26.11.17

Piedad, Honor y Educación

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Hoy, domingo, celebraremos los católicos la festividad de Cristo Rey. Curiosa coincidencia. Providencial.

En los últimos días, las noticias en televisión, en prensa, en radio y en la Red se llenan de estadísticas y datos que denuncian la violencia que sufren las mujeres en nuestra sociedad. Hay pancartas en los ayuntamientos con lemas como “Municipio libre de terrorismo machista”. Hay campañas de denuncia y concienciación. “La violencia machista es una lacra social que hay que erradicar”, dicen los políticos. Y lo dicen con razón. Una lacra es un mal físico o moral. Y, efectivamente, somos todos víctimas de una grave enfermedad moral que acaba causando víctimas inocentes: mujeres y niños asesinados, agredidos, heridos; en el mejor de los casos, marcados de por vida por la violencia sufrida en sus propias carnes. Agresiones sexuales, violaciones… Manadas de cerdos aprovechándose y violando a una chica, tal vez borracha, que podría ser mi propia hija…

Leer más... »

4.11.17

La mentira

La mentira es siempre pecado, muchas veces mortal. Y quien mintiendo comete pecado mortal, pierde el estado de gracia. El octavo mandamiento de la Ley de Dios dice: “No darás falso testimonio ni mentirás”. 

Dice el Catecismo:

1022. Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (cf. Concilio de Lyon II: DS 856; Concilio de Florencia: DS 1304; Concilio de Trento: DS 1820), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo (cf. Concilio de Lyon II: DS 857; Juan XXII: DS 991; Benedicto XII: DS 1000-1001; Concilio de Florencia: DS 1305), bien para condenarse inmediatamente para siempre (cf. Concilio de Lyon II: DS 858; Benedicto XII: DS 1002; Concilio de Florencia: DS 1306).

1034. Jesús habla con frecuencia de la “gehena” y del “fuego que nunca se apaga” (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse , y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que “enviará a sus ángeles […] que recogerán a todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo” (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación: “¡Alejaos de mí, malditos, al fuego eterno!” (Mt 25, 41).

1035. La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, el fuego eterno (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Leer más... »

28.10.17

Transubstanciación

Modernistas: ¡Ojo con tocar el “concepto” de transustanciación! 

Eso no se toca.

Nunca hubiera imaginado que yo, pobre hombre y pecador, tuviera que llegar a escribir un artículo para defender la fe católica: la fe de mis padres, de mis abuelos; la fe de mi pueblo, de mi Iglesia…

Leer más... »

19.10.17

Corazón espinado

Con un Corazón tan grande, no es raro que cuando tu amigo enferme te preocupes y te disgustes. No es raro que cuando a una hija la operen, estés al tanto de si va bien o mal. No es extraño que si se muere un niño, acompañes el dolor de sus padres.

Tampoco es raro que si alguien te ofende, te insulta o te injuria, sientas un dolor profundo en el corazón.

Leer más... »

29.09.17

¿Ha tenido usted una experiencia de encuentro personal con Jesús? (II)

Continuemos con la cuestión del “encuentro personal con Jesús” que comenzábamos hace unos días.

Empecemos con un breve cuento

José tenía problemas matrimoniales. Estaba pensando en separarse de su mujer y cambiar de vida. Pero no lo tenía claro. Y un compañero de trabajo le recomendó que fuera a hablar con un tal Ángel, un padre que tenía mucha experiencia ayudando en situaciones como la que estaba sufriendo José.

A José le dieron una dirección y se plantó en una cafetería donde Ángel solía parar habitualmente. El problema era que no conocía al tal Ángel. Ni sabía cuál era su aspecto, ni cómo era su cara; ni tenía la más remota idea de las opiniones que tenía aquel señor sobre el matrimonio, ni nada de nada…

Leer más... »