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1.12.09
El antiguo perseguidor de las víctimas del terrorismo y zascandil de Estado, Gregorio Peces-Barba ha dado muestras de un comportamiento más propio de alguien que entiende la libertad ajena mirando con la parte pequeña del embudo y la suya, con la parte mas ancha. Vamos, más que como padre de la Constitución como padrastro que odia a su impropia descendencia.
Lo dicho es lo siguiente:
“El Estado español le da más libertades a la Iglesia de las que merece”
La verdad… no ha sido la frase demasiado extensa pero encierra tanta falsedad y tanta negligencia intelectual que no puede quedar como si nada.
¿Qué es lo que ha querido decir, en su indigencia moral, Peces-Barba?
Debe querer decir, por ejemplo, que la Iglesia católica no tiene ningún derecho a enseñar su doctrina en los centros de enseñanza de titularidad suya. La Libertad de enseñanza no le parece buena para la Iglesia católica.
Debe querer decir, por ejemplo, que la Iglesia católica no tiene derecho a regentar centros médicos donde se atiende, también, a los desahuciados de la sociedad (pensemos, por ejemplo, en enfermos de SIDA o drogadictos) La libertad de existencia sanitaria no le parece buena para la Iglesia católica.
Debe querer decir, por ejemplo, que la Iglesia católica no tiene derecho a opinar sobre los más candentes temas de la actualidad española (pensemos, por ejemplo, en el aborto) La libertad de expresión no le parece buena para la Iglesia católica.
Debe querer decir, por ejemplo, que la Iglesia católica no debe responder a los ataques que sufre por parte del mismo Estado, éste, que tanto defiende Peces-Barba. La libertad de defensa frente al zaherimiento no le parece admisible para la Iglesia católica.
Debe querer decir, por ejemplo, que la Iglesia católica no tiene que tener ningún acuerdo económico con el Estado como el actual que sólo reconoce, la importancia de la implantación del catolicismo en España.
¿Qué es, entonces, lo que merece según el indigente moral Gregorio Peces-Barba?
La Iglesia católica merece inhibirse de intervenir en la vida pública. Y eso ha de suponer, como poco:
No hacer mención de su doctrina.
No manifestarse libremente.
Callarse.
Quedarse en las sacristías.
Permanecer aislada de la sociedad que, además, constituye.
Ser como quien no ve y como quien no oye.
Ser esclava del poder establecido.
Al fin y al cabo, lo que ha querido decir Peces-Barba es que la Iglesia católica, simplemente, debería quedar al margen de la sociedad que es la situación que ha tener como ideal, para la Esposa de Cristo, quien tiene de la democracia un sentido alicorto y ombliguista que consiste en mirarse a sí mismo sin darse cuenta que hay vida fuera de su augusta persona e ideología.
Además, esto que dijo lo dijo en un curso de libertad de expresión.
Pues será la suya porque a los demás que no son de su cuerda, poca libertad les reserva a no ser que sea la libertad de enmudecer.
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