8.02.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 5 - No sentirse abandonado por Dios

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

5 - No sentirse abandonado por Dios

 

“A veces pienso que he tenido ¿demasiado buena suerte’. Los santos te ofrecían cosas grandes. Yo nunca he tenido nada serio que ofrecerte. Me temo que, a la hora de mi muerte, voy a tener la misma impresión que en ese momento tuvo mi madre: la de morirme con las manos vacías, porque nunca me enviaste nada realmente cuesta arriba para poder ofrecértelo. Ni siquiera la soledad. Ni siquiera esos descensos a la nada con que tú regalas a veces a los que verdaderamente fueron tuyos. Lo siento. Pero ¿qué hago yo si a mí no me has abandonado nunca? A veces me avergüenzo pensando que me moriré sin haber estado nunca a tu lado en el huerto de los olivos, sin haber tenido yo mi agonía de Getsemaní. Pero es que tú –no sé por qué– jamás me sacaste del domingo de Ramos. Incluso alguna vez –en mis sueños heroicos–he pensado que me habría gustado tener yo también una buena crisis de fe para demostrarte a ti y a mí mismo que la tengo. Dicen que la auténtica fe se prueba en el crisol. Y yo no he conocido otro crisol que el de tus manos siempre acariciantes.

 


Y no es, claro, que yo haya sido mejor que los demás. El pecado ha puesto su guarida en mí y tú y yo sabemos hasta qué profundidades. Pero la verdad es que ni siquiera en las horas de la quemadura he podido experimentar plenamente la llama negra del mal de tanta luz como tú mantenías a mi lado. En la miseria, he seguido siendo tuyo. Y hasta me parece que tu amor era tanto más tierno cuantas más niñerías hacía yo.“

  

Si hay algo que hemos podido apreciar a lo largo de las semanas que llevamos trayendo aquí este texto, esta carta, del P. José Luis Martín Descalzo es que nuestro autor tenía una confianza más que apreciable hacia Dios. Es decir, es fácil sentirse en los brazos del Padre Eterno leyendo o escuchando lo que dice este buen sacerdote de Dios. 

Resulta, de todas formas, curioso que nos diga Martín Descalzo, que le diga a Dios, que no cree que tenga nada que ofrecer a su Creador. Y es que se ha sentido tan querido por Dios que no cree, siquiera, que haya pasado por una de las llamada “noches oscuras” por las que han transitado tantos hijos del Todopoderoso. Y es que está más que seguro que su vida, la que ha llevado hasta el momento de escribir esta carta (cuando ya sabe que tiene una enfermedad más que peligrosa para su salud) sólo ha sido gozosa aunque también sepa, como dice en otros párrafos, que a veces le han hecho la vida más que imposible… 

Es cierto y verdad que pudiera dar la impresión de que el P. Martín quería pasar por una de las noches oscuras a las que hemos hecho referencia arriba. Sin embargo, él querría haber pasado por una para mostrar y demostrar a Dios que lo amaba y que su fe era tan buena que era capaz de salir de un momento tan amargo como debe ser creer que no se tiene fe o que se ha perdido… 

De todas formas, lo que le pasa a Martín Descalzo es que sabe muy bien que Dios nunca lo ha abandonado. De hecho, eso lo dice literalmente: “?Qué hago o si a mí no me has abandonado nunca?” Y eso, tal seguridad en que nunca ha sido abandonado por Dios le da una fuerza, le dio durante su vida, para seguir adelante a pesar de los pesares que le pudieran pesar… 

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7.02.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La gloria del martirio

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

  

La gloria del martirio

 

“Como digo, el Padre que nos pastoreaba era muy anciano y ya no hacía otra cosa que eso: contar cuentos en la sobremesa y fumar largos puros, que nosotros le regalábamos, por cajas, en su santo, para luego pedirle la ceniza durante las pausas que tenía que hacer en los relatos. En realidad, nunca refirió más que un solo cuento, el del Ojancoy la Ojanca, sin principio ni fin, que conocimos cuatro generaciones de hermanos. A lo más, el menor alcanzó hasta el Ojanquillo, cuya vida se quebró, al par que la del viejo, una tarde, ya en guerra, que preparó unos bizcochos, porque le indicaron que iba de viaje y con lo que se encontró fue con la muerte ante una pared, que para él vino dulce y esponjada en el vino de jerez de la gloria.“ (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 27)

 

Lolo se refería, en este texto, a un Padre ya muy mayor al que tenían encargado tener algo de cuidado de aquellas “fieras” entre las que se encontraba Lolo estudiando en los Escolapios de Linares (Jaén, España). Y lo hace con amor hacia quien, ya en su vejez más acentuada aún tenía ilusión por hacer aquello que, sí, era bien poco pero tan importante para él como lo más importante que pudiera llevar a cabo. 

Pues bien, aquel Padre “viejecito” (como dice Lolo) tuvo un final terrible y es lo que da título al artículo de hoy. 

En un libro de Lolo expresa muy íntimamente que a él también le hubiera gustado ser mártir. Pero no creemos que lo dijera porque buscara el martirio a propósito sino porque, al contrario, se encuentra sin buscarlo sino, así, por cosa de los hombres y sus maldades. Por eso comprende muy bien lo que entonces le pasó al Padre viejecito que tenía cuidado de aquellos chavales antes de que empezara a manifestarse lo peor que puede haber en el ser humano cuando el odio lo conduce todo. 

Digamos, aunque sea por apuntarlo siquiera, que el tratamiento que hace Lolo de aquel hombre de fe y piadoso es más que tierno. Y es que recuerda lo que su corazón guardo acerca de la actividad que llevaba a cabo un anciano que, siendo religioso, tenía seguridad más absoluta que hacía lo que debía hacer y aquel deber, por sólo ser lo que era, le llevó a una muerte que, seguramente, tampoco habría tardado mucho en llegar por la edad que tenía y como suele proceder la naturaleza… Sin embargo, para Manuel Lozano Garrido lo que más le dejó marcado fue, precisamente, el martirio del Padre viejecito. 

Hay que decir que la maldad, siendo mala, puede llegar a ser verdaderamente perversa y abusadora. Y es que entendemos de este texto que los matarifes del Padre viejecito le dijeron que se iba de viaje y por eso el bueno hombre se preparó unos bizcochos que, sin duda, acabaron por tierra cuando sonaron las descargas que lo llevaron a la muerte ante lo que sólo pudo ser incredulidad por su parte: ¿qué había hecho él para merecer aquello?, seguramente, se preguntó si es que le dio tiempo a hacerlo… si se iba de viaje y, claro, el viaje que le procuraron fue adelantar su llegada a la Casa del Padre en la que esperamos está gozando de la Visión Beatífica y de la Bienaventuranza. 

Aquella pared en la que fue fusilado el Padre viejecito cumplió un función para la que no estaba preparada: sirvió de pasaje a la gloria y lo hizo de una forma totalmente ajena a la propia naturaleza de una pared. Y es que la misma, con ser dura (imaginemos las de antes…), se había transformado en algo dulce y esponjoso pues aquel hombre, que había dado su vida por la fe que tenía y lo había hecho de forma totalmente inmerecida, bien merecía que deviniese muy bueno lo que, para él, había sido fatal de toda fatalidad. Aunque, a este respecto, nunca sabremos si, secretamente, también anhelaba el martirio como, como dijimos antes, Lolo ansiaba según las circunstancias por las que pasaban los creyentes de aquellos años. Aunque, claro, querer sí pero buscar, eso no y nunca.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

5.02.22

La Palabra para el domingo - 6 de febrero de 2022

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Como es obvio hoy no es domingo 6 sino sábado, 5 de febrero de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.


También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario." 


Lucas 5, 1-11

 

“1 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, 2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.’ 5 Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.’ 6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7 Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto  las dos barcas que casi se hundían. 8 Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.’ 9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.’” 11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.


COMENTARIO


Con Cristo, mar ade
ntro debemos ir 


El texto del evangelista Lucas está lleno de sentido espiritual. Como no era cosa de poca importancia que el Hijo de Dios fuera llamando a los que serían sus discípulos, tampoco podía ser poco importante lo que Él dijera.

Pescar supone, por decirlo así, atraer hacia sí a los peces. Por eso Jesús busca, entre los que serán sus discípulos, a aquellos que dedicaban al noble y esforzado trabajo de la pesca. Así, el encuentro con Pedro y los hermanos Zebedeo tiene un sentido muy especial.

En el encuentro con el primero de ellos, Simón, juega mucha importancia la confianza que, a pesar de todo, muestra el que luego le traicionaría hasta 3 veces, muestra aquel pescador que había perdido la esperanza de obtener alguna captura. 

Jesús le dice que pescara mar adentro. Así, antes que a nadie, le propone, exactamente, qué es lo que hará el resto de su vida y que no será otra cosa que adentrarse en los procelosos mares de la vida para ser pescador de hombres y atraer, hacia Cristo, a los hijos de Dios.

Y Simón muestra que Jesús ya era importante para él porque confía en su palabra y, así, hecha las redes. Obtuvo una gran pesca que es el premio que, aquellos que ponen su confianza en Dios, obtienen como fruto.

Pero no sólo reconoce su confianza en Jesús sino que, además, se sabe pecador ante el Maestro porque también él había necesitado una prueba del poder que, al parecer, ya le reconocía. Por eso le dice que se aleje porque no se sentía digno de estar en la presencia del Cristo.

Pero aún no había terminado, Jesús, su especial “pesca”. Era, él mismo, el primer pescador de hombres y así cumplía la misión para la que había venido. Se acercó, así, donde estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, a la sazón, compañeros de trabajo de Simón-Cefas-Pedro.

Sin duda, la confianza que mostrara Pedro se repite en el caso de los hermanos porque, sin dudarlo un instante, lo dejaron todo (familia incluida) y acto seguido, le siguieron. Hicieron lo que tantas veces dijera Jesús y que no era otra cosa que dejar su antigua vida para tener una vida nueva, un corazón nuevo. 

 

PRECES

Pidamos a Dios por aquellos que dudan de la divinidad de Cristo.

Roguemos al Señor.


Pidamos a Dios por aquellos que prefieren esconderse para no ser pescadores de hombres.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a comprender el mensaje certero de Cristo que, desde su corazón, llega al nuestro.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

2.02.22

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – Cartas a Christopher: 3 - Comprender el momento

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Como suele ser habitual en J.R.R. Tolkien, para alguien que quiere escribir sobre su obra, es la misma una fuente y corriente inagotable de temas. Y, en concreto, sus “Cartas”(Edición de Minotauro, debemos decir para hacer justicia) son un una que, como dice el Salmo 41 ("Como busca la cierva corrientes de agua…), es de agua vivificante para todo lector y admirador del maestro de Oxford y, en concreto, para su alma.

Como se trata, por tanto, de una posibilidad más que amplia, hemos pensado que sería buena cosa, elegir algunas de las dirigió a su hijo Christopher cuando se encontraba el mismo en plena Segunda Guerra Mundial de la que, gracias a Dios, volvió con vida como hizo su padre en la otra, la Primera, de la que no sólo salió parte de su obra sino mucho del sentido que le dio a la misma. Y la cosa durará, como podemos imaginar, hasta que dure, si ustedes nos entienden… 

Pues bien, el 30 de abril de 1944, J.R.R. Tolkien escribe una carta a su hijo Christopher que se encuentra en plena Segunda Guerra Mundial. El caso es que es la número 20 desde que, el 18 de enero del mismo año empieza a numerarlas “de modo que si alguna se extravía lo sabrás… y podrás suplir las noticias de importancia.” 

Es cierto y verdad que tal precaución valía mucho la pena tomarla pues en tiempos de guerra no es nada extraño que las comunicaciones puedan llegar a cortarse… 

Pues bien, en un momento determinado, dice Tolkien padre

“El estúpido desperdicio de la guerra es tan enorme, no sólo material, sino también moral y espiritual, que desconcierta a quienes tienen que soportarlo. Y siempre lo hubo (a pesar de los poetas) y siempre lo habrá (a pesar de los propagandistas); por supuesto, no es que no fue, es y será necesario enfrentarlo en un mundo maligno. Pero tan corta es la memoria humana y tan efímeras sus generaciones, que en sólo unos 30 años habrá poca o ninguna gente con la experiencia directa de ella, que es la única que llega realmente al corazón. La mano quemada es la que más enseña del fuego.”

Ciertamente, casi parece este texto un cuento con moraleja pues es así lo que nos dice al final de estas palabras y que resume en que sólo quien sufre en su ser algo es capaz de comprender lo que pasa

Podemos decir que no es nada extraño que quien ha vivido en sus propias carnes (por su vivencia particular) una guerra tenga una opinión tan clara sobre la misma. Y es que en la Primera Guerra Mundial (si bien podría decirse que no tuvo una duración muy extensa en el tiempo la intervención en la misma) J.R.R. Tolkien ya pisó las trincheras en Francia y eso le hizo ver las cosas con una perspectiva más que directa y personal. 

Antes que nada debemos decir que nuestro autor no es que creyera que la guerra es del todo inútil si es al Mal a quien hay que enfrentarse. Sin embargo, se comprende muy bien lo que supone la misma a pesar de un bien tan necesario como es la lucha contra lo malo de verdad… Y es que eso es lo que pasa, no por casualidad, en su más emblemática obra, a saber El Señor de los Anillos donde, muy a pesar de los daños que se causa a lo mejor de la Tierra Media, no poco que se luche contra lo peor de lo peor en busca de lo mejor de lo mejor, si ustedes nos entienden… 

Es claro, por tanto, que, a pesar de lo necesaria que pudiera parecer la guerra, la misma no causa más que desazón, desasosiego y, sobre todo, sí, desconcierto. Y es que las pérdidas de todo tipo que supone la misma es algo como para pensarlo, como para pensarlo dos veces porque en la misma no se pierde sólo lo material (que es más o menos fácilmente reemplazable) sino que se extravía algo que a veces no puede sustituirse por otra realidad: la moral o, en fin, lo que es espiritual. 

El ser humano, en muchas ocasiones y hablando de las guerras, se deshumaniza tanto que, en cuanto a lo espiritual, se da una degradación tan grande que casi resulta imposible sanar tal degradación. Y es que se acaba creyendo que el enemigo no es digno, no tiene dignidad cuando, a saber, la tiene por el sólo hecho de ser hijo de Dios. Y por eso se producen las aberraciones que se producen en los conflictos armados modernos pues en los antiguos ya sabemos que la lucha dábase entre ejércitos adiestrados para eso y no se inmiscuía a toda la población posible… cuando ahora es, justamente, casi lo contrario lo que se hace. Y es el Mal en toda su maligna dimensión el que se manifiesta degradando todo lo que puede degradar… hasta el alma, cual si se tratase de Orcos (y otras especies malignas) en plena batalla…

Quizá, como nos dice el profesor de Oxford, todo lo malo que conlleva una guerra (incluso por muy justa que sea) es olvidado pronto por el ser humano. Y es que basta un tiempo de bonanza en aspecto contrario al enfrentamiento con un supuesto o cierto enemigo para que a todo el mundo se olvide lo que supone aquella y, casi sin dudarlo, por el medio que sea, se prepare otra… 

Y, entonces, viene la moraleja: el daño que se nos ha causado nos pone sobre la pista del mismo… para que no se repita la cosa aunque sepamos muy bien que el Mal es tan y tan insistente…

 

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Tierra Media: otra Tierra, esta Tierra. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

1.02.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 4 - Llegar a comprender el dolor y el sufrimiento

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

4- Llegar a comprender el dolor y el sufrimiento

 

Supongo que fue absolutamente decisivo el nacer en la familia que tú me elegiste. Hoy daría todo cuanto después he conseguido solo por tener los padres y hermanos que tuve. Todos fueron testigos vivos de la presencia de tu amor. En ellos aprendí -¡qué fácilmente!- quién eras y cómo eres. Desde entonces amarte -y amar, por tanto, a todos y a todo- me empezó a resultar cuesta abajo. Lo absurdo habría sido no quererte. Lo difícil habría sido vivir en la amargura. La felicidad, la fe, la confianza en la vida fueron, para mí, como el plato de natillas que mamá pondría, infallablemente, a la hora de comer. Algo que vendría con toda seguridad. Y que si no venía, era simplemente porque aquel día estaban más caros los huevos, no porque hubiera escaseado el amor. Entonces aprendí también que el dolor era parte del juego. No una maldición, sino algo que entraba en el sueldo de vivir; algo que, en todo caso, siempre sería insuficiente para quitarnos la alegría.

Gracias a todo ello, ahora -siento un poco de vergüenza al decirlo- ni el dolor me duele, ni la amargura me amarga. No porque yo sea un valiente, sino sencillamente porque al haber aprendido desde niño a contemplar ante todo las zonas positivas de la vida y al haber asumido con normalidad las negras, resulta que, cuando éstas llegan, ya no son negras, sino solo un tanto grises. Otro amigo me escribe en estos días que podré soportar la diálisis ‘chapuzándome en Dios’. Y a mí eso me parece un poco excesivo y melodramático. Porque o no es para tanto o es que de pequeño me ‘chapuzaron’ ya en la presencia ‘normal’ de Dios, y en ti me siento siempre como acorazado contra el sufrimiento. O tal vez es que el verdadero dolor aún no ha llegado.

 

 

Está la mar de bien que algo tan fácil, en teoría, de entender como es la santa Providencia de Dios, lo explique tan bien explicado el P. Martín Descalzo. Y es que así podemos entender hasta qué punto puede tranquilizar el corazón saberse en las manos amorosas y buenas del Creador. 

El caso es que sabe, nuestro buen sacerdote, que la familia que Dios “eligió” para él fue la mejor que podría haber elegido. Y no porque eso, a lo mejor, lo puede decir cualquiera de la suya (aunque, es posible que eso no siempre sea así) pero, para el caso de quien hablamos, es cierto y verdad que para él, para José Luis Martín Descalzo, antes de ser lo que llegó a ser, fue a caer, por así decirlo, en un buen lugar donde el amor por Dios y a Dios se tenía como algo esencial según nos dice. 

En realidad, que nos diga esto es, primero, gozo de lo vivido en el seno de su familia pero también es aviso acerca de que siempre lo que él vivió en tal seno no siempre se repite en todas las familias. Es decir, que en su familia todos se dieran cuenta de que Dios amaba muy especialmente a José Luis y que eso fueran testigos los miembros de su familia pues… en fin, debe ser algo así como maravilloso. Y él muestra, así, su agradecimiento a los que le ayudaron a crecer e inculcaron en su corazón el amor hacia Quien también lo amaba. 

Esto lo decimos porque, se suele decir, el ejemplo es el mejor maestro. Y eso es lo que deducimos de las palabras de Martín Descalzo. Y es que aprendió, de sus padres y hermanos, como decimos arriba, el amor a Dios, a que tal realidad espiritual ha de ser la más importante y la que nunca debe olvidar un hijo Suyo. 

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31.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Muy a pesar de todo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

  

Muy a pesar de todo

 

“A Juan le dijo no hace mucho una persona: -’Doctor: lo que hace usted con ese chico es un crimen’ 

-¿…? 

-’Pues, ¿qué ha de ser? Prolongarle la vida, con lo que sufre…’ 

Juan, claro, se ríe, y, como sabe que yo también, viene y me lo cuenta. En lo que no cae ése y otros alguien, es que en el mundo todo, con sus gentes y sus perspectivas, pueda caber entero en unas manos, así como está a la vez en los atlas. ¿Dónde vives, ilusión? Aquí, cerca, a mi lado, tan lozana y fosforescente, tan nueva siempre como en los días del bigotillo. ¿Qué es de ti, ideal? Ya no eres de hojalata, como entonces, pero sí de carne viva y de latidos fuertes, como martillazos.” (Las golondrinas no saben la hora, pp. 25-26)

  

Ciertamente, resulta espeluznante que alguien pueda decir de una persona que, a lo mejor, lo que se hace con su vida no está bien. Y es lo que le pasa al médico de Manuel Lozano Garrido que, como podemos suponer, debía hacer malabares con su técnica para conseguir que su amigo Lolo no sucumbiera ante alguno de los muchos ataques de la enfermedad que seguro padecía. Y es que, en cuanto a corazón… en fin, como que es mejor pensar otra cosa muy, pero que muy distinta, primero, por la labor del médico pero, sobre todo, por la situación del enfermo. 

Dice el médico que lo que hace con Lolo es prolongarle la vida pues otra cosa, primero, no podía hacer el hombre (hoy que tanto se habla de la eutanasia, por ejemplo) pero es que, además, no era un enfermo, digamos, anónimo sino que era su amigo. Y no me negarán ustedes que, en tal caso (y en todos los demás también pero en tal caso…) lo que hacía Juan era lo único que podía, debía y quería hacer… 

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29.01.22

La Palabra para el domingo - 30 de enero de 2022

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Como es obvio, hoy no es domingo 30 sino sábado, 29 de enero de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.


También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.”

 

Lc 4, 21-30

 

“21 Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.’ 22 Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’ 23 Él les dijo: ‘Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.’24 Y añadió: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.’ 25 ‘Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; 26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a = una mujer viuda de Sarepta de Sidón. = 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.’ 28 Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; 29 y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. 30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

 

COMENTARIO

Quien acepta la verdad

 

Cuando Jesús lee el texto que se le entrega muchos de los que le escuchan gozan al ver a uno de los suyos (estaba donde había vivido muchos años) es un gran Maestro y están más que contentos con eso. 

Pero el Mal siempre está al acecho y no puede faltar quien dude acerca de que su vecino, a quien conocían perfectamente, pudiera ser el Mesías. El caso es que, a lo mejor, esperaban que el Enviado de Dios llegase al mundo, a vista de todos, en un carro de fuego y de oro para creer que, de verdad, había sido enviado por el Todopoderoso. Y es que no entendían las cosas como, en realidad, eran. Aquellos, además, que eso pensaban, tenían de lo espiritual una visión en exceso mundana y todo lo pasaban por el filtro del siglo. 

De aquí que se pregunten si aquel que había leído aquello y que se atribuía la bondad de las palabras del profeta (“se ha cumplido hoy” les había dicho) no era, acaso, un hijo de un vecino suyo de nombre José y conocido como el carpintero de Nazaret. 

Jesús en la Sinagoga | Ecos de la Palabra

Eso era cierto. Es decir, como sabemos, la paternidad de José sobre Jesús era no de sangre sino de adopción pero, a los ojos de todos, Jesús era, en efecto, el hijo de José y de María.

Al parecer, ser tal hijo quería decir que no era posible que fuera el Mesías esperado. Y es que ellos ignoraban, a lo mejor, que al haber nacido en Belén se cumplía lo escrito en los textos sagrados acerca de dónde debía nacer el Mesías. Y también, al parecer, ignoraban que José era de la familia de David de quien, por cierto, debía nacer el Mesías… 

Era, todo aquello, manifestación excesiva de ignorancia acerca de la voluntad de Dios. Y Jesús no iba a quedar callado. 

Sabe, el Hijo del Creador, que muchos no creen que un su vecino pueda ser una persona tan poderosa como para ser el Mesías. Y es que tienen establecidos unos esquemas espirituales que no quieren romper de ninguna de las maneras. Además, ¿va a ser aquel hombre el Mesías esperado si, ni siquiera, portaba una espada que los pudiera liberar del poder romano? No, para ellos, aquello no era posible. 

Jesús les pone ejemplos. Y ejemplos que a más de uno pone nervioso porque les hace ver que ellos, los judíos, no son los únicos a los que Dios ha prestado su atención a lo largo de la historia. Y es que lo que dice acerca de la viuda de Sarepta o del leproso Naamán (que no eran judíos) les dice que, a lo mejor, ellos no han de ser los únicos beneficiados por la bondad de Dios.

Y ellos, que se sienten el centro del mundo espiritual, estallan de ira. Quieren despeñar a Jesús porque creen que los ha ofendido gravemente cuando, en realidad, sólo les ha dicho la verdad más exacta que ellos deciden ignorar porque, sencillamente, no les conviene.

Era de esperar que Jesús no se dejara zaherir. Y es que el poder de Dios también iba a servir para librarse fácilmente de las manos de aquellos que, no comprendiendo nada de nada de la voluntad del Creador, habían estado demasiado tiempo tergiversándola en beneficio propio.


PRECES

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren escuchar a Dios. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que miran para otro lado cuando Dios les habla. 

Roguemos al Señor.

 


ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a escuchar a tu Hijo a través de tu Palabra.



Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

26.01.22

Ventana a la Tierra Media - ¿Autocensura?

Resultado de imagen de JRR TOLKIEN

Como cualquiera puede imaginar, para poder escribir a lo largo de tres años o, lo que es lo mismo, 36 meses más o menos, se requiere tener una serie de temas que, unas veces, aparecen solos y otras, se crean por el que esto escribe.

Pues bien, estando en la circunstancia de procurarnos algo para escribir relacionado con las cartas que J.R.R. Tolkien escribió a su hijo Christopher (en la guerra el buen hombre por entonces) se dio algo que, en verdad, nos preocupó bastante.

Cierto es que cuando se escribe una carta, y es nuestro autor quien la escribe, muchos temas pueden suscitarse de las letras que la conforman. Sin embargo, me di cuenta (se acabó la tercera persona) de que muchos de los mismos tenían que ver con la religión de la que Tolkien, padre e hijo, eran fieles. Y entonces sucedió.

¿Qué fue lo que sucedió?

Para comprender lo que sucedió hay que repasar lo que, a causa de un artículo publicado aquí mismo sobre la fe de Tolkien, padre, se armó la marimorena en la sede de la Sociedad Tolkien Española. Y fue entonces y no antes cuando el que esto escribe ya llevaba muchos artículos escritos. Pero tuvo que ser entonces y no antes cuando se levantaron voces contra el contenido del mismo pero, sobre todo, con la “forma” de las cosas que, al parecer, para algunas personas es más importante que lo que se diga.

Pues bien… en el momento referido antes (el de elegir tema) yo mismo llegué a pensar que no podía escribir sobre un determinado momento en el que Tolkien padre escribe de realidades espirituales católicas. ¿?

¿?, En efecto, ¿?

¿Cómo era eso posible y, sobre todo, cómo había podido llegar la cosa a tal extremo que uno practicase la autocensura?

El caso es que hace mucho tiempo que no entro al trapo de lo que se diga acerca de la Iglesia católica. Y es que este blog, de nombre “Mera defensa de la fe” nació, precisamente, para repartir mandobles (a espada o mediando hacha… dialécticas) contra todo aquel que, de alguna manera u otra, tuviese en su punto de mira la fe católica, las creencias que eso supone y, en fin, el que cada uno quiera, quiera incardinarse dentro del seno de la única Iglesia verdadera que existe fuera de la cual, como sabemos, no hay salvación.

En esto tengo que decir que no es posible ejercer, contra sí mismo, un arma que suelen utilizar aquellas personas que, no admitiendo lo que otras dicen le procuran el silencio de la forma que sea como si se tratase de alguien apestado. Y es que la censura, sea de la forma que sea y adquiera la realidad que adquiera, tiene que ver, en realidad, con un miedo palpable a que haya quien se convenza por lo que otra persona pueda decir, opinar o sostener. Y eso es lo que aquí pasa. Y, ante eso, lo mejor es que se calle quien pretenda hablar. Es así se sencillo.

Ciertamente, que hay otros muchos temas que salen al paso de uno cuando lee las cartas de J.R.R. Tolkien pero no se puede entender como el único del que no se puede hablar es de la fe del autor de tantos y tantos maravillosos libros cuando él mismo la manifiesta en tales cartas. Es decir, se puede hablar de las lenguas que crea en tales libros, de las ilustraciones que tales libros llevan cuando son del propio autor, de las relaciones entre los personajes y de todo lo que a uno le venga en gana pero si se trata de la fe de quien eso hace… entonces es como si se nombrara a la bicha, como se suele decir.

Es cierto y verdad que, entre los muchos seguidores (a modo de lectores) que tiene J.R.R. Tolkien ha de haber, por fuerza, personas que se digan ateas, agnósticas o seguidoras de otras sectas propias o adquiridas. Sin embargo, no es menos cierto también las hay que son creyentes. Pero no unos creyentes en cualquier fe sino en la misma, en la mismita, que la que tenía quien subcreó la Tierra Media porque no podía creerse Creador al haber solo Uno al que amaba y por Quien se entregaba día a día de su existencia.

A mí, particularmente, me importa un bledo que alguien ateo pueda opinar lo que le parezca sobre la obra de Tolkien. Ahora bien, que se base en su falta de fe para atacar a los que la tenemos es algo que no se puede tolerar pues ya sabemos que los católicos no debemos ser nada tolerantes con los que no nos toleran pues, de otra forma, siempre acabamos aplastados y, sí, es cierto que sabemos que seremos perseguidos pero, qué quieren que les diga, a veces puede llegar a cansar ser el muñeco del pim-pam-pum…

Nosotros, los católicos que somos lectores, seguidores, etc., de Tolkien padre (y podemos decir que hasta del hijo a quien dirigía las cartas) no podemos hacer como si tuviera poca importancia que se zahiera nuestra fe, que se haga de menos lo que creemos y que eso salga gratis. Y es que, como está el mundo como está, a lo mejor hasta cree quien eso hace que hace un favor al mundo poniendo en solfa una fe que, ¡nada de casualidad!, es la misma que tenía quien tanto leen y admiran.

En realidad, la fe no puede separarse de lo escrito por J.R.R. Tolkien y quien crea otra cosa ya podría ir cambiando sus gustos por, por ejemplo, el Juego de Tronos ése.

¡Ah!, y tengo que decir que a mí, personalmente, esto me importa ya nada porque hace unos días he dejado de ser socio de la Sociedad Tolkien Española y bien puedo decir eso de que “con su pan se lo coman”. 

De todas formas, a lo mejor hay quien me pueda llamar cobarde por haber hecho eso pero, qué quieren que les diga, estar bajo el yugo de según quién… vamos, como que no. Y, ciertamente, me alegro de firmar los artículos sólo con mi nombre, sin pseudónimos ni nada por estilo pero, sobre todo, sin indicación alguna del poder que hay quien ejerce creyéndose alguien sobre quien, en realidad, no tiene ninguno o, en todo caso, el que se deje tener cada cual.  Y, eso, como se suele decir… verdes las han segao.

Y como dice Cervantes al final de El Quijote : vale. 

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Tierra Media: otra Tierra, esta Tierra. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

25.01.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 3- Gestos de cariño de Dios que muchos no entienden

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

 

3- Gestos de cariño de Dios que muchos no entienden

 

Me diste primero el ser. Esta maravilla de ser hombre. El gozo de respirar la belleza del mundo. El de encontrarme a gusto en la familia humana. El de saber que, a fin de cuentas, si pongo en una balanza todos esos arañazos y zancadillas recibidos serán siempre muchísimo menores que el gran amor que esos mismos hombres pusieron en el otro platino de la balanza de mi vida. ¿He sido acaso un hombre afortunado y fuera de lo normal? Probablemente. Pero ¿en nombre de qué podría yo ahora fingirme un mártir de la condición humana si sé que, en definitiva, he tenido más ayudas y comprensión que dificultades? Y, además, tú acompañaste el don de ser con el de la fe. En mi infancia yo palpé tu presencia a todas horas. Para mí, tu imagen fue la de un Dios sencillo. Jamás me aterrorizaron con tu nombre. Y me sembraron en el alma esa fabulosa capacidad: la de saberme amado, la de experimentar tu presencia cotidiana en el correr de las horas. 

Hay entre los hombres -lo sé- quienes maldicen el día de su nacimiento, quienes te gritan que ellos no pidieron nacer. Tampoco yo lo pedí, porque antes no existía. Pero de haber sabido lo que sería mi vida, con qué gritos te habría implorado la existencia, y esta, precisamente, que de hecho me diste.

 

Continuamos con la carta que el P. José Luis Martín Descalzo dirige a Dios una vez conocida la enfermedad, cáncer, que padecía. 

En el artículo anterior dijimos que íbamos a tratar de dar explicación a lo que nos dice el P. Martín acerca de que cree que su enfermedad es un don de Dios hacia sí…

Evidentemente, nosotros no estamos en la piel de una persona que, a tan joven edad se siente atrapado por una enfermedad como la que padeció Martín Descalzo. Sin embargo, tenemos sus palabras para tratar de comprender, al menos, lo que pasaba por su corazón en tales momentos. Y si en un principio de esto dijimos que la palabra “gracias” era la que le salía expresar al bueno de Descalzo, el texto de hoy certifica y confirma eso y, a lo mejor, nos ayuda a entender mejor el sentido que, de la enfermedad, tienen algunos creyentes como, por ejemplo (y por traer el ascua a nuestra sardina) el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. 

Como nos dice el P. Martín, pone en una balanza lo que ha sufrido en el mundo, por un lado y, por otro, en la otra parte que equilibra (si se puede…) los bienes recibidos y, en fin, cree que la cosa le ha ido bastante bien a pesar de los sufrimientos (según dijimos en otro artículo, el segundo de los presentes) que le habían causado otras personas. Y, sin embargo, lo que tiene muy claro es que siempre supo que Dios estaba a su lado. Desde la infancia, como nos dice, comprendió que su Creador no le abandonaba sino que, al contrario, lo amaba y que lo tenía presente siempre, “en el correr de las horas” que es lo mismo que decir a toda hora. 

Es seguro que Martín Descalzo sufría físicamente por su enfermedad. Sin embargo, eso no lo achacaba, por supuesto, a Dios como hacían otras personas que, al parecer, le gritaban a Dios que no le habían pedido nacer. Y eso ha de ser terrible porque es el Todopoderoso Quien insta el ser de sus hijos y no podemos negar que puede llegar a doler al Creador que haya persona que entiendan que el sentido de lo que hace desde el Cielo, en realidad, no tienen sentido para ellas…

Nuestro amigo, sin embargo (gran escritor y, seguro, mejor hombre y sacerdote) tiene las cosas muy claras y no va a arremeter contra Dios por haberlo traído al mundo y, sobre todo, mantenerlo en el mismo a pesar de todos los pesares que pudieran recaer en su vida de hombre. Y es que no va a maldecir el día de su nacimiento (como, al parecer, hay quien sí maldecía) porque las cosas no le hayan ido bien “del todo” como si todo tuviera que ser de color de rosa en la existencia de un ser humano cuando, bien sabemos, que eso nunca es así. 

El P. Martín Descalzo, podemos decir sin temor a equivocarnos, era plenamente feliz, su vida lo había sido y eso lo expresaba en una carta a Dios como la que aquí estamos trayendo. Y es que agradecer al Padre Eterno su propia existencia no es algo que se pueda tomar por baladí o de poca importancia sino, justamente, al contrario. Y casi podemos imaginarlo implorando a “gritos” (como dice en la carta) a Dios su existencia. Y no es nada extraño esto ni nada por el estilo pues sabemos, por fe y creencia, que Dios nos tiene en su corazón desde toda la eternidad y, por tanto, mucho antes de que vengamos al mundo. Y es en tal realidad, pensamos nosotros, en la que Martín Descalzo hubiera gritado a Dios que lo hiciera nacer, que lo creara. 

En realidad, seguramente el P. Martín pensaba que por muchas gracias que diera a Dios nunca serían suficientes… 

 

Continuará…

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dar gracias a Dios siempre es bueno. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

24.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Lolo, antes de todo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Lolo, antes de todo

Manuel Lozano Garrido, «Lolo»

 “Aparece de pronto una foto mía de cuando tuviera veintiún años, meses apenas antes de la enfermedad. No se me ocurrió dejarme bigote más que una vez en mi vida, apenas una semana, y mire usted por ´donde se me vino entonces la idea de hacerme una foto; en ella estoy, ya digo, con el leve mostachito y una insignia en la solapa. Una ilusión y un ideal, buena síntesis de mi vida entonces. La ilusión, hacerse una carrera, crearse un hogar, situarse en el futuro. El ideal, cuajar en el interior una noble y divina figura, vivir con transparencia, ensancharse en el amor a los hombres” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 25)

Es verdad que este texto pudiera parecer extenso. Sin embargo, partiendo de saber que nada de Lolo es nunca demasiado extenso, es que, además, éste en concreto expresa muy bien y más que bien el pensar del Beato de Linares (Jaén, España) en un momento clave de su vida: justo antes de enfermar y de que su vida diera un giro radical de mucho más de 180º, como suele decirse cuando algo ha cambiado más que mucho. 

Podemos decir que Lolo, entonces y según este diario que es “Las golondrinas nunca saben la hora”, estaba haciendo la típica mudanza de casa. Y, como suele ser lo común que siempre pase, al remover las cosas que uno tiene en su antigua residencia sale a la luz aquello que, a lo mejor, hacía tiempo que no se veía. Y es lo que pasa con la fotografía que debía tener unos veinte años al estar fechado este primer apartado del libro el 2 de junio de 1961 y decir Lolo que tenía, cuando la foto, veintiún años. Y, habiendo nacido en 1920… salen muy bien las cuentas (1941). 

En efecto, hemos titulado este artículo “Lolo, antes de todo” pues, en efecto, él mismo dice que fue poco tiempo antes de su enfermedad pero es que, verdaderamente, luego de ella llegó su “todo” y, para sus amigos, “nuestro” todo pues lo que acabó pasando no es, sino, una historia de fe y de valentía. Lo que pasa es que Manuel Lozano Garrido, después de aquellos años pasados, 20, desde aquella foto, nada dice de su buen devenir en la vida dadas sus circunstancias… pues su humildad de verdad se lo impide. Pero a nosotros, mucho menos humildes que Lolo, nada nos impide decir que fueron años más que fructíferos y que los que vendrían, algo más de 10, aún lo serían más… 

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