| « La Palabra del Domingo - 14 de marzo de 2010 - Hijos pródigos ante Dios | Eppur si muove - ¿Está la mujer discriminada en la Iglesia católica? » |
13.03.10
Serie “El Camino de la Fe”

El Camino de la Fe -38
Delante de Dios, que es Eterno, tú eres un niño más chico que, delante de ti, un pequeño de dos años.
Y, además de niño, eres hijo de Dios. —No lo olvides.
S. Josemaría
Camino, 860
Nuestra pequeñez es algo que deberíamos tener en cuenta. Pero es una que lo es, más que nada, relacionada con la posición que ocupamos con relación a Dios, Creador y Padre Nuestro.
Tal pequeñez es, a pesar de la misma (o, mejor, por eso mismo) muy importante para quienes nos consideramos hijos de Dios porque nos permite entender qué es lo que, en tal posición, estamos en disposición de hacer.
A este respecto, es más que posible que se pueda llegar a pensar que la infancia espiritual, aquella que nos pone, ante Dios, como lo que en verdad somos, es algo que es de poca importancia para un cristiano. Muy al contrario, porque el “Camino de infancia. —Abandono. —Niñez espiritual. —Todo esto no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana.” (punto 853)
Para tener esto, digamos, como algo importante para nosotros, nos basta con recordar las palabras de Jesucristo acerca de los niños y de que sólo entraríamos en el Reino de Dios si nos hacíamos como ellos. Se entiende que espiritualmente hablando y no, claro, con las trapisondas en las que, frecuentemente, caen.
No es de extrañar que diga, el fundador del Opus Dei algo acerca de lo que supone manifestarse de tal forma (punto 857):
“Ser pequeño: las grandes audacias son siempre de los niños. —¿Quién pide… la luna? —¿Quién no repara en peligros para conseguir su deseo?
“Poned” en un niño “así", mucha gracia de Dios, el deseo de hacer su Voluntad (de Dios), mucho amor a Jesús, toda la ciencia humana que su capacidad le permita adquirir… y tendréis retratado el carácter de los apóstoles de ahora, tal como indudablemente Dios los quiere”.
Por tanto, para ser apóstol de hoy se requiere amor a Cristo, la ciencia que el ser humano pueda adquirir y, sobre todo, un pensamiento tipo niño que se sabe niño ante Dios…
Y, como para poner ejemplo de cómo se comporta un niño, S. Josemaría nos viene a decir, para así entenderlo, cuál ha de ser nuestro comportamiento (punto 868):
“Sé pequeño, muy pequeño. —No tengas más que dos años de edad, tres a lo sumo. —Porque los niños mayores son unos pícaros que ya quieren engañar a sus padres con inverosímiles mentiras.
Es que tienen la maldad, el “fomes” del pecado, pero les falta la experiencia del mal, que les dará la ciencia de pecar, para cubrir con apariencia de verdad lo falso de sus engaños.
Han perdido la sencillez, y la sencillez es indispensable para ser chicos delante de Dios”.
Ser sencillos. Tal es una actitud que, como niños pequeños (aún sin dobleces) no podemos dejar de tener si, en verdad, queremos cumplir la voluntad de Dios. Por muchas dificultades y obstáculos que se nos pongan por delante, “No quieras ser mayor. —Niño, niño siempre, aunque te mueras de viejo. —Cuando un niño tropieza y cae, a nadie choca…: su padre se apresura a levantarle.
Cuando el que tropieza y cae es mayor, el primer movimiento es de risa. —A veces, pasado ese primer ímpetu, lo ridículo da lugar a la piedad. —Pero los mayores se han de levantar solos.
Tu triste experiencia cotidiana está llena de tropiezos y caídas. ¿Qué sería de ti si no fueras cada vez más niño?
No quieras ser mayor. —Niño, y que, cuando tropieces, te levante la mano tu Padre-Dios".Y es que, como bien da a entender el autor de “Camino” en el punto 870 de su espiritual texto, la confianza en el padre de un buen hijo no debería hacernos olvidar de Quiénes somos hijos.
Por otra parte la página dedicada a las obras de S. Josemaria, en el apartado dedicado a “Camino”, y, en concreto, en el capítulo titulado ”Infancia espiritual” trata, precisamente, sobre el tema al que hoy nos referimos.
Ahora, lo que sigue, es lo que yo entiendo, como cristiano (no miembro del Opus Dei aunque creyente en su espiritualidad) al respecto:
1 En realidad somos poca cosa ante Dios pero grandes ante nuestro Creador.
2 Pequeñez espiritual… es, como poco, una buena forma de saberse.
3 Piensa que eres poca cosa y, seguro, llegarás a ser algo más frente a Dios.
4 Decir Dios y decir Padre es, para nosotros, un buen ejemplo de lo que somos: tan sólo y nada menos, que hijos.
5 ¿Te has dado cuenta de cómo tu hijo pequeño confía en ti? Haz tú lo mismo con Dios. Y si no tienes hijos, seguro que conoces a alguien que los tenga.
6 Abandónate a la Providencia de Dios.
7 No olvides que infancia espiritual no es infantilismo espiritual.
8 La pobreza espiritual y la humildad son hermanas de la infancia espiritual.
9 Somos hijos pequeños ante Dios. Eso no lo deberías olvidar. Y el hijo pequeño siempre mira a su padre desde abajo.
10 Déjate enseñar por Quien puede.
11 Debes conducirte con la prudencia de quien se siente poco ante Dios.
12 Sé sincero como un pequeño, que no tiene aún dobleces, lo es.
13 Como infante espiritual debes mantener, siempre, una curiosidad muy propia de quien quiere aprender.
14 Recuerda como siendo niños no te desalentabas ante nada. Tampoco lo hagas, rogando, ante Dios.
15 Ser infante espiritual es ser un maduro cristiano.
16 Santa Teresa de Lisieux dijo que “La santidad consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños entre los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre". ¿No quieres tú ser, así, santo o santa?
17 Considerarse poco no es considerarse nada sino, más bien, saber qué se es.
18 !Baja de la nube en la que vives! De cara a Dios es mejor saberse en una posición más cercana a la parte terrestre de la que, a veces, no eres capaz de desligarte para acercarte al Creador.
19 No quieras ser mayor en espíritu hasta que no hayas sido capaz de ser pequeño. Crecer, aquí, es a veces, imposible.
20 Quien se haga pequeño será…grande en la eternidad.
Y, como siempre, S. Josemaría nos ofrece unas buenas pistas para comprender, en este caso, la infancia espiritual (punto 856)
“La infancia espiritual exige la sumisión del entendimiento, más difícil que la sumisión de la voluntad. —Para sujetar el entendimiento se precisa, además de la gracia de Dios, un continuo ejercicio de la voluntad, que niega, como niega a la carne, una y otra vez y siempre, dándose, por consecuencia, la paradoja de que quien sigue el “Caminito de infancia", para hacerse niño, necesita robustecer y virilizar su voluntad”.
No sea que, luego, podamos argumentar ignorancia sobre lo que supone, para los creyentes, considerarse, y ser, hijos pequeños de Dios.
8 comentarios
Dejar un comentario
Licenciado en Derecho, casado y con dos hijos. Hijo de Dios y hermano en Cristo… en defensa de la fe,
sabiendo que en esta labor, a veces ingrata pero siempre fructífera, no estoy solo sino, al contrario,
acompañado de muy buenas compañías.
Mi correo electrónico, para quien quiera hacerme llegar una queja, alguna noticia, etc. es
eleu@telefonica.net
| Lun | Mar | Mié | Jue | Vie | Sáb | Dom |
|---|---|---|---|---|---|---|
| << < | > >> | |||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | |||
| 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 |
| 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 |
| 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 |
| 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 | |