InfoCatólica / La Mirada en Perspectiva / Categoría: Tópicos del Personalismo

15.10.17

(215) Los grandes tópicos del personalismo, III: fe contra religión

1.- La obra de Dietrich Bonhoeffer (1906- 1945), pastor protestante asesinado por los nazis, ha nutrido con algunos tópicos teológicos la mente personalista de hoy. Lugares comunes que perduran hasta este momento, incuestionados, popularizados, mutados de una forma u otra, y que tienen un papel importante en algunas tendencias de la nueva evangelización.

Y es que tiene cierto atractivo para la mentalidad occidental, secularizada y antimetafísica, que se separe netamente la fe de la religión. Por eso presentar el mensaje cristiano como un mensaje espiritual pero no religioso tiene cierto éxito aparente.

Nicolás Abbagnano, existencialista, historiador de la filosofía, lo capta perfectamente: «Por primera vez, en la obra de Bonhoeffer, se intenta una interpretación no religiosa de la fe: es más, se contrapone la fe a la religión» (Historia de la Filosofía, vol. 3, cap. XVI, 864, pág. 793).  No era la primera vez,  como cree Abbagnano.  Porque la relectura no religiosa de la fe fue el objetivo del humanismo renacentista,  que idolatraba Maritain. 

 

2.- Bonhoeffer niega que la religión sea condición mediadora de la fe.- Por ello es absurdo el proselitismo. Porque “captar” para la propia religión, cuando lo importante no es la religión sino la fe, es, bajo este punto de vista, un sinsentido.

Una fe adulta, bajo esta perspectiva, no consiste esencialmente en sacramentos, creencias o ritos, propios de una inmadura mentalidad meramente religiosa. Sino en tener una fe personal, que sirva al hombre en su búsqueda natural de sentido; una fe entendida como experiencia natural (naturalmente espiritual) de realización personal, que supere los limites conceptuales, sacramentales y cultuales de la religión heredada.

Presentar la necesidad de fe como la necesidad natural de algo (Alguien) que dé sentido inmanente a la vida, es otro de los temas recurrentes del personalismo. Que gusta de recurrir, para ello, a la obra de otro de sus autores de culto, Victor Frankl (1905- 1997), del que hablaremos en próximos artículos.

Para ser auténtica, por tanto, se dice que la fe debe transcender la rígida religiosidad de culto y dogma, propia de inconversos, y los límites formalistas de su creencia inmadura. Es la tesis a la que inevitablemente nos conduce Bonhoeffer, lo quiera o no, con su Resistencia y rendición. Como explica Abbagnano:

«El intento, muchas veces repetido por la apologética religiosa, de llevarlo a depender de creencias de las cuales se ha liberado, se asemeja al intento de volver a la juventud a un individuo que ya es un hombre maduro» (Ib., p.246)

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5.10.17

(213) Tópicos del personalismo, II: semipelagianismo, prejuicios contra la razón, pusilanimidad

1.- El católico actual, por regla general, vive en el paradigma personalista.-  Posee una idiosincrasia propia, a la que adhiere una ideo-sincrasia particular, un conjunto de prejuicios antropológico-teológicos cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar, y suministra el modelo para la resolución de problemas pastorales.

 

2.- Despertar del paradigma va a ser doloroso.- Hemos sido educados en él, hemos crecido con él, hemos sido católicos a través suya, vivimos y creemos inmersos en su atmósfera antimetafísica, antropocéntricamente devota. Recuperar la virtud de la racionalidad va a ser difícil, si antes no se descartan los prejuicios antiescolásticos que la mente católica ha heredado de la fenomenología de la persona.

 

3.- Quisiera el personalista nato que Dios reconociera al hombre como causa primera, y no causa segunda. ¿No parece a menudo, en su ideo-sincrasia, que quisiera a Dios como causa coordinada, que sólo se sumara, cual mera observadora, a la humana voluntad, causa primera también? Toda sobrevaloración de las posibilidades reales del hombre adámico, de origen voluntarista, tiende naturalmente al semipelagianismo, y es subjetivista en esencia.

 

4.- Cuánto rechina en los oídos personalistas que el ser humano sea tan sólo una causa segunda, dependiente de Dios para todo y no protagonista, necesitada de redención y auxilio constante, y no señora de sí misma ni autorredentora “con la ayuda de Dios"; cuánto rechina a su naturalismo “teocéntrico" —no por teocéntrico menos naturalista ni menos antropocéntrico— que salvarse no depende principalmente de él, sino de la gracia.

 

5.- Y en cuanto a la conversión, no cree el personalismo tanto en la teologalidad, como en el diálogo; no tanto en el recibir, como en el intercambiar. De ahí su preferencia por expresar la conversión en términos de interacción, y no de recepción, elección y predestinación. 

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