9.03.17

(165) Dichas y desdichas del progresismo católico

I.- PROGRESISMO TEOLÓGICO COMO HOSTILIDAD A LA TRADICIÓN

¿Ve ud. progresismo por todas partes?

—Hombre, por todas partes no, jeje

¿Cree ud, entonces, que hay un progresismo católico?

Obviamente. Claro que lo hay. Hay una tendencia del catolicismo cuya convicción es el marxismo cultural. Y digo convicción, porque es mucho más que una afición o un hobby. Es toda una forma de conformarse con el mundo. Es como una gran sombra de catolicismo, un simulacro, un arte de imitación, una impostura teológica. Una sombra que acompaña a la Iglesia, que hay que iluminar con el sol que viene de lo alto, que es la sana doctrina bíblico-tradicional. 

Y, ¿cómo calificaría ud. la esencia de ese supuesto progresismo católico?

—La definiría con esta expresión, un tanto belicosa, lo reconozco: hostilidad latente o manifiesta contra la Tradición y, por tanto, contra la ley natural. Incluyo aquí las buenas tradiciones, es decir, aquellas que conservan y refuerzan la ley natural, mediante la cultura, la leyes, las instituciones, etc. Por ejemplo, la tradición grecolatina y judeocristiana de Europa.

Es una definición muy extraña, jeje.

—Sí, pero se la puedo explicar, si le interesa.

No sé que decirle…

 

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26.02.17

(164) Progresismo eclesial

1.- La esencia del progresismo eclesial.-  Se sustenta teológicamente en uno de los errores condenados en 1864 por el Syllabus, V con toda precisión: «La revelación divina es imperfecta, y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido».

 
2.- El progresismo cree que la ley moral natural debe cambiar a mejor.-  Que las verdades reveladas, que la incluyen, deben avanzar con el avance del tiempo, mutar en algo mejor, alcanzado por el puro movimiento antropocéntrico. —Porque, bajo esta perspectiva, cambiar es bueno, y reposar en algo que no cambia, que no se mueve, es malo. Ya lo expuso Gotthold Ephraim Lessing († 1781), en Nathan el sabio: si hay que elegir entre hallar la verdad, y buscarla indefinida e interminablemente, es mejor escoger lo segundo. Porque reposar en la verdad, para la mente progresista, estanca y paraliza.
 

3.- La forma actual del modernismo es el progresismo y sus obsesiones: el sentimentalismo buenista, la supuesta maldad legalista de la ley, la primacía de la conciencia subjetiva, el rigorismo de toda condena del error, la inconveniencia del ejercicio de la autoridad, reconvertida en mero servicio; la no esencialidad del ser humano, que puede y debe llegar a ser lo que quiera, sin límite alguno; la supuesta irreligiosidad del derecho penal de la Iglesia, etc, etc. —Tarea urgente para el catolicismo de hoy, sería elaborar un catálogo de tabúes progres, a la manera de León Bloy († 1917), que lo hizo con los prejuicios burgueses.

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11.02.17

(163) Intoxicación situacionista de la mente católica. Tres remedios

El situacionismo es un agente tóxico en la mente católica. Su alta toxicidad consiste en una potente capacidad para producir fallos de sistema en la teología moral, al entrar en contacto con ella. 

 —Intoxicación es la palabra exacta para definir lo que está ocurriendo a la mente eclesial. Es el estado de la mente católica bajo los efectos perjudiciales del situacionismo teológico.

El grado de toxicidad de una idea extraña a la doctrina católica puede determinarse en base a tres factores:

1.- La toxicidad propia de la idea: su especie de error, que determina el grado de efecto tóxico y la gravedad de los daños que puede producir.

2.- Dosis de tóxico que recibe la mente católica.

3.- Estado de debilidad e indefensión en que se encuentra en el momento de recibir el tóxico.

Pues bien, teniendo en cuenta estos tres factores, calificamos la intoxicación actual como grave, pues 1) alta es la toxicidad del situacionismo, 2) alta es la dosis que ha recibido la mente católica desde Häring hasta Amoris Lætitia, y 3) alto es el grado de debilitamiento e indefensión de la mente católica en las actuales circunstancias, lo que la vuelve más vulnerable a la agresión de la toxina.

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3.02.17

(162) Seamos prudentes

 En este post voy a comentar respetuosa y constructivamente algunas cuestiones suscitadas por un artículo de D. José Antonio Ullate publicado en Alfa y Omega, titulado Amoris lætitia y el canon noveno del Concilio de Elvira, aunque ya se publicó en InfoCatólica una excelente crítica del P. Francisco José Delgado, la cual a su vez fue replicada por el sr. Ullate con el artículo Seamos sobrios, también publicado en Infocatólica.

Sin dudar por supuesto de la buena intención del Sr. Ullate al publicar ambos posts, creo que genera más y nuevos problemas que soluciones, pues en cierto modo reduce la cuestión de las excepciones a los actos intrínsecamente malos a un asunto meramente histórico y/o disciplinar, como si ello fuera posible y no atentara contra la doctrina de la Iglesia.

La doctrina situacionista de Amoris lætitia me parece un asunto muy grave, ni mucho menos secundario o anecdótico.  El autor aludido no parece entenderlo así, pues en su réplica en InfoCatólica califica de “algarabía” el rechazo eclesial que ha producido  Amoris lætitia, sobre todo su capítulo VIII.

 

I.- ¿ES JUSTO CALIFICAR DE “ALGARABÍA” EL RECHAZO ECLESIAL DE CIERTOS PUNTOS DE LA AMORIS LÆTITIA?

El rechazo que en muchas mentes católicas ha producido esta  exhortación apostólica no es un rechazo arbitrario ni impertinente, sino ECLESIAL. Y no sólo porque se han comprometido en él notables personalidades de la docencia, la teología, la filosofía, la cultura católicas, sino porque hay miembros de la Jerarquía apostólica que han presentado formalmente una serie de Dudas al documento. Dudas que solicitan con toda razón y prudencia una aclaración por parte del Sumo Pontífice, hasta ahora no conseguida.

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30.01.17

(161) Moral de globalidad: el tiempo es superior al espacio

La teología moral situacionista, según hemos visto en anteriores posts, diluye la moralidad del acto concreto en el fluir temporal de la existencia humana. Supone un desplazamiento del criterio moral: pasa indebidamente de cualificar moralmente el acto puntual, a sumergirlo en un todo vital, de forma que la transgresión quede diluida en el conjunto de vivencias personales.

De esta forma, la ilicitud del acto se decolora en el flujo de la existencia. Así, parece que, decolorado, no interrumpe el proceso de maduración, y se puede crecer en gracia y virtudes aun posicionándose puntualmente contra la ley moral.

Esta tesis parece estar presente de una manera u otra en las páginas de Amoris lætitia. Entre sus largos y prolijos parágrafos, apenas se encuentra referencia alguna a los actos concretos de adulterio, sino al “obrar”, a “la existencia concreta", al “camino", etc.. Esto resulta llamativo en el muy comentado y ya célebre punto 304:

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. »

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