El Magisterio meramente formal de la "Amoris laetitia"

Movidos por el artículo aparecido en el día de hoy en Infocatolica, aprovechamos para publicar un texto en el cual veníamos trabajando hace unas semanas.

P. Federico

El Magisterio meramente formal de la Amoris laetitia

 

Hace unos días ha sido publicada oficialmente, en las AAS (Acta Apostolicae Sedis), la carta que el Papa Francisco enviara a los obispos de Buenos Aires sobre el modo de interpretar el documento post-sinodal Amoris laetitia.

La publicación acompañada por una nota del Secretario de Estado, cardenal Parolin, señala que, a partir de ahora, dicha Carta apostólica poseerá el carácter de “Magisterio auténtico”, esto eso, un estatus canónico que obliga a los católicos, a dar “asentimiento (obsequio) religioso del entendimiento y de la voluntad” (cfr. canon 752 del CIC).

Estas líneas intentarán dar un poco de luz ante cierta perplejidad en la que algunos católicos se encuentran al analizar que ciertos documentosde la Iglesia parecerían contradecirse entre sí.

En estos días, sin ir más lejos, dos textos de claridad meridiana lo han hecho con gran repercusión: el de Carl Bunderson, publicado por Aciprensa y el de Edward Peters.

Vayamos por partes pues.

 

1. Magisterio de la Iglesia

 

Según la Constitución Dogmática Dei Verbum, se denomina Magisterio al,

 

oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida (…) cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo (…) por tanto, la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro” (DV, 10)[1].

 

Asimismo, la   declaración Donum veritatis de 1990, por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe señaló que el Magisterio:

 

 “tiene el oficio de discernir, por medio de juicios normativos para la conciencia de los fieles, los actos que en sí mismos son conformes a las exigencias de la fe y promueven su expresión en la vida, como también aquellos que, por el contrario, por su malicia son incompatibles con estas exigencias” (DV, 16)[2].

 

El mismo Cardenal Müller, cuando todavía era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe aclaró que Amoris laetitia no había eliminado la disciplina de la Iglesia sobre el matrimonio, ni permitido -en algunos casos- “a recibir la Eucaristía sin la necesidad de cambiar su forma de vida” a los divorciados vueltos a casar, agregando que “se trata de una enseñanza magisterial consolidada, respaldada por las Escrituras y fundada en una razón doctrinal”[3].

 Ahora bien: la interpretación aludida por los señores obispos de Buenos Aires y corroborada ahora oficialmente por el Sumo Pontífice (“no hay otras interpretaciones”, dice) plantearía que, a partir de Amoris laetitia, los divorciados (o separados) y vueltos a casar (o juntar), podrían acceder en ciertos casos y situacionesal sacramento de la comunión sin antes arrepentirse, confesarse, y/o vivir como hermanos.

La pregunta que todo católico podría hacerse entonces es: ¿acaso el Magisterio de la Iglesia puede contradecir al Magisterio constante y seguir subsistiendo? La Familiaris consortio, Veritatis Splendor, el mismo Concilio de Trento, el Catecismo,¿quedarían ahora en desuetudo? Y más aún: ¿puede un Papa, como lo hace un rey o un presidente, contradecir las disposiciones de sus predecesores y hasta el mismo Evangelio?

E incluso: si lo de ahora debe obedecerse, ¿no habría que derogar también algunos cánones, a saber, el canon 915 que estipula que “no deben ser admitidos a la sagrada comunión (…) los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”?

 

2. Magisterio formal y Magisterio real

 

Como es lícito hipotetizar sobre estas cuestiones y siguiendo la normativa de Amoris laetitia que exhorta a los pastores y teólogos a “seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales” (AL, 2), hagamos el proceso de discernimiento necesario para pensar nuestra religión y preguntémonos:

¿Qué sucedería si alguna vez, un texto pontificio, aun cumpliendo con todos los requisitos formales para ser “Magisterio” (voluntad del Sumo Pontífice, publicación debida, aplicación erga omnes, etc.) fuese contrario a la Fe, o a la enseñanza del Magisterio anterior sobre algo ya definido? ¿Podría ser considerado tal? ¿Podría, un Pontífice, por ejemplo, definir como “Magisterio auténtico” que el aborto, no confesado ni absuelto, por ser algo ya tan extendido no impideacercarse ahora al sacramento de la comunión?

La primera respuesta de un católico de a pie, muy probablemente ante algo por el estilo, sería que dicho Magisterio sería tal sólo de modo aparente y no real. Es decir, nos encontraríamos –si nos fuese permitido utilizar la hipótesis– frente a un “Magisterio meramente formal”, o aún más, frente a un “pseudo-Magisterio”, si cabe la expresión.

Claramente sería rarísimo que así sucediese (en tiempos de los arrianos, ocurrió algo remotamente similar) pero como existe la libertad humana, la hipótesis es factible, sería justo preguntarse si dicho texto hipotético podría (o no) considerado un texto “magisterial” al que debería dársele “asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad”.

Como respuesta al interrogante, creemos que dos son las opiniones teológicas lícitas:

- O bien que la enseñanza magisterial en cuestión no podría ser denominada Magisterio (por poseer un error).

- O que se trataría de un error magisterial y, por lo tanto, no vinculante.

 

En efecto, todo magisterio, nocionalmente considerado y en el ámbito que sea (sagrado o profano, solemne u ordinario), per se, tiene por objeto transmitir una enseñanza cierta, un modo correcto, una vía verdadera; desde el maestro de escuela hasta el obispo, pasando por el carpintero o el ladrón, cuando enseñan, intentan comunicar la exactitud, la pericia, la certeza; nunca el error. Si un sicario, por ejemplo, enseñase el modo de errar en sus disparos o un médico el modo de enfermar al paciente, claramente diríamos que, en ese ámbito lo propio, ambos no estarían desempeñando un verdadero magisterio, salvo de modo aparente o accidental. Sería tan ridículo como si un chef de cocina escribiese un libro de recetas para que las comidas saliesen mal. Algo contradictorio in se.

Es decir, resumiendo: hablar de un “Magisterio de la Iglesia errado” sería algo contradictorio.

¿Qué hacer entonces si se identificase la existencia de un pasaje “formalmente magisterial” pero claramente contradictorio con la doctrina anterior? Al parecer la única actitud decente y católica sería la de considerar que tal pasaje no podría ser, en verdad, Magisterio de la Iglesiaaun cuando en el mismo documento así se lo considere.

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Una analogía podría clarificar aún más la proposición anterior: así como la ley positiva injusta no obliga (vgr. la “licitud” del aborto), tampoco lo haría una disposición eclesial claramente contraria a lo enseñado desde siempre por la Iglesia. Para ejemplo de leyes civiles no obligantes tenemos el caso del citado aborto, sin ir más lejos; y más aún: hasta disposiciones eclesiales (pastorales) hubieron de ser nulas, como los casos famosos de las excomuniones sufridas por algunos santos como san Atanasio o santa Juana de Arco, para citar sólo a algunos.

 

3. Discernimiento acerca del Magisterio

 

Ahora bien: ¿quién podría discernir, ante una dificultad como la que planteamos, qué es y qué no es “Magisterio de la Iglesia”? ¿Acaso no podría objetársenos que dicha posición es, al fin y al cabo, la misma que esgrimía Lutero con su “libre examen”? La objeción es importante, lo aceptamos, pero, si se la analiza con el suficiente aplomo, descubriríamos que sería algo tan descabellado como acusar de anarquista al iusnaturalista, o al sacerdote que da la unción al moribundo de asesino.

Lo que planteamos, más que “libre examen” debería ser llamado “tradicional-examen”. Nos explicamos: para el libre examen, todos y cada uno de los dogmas pueden y deben ser sometidos a la opción personal o a la disputa popular; se trata de un “subjetivismo dogmático”, como alguien lo llamó por ahí. Para el Catolicismo, en cambio, nada de la Fe –ni el Credo, ni los mandamientos, ni los dogmas definidos– pueden ser siquiera debatidos. Son así; se aceptan o no; pueden pensarse, buscar su mejor modo de expresión, etc., pero no discutir la substancia de su verdad.

Y esto vale para todos, incluso para los papas, por más santos, magnos o pecadores que sean, pues también ellos deben acatar las enseñanzas bimilenarias de la Iglesia por más monárquico que sea su poder (que no es absoluto, por cierto). El papa es vicarius Christi, es decir, su embajador, su representante, no su sucesor y, como tal, no tiene más autoridad que la que le da su Mandante. Tampoco puede asumir la actitud totalitaria que llevó a Luis XIV a decir: “el Estado soy yo”, como si quisiera decir: “la Iglesia soy yo”. Esto y no otra cosa fue lo que el mismo Benedicto XVI dijo al presentar, siendo aún cardenal, la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem”:

“El Papa no es en ningún caso un monarca absoluto, cuya voluntad tenga valor de ley. Él es la voz de la Tradición; y sólo a partir de ella se funda su autoridad”[4].

 

Pero volvamos a la pregunta: ¿Cómo hacer para elegir entre dos posibles “Magisterios”contradictorios entre sí? ¿Qué criterio utilizar? ¿Acaso lo anterior siempre es mejor que lo posterior o viceversa? ¿Cómo distinguir la auténtica enseñanza de la errónea? ¿Acaso los herejes (nestorianos, cátaros, viejos católicos, etc.) no afirmaban también profesar la enseñanza verdadera de la Iglesia, aludiendo a que simplemente seguían la enseñanza “de antes”?

Es necesario, por lo tanto, explicar cómo saber qué doctrina prevalece sobre la otra. Pues para esto está algo que, antiguamente, se estudiaba en los seminarios y es lo que sigue.

En primer lugar, se debe preferir siempre el Magisterio infalible (dogmático o definitivo) al Magisterio (posterior o anterior) que lo contradiga; es decir: ante dos “magisterios” opuestos sobre un mismo tema se debe preferir siempre el que sea concorde con los diez “lugares teológicos” sobre los que tan bien escribió Melchor Cano, uno de los dos máximos teólogos del Concilio de Trento[5].

 

Los diez “loci theologici” son:

1) la autoridad de la Sagrada Escritura;

2) las Tradiciones de Cristo y de los Apóstoles (¡no confundirlas con las tradiciones con minúscula!);

3) la autoridad de la Iglesia Católica;

4) la autoridad de los Concilios, especialmente los Generales;

5) la autoridad de la Sede Apostólica;

6) la autoridad de los Santos Padres;

7) la autoridad de los Doctores escolásticos (a la cual se puede agregar la de los Canonistas);

8) la razón natural;

9) la autoridad de los filósofos (realistas) y juristas (de filosofía realista);

10) la autoridad de la historia humana, escrita por autores dignos de crédito y/o transmitida de generación en generación.

 

He aquí un instrumento, hoy un tanto olvidado, que podría utilizarse en caso de aparente contradicción entre “dos magisterios”[6], incluso por los fieles (aunque de forma provisional y extraordinaria). Algo similar en la historia fue lo sucedido durante la crisis arriana que enfrentó a obispos contra obispos pero que, gracias al pueblo fiel (a su sensus fidei fidelium: “sentido de la Fe de los fieles”) se pudo sortear.

La regla de oro, entonces, para responder a estos problemas parece haber sido ya zanjada hace siglos por San Vicente de Lerins, quien acuñó en su Conmonitorium, que debemos “mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos”, por lo que, cuando haya dos “magisterios” opuestos, será preciso que se estudie cuál de los dos es concorde con lo que “ha sido creído en todas partes, siempre y por todos”; para ello entonces están los diez “lugares teológicos”.

Pero de nuevo: ¿acaso serán los fieles los que deban entrar a decidir sobre estos temas? La realidad es que todo bautizado tiene una cierta autoridad –y hasta obligación moral- de aceptar uno de los dos “magisterios” cuando, por excepcionalísima circunstancia, pueda configurarse tal oposición. Y quien por escrúpulo papolátrico o manía obediencialista, niegue esta potestad de los feligreses comunes, estaría negando el primer principio del buen pensar: el de no contradicción, porque no se puede obligar a nadie a creer dos cosas contradictorias entre sí, algo repugnante a la propia razón.

 

El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y por tanto infunde en los fieles el llamado “sensus fidei” aludido más arriba: el sentido sobrenatural de la fe, que permite a tantas buenas personas iletradas darse cuenta de que su párroco u obispo puede estar predicando errores, novedades o incluso herejías en plena misa dominical. A este sentido sobrenatural de la fe, se refirió el Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Lumen Gentium

 

“91. Todos los fieles tienen parte en la comprensión y en la transmisión de la verdad revelada. Han recibido la unción del Espíritu Santo que los instruye (cf. 1 Jn 2, 20.27) y los conduce a la verdad completa (cf. Jn 16, 13)”.

 

Quizás el problema mayor pudo suscitarse con mayor frecuencia en los primeros siglos de la Iglesia, donde la doctrina aún no estaba del todo clara, pero el transcurrir de dos milenios bajo la Barca de Pedro, ya no debería suscitar dudas sobre algunos puntos.

 

4. La salvación de las proposiciones oficiales y sus límites

 

Existe una actitud muy católica, nacida de la caridad, que lleva a tratar de salvar las expresiones cuando éstas son ambiguas y provienen de alguna autoridad venerable, como ser un Papa, un Padre de la Iglesia o un santo. Fue ésta la actitud que llevó por ejemplo a Santo Tomás, a salvar expresiones patrísticas que, a simple vista, parecerían lisa y llanamente heréticas.

Ahora bien, el salvataje de la proposición tiene un límite, que no es sino la seriedad científica y la realidad; esto es, si el único modo de salvar la proposición es hacer un malabarismo mental excesivamente forzado y artificial, entonces, este salvataje debe ser descartado junto con la proposición. Querer defender lo evidentemente indefendible no sólo no es lícito, sino que es pésima apologética y termina siempre favoreciendo las críticas de los incrédulos (incluso, de los que están en proceso de conversión). La posibilidad de hacer un malabarismo mental extremo para salvar una proposición formalmente magisterial que sea a todas luces falsa, puede servir para calmar los escrúpulos que a veces afectan a alguna pequeña minoría de almas agobiadas bajo el peor de los tormentos (el tormento de la conciencia aplastada por el abuso de la autoridad) pero puede acabar dividiendo y debilitando las filas católicas que se gastan y desgastan en defensa de la Fe.

 

4. De la utilidad providencial del pseudo-magisterio o magisterio formal

 

Si todo lo que dijimos arriba está sucediendo o sucediese alguna vez; ¿Qué hacer? En primer lugar, hay que recordar que nada de todo esto se le escaparía al Señor que, ante una situación análoga, estaría permitiendo o queriendo la purificación pasiva de la Fe de quienes Lo aman.

A su vez –y esto es muy importante– siendo cierto que la prueba final en los tiempos del Anticristo será acortada en razón de los elegidos, no sería descabellado que, en los albores de la Parusía se vivenciasen los más extremos simulacros magisteriales, esto es: fórmulas pontificias con altísimas formalidades magisteriales y disciplinares, que, a su vez, contradigan la Fe. Nadie debería sorprenderse si mañana, por ejemplo, un Papa excomulgase a alguien por el solo hecho de perseverar en la Fe. Ya pasó con San Atanasio, heroico defensor de la consubstancialidad del Verbo con el Padre (como rezamos hoy en el Credo), excomulgado por el Papa Liberio, aparentemente bajo presión.

Ahora bien, más allá de las muy remotas similitudes con ciertos hechos de la historia de la Iglesia, la inscripción en AAS de la aprobación papal sobre la exégesis episcopal de Amoris Laetitia, es un hecho sin precedentes en la historia. Seguramente algunos, una vez más, querrán intentar una interpretación malabarística; nosotros mismos podríamos hacerlo sin seriedad científica. Sin embargo, como hemos dicho, esto serviría solamente para calmar los escrúpulos de algún pequeño grupo de almas oprimidas.

Creemos que, la acción contraria es aún más heroica y hasta de mayor amor al Papa, porque hacerle decir lo contrario a lo que quiere decir no sería hacerle un favor, sino tergiversarlo y, por ende faltarle el respeto. Se trata de obedecer el divino mandato del Señor: “sea vuestro hablar: , sí; no, no; porque todo lo demás, procede del Maligno” (Mt 5, 37).

 

*          *          *

 

En suma, en lo que toca a las novedades relativas al adulterio (indisolubilidad del Matrimonio) y al acceso a los Santos Sacramentos (arrepentimiento para el de la Penitencia, estar en gracia para Comunión eucarística), baste decir que, como no puede ser de otra manera, sigue y siempre seguirá en vigor la doctrina y disciplina enseñada por la Tradición, el Evangelio, los Padres de la Iglesia, Trento y los últimos documentos: Veritatis Splendor, Casti Connubi, Familiaris Consortio, Catecismo de la Iglesia Católica, Canon 915 y un largo etcétera.

Que Dios y la Virgen nos den la gracia ansiada por San Vicente de Lerins hacia el final de su Conmonitorium, donde prefiere exponerse “a la muerte antes que traicionar la antigua fe universal”.

P. Federico Highton, SE

Misionero en la meseta tibetana

(agradecemos la colaboración para la parte histórica del P. Javier Olivera Ravasi)


[1] Notemos al pasar que el texto, al definir la noción de Magisterio -término al parecer, incorporado al léxico eclesial recién en el siglo XIX- ha sido muchas veces malinterpretado por algunos, viendo en él la “única norma de la Fe” (Cfr. Mons. Brunero Gherardini, Quod et Tradidi Vobis. La Tradizione, vita e giovinezza della Chiesa, Casa Mariana Editrice, Frigento, 2010, pp. 71-96).

[2] http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19900524_theologian-vocation_sp.html

[3] Cfr. https://www.aciprensa.com/noticias/la-carta-de-los-obispos-argentinos-sobre-amoris-laetitia-cambia-en-algo-la-doctrina-33461

[4] http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19880930_ratzinger-mulieris_sp.html

[5] Entre ellos (valga aclararlo contra la herejía protestante) existe una primacía lógica y cronológica no de las Sagradas Escrituras, sino de la Sagrada Tradición; porque primero fue la Tradición y luego la Escritura. Primero la enseñanza oral y luego la escrita.

[6] Fue esto y no otra cosa lo que, durante el siglo XX hicieron con ciertos textos del Concilio Vaticano II, algunos como el Abbé de Nantes, Romano Amerio o el mismo Mons. Lefebvre.

 

44 comentarios

  
Octavio
Muy buen artículo. Me ha dado ánimos. Muchas gracias por él, padre Federico.
17/12/17 5:25 PM
  
Franciscus the first
Siguiendo el "magisterio" de este pontificado, ¿para qué esforzarse en ser santo? Y, ligado a esto, ¿qué sentido tuvo el Sacrificio de Jesucristo?
17/12/17 5:57 PM
  
Claudio Duran
Como dice la DV: "...por tanto, la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro”, significaría entonces que una declaracion magisterial dejaria de tener consistencia al desentrelazarse de la Tradicion o enseñanza común y universal anterior, y no obliga en conciencia a tomarla como tal, aplicando el sensus fidei con que el Espíritu Santo nos ha dado en Gracia por el Bautismo.
Abrazo padre Federico, Caballero del Corazón Inmaculado de Maria. Slds desde Mendoza.
17/12/17 7:51 PM
  
Residente en Fátima
"La purificación pasiva de la Fe de quienes Lo aman"
Es exactamente lo que estamos viviendo.

Gracias por decir lo tanto bien
17/12/17 9:28 PM
  
Hugo Z. Hackenbush
Traduciendo:Hagan caso al cura del sombrero ridículo que sabe más que el papa y los obispos.
Pues va a ser que no.
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Si quiere puedo sacarme el sombrero... El tema es atacar los argumentos, no a la persona. Dios lo bendiga. P. Federico
17/12/17 9:43 PM
  
Emilio Jesús Alegre del Rey
Muchas gracias, padre, qué artículo tan clarificador. Estoy totalmente de acuerdo. Me parece que es de más fidelidad al Papa interpretar sus errores como errores, que interpretar sus errores como aciertos. Y además, es que esa es la verdad a la que nos debemos. Que Dios le bendiga a usted y a su misión.
17/12/17 9:47 PM
  
Juan Donnet
Excelente! Feliciaciones!
17/12/17 10:35 PM
  
Daniel Milan
Querido padre Federico:

Me alegra poder volver a leerle, por lo menos esto es señal de que aún sigue vivo y trabajando en la misión, aunque no pensé que escribiría algo de este género. Debo decir que estoy agradecido por sus palabras que me hacen sentir más afianzado en mi pensar acerca del Magisterio de la Iglesia Católica. Me parece que una de las cosas más importantes la dice en esta frase: "la ley positiva injusta no obliga". Es lo que siempre he pensado acerca de la licitud de portar armas (por defensa propia), aún cuando Cristo muy probablemente diría lo contrario, con eso de que "el que a hierro mata, a hierro muere", y "si te quieren quitar el manto, dales también la túnica".

Creo que lo que nos queda es simplemente obedecer a Cristo, pero igualmente me preocupa lo que los "más pequeños" pensarán acerca de la unidad en la Iglesia.

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Gracias Daniel. Por ahora sigo vivito y coleando; cuando las aventuras misionales me lo permiten, despunto el vicio tocando estos importantes temas. ¡Cristo vence! Dios lo bendiga. P. Federico
17/12/17 11:48 PM
  
Jose Ignacio
Muy bien Padre Federico.Que Dios lo bendiga.
18/12/17 12:33 AM
  
Juan
Hablando de sombrero ya lo decía Chesterton algo así, " para entrar a la Iglesia hay que sacarse el sombrero no la cabeza." Siga usted con los dos Padre.
18/12/17 1:19 AM
  
Panto Crator
Excelentemente explicado padre Federico, primero muertos que traidores! Dios le bendiga.
18/12/17 1:36 AM
  
Octavio Rodríguez
Estimado Padre Federico Highton:

¡Feliz preparación para el nacimiento del Niño Dios!

En el reciente intercambio de opiniones, se ha venido debatiendo acerca de la calidad del magisterio de nuestro Papa Francisco. Hay quien se pregunta si, de hecho, subvierte la doctrina. Hay quien ha propuesto un análisis de su magisterio , o juzga acerca de su catolicidad. ¿Quién se puede tomar la atribución de juzgar la ortodoxia del magisterio pontificio? Ni siquiera un sínodo general – que actuara aparte de su legítima cabeza, el Papa (el conciliarismo es una deformación). Por esto, con toda razón, el derecho canónico sintetiza magistralmente: "Prima sedes a nemine iudicatur" (c. 1404).

A cada uno de aquellos a quienes parece que las olas hacen naufragar la barquilla de Pedro, habría que decirles: ¡Poco creyente! ¿Por qué dudas? (Mt 14, 31b). Jesús, Pastor eterno de la Iglesia, ha prometido, a su vicario, su asistencia constante (cf. Lc 22, 32), de modo que, por el carisma de infalibilidad, nunca propondrá a los fieles, de manera vinculante, como materia de fe o de moral, algo que no estuviese de acuerdo con su auténtica evangélica enseñanza.

De hecho, esto lo constatamos ahora –gracias a una previsión admirable de su divina Providencia. El Papa Francisco, no ha hecho un pronunciamiento definido, en la exhortación Amoris laetitiae. Esta misma indefinición lo hace no obligante en conciencia. Sólo ha esbozado una insinuación –susceptible de diversas lecturas, entre ellas, la ortodoxa, sin grandes malabarismos. Además, queda abierta a la “necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales” (AL 2)– con respecto a “la ayuda de los sacramentos”, para las personas que “viven en situaciones irregulares” (AL 305).

Si persiste la confusión, debido a la diversidad de interpretaciones –incluso entre los obispos–, también esto –como bien lo anotaste– es disposición providencial: para probar nuestra adhesión, tanto a la fe, como a nuestros pastores –tan frágiles, como Nuestro Señor en su Pasión.




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¿Cómo puede interpretar ortodoxamente la carta de Buenos Aires?
F
18/12/17 2:48 AM
  
Feri del Carpio Marek
Lo mejor que he leído sobre el tema, aunque lamentablemente no es que haya mucha gente cualificada dispuesta a escribir sobre este tema.

El punto 4 de "La salvación de las proposiciones oficiales y sus límites", me parece magnífico. Y hay que enfatizar en los criterios de seriedad científica y la realidad para decidir cuándo una proposición aparentemente magisterial es insalvable, porque aquí es donde se puede dar el peligro de errar. En el caso de la carta de los obispos de Buenos Aires, el número 6 lo pone bastante fácil.

Pero en AL hay algunos párrafos, también insalvables, que no sólo atañen al matrimonio y Eucaristía, pero a la moral católica en general, pretendiendo volver católico el principio de que el fin justifica los medios.
18/12/17 4:20 AM
  
Glenn Houston
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La temática de este post no es sobre la elección del pontífice ni sobre los temas que ud. plantea, algunos completamente ciertos. Dios los bendiga. Padre Federico
18/12/17 5:29 AM
  
Hugo Z. Hackenbush
Más que un argumento le haré una pregunta.
¿Por qué es más magisterio lo escrito por J. Pablo II y los cardenales y obispos en Trento que lo escrito por Francisco y sus cardenales y obispos en el Sínodo?
Ya que usted se decanta por la primera opción, tendrá alguna razón, digo yo

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Esa misma pregunta nos hicimos en el escrito que ud. leyó. Lo repito:

Pero volvamos a la pregunta: ¿Cómo hacer para elegir entre dos posibles “Magisterios”contradictorios entre sí? ¿Qué criterio utilizar? ¿Acaso lo anterior siempre es mejor que lo posterior o viceversa? (...). La regla de oro, entonces, para responder a estos problemas parece haber sido ya zanjada hace siglos por San Vicente de Lerins, quien acuñó en su Conmonitorium, que debemos “mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos”, por lo que, cuando haya dos magisterios “opuestos”, será preciso que se estudie cuál de los dos es concorde con lo que “ha sido creído en todas partes, siempre y por todos”; para ello entonces están los diez “lugares teológicos”.

Es decir: un magisterio está de acuerdo con lo que la Iglesia siempre creyó. Y el otro no. Claro como el agua. Dios lo bendiga. Padre Federico
18/12/17 9:55 AM
  
Rexjhs
Muchas gracias, padre Federico. Muy de acuerdo con su artículo. Ud dice que no se puede salvar la interpretación ortodoxa de un texto heterodoxo cuando con ello se fue la letra misma de ese texto y se obliga al intérprete a hacer violencia de la razón natural. Cierto. Pero yo voy más allá: es imposible salvar un error cuando el mismo autor (Francisco) ya ha confirmado por activa y por pasiva, por entrevistas y por terceras personas (Spadaro, Schönborn, Coccopalmerio, Mons. Fernández...) qué la interpretación auténtica es la herética. El problema, padre, es que muchos católicos hoy, por pésima formación recibida, piensan que hay que seguir al Papa y todo lo que diga pase lo que pase... aunque les lleve al infierno, añadiría yo. Y lo más triste de todo es ver a obispos muy ortodoxos hacer malabarismos terribles para seguir defendiendo en esto a Francisco, como Mons. Munilla, lo qué causa un daño y perjuicio y escándalo gravísimos entre el resto fiel, poniéndonos a los pies de los caballos a los que, por gracia de Dios, vemos el error.
18/12/17 9:59 AM
  
josep
verdadero Magisterio papal.
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Pero meramente formal... P. Federico
18/12/17 1:31 PM
  
Martin Ellingham
La inclusión del documento en AAS es signo manifiesto de que hay voluntad de obligar a la Iglesia discente. Pero el contenido erróneo hace moralmente imposible que los fieles conscientes le presten asentimiento, por diversos motivos, uno de los cuales es antropológico-ético: la inteligencia humana está esencialmente ordenada a la verdad y la voluntad no puede forzarla a que asienta a un error.
Saludos.
18/12/17 1:49 PM
  
Luis Fernando
Octavio, ¿sabe usted cuál es uno de los rasgos característicos de las sectas? Que en ellas sí el líder dice hoy que 2+2=4 y al cabo de unos años otro líder dice que 2+2=6, los miembros de la secta pretenden hacer creer al mundo entero que ambos líderes dicen esencialmente lo mismo.

Usted no sé, pero yo me niego a ser sectario.

O en otras palabras, que no nos tomen el pelo hablando de una interpretación ortodoxa de la carta de los obispos de Buenos Aires. Ya bastante tenemos con que nos quieran colar algo herético como para que encima nos tomen por imbéciles.
18/12/17 2:25 PM
  
Fuenteovejuna
Gracias, Padre Federico, por este excelente "discernimiento" para que no nos quieran hacer pasar gato por liebre.
Pero la pregunta de fondo que yace latente es quién tiene la autoridad suficiente para decirle al Papa que está equivocado, porque mientras nadie lo haga, estamos como atrapados no sólo por la confusión creada por Amoris Laetitia, sino por el caos y la anarquía que en poco tiempo sucederá a la confusión.
A mi modesto entender, estamos en un callejón sin salida porque el Papa no cree haber cometido ningún error, todo lo contrario, está convencido que errados estamos quienes no pensamos como él.
La única salida posible que aparece en el horizonte es el cisma, y aunque no se quiera hablar de él o se lo niegue, el cisma es una realidad inevitable que pronto caerá sobre nosotros. Es muy triste y alarmante.
Si Ud. ve otra solución me gustaría conocerla.
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La solución está en lo que escribimos en el post. La razón la tiene la enseñanza bimilenaria de la Iglesia y a ella hay que obedecer. Con mi bendición. P. Federico
18/12/17 4:22 PM
  
Ricardo de Argentina
La muy ambigua exhortación AL ha generado graves dudas entre los fieles, las cuales fueron formalmente expresadas por cuatro cardenales al Santo Padre.
La primera reacción del Santo Padre ha sido ignorar esas preguntas.
La segunda reacción del Santo Padre, sabedor de las perplejidades que él mismo ha generado, ha sido inscribir en la AAS un texto que se decanta por una interpretación heterodoxa de la exhortación, manifestando pretensiones de magisterio.
O sea:"No quieres caldo, toma tres tazas".
O si se prefiere: "Para la interpretación ortodoxa hay ambigüedad, pero para la heterodoxa no".

Ése es el nivel de gobierno, de evangelización, de caridad, de fidelidad a la verdad y de misericordia de este pontificado.
18/12/17 6:38 PM
  
Anacoreta
Excelente explicación y aclaración de lo que no debe ser. Es usted un buen siervo bueno y fiel al que Dios premiará. No sabe cuántos se lo agradecerán. Dios le bendiga y la Virgen María le guarde.
18/12/17 7:39 PM
  
jorge
Octavio:

En Lucas 16,18, el señor dice:

Quien se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio; quien se casa con una mujer divorciada comete adulterio, y el que casa a la despedida (divorciada) por ese hombre, comete adulterio...

El Catecismo dice en su numeral 1858:

La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19)...

El Canon 915 dice.

No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave.

Los obispos de Buenos Aires dices en sus criterios para la aplicación del capítulo VIII de AL.

6) En otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada puede no ser de hecho factible. No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía…

Ahora hagamos un poco de lógica:

Sea P: "el adulterio es un pecado grave".

Sea Q: "quienes persistan en un manifiesto pecado grave no deben ser admitidos a la sagrada comunión"

P entonces Q: "Si el adulterio es un pecado grave, entonces quienes persistan en un manifiesto pecado grave no deben ser admitidos a la sagrada comunión".

P entonces Q es falso solamente cuando P es verdadero Q es falso.

En estricto: Si el adulterio es un pecado grave, entonces quienes persistan en un manifiesto pecado grave pueden ser admitidos a la sagrada comunión.

Esta sentencia es FALSA.

sin embargo, es la que afirman los obispos de Buenos Aires.

18/12/17 7:52 PM
  
Luis Fernando
Fuenteovejuna, la solución la dará Dios cuando Él disponga. Obviamente esto no tiene solución humana.
Mientras tanto, a mantenernos fieles por su gracia.
18/12/17 8:01 PM
  
claudio
Federico en tu caso el Presbítero no puede ocultar al Canonista, no puedes apagar la búsqueda de la naturaleza jurídica de las instituciones, es extraordinario el enfoque (aunque alguien se vista de magisterio eso no lo va a convertir en magister y sin magister.....).
Quiero hacer notar un elemento, la "magisterialidad" de AL etc. no "nació" con AL, que es un documento de "baja intensidad" en la categoría tradicional de documentos del Pontífice, apareció luego cuando alguien puso en duda que se tratara de Magisterio obligatorio. El hecho de la publicación en AAS no le otorga esa jerarquía. Tampoco que el Papa diga que la interpretación válida de AL es la opinión -no fundada Teológicamente- de algunos obispos de Buenos Aires. Las expresiones dogmáticas se sostienen por sí mismas, es de su naturaleza. Las interpretaciones de los obispos pretenden buscar un "casus" donde alguien que no haya podido obtener una nulidad matrimonial canónica pueda dejar de lado la indisolubilidad del vínculo y acceder a los sacramentos sin propósito de enmienda. La atrición cuántas veces le va a servir ?. Si el pretendido Magisterio de convierte en un laberinto únicamente se sale por arriba por la santidad. Vamos alegremente en adviento a un nuevo Concilio y este será Teológico, Dogmático y Magisterial.
18/12/17 8:28 PM
  
Residente en Fátima
La purificación pasiva supone la aniquilación total. San Juan de la Cruz la sitúa en el momento en que Jesús se siente abandonado del Padre y su muerte casi inmediata. La redención la hace Dios así. Y es lo que por gracia nos toca vivir a los que por gracia Le amamos. Es un momento terrible y maravilloso al mismo tiempo. Es la cumbre a escalar antes de llegar por fin a la tierra prometida. Deberíamos estar hasta contentos y en lo interior donde Dios nos habita esa alegría es real y efectiva en medio de una pavorosa soledad. ASi que animo porque nuestra liberación esta próxima. Un abrazo fuerte a todos, juntos con Maria en la Esperanza.
18/12/17 9:24 PM
  
Fred
Las palabras de Cristo sobre el adulterio son muy claras, y así las ha entendido la Iglesia en sus XX siglos de existencia. Que ahora venga un papa y lo pretenda cambiar, es inadmisible. Los cristianos no seguimos al papa sino a Cristo.
La heterodoxia es decir la herejía, campa a sus anchas desde hace decenios en el seno de la Iglesia, "ha entrado el humo de satanás", según palabras de Pablo VI. Ya es hora de llamar a las cosas por su nombre, y si no lo hace la jerarquía lo haremos los laicos.
Y si la Iglesia acaba siendo un pequeño reducido grupo fiel a Cristo, como algunos han predicho, pues que sea lo que tiene que ser, pero dejarnos que nos tomen el pelo, no cuela.

...


Seguimos al Papa, pero lo seguimos en tanto que el Papa siga a Cristo.

PF
18/12/17 11:26 PM
  
Juan Pablo Lizcano
Padre Federico : sabia usted , que yo era un catolico sin compromiso alguno, y dentro de todas las situaciones difíciles, que iba viviendo, el Señor se encargó de mostrarme la verdadera razón de mi existencia. Que es seguirlo a él . cada día que leo a los santos padres, la Tradición, el Magisterio de la Iglesia. la belleza de las Santas Escrituras, esos tesoros invaluables . Y después leer a los fieles seglares, y sacerdotes, con una claridad, que enceguese a los que están en las tinieblas, cada día me enamoro más de la Santísima Trinidad, y de la Virgen María, y de su Iglesia fiel a sus enseñanzas .
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¡Bendito sea Dios! Rezo por Ud. P. Federico
19/12/17 12:11 AM
  
Esteban
Estos artículos se parecen cada vez más al criterio protestante de la libre interpretación. ¡Que paradoja! ¿O habrá qué consultar al padre Federico para saber cuándo hay que respetar al Magisterio y cuándo no?


......

Estimado Neo-Catecumenal


Buena parte del artículo está destinada precisamente a contestar a vuestra lícita objeción, esto es, a demostrar que nuestra posición no sólo no es libre-examen, sino fidelidad perfecta al Magisterio.

A mayor abundamiento, hay solo 4 opciones (sólo la cuarta es legítima):
1- Sostener una interpretación ortodoxa de la carta de los obispos porteños (lo cual es imposible salvo haciendo un malabarismo mental extremo);
2- Sostener al mismo tiempo dos proposiciones opuestas como verdaderas (lo cual es imposible porque va contra el principio de no-contradicción, el cual es el primer principio del pensar).
3- Cambiar la doctrina de la Iglesia (lo cual es imposible ya que la Verdad no cambia).
4- Considerar que la carta de Buenos Aires no es Magisterio.

En amor del Espíritu Santo,

Padre Federico
19/12/17 1:49 AM
  
Ricardo de Argentina
"Seguimos al Papa, pero lo seguimos en tanto que el Papa siga a Cristo.PF"

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Buena síntesis Padre, que podría complementarse con este versículo:
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"Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!"
Gálatas, 1 - 8"
19/12/17 1:58 AM
  
Cristian
EXCELENTE. Gracias P. Federico.
CRI
19/12/17 3:27 AM
  
Grego
Excelente Padre Federico. Dios se lo pagará, y seguro que algunos que tenían angustia en la conciencia por lo que está pasando han encontrado aquí buenos y definitivos argumentos (¿o hay alguien que los rebata utilizando el Magisterio de la Iglesia y no argumentos "ad hominen" o que digan que hay que seguir todo lo que dice el Papa porque es el Papa y ya está?).

No sabe como ansío encontrar sacerdotes como usted y cuánta falta hacen.

Mi oración y agradecimiento.
19/12/17 8:19 AM
  
Luis Fernando
Esteban nos va a decir ipso facto cómo podemos sostener a la vez esta enseñanza de San Juan Pablo II, Papa:

La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez....

Con esta de los obispos de Buenos Aires que el papa Francisco pretende que aceptemos como magisterio vinculante:

... Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.

Venga, Esteban, que tú puedes. Esperamos tu iluminación. Líbranos de la peste del libre examen y dinos cómo sostener a la vez una cosa y la contraria.
19/12/17 9:17 AM
  
maru
Muy buen artículo P. FEderico. Muchas gracias por aclarar tantas dudas y controversias. DIOS LO BENDIGA!!!!
19/12/17 10:36 AM
  
Hugo Z. Hackenbush
Entiendo entonces que ante la discrepancia usted escoge el criterio para decidir cual de las dos afirmaciones magisterio de la Iglesia es verdadero magisterio y usa como criterio el que haya sido creído siempre así.
Debo decirle que es un criterio equivocado.
La Iglesia ha creído siempre en el relato de Adán y Eva y ahora, cualquier chaval que termina la primaria sabe que es un relato metafórico porque la ciencia ha descartado una creación como esa. (lo cual no quiere decir que a ciencia haya desestimado una creación divina, pero no como la del génesis)
Yo uso como criterio el Evangelio y de los dos magisterios me quedo con el que se parece más al Evangelio, es decir el de Francisco.
Cuando ambos lleguemos al Padre (cada uno a su hora), saldremos de dudas...y el sombrero no tendrá nada que ver.
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1) Adán y Eva fueron hombres como nosotros, no monos.
2) Usando el criterio del Evangelio "quien mire a una mujer, deseándola en su corazón, ya cometió adulterio en su corazón", lo que venimos diciendo da la razón a la Iglesia bimilenaria, no a lo que ahora algunos quieren dar.
3) Esperemos llegar, esperemos llegar, porque no "el que dice Señor, Señor...", llegará al cielo. Dios los bendiga. Padre Federico
19/12/17 2:06 PM
  
Sancho
Mientras unos y otros no se den cuenta de que quienes se han divorciado y vuelto a casar, divorciados y casados de nuevo están, seguirá el lío. Jesucristo mandó que el hombre no separe lo que Dios ha unido, pero el hombre puede pecar y desobedecerle. De hecho, ni siquiera abolió la Ley mosaica que permite, entre otras cosas, divorciarse y casarse de nuevo (cf. Mt 5,17-19), aunque la perfeccionó con sus mandatos a quienes creen en Él, y con la potestad de atar y desatar que otorgó a Pedro. Por lo tanto, no hay ningún impedimento formal para que Francisco pueda establecer, en esos casos de convivencia matrimonial, que puedan llegar a comulgar tras pasar por un proceso de discernimiento. Pero eso, primero, conviene tenerlo claro, y explicarlo bien, para evitar tanto lío.
19/12/17 2:54 PM
  
Jordi
El Capítulo VIII de Amoris laetitia, sobre todo su numeral 305 y nota 351, nunca jamás serán magisterio auténtico si se afirma la proposición "el adúltero puede comulgar, ser absuelto y ser extremaunciado". El carisma petrino de juzgar comprende la enseñanza teológica y la disciplina jurídico-canónica. Así, la proposición "los adúlteros no pueden comulgar ni ser absueltos", es una proposición que enseña la única verdad de Fé Católica, y negarla o dudarla comporta la disciplina de la herejía y la excomunión latae sententiae automática, para todo consagrado que en virtud de su capacidad y conocimiento, conoce de la verdad teológica y las consecuencias jurídicas de su negación o duda: herejía y excomunión instantánea. Magisterio auténtico FORMAL. Lo importantísimo del magisterio petrino de juzgar es que afecta a verdades divinamente reveladas y a verdades definitivas de doctrina católica, y por ello, el carisma petrino de juzgar ha de cumplir rigurosamente tres condiciones formales sine qua non: 1. Personal 2. Indelegable 3. Intransferible El Rescripto en audiencia o "Rescripta ex audientia Sanctissimi" (en adelante REAS) no es válido para proclamar verdades divinamente reveladas ni definitivas de doctrina católica. Para que la heterodoxia proclamada en el Capítulo VIII de Amoris laetitia tenga obligatoriedad jurídica erga omnes y capacidad coercitiva o compulsiva: "proclamo como verdad de fe la comunión de los adúlteros, y que sea declarado hereje castigado con la excomunión latae sententiae a quien lo niegue o dude", sólo puede hacerse a través de una Constitución Apostólica dogmática, firmada en puño y letra del Papa, pues sólo así se satisface el acto personalísimo, no delegable ni transferible, del carisma petrino de juzgar (enseñar y disciplinar). No se puede decir de viva voz a un Cardenal una [supuesta o auténtica] verdad divinamente revelada o de doctrina católica con valor de magisterio auténtico. No lo puede delegar o transferir en Ladaria, prefecto del Santo Oficio, ni tan siquiera en Burke. El Papa sólo, y de puño y letra, no de viva voz, mediante un REAS a un delegado como el Cardenal Parolin, para que lo documente y publique. La REAS es una resolución del Romano Pontífice concedidas de viva voz a un Cardenal de la Curia Romana, que posteriormente fue documentada y firmada por el Cardenal Parolin, recibido en audiencia por el Papa, y publicada en el Boletín Oficial de la Santa Sede, el AAS. Pues bien, la REAS no es personalísima, y no satiface los otros dos criterios: indelegabilidad y no transferencia del carisma petrino de juzgar. En efecto, NO ha de ser el Papa quien de viva voz le diga al Cardenal Parolin que tal proposición es una verdad magisterial auténtica. Ha de ser el propio Papa, quien en persona, firme él mismo en Constitución que tal proposición es magisterio auténtico. Hasta aquí, en mi opinión, el puro aspecto formal del magisterio auténtico: necesidad de Constitución Apostólica. Sobre si el magisterio auténtico es MATERIAL y objetivamente conforme a las enseñanzas ortodoxas, a la recta doctrina, o según el depósito de la fe, o sobre si son realmente verdades divinamente reveladas o de doctrina católica, es evidente que no, nunca, jamás, será ortodoxa, sino que es herética, aquella proposición que diga que "los adúlteros pueden comulgar, ser absueltos y extremaunciados sin abandonar materialmente el acto intrinsece malum del adulterio (no tener relaciones sexuales) y sin haberse arrepentido y confesado". Aprobar tal aberrante Constitución, sólo proclamaría que el Pontífice que lo hiciera, fuera de forma clara, evidente y sin ningún género de dudas, un heresiarca excomulgado latae sententiae de manera automática, instantánea e ipso facto. Y generaría un cisma en la Iglesia. De hecho, según tengo constancia, ningún obispo del mundo ha proclamado el carácter jurídicamente obligatorio y coercitivamente ejecutable (pena justa), ni ha publicado en sus boletines diocesanos con carácter erga omnes, de la siguiente proposición de fe y moral "el adúltero tiene derecho a la comunión y a la absolución", supuestamente proclamada en el Capítulo VIII de Amoris laetitia, en concreto, el numeral 305 y nota 351, y sobre todo, en este RAES publicado en el AAS de este año. Por lo tanto: el Capítulo VIII y en especial, el numeral 305 y nota 351, así como el RAES publicado en el AAS en relación con la Carta de los obispos de Buenos Aires, no aprueban en absoluto la comunión, absolución y extremaunción de los adúlteros incontinentes (esto es una herejía con excomunión latae sententiae), así como la posibilidad de asumir cargos y funciones eclesiásticas (testigo de bodas, padrino de bautizos, cargos y oficios). Quien lo oficialice, entonces cae en herejía y excomunión latae sententiae. Por lo tanto, hay que estar tranquilos: por cuestión formal y material, y por la realidad detectada en los boletines diocesanos, sigue siendo herético castigado con excomunión latae sententiae, la aprobación formal y material de la comunión, absolución, extremaunción y nombramiento para cargos, funciones y oficios eclesiásticos, de los adúlteros incontinentes, al ser el adulterio un intrínsece malum (Catecismo 1753-1756; Veritatis splendor 79-83 y 95-97; Humanae Vitae 14; Donum Vitae 2), ser gravemente ilícita la moral de situación (Soyez les Bienvenues, Discurso sobre los errores de la moral de situación, 18 abril 1952, Pío XII), tal como dice el numeral 1650 del Catecismo (adúltero incontinente) y el canon 915 del CDC (pecado grave), más toda la Sagrada Escritura y Tradición, el Magisterio pontificio y conciliar, y toda la herencia espiritual de Padres, Doctores, grandes teólogos, juristas y filósofos, místicos, santos, revelaciones privadas y el sensus fidei en relación al intrinsece malum del adulterio.
19/12/17 6:20 PM
  
Paco Ruiz
Un cura digno del nome:
https://www.youtube.com/watch?v=uUpCf7msO7k
19/12/17 9:36 PM
  
Pepa
Estimado P Federico:
Aprovecho para agradecerle sus instructivos y divertidos articulos.
Sobre el tema del presente, me atrevo a plantear en su riguroso analisis, una cuestion formal: acaso el C. Parolin tiene autoridad para proclamar el caracter magisterial ordinario, de un documento pontificio, que no ha sido dado como tal? Una carta a los Obispos argentinos.
Todo ello a tenor del c 750 CIC y LG 25, Donum Veritatis 15; en todo caso a la inversa, es el Papa quien ratificando un documento emitido, por ejemplo, por la CDF, lo erige en magisterio ordinario.
Un saludo
19/12/17 11:33 PM
  
Luis Fernando
Sancho nos ha dado la clave. Aunque Cristo dice que el matrimonio es para toda la vida y que quien se divorcia y vuelve a casar es un adúltero, da igual.

A partir de ahí, toda discusión sobra.

No sé cómo no nos habíamos dado cuenta antes.

Por cierto, que alguien diga al troll que un tal San Agustín de Hipona ya dijo que el relato del Génesis no era literalmente histórico.Lo cual no quiere decir que Adán y Eva no existieran.
20/12/17 8:35 AM
  
Hugo Z. Hackenbush
Padre Federico
Adán y Eva, sencillamente "no fueron". No existieron como tal y nunca existió un Edén ni una serpiente tentando a Eva con el fruto del árbol del bien y del mal. Usted lo sabe (no le imagino tan ignorante, con todo respeto) y yo lo se, y mi sobrino de 11 años también lo sabe al igual que todos sus compañeros de clase en el colegio.
Y le repito que eso no es incompatible con una creación del mundo por parte de Dios.
En cuanto a llegar al Padre, ambos llegaremos. Lo que haga con cada uno de nosotros después está a su criterio (de Él).
Yo, en mi pequeñez, solamente confío en su misericordia.
Que su misericordia le acoja a usted también.
---------------
Pues mi amigo, lo siento. Pero su postura no es católica. Le haría bien repasar el Catecismo. Dios lo bendiga. P. Federico.
20/12/17 5:06 PM
  
Clara de Argentina
Estimado Padre Federico,

Muy claro su escrito.

No coincido con que para que algo sea Magisterio, en general, no debe contener errores. El error se puede enseñar. Se puede ser un auténtico maestro del error.

Estoy de acuerdo con la explicación de Roberto De Mattei, que le responde a Edward Peters: el Magisterio auténtico ordinario puede contener errores (sólo el extraordinario ex-catedra es el infalible).

https://onepeterfive.com/de-mattei-a-response-to-edward-peters-on-the-buenos-aires-letter-authentic-magisterium/

En Jesús y María

20/12/17 7:07 PM
  
Martin Ellingham
P. Federico:

La discusión puede terminar siendo puramente nominal. Ya que todo gira en torno a la definición de magisterio.

Si por definición el magisterio no puede contener error, entonces AL no es magisterio porque de hecho lo contiene. Pero en tal caso habría que usar la palabra “magisterio” sólo para el magisterio infalible y para el meramente auténtico que de hecho no tiene error. El magisterio auténtico fallido no sería magisterio.

No parece muy consistente. Para que haya magisterio basta una enseñanza de fe o costumbres, emanada de la autoridad competente, y con pretensión de imponerse a la Iglesia mediante un asentimiento (diferenciado, a la luz de LG, 25 y ATF).

Saludos.




........



Estimado Martín


Gracias por vuestro aporte.

Es algo opinable, pero no es el tema específico del artículo, el cual, de hecho, señala que hay dos posturas lícitas al respecto (la que cree que el magisterio meramente formal no es magisterio, y la que cree que el magisterio puede errar).

En DIOS

PF
20/12/17 9:42 PM
  
Jordi
El magisterio auténtico en materia de un intrinsece malum como el adulterio, debe de tener la forma de Constitución Apostólica, la máxima norma jerárquica, y materialmente ha de ser conforme a la recta doctrina.

La supuesta comunión de los adúlteros es, formal y materialmente, un inválido y erróneo magisterio pontificio.

En efecto, se ha hecho una remisión a través de diferentes normas:

1. El sínodo de las familias

2. El Capítulo VIII de Amoris laetitia

3. Una interpretación de los obispos de Buenos Aires

4. Una respuesta del Papa a dicha interpretación

5. Un rescripto ex audientia, que consiste en delegar la respuesta pontificia, documentación y publicación a un cardenal, lo que incumple el carisma petrino de juzgar (enseñar y disciplinar): personalísimo, indelegable e intransferible

6. Su publicación en el AAS

7. Un magisterio auténtico en cuestión de intrinsece malum ha de ser formalmente correcto (Constitución Apostólica) y materialmente válido (según recta doctrina).

Por ello, lo que se ha hecho no sirve para nada.
21/12/17 1:36 PM

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