actuales, el individualismo se asocia con mayor consumo: si menos se comparte, más tiene que comprar cada uno.

  • Para los intereses políticos actuales, la desaparición de los medios de asociación significa mayor capacidad de control del individuo por parte del Estado.

  • Para las tendencias subjetivistas y relativistas, lo más cómodo es que cada uno “viva y deje vivir,” incluso si eso supone dejar aislados o en naufragio a millones de seres humanos, considerados como poco interesantes o poco productivos.

  • La soledad y el aislamiento agravan todas las necesidades del corazón humano; ese mismo agravamiento facilita la impulsividad y disminuye la capacidad de análisis y crítica de la gente, que por ello mismo se vuelve más fácil de manipular.

  • Muchos papás favorecen actitudes egoístas en sus hijos, a veces sin darse cuenta. Por ejemplo:

  • * Cuando deciden tener muy pocos hijos (no me refiero al caso en que las circunstancias determinan el número de nacimientos) y ponen por delante una especie de excusa: “Para darles lo mejor.” Esta actitud fomenta abundancia de regalos y atención obsesiva en los niños que a veces se sienten dueños y señores de las decisiones que se tomen en casa.

  • * Cuando les enseñan a tratar solamente a los compañeros buenos y a no juntarse con los considerados malos. Si bien es comprensible este criterio, para evitar malas influencias, el hecho de no enseñar nunca cómo ayudar al que está en problemas engendra una mentalidad egoísta.

  • * Cuando infunde o aumentan el espíritu de competitividad, de modo que el niño aprenda que sólo importan los propios logros.

  • * Cuando en un ambiente sobreprotector se rodea a los hijos de una comodidad constante y excesiva.

  • * Cuando, al hablar del futuro de los hijos, se mencionan triunfos, logros, dinero, títulos… mientras que el lenguaje del dominio de sí mismo y del servicio a los demás no aparece.

  • * Cuando se justifican los errores y defectos de los hijos frente a las correcciones que hacen otras instancias, por ejemplo, el colegio.

Consecuencias

  • El egoísmo produce una catarata de pecados de omisión. Uno mantiene la conciencia tranquila pero en realidad está adormecida, como drogada por sobredosis de EGO.

  • El egoísmo está detrás de los pecados de corrupción que vemos en el gobierno, en el mundo académico, en el arte, en sectores de la Iglesia, en tantas empresas, en muchos procesos de contratación. Básicamente, un corrupto es una persona que ha llegado a la conclusión: “Si no me aprovecho de esta oportunidad de ganancia, poder o placer, otro lo hará; entonces, ¿por qué no yo?”

  • El egoísmo nos vuelve resignados y pasivos frente a los fenómenos sociales con que somos invadidos y manipulados.

  • * El egoísta típico razona de este modo: “No estoy de acuerdo con eso, pero ¿a mí qué? Mientras no se metan conmigo…” Y no se da cuenta que YA se metieron en su vida, la vida de su familia, la vida de su país, la vida de sus hijos.

  • * El egoísta típico, si empieza a despertar, también razona diciendo: “No estoy de acuerdo, pero ¿yo qué podría hacer? Seguramente somos muy pocos los que nos oponemos a esos cambios que pervierten la sociedad, y no hay modo de hacer algo sino sólo aguantar.” Y no se da cuenta que son muchísimos los que rechazamos el rumbo que va tomando la sociedad, y que lo que hace falta es salir de la comodidad falsa y cómplice, y empezar a unirse a otros, para crear movimientos sociales robustos, que tendrán que ser oídos.

  • El egoísmo en la familia engendra violencia en los hijos: violencia que dirigen contra sí mismos, haciéndose cortadas, tatuajes o mutilaciones (tipo “Ballena Azul”); violencia de pandillas y vándalos; violencia de conciertos espantosos de rock, droga y sexo. Si eres joven y el egoísmo te ha atrapado, estás preparando cosas muy duras para el futuro de la familia que vas a formar.

  • El egoísmo favorece los métodos sistemáticos de eliminación social. En efecto, el egoísta considera que cada uno tiene el deber de velar por lo suyo. Su lógica le conduce a que si alguien no quiere, o incluso no puede, cuidar lo suyo, al egoísta le parece entre «normal» y «justo» que lo pierda. El que no tenga garras para pelear, que se hunda en el fracaso. Estamos a un paso de permitir abortos, infanticidios, eutanasia y eugenesia.

Tratamiento y prevención de reincidencias

  • La sinceridad es la mejor aliada para despertar una conciencia moral adormecida. Los buenos diagnósticos, que siempre son variaciones de los buenos exámenes de conciencia, son irremplazables.

  • Uno jamás avanzará en su integridad como ser humano, y en su coherencia como cristiano, sí la población de las disculpas crece más rápidamente que la población de los cuestionamientos. Y es seguro que uno se llenará de disculpas convincentes si simplemente uno se la pasa conversando con uno mismo. Es necesario recibir el cuestionamiento exterior: alguien que desde fuera interrumpa, interpele, no acepte fácilmente mí manera de justificarme. Un buen amigo, que sea sanamente crítico conmigo; un director espiritual; un confesor frecuente; un buen orientador es indispensable para salir de multitud de trampas que tiene el cerebro humano.

  • La comodidad es la gran incubadora del egoísmo y sus crías. Salir del egoísmo implica aprender a decirse «NO.» Sin una dosis de ascetismo, mortificación o penitencia voluntaria, uno está a merced de los propios caprichos, y a través de los caprichos, es una marioneta de los intereses y modas de este mundo.

  • Las experiencias de generosidad, propias de una buena amistad o un buen noviazgo, enseñan a ver la vida desde más de una perspectiva, y además, con una dosis de confianza y alegría.

  • Una de las características del egoísmo es que uno no está disponible para nadie sino sólo para uno mismo, o para lo que a uno le guste o le convenga. La única manera de romper de verdad con esa tiranía del propio YO es tener lugares específicos y rostros específicos de personas a las que uno apoya, ayuda y sirve. Es importante no dejarse engañar por la idea de que «por ahora no puedo servir a nadie porque estoy muy ocupado preparándome para servir después a muchos.» La capacitación más importante para el servicio es aprender ya, ahora mismo, a tener tiempo para los demás en mi agenda.

  • Como creyentes tenemos grandes auxilios y recursos contra el egoísmo: los sacramentos, la dirección espiritual, las buenas lecturas. Debe destacarse el valor de la oración silenciosa en que uno le pregunta al Señor: «¿Tú qué quieres de mí?»

  • También para nosotros los creyentes es de gran ayuda el ejemplo de los santos, y muy especialmente los mártires, así como aquellos que practicaron abundantes obras de misericordia.

  • Es preciso fomentar actitudes de escucha. Lo mismo que la soberbia, el egoísmo va produciendo en uno el deseo de sólo oírse a sí mismo o a los que ya pienses como uno piensa. La búsqueda sincera, perseverante de la verdad, es indispensable.

12.04.17

Soneto del Viernes Santo

Con el rocío de tu Sangre preciosa
toca, Jesús, al alma mía,
y que el amor, que a la Cruz te envía,
sea en mí como un lirio y una rosa.

Bello eres, y bella ha de ser tu Esposa,
que de ti se alejó en horrible día;
y olvidándote en su triste lejanía,
deforme se encontró, y también leprosa.

Esposa tuya es el alma del creyente,
y es Esposa también la Iglesia Santa,
que, aun siendo pecadora, es penitente.

Pues eres Tú, Señor, quien la levanta;
tu bondad es su faro y es su fuente,
y tu amor es la voz con que hoy te canta.

Amén.

23.12.16

Oración al Niño Jesús

Jesús, tu Nombre dulce y poderoso, eleva el corazón a la esperanza. ¿Qué no podemos esperar de Dios, que nos ha dado todo en ti? ¿Qué no podemos esperar de ti, que te has dado en sacrificio por nosotros?

Bien oculto en las ropas de la humildad entraste a este mundo y bien desnudo de todo orgullo saliste de él. Así nos vestiste con tus virtudes y nos desvestiste de nuestras miserias.

Nos diste tu carne limpia de niño y aceptaste las llagas pavorosas de nuestro antiguo pecado. ¡Niño Dios, hermoso sobre toda hermosura! ¡Niño Dios, espejo limpísimo del amor del Padre por la humanidad! ¡Niño Dios, luz de pureza que has llegado en medio de la noche para vencer a fuerza de amores a las espesas tinieblas del egoísmo y la vanidad!

¡Niño Dios, candor incomparable, humildad suprema, adorable Salvador! Niño Dios, ante ti nos postramos de buen grado, siguiendo el ejemplo de los pastores humildes y de los sabios venidos de Oriente.

¡Niño del pesebre! ¡Cuántas lecciones nos das sin decir una palabra! En tu silencio eres Maestro, y en la impotencia de tu pobre cuna eres más fuerte que todos nosotros.

Padeces frío pero traes el fuego; lloras pero brindas consuelo; callas pero enseñas a los sabios; sufres pero en ti reside toda alegría y todo gozo. Jesús Niño, con amor te suplicamos por todos los niños y niñas del mundo, especialmente por los que no pudieron nacer.

Tú que bien sabes de pobreza, migración forzosa y exclusión social, compadécete de los niños y niñas que viven tu drama cada día, tal vez sin conocerte ni poder saludarte. Inspíranos también las palabras y acciones que defiendan la vida humana de camino en esta tierra y de cara a la bienaventuranza eterna.

Tu rostro, Jesús, que una vez ofendimos, ahora debe ser contemplado con indecible gratitud; tu palabra, que una vez rechazamos, ahora debe ser atendida y puesta por obra; tu Corazón, que una vez lastimamos, ahora debe ser rodeado de amor y alegría, de adoración perfecta y rendida obediencia.

Jesús: grandes y sin medida son los méritos de tu infancia. Por ellos te suplicamos nuestra propia conversión así como la propagación del Evangelio a todo lo creado. ¡Que la Buena Noticia de la Navidad alcance a todos porque tú quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad! Tú vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.


Y una homilía de Navidad:

6.06.16

Las otras viudas de Naím

Homilía en un Congreso Católico Eucarístico, en Modesto, California.

Resumen: Detrás de las características más visibles de las dos viudas que aparecen en las lecturas de hoy está una condición de durísima desprotección, que es ocasión para que se manifieste la solicitud amorosa y compasiva de Dios por aquellos que no tienen a nadie que vele por sus derechos o se interese por sus necesidades. Ello nos obliga a preguntarnos quiénes son los desvalidos de hoy y cuáles son las actitudes nuestras, y de nuestras familias y comunidades, por aquellos que poco a poco vamos marginando y olvidando.

1.09.15

El difícil pero necesario arte de ir contracorriente

* En varias ocasiones los Papas han hablado a los jóvenes, y junto con ellos a todos nosotros, sobre la necesidad de ir “contracorriente.” Es evidente que los valores y el estilo del mundo asfixian y quieren robar la semilla preciosa que Cristo ha traído a esta tierra. Pero, ¿qué es vivir contracorriente, y cómo se puede poner en práctica?

* La estrategia del mosquito es el nombre que damos a la actitud de los que consideran que basta con liberarse del fastidio presente imaginando que los problemas a la larga se resolverán por sí mismos, y las cosas volverán a una cierta “normalidad.”

* La estrategia del mosquito cree que el enemigo, como un perro rabioso, se va a calmar si le lanzo una salchicha; la verdad es que cada salchicha hace más fuerte al oponente. Todavía más grave el caso si el enemigo tiene un plan para subir cada vez más sus pretensiones y exigencias, como de hecho sucede en nuestros días.

* Nuestros tres grandes errores, compañeros de la fallida estrategia del mosquito, son la pereza, la cobardía y la ingenuidad. Dos ejemplos notables del daño que causa esa pasividad son los avances del lobby gay y las atrocidades a que lleva la legislación permisiva sobre el aborto. En el primer ejemplo, se pasa de legalizar el matrimonio gay a indoctrinar el pansexualismo en los niños. En el aborto, después de aprobado para situaciones “extremas” (como la violación) luego se considera “daño para la madre” todo lo que lastime supuestamente su sicología, como por ejemplo, tener que parir un hijo varón queriendo una niña.

* Podemos resumir diciendo que nuestra “estrategia del mosquito” resulta escandalosamente derrotada por la “estrategia del caballo de Troya,” que bien saben usar los que manejan con astucia sus agendas de aprobación legal y de manipulación de derechos en conflicto.

* Veamos primero lo que hay que evitar:

(1) No vale hundirse en la tristeza y la amargura.

(2) No sirve la nostalgia, que además encubre muchas mentiras e injusticias sobre el pasado.

(3) No surge nada del escapismo al estilo milenarista.

(4) No construye el volverse simplemente un cazador de herejías.

* ¿Qué hacer entonces?

(1) Experiencias vivas y gozosas de conversión; no puedes vencer la corriente del mundo si no te conduce una corriente más fuerte, la del Espíritu Santo. Es requisito la alegría. En la tristeza de los que solo denuncian quizás se esconde el deseo de pecar impunemente.

(2) Necesitamos estar bien alimentados. Con oración, ante todo. Con ansia de la gloria de Dios. Con claridad sobre nuestra necesidad de los sacramentos.

(3) Necesitamos baluartes: espacios para rehacer nuestras fuerzas; lugares de descanso y de renovar las fuerzas. A los cristianos del siglo I les tocó ir a las catacumbas. Esto implica también cuidar el baluarte.

(4) Formación permanente: estar actualizados sin estar obsesionados. Hablar de estos temas con amigos, relacionados y sobre todo con la propia familia. Esto incluye gozarse en la estatura y claridad de nuestra doctrina católica.

(5) Actitud de abnegación generosa para dejar lo que no construye y para tener una sana disciplina, mirando a la Cruz.

* * *

Esta conferencia está disponible en MP3 en este enlace.