Estilo de la Oración de los fieles (III)

Las intenciones se proponen a los fieles para que ellos oren, por tanto, es un lenguaje que tiene por interlocutor a la asamblea santa. Se trata de señalar la intención, marcar la dirección de la oración, sin grandes artificios y, por supuesto, sin convertir este momento en una catequesis o en un discurso para explicar lo que hay que pedir. Normalmente lo más adecuado serían fórmulas así:

  1. Encabezadas “Por…”: “Por la Iglesia, por el papa, por el colegio episcopal, los presbíteros y diáconos. Roguemos al Señor”.
  2. Encabezadas señalando el fin de la petición “Para que…”: “Para que los pobres sean socorridos, los enfermos aliviados. Roguemos al Señor”.
  3. O como fórmula diaconal: “Oremos por…”, “Pidamos por…”: “Oremos por los enfermos y quienes los atienden, por los hospitalizados y por los agonizantes”; “Pidamos por los catequistas y por sus grupos; pidamos por los padres y madres de familia”.

Estos son los tres modos que hallamos en las intenciones de diferentes rituales y celebraciones litúrgicas, que, por tanto, sirven de pauta y modelo para todos.

a) Con el inicio “Por”, sirva de ejemplo las intenciones -¡y el contenido, el tono!- del ritual de la Confirmación:

“Por estos hijos suyos, a quienes el don del Espíritu Santo ha confirmado hoy como miembros más perfectos del pueblo de Dios” (RC 35).

“Por la santa Iglesia de Dios, para que congregada por el Espíritu Santo en la confesión de una misma fe, crezca en el amor y se dilate por el mundo entero hasta el día de la venida de Cristo” (RC 37).

O el ritual del Matrimonio, con intenciones bellísimas, en lugar del sentimentalismo de tantas peticiones “creativas”:

“Por la santa Iglesia: para que Dios le conceda ser siempre la esposa fiel de Jesucristo.

 Por los nuevos esposos N. y N.: para que el Espíritu Santo los llene con su gracia y haga de su unión un signo vivo del amor de Jesucristo a su Iglesia.

 Por nuestro hermano N.: para que sea siempre fiel al Señor como Abrahán y admirable por su piedad y honradez como Tobías” (RM 75).

b) Con el inicio “Para que”, por ejemplo, el ritual del Bautismo de niños:

“Para que este niño, al participar en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, alcance nueva vida, y por el Bautismo se incorpore a su Santa Iglesia” (RBN 143).

 “Para que sepultados por el Bautismo en la muerte de Cristo, participen en su resurrección” (RBN 211).

 “Para que reciban la adopción de hijos de Dios por el bautismo” (RBN 212).

O las intenciones de las letanías de los santos:

“Para que bendigas, santifiques y consagres a estos elegidos. R/ Te rogamos, óyenos.

 Para que concedas paz y concordia a todos los pueblos de la tierra. R/ Te rogamos…

 Para que tengas misericordia de todos los que sufren. R/ Te rogamos…” (Rito de ordenación).

 “Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del Bautismo. R/ Te rogamos, óyenos” (Rito de bautismo de adultos en la Vigilia pascual).

c) En forma diaconal, con el incipit “Oremos por”, tenemos el gran ejemplo de la liturgia del Viernes Santo, en la acción litúrgica de la Pasión del Señor.

“Oremos, hermanos, por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso…

 Oremos por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren también ellos el camino de la salvación…

 Oremos también por los gobernantes de todas las naciones, para que Dios nuestro Señor, según sus designios, les guíe en sus pensamientos y decisiones hacia la paz y libertad de todos los hombres…

 Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, por todos los que en el mundo sufren las consecuencias del pecado, para que cure a los enfermos, dé alimento a los que padecen hambre, libere de la injusticia a los perseguidos, redima a los encarcelados, conceda volver a casa a los emigrantes y desterrados, proteja a los que viajan, y dé la salvación a los moribundos”.

El lenguaje de esta oración es proponer una intención para que los fieles oren; no es por tanto el momento para que el lector ore él y en lugar de proponer una intención se dirija directamente a Dios. En la tradición litúrgica para la Eucaristía en todos los ritos, a Dios únicamente se dirige el sacerdote que preside (porque actúa in persona Christi) o todos los fieles a una sola voz (porque son el Cuerpo de Cristo), pero jamás un diácono o un lector. 

 El lenguaje del diácono es indicativo, dirigido siempre a los fieles: “Poneos de rodillas”, “Daos fraternalmente la paz”, “Inclinaos para recibir la bendición”, “Podéis ir en paz”. Es un guía de todos los fieles. También aquí, en las intenciones, se dirige no al Señor sino a los fieles para que oren.

Vayamos a la Tradición litúrgica de la Iglesia y encontraremos otro ejemplo de cómo se realiza y cuál es el lenguaje de esta oración de los fieles.

El diácono ha despedido a los catecúmenos después de una bendición del obispo (“Catecúmenos, id en paz”); luego ha despedido a los posesos tras la oración del obispo (“Id, posesos”); también a los que han de ser iluminados-bautizados en la próxima Pascua después de la bendición del obispo (“Id, los que tenéis que ser iluminados”) y por último despide a los penitentes después de una plegaria del obispo (“Salid, penitentes”) (Cf. Constituciones apostólicas, lib. VIII, 6,5-9,11). El lenguaje del diácono es imperativo: “Id, salid”, nunca en plural: “Podemos”, “Nos damos”.

Entonces el diácono va proponiendo diversas intenciones para que los fieles oren a Dios:

  •  “Oremos por la paz y la tranquilidad del mundo y de las santas Iglesias: que Dios, creador de todas las cosas, nos conceda su paz, perpetua y estable; que él nos guarde para que perseveremos en la virtud perfecta gracias a la fe.
  •  Oremos por la santa Iglesia de Dios, católica y apostólica, extendida de un límite al otro de la tierra: que el Señor la preserve de los remolinos y tempestades y la guarde hasta el fin del mundo, fundamentada sobre la roca.
  •  Oremos también por esta santa parroquia: que el Señor del universo nos conceda esforzarnos sin desfallecer para alcanzar su esperanza celestial y para que nos entreguemos a aquella oración perseverante que debemos dirigirle.
  •  Oremos por el episcopado de toda la tierra, para que anuncie con fidelidad la doctrina de tu verdad.
  •  Oremos por nuestro obispo Santiago y por sus parroquias. Oremos por nuestro obispo Clemente y sus parroquias. Oremos por nuestro obispo Evodio y por sus parroquias. Oremos por nuestro obispo Aniano y por sus parroquias. Que el Dios misericordioso los guarde en sus santas iglesias y les conceda salud, honor, larga vida y una vejez venerable, colmada de piedad y justicia.
  •  Oremos también por nuestros presbíteros: que el Señor los preserve de toda acción errónea o mala y les conceda ejercer su ministerio de manera íntegra y honorable.
  •  Oremos por todos los que, en Cristo, ejercen el diaconado y le sirven: que el Señor les conceda servir de manera irreprochable.
  •  Oremos por los lectores, los cantores, las vírgenes, las viudas, los huérfanos; oremos por los esposos y sus familiares: para que el Señor se muestre misericordioso con todos ellos.
  •  Oremos por los que viven en santa continencia. Oremos por los que viven entregados a la castidad y a la piedad.
  •  Oremos por los que, en la santa Iglesia, presentan ofrendas y por los que dan limosnas a los pobres. Oremos también por los que entregan oblaciones y primicias ante el Señor nuestro Dios. Que el Dios de toda bondad les conceda, a su vez, sus dones celestiales y les dé el céntuplo en el tiempo presente y en el tiempo futuro les dé la vida eterna, y que a cambio de los bienes temporales les conceda los bienes eternos y a cambio de los bienes terrenales, los bienes celestiales.
  •  Oremos por nuestros hermanos neófitos: que el Señor los sostenga y los fortalezca.
  •  Oremos por aquellos hermanos nuestros que se encuentran afligidos por la enfermedad: que el Señor los libre de toda dolencia y de toda enfermedad y haga que puedan volver con buena salud a su santa Iglesia.
  •  Oremos por aquellos hermanos nuestros que viajan por mar o por tierra. Oremos por aquellos hermanos nuestros condenados a las minas o que están desterrados, o se encuentran en la cárcel o encadenados a causa del nombre del Señor. Oremos por los que sufren una dura esclavitud.
  •  Oremos por nuestros enemigos y por los que nos odian. Oremos por los que nos persiguen a causa del nombre del Señor: que el Señor detenga su furor y apacigüe su cólera contra nosotros.
  •  Oremos por los que están fuera de la Iglesia o se han extraviado: que el Señor les conceda la conversión.
  •  Acordémonos de los miembros de la Iglesia que están en la edad de la niñez: que el Señor les conceda progresar en su temor hasta la perfección y les lleve hasta la plenitud de la edad.
  •  Oremos los unos por los otros: que el Señor nos proteja con su gracia y nos guarde hasta el fin, que nos libre del Maligno y de todas las insidias de los que cometen el mal; que nos salve (y nos lleve) al reino celestial.
  •  Por todas las almas cristianas” (Const. Apost., lib. VIII, 10,3-22).

 Un formulario, inspirado en la llamada Letanía del Papa Gelasio, nos ofrece otro modelo de plegaria anclado en la Tradición de la Iglesia, como ejemplo a seguir:

  • “Por la Iglesia inmaculada del Dios verdadero, extendida por todo el universo: pidamos la plenitud del amor de Dios.
  •  Por los sacerdotes consagrados al Señor y por todos los pueblos que adoran al Dios verdadero.
  •  Para los que proclaman con fidelidad la Palabra de la salvación, pidamos la sabiduría del Hijo de Dios.
  •  Para los que consagran su espíritu y su cuerpo al reino de Dios, pidamos los dones del Espíritu Santo.
  •  Por los que gobiernan los pueblos: para que procuren la justicia y el bien.
  •  Por los que son víctima de la debilidad humana, del odio y de la envidia, y de los innumerables errores del mundo.
  •  Por los ausentes y los encarcelados, por los débiles y oprimidos, por los que justos que sufren persecución.
  •  Por los aquí reunidos en la casa de Dios, invoquemos al Señor de la gloria.
  •  Por el eterno descanso de los pastores que han guiado a la Iglesia católica y de todos los fieles difuntos.
  •  Para que nuestros cuerpos sean santificados y nuestros pecados perdonados”.

Un formulario inspirado en la liturgia ambrosiana puede dejarnos aún más claro tanto el lenguaje (exhortativo, dirigido a la asamblea) como el contenido (intenciones sin añadidos ni comentarios):

  • “Por la santa Iglesia católica, extendida por todo el universo.
  •  Por nuestro santo Padre el Papa N., por nuestro Obispo N., por los sacerdotes y demás ministros de Dios.
  •  Por la paz y unidad de la Iglesia, por la vocación de los pueblos paganos a la fe.
  •  Por el buen tiempo y la abundancia de las cosechas.
  •  Por los que sufren, por nuestros hermanos enfermos o encarcelados.
  •  Por los que cuidan de los pobres y atribulados.
  •  Por todos nuestros difuntos: para que Dios los reciba en su reino de luz y de paz”.

La liturgia de rito hispano-mozárabe no emplea la plegaria universal al modo romano que aquí estamos desgranando, sino que sigue el sistema de los Dípticos, intenciones con nombres junto a oraciones del sacerdote intercaladas, con un formulario invariable, mostrando, además, la unidad de la Iglesia peregrina con la Iglesia celeste y con los difuntos que se purifican.

“El Obispo exhorta al pueblo a la oración, cantando: Oremos.

Y aclama solemnemente el coro:

R/ Hagios, Hagios, Hagios, Señor, Dios, Rey eterno. A ti nuestra alabanza, a ti nuestra acción de gracias.

El diácono recita el Díptico por la Iglesia:

Tengamos presente en nuestras oraciones
a la Iglesia santa y católica:
el Señor la haga crecer
en la fe, la esperanza y la caridad.

R/ Concédelo Dios eterno y todopoderoso.

Recordemos a los pecadores,
los cautivos, los enfermos y los emigrantes:
el Señor los mire con bondad,
los libre, los sane y los conforte.

R/ Concédelo Dios eterno y todopoderoso.

El Obispo recita la oración “Alia”.

Prosigue el diácono:

Ofrecen este sacrificio al Señor Dios,
nuestros sacerdotes:
N., el Papa de Roma, N., nuestro obispo y todos los demás Obispos,
por sí mismos y por todo el clero,
por las Iglesias que tienen encomendadas,
y por la Iglesia universal.

R/ Lo ofrecen por sí mismos y por la Iglesia universal.

Lo ofrecen igualmente todos los presbíteros,
diáconos y clérigos, y los fieles presentes,
en honor de los Santos, por sí mismos y por los suyos.

R/ Lo ofrecen por sí mismos y por la Iglesia universal.

En la memoria de los Santos Apóstoles y Mártires,
de la gloriosa siempre Virgen María,
de su esposo José,
de Zacarías, Juan, los Inocentes, Esteban,
Pedro y Pablo, Juan, Santiago, Andrés,
Acisclo, Torcuato, Fructuoso,
Félix, Vicente, Eulogio, Justo y Pastor,
Justa y Rufina, Eulalia, la otra Eulalia, Leocadia.

R/. Y de todos los Mártires.

En memoria igualmente de los confesores:
Hilario, Atanasio, Martín,
Ambrosio, Agustín, Fulgencio,
Leandro, Isidoro, Braulio,
Eugenio, Ildefonso, Julián.

R/. Y de todos los Confesores.

Lo ofrece la Iglesia de Dios, santa y católica,
por las almas de todos los fieles difuntos:
que Dios se digne en su bondad
admitirlos en el coro de los elegidos.

R/ Concédelo Dios eterno y todopoderoso.

Y concluye con la oración llamada Post-Nomina, la de después de los Nombres.

Estos son ejemplos de cómo la Tradición litúrgica de la Iglesia dirigía la oración de todos los fieles bautizados en la celebración eucarística. El lenguaje directo a la asamblea porque es una indicación, una monición, un aviso para que los fieles presentes sepan porqué orar; el contenido de la plegaria es correctísimo, sin deslizar información, ni ideas, ni pequeños discursos, sino orando “por” todos aquellos que lo necesitan: Iglesia, mundo-autoridades, los que sufren, los presentes.

6 comentarios

  
Alonso Gracián
Gracias Don Javier.

Es un post muy detallado e instructivo. La impresión general que me produce es que, en este asunto, todo abuso es de corte subjetivista y antropocéntrico.

La oración de los fieles, según nos enseña en este artículo, debe tener un tono objetivo, eclesial, y no catequético ni discursivo. Es plegaria de la Iglesia y no docencia del ministro. Es la oración de la Comunión de los Santos.

Gracias de nuevo

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JAVIER:

Muchísimas gracias, Alonso. Ha resumido perfectamente lo que yo, más prolijamente, he expuesto y he mostrado con textos. Hay que cortar estos pequeños abusos y hacer que sea, realmente, oración de la Iglesia en la Comunión de los santos, sin adoctrinamiento ni subjetivismo.
13/04/17 12:13 PM
  
Norberto
Es irrevocable que la O.F. no está para ser leida por cualesquiera, sino, en ausencia de diácono, por quien asuma el ministerio de exhortar a los fieles a elevar al Padre las peticiones seleccionadas ad hoc.
Ha de ser un momento de recogimiento e interiorización por parte de la asamblea, leidas las peticiones con unción, sabiendo, el lector, que está ejerciendo e invitando a ejercer el sacerdocio común de todo bautizado.



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JAVIER:

Así es. Vamos a repetirlo mil veces, a ver si a fuerza de repetirlo, alguien lo escucha...
13/04/17 12:30 PM
  
Norberto
Por cierto el Libro de O.F. tiene una redacción manifiestamente mejorable, a suprimir términos como : súbditos, poder económico, pueblos (concepto difuso científicamente hablando), etc. sobre todo en el T.O.
Además, utiliza una sintaxis engorrosa, volvamos al esquema sujeto-verbo-predicado, con brevedad y claridad.

Bonus brevis, bis bonum

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JAVIER:

Peor, y con diferencia, es "el Libro de la sede", del Secretariado nacional de Liturgia, allá por los años 70...
13/04/17 1:13 PM
  
Norberto
Por cierto, algunas respuestas del libro citado son tan largas como algunas antófinas del Salmo Responsorial, la memoria a cierta edad...:)

Elíminense los extensos circunloquios de muchísimas de las peticiones.

Por cierto D. Javier, ¿no sería conveniente recuperar lo que dice OGMR 71?:

Las intenciones que se proponen deben ser sobrias, compuestas con sabia libertad y con pocas palabras y expresar la súplica de toda la comunidad.
Las propone el diácono, o un cantor, o un lector, o bien, uno de los fieles laicos desde el ambón o desde otro lugar conveniente.
Por su parte, el pueblo, de pie, expresa su súplica, sea con una invocación común después de cada intención, sea orando en silencio.
13/04/17 1:23 PM
  
josep
al menos: por la Iglesia y sus ministros, por el mundo y los gobernantes, por los más pobres, por la asamblea reunida.
13/04/17 4:54 PM
  
claudio
Da gusto leer lo que describes, se siente la Fe en la oración así explicada. Tuve el privilegio de realizar las súplicas de la oración de los fieles en la ceremonia del Viernes Santo, Oremos hermanos.......Las 10 son simples y extraordinarias, van llevando de la mano a la asamblea por las distintas circunstancias de la vida. Se contraponen en forma directa con las que contienen algunos libros para el mismo fin que circulan por el mundo entero e inclusive con autorización eclesiástica y tienen pedidos ajenos a la catolicidad. Muy buena Pascua. Gracias a Dios Cristo resucitó y nos permite recordarlo en la oración. Otra cosa, pido con todo respeto que escribas algo sobre las oraciones de los Vía Crucis..........

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JAVIER:

Muchas gracias.

No sé en concreto a qué se refiere con las oraciones del Via Crucis -al ser una devoción, no está reglada como tal por la liturgia-. Pero tiempo habrá de ir abordando muchas cuestiones.
16/04/17 5:51 PM

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