¡Otra iglesia abierta todo el día! El mejor mensaje en tiempos difíciles

Desde el inicio de mi colaboración con Germinans he tenido especial interés en destacar a aquellas iglesias barcelonesas que se han decidido a no cerrar sus puertas en todo el día. La verdad es que hacía tres años no había ni una. En anteriores columnas pude señalar la Parroquia de la Miraculosa o la de Sant Isidre en Hospitalet de Llobregat. Aunque cierre el templo principal, también debo traer a colación la Parroquia de la Concepción, que mantiene la capilla contigua de la Virgen de Montserrat abierta al mediodía. Mi satisfacción ha sido enorme al comprobar que otra parroquia se añade a la lista: la de Nuestra Señora de Núria, sita en la Calle Bon Pastor 7-9, justo detrás de la intersección entre la Diagonal y la Calle Aribau. De libre acceso de 9 a 21 horas.

La alegría por el renacimiento de esta parroquia es mayor, sí se advierten las penosas vicisitudes que ha tenido que pasar los últimos años. En especial, tras caer en una grave enfermedad su anterior párroco, Mossèn Artur Martín Ejarque. Un santo. Desde entonces, la parroquia fue administrada con   bluetooth por el eterno arcipreste de Sant Gervasi, Mossèn Carles Sauró Calzada. Así transcurrieron más de seis años, en los que se adscribía a la parroquia un sacerdote, que fue cambiando casi cada curso.

El último año fue designado rector Mossèn Santiago Bueno Salinas. En pocos meses el cambio ha sido radical. No solo la iglesia se halla todo el día abierta, sino que se ha remozado y aparece limpia y luminosa. Se han incrementado las actividades y ya se halla presupuestada la reforma del presbiterio, la construcción de un nuevo órgano, incluso la de un carillón. Y no se trata de un párroco al que le sobre el tiempo: catedrático de derecho canónico en la Universidad de Barcelona y miembro del Tribunal Eclesiástico de la diócesis entre otros cargos. Ello desmiente tajantemente a aquellos sacerdotes siempre faltos de tiempo en atender su parroquia

En contraste con esta fecunda actividad voy a contarles la desagradable experiencia que tuve el pasado día 23 de marzo, festividad de mi patrón, San José Oriol. Acudí a la Basílica que lleva su nombre, a las 19,15 horas. La misma permanecía cerrada. dos señoras que se hallaban a la puerta me avisan que abrirán a las 19,30. Como cada día, me dicen. ¿Hoy también es cada día? ¿No pueden abrir más pronto ni el día del patrón de la parroquia? Pero lo grave es que el templo permanece cerrado todo la jornada. Solo abre a las 19, 30 horas, para la celebración de la única misa diaria, a las 8 de la tarde. Y no es una parroquia menor. Enclavada en pleno centro de Barcelona y con el título pontifical de Basílica. En ella solía el Doctor Modrego celebrar muchas ordenaciones sacerdotales, dando realce y honor al templo dedicado a  un santo tan barcelonés. Ya les he hablado en anteriores artículos de la triste decadencia en que entró esta parroquia con su anterior rector, Mossèn Boix. Curiosamente uno de los faros de la progresía local. El nuevo rector, Mossèn Termes se está intentando desmarcar algo de su penoso predecesor. Pero todo va muy lentamente, excesivamente pausado. ¡Qué diferencia entre un caso y otro!

No se trata de una mera anécdota. He visitado estas iglesias non stop. Siempre hay alguien rezando, a la hora que sea. Es más, cada vez hay mayor número de personas que, por cuestiones laborales, come fuera de casa. No saben como aprovechan estos momentos libres del mediodía. Cuanto bien hace el buen ejemplo. Todavía más, en estos tiempos en que no va a parar de crecer (como en todas las burbujas) el escándalo de la pederastia, que afectará asimismo - nadie lo dude- a España y particularmente a Cataluña. No hay política más eficaz que mantener las iglesias abiertas y acogedoras. Dejemos las posturas a la defensiva y las estrategias plañideras. En este caso, que no ha hecho más que empezar, el problema no son los delitos cometidos por algunos (pocos) sacerdotes. La gravedad del asunto radica en la actividad encubridora que mantuvieron ante ellos tanto sus párrocos como sus obispos. La Iglesia ha de dar siempre ejemplo. Por eso me entristece profundamente que, como argumento de defensa, se comparen las estadísticas de los sacerdotes con las de otros colectivos. Cierto que existe un Polanski, un karateka, algunos militares o tantos o más profesores laicos, pero no puede la Iglesia ponerse en su mismo lugar. Siempre habrá pecado e imperfecciones humanas. Pero la Iglesia tiene que mostrar una absoluta intransigencia. Su labor ejemplarizante ha de ser proporcionalmente mayor. Sin lugar a dudas, este es el mensaje que nos ha hecho llegar el Santo Padre con su carta a los católicos irlandeses.

Vienen tiempos difíciles y ante ellos, en lugar de hacernos los ofendidos, tenemos que mostrar nuestro gran tesoro. No tengamos los templos cerrados. Mostrémoslos limpios, abiertos, luminosos. En Barcelona, ya hay parroquias que lo hacen. Curiosamente germinantes. Pero tiene que haber más. Aquí siempre las destacaremos. Así, cuando se recupere la serenidad, podremos seguir mostrando la cantidad y la calidad del bien que lleva a cabo la Iglesia. Seamos activos en ello.

Oriolt