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14.08.17

Manifiesto Antimodernista (con un añadido especial para maestros católicos)

En 2012, Bruno Moreno, Luis Fernando Pérez Bustamante y algunos colaboradores más de InfoCatólica publicaban en sus respectivos blogs el manifiesto antimodernista, haciéndolo suyo. Era algo puramente simbólico. No creo que por aquel entonces sospecharan, siquiera remotamente, el alcance que su gesto habría de alcanzar a la vista de lo que se nos vendría encima unos pocos años después. Pero el caso es que la Pascendi de San Pío X y el Manifiesto Antimordernista resultan de una actualidad realmente pasmosa y han demostrado su carácter profético.


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2.08.17

Este es un momento mágico

 

Exordio

Me sientan mal las vacaciones. Me deprimen. Yo creo que eso de no ver cada mañana a los niños entrando en el colegio me sienta fatal. Esas caritas son un regalo de esperanza que Dios me entrega cada día. Y sin mis profesores, sin mis niños, sin las familias del colegio, sin mi capilla con el Señor allí presente en el Sagrario… Me siento perdido, mutilado… Es verdad que necesito descansar y que disfruto con mi familia… Pero me falta algo.

Y miro alrededor y se me cae el alma a los pies: corrupción política, miseria ideológica, modernismo religioso, subjetivismo, idealismo, irracionalismo, emotivismo vomitivo… ¡El daño que está haciendo y que va a hacer a los niños la ideología de género! ¡Qué pena! ¡Cuántas vidas quedarán dañadas o destrozadas…!

Para éste, mi nuevo artículo, había pensado en recurrir de nuevo a mi querido Aetandi Gos, con sus cintas magnetofónicas fósiles y sus planteamientos modernistas tan desquiciados como ajustados a la realidad eclesial hodierna. Pero, de momento, lo descartaré: hay lectores a quienes cuesta mucho desentrañar ironías y sarcasmos. También pensé en rescatar al P. Gabriel Vetusto y echarme con él al monte. Incluso pensé en bosquejar una distópica iglesia del 2081 que aceptara el matrimonio sacramental para los LGTBI, el sacerdocio femenino, la intercomunión con los protestantes, el casamiento de los sacerdotes (incluidos los homosexuales); la aceptación de la eutanasia, de los anticonceptivos, de la fecundación artificial, de los vientres de alquiler…

Pero ¿para qué? ¿Merece la pena? Yo creo que no. La realidad supera muchas veces toda ficción.

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12.07.17

Martirio o Apostasía: Silencio de Scorsese

Mis artículos son tan largos que garantizan que los posmodernos no me van a leer. “¡Qué pereza!” Los mensaje tienen que ser cortos, breves, concisos, sintéticos. Todo lo que pasa de medio folio…¡Medio folio! ¡Qué barbaridad!… Todo lo que pasa de un twitt es un rollo. Así que, señores modernos: dejen de leer. No sigan. ¿Para qué?

Los modernistas que se vayan también y me dejen en paz: que lean a Vidal y Bastante. Tal vez no me lea nadie… Da igual… Mis artículos van dirigidos sólo a los Siervos del Sagrado Corazón de Jesús, a los Partisanos de la Gracia, a los hijos de María Santísima. Los demás ya tienen muchos que les escriben.


La película Silencio de Martin Scorsese es una gran película, una de esas películas que no se debería usted perder. Su factura es magistral: una fotografía espléndida, actores aceptables y un buen guión. Pero no voy a hacer una crítica de la película de Scorsese. Ya se han escrito muchas a favor y en contra: busquen en Google.

Defenderé la tesis de que Scorsese no habla en su película de la persecución de los cristianos en el Japón del siglo XVII: habla de la actualidad. Habla de una disyuntiva que se nos plantea aquí y ahora. Y nos hace la pregunta que todos nos debemos plantear: ¿Qué hacemos: apostatamos o aceptamos el martirio, si llegara a resultar inevitable?

Imaginemos una sociedad dominada por una oligarquía tiránica: un pequeño grupo de iluminados – pequeño pero muy poderoso – que pretendiera cambiar el mundo, acabar con la civilización cristiana e imponer su inmoralidad, su ideología y su filosofía a todo el mundo. Pero sin que se note. Se trata de esclavizar sin que los muy cretinos se enteren de que son esclavos. Ya no hace falta recurrir a la fuerza de las armas para imponer una dictadura. Eso es muy antiguo. Hay que convertir a los ciudadanos en siervos mientras las víctimas aplauden y dan gracias por su esclavitud. Y así, todos tragan, asumen, aceptan. “Podréis hacer lo que os dé la gana, lo que os apetezca (por pervertido que pudiera resultar), lo que os guste. Así seréis felices. Dad rienda suelta a vuestros más bajos instintos. Todo vale. A cambio tendréis que apostatar, que pisotear a Dios. A cambio tendréis que adorarme“, dice Satanás.

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23.06.17

El gran Misterio, el mayor Milagro

 

La Eucaristía es el sacramento de nuestra fe: el núcleo del misterio de la Iglesia. Nuestro objetivo este curso consistirá en suscitar el asombro eucarístico: contemplar el rostro de Cristo junto a María. Y contemplar a Cristo implica saber reconocerlo dondequiera que Él se manifieste, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su cuerpo y de su sangre. Cristo Jesús que murió y resucitó; que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros” (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia:

  • En su Palabra.

  • En la oración de su Iglesia.

  • “Allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre” (Mt 18,20).

  • En los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31-46).

  • En los sacramentos de los que Él es autor.

  • En el sacrificio de la misa y en la persona del ministro.

  • Pero, sobre todo, Cristo está presente bajo las especies eucarísticas.

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11.06.17

Pues nos echaremos al monte

El P. Vetusto, don Gabriel Vetusto, abrió el semanario católico Alfalfa y Omega 3 – subtitulado “Una Iglesia sostenible contra el cambio climático y la desigualdad” –  y tomó un sorbo de café. Le gustaba el café solo, negro, puro; pero, eso sí: con mucho azúcar. Su abuela lo había acostumbrado desde que era un guajín[1] a tomar el café con mucho azúcar y, aunque los puristas le reprocharan continuamente que lo que tomaba era azúcar con café, el bueno de don Gabriel se remitía a sus antepasados como criterio más que válido para justificar su debilidad: a fin de cuentas, la tradición era la tradición. Y aquella era una usanza muy arraigada en su familia desde la época del estraperlo y las cartillas de racionamiento. Sólo había algo mejor que un café solo con mucho azúcar: un café solo con mucho azúcar y un chorrito de orujo blanco (sin concesiones a las hierbas). Don Gabriel solía decir que había que echar “unes pingarates” al café para calentar el gaznate y avivar el alma. En ningún caso se le podía pasar por la cabeza al P. Vetusto que “unes pingarates” de orujo blanco pudieran ser motivo siquiera de pecado venial.

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