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7.06.09

Como la pareja del otro día, estos lectores perdieron a sus niños pequeños. Al igual que esa pareja, muestran el terrible dolor que es perder un hijo, inimaginable para el que no lo ha experimentado. Sin embargo, estando en el mismo caso, tienen algo que no tenía la pareja inglesa: la fe, que les da un consuelo firme en su dolor. Saben que la muerte no tiene la última palabra, que Cristo ha resucitado. Por eso, los dos coinciden en la importancia de la evangelización para un mundo que se muere porque no encuentra sentido a la muerte.
Termino diciendo que estos testimonios me han gustado especialmente porque espero una hija para Noviembre, si Dios quiere, y para mí es un consuelo recordar que su vida está en manos de Dios.…………………………………………………………………………………………..
Estoy pasando estos días por un aborto natural después de siete u ocho semanas. Embarazo muy reciente, pues.
El embarazo vino por sorpresa pero han sido muy bellas estas semanas porque por primera vez hemos vivido nuestra paternidad-maternidad como don de Dios, después de varios hijos pensados o buscados. La llegada de un nuevo hijo era una pequeña revolución en la familia, por la distancia con los demás, por nuestra edad, por tantas cosas que pensamos las personas cuando no los tenemos dentro. Pero, al vivirlo como don de Dios, los temores desaparecieron, y hemos descubierto que vivir en brazos de la Providencia es la única forma de ser feliz.
Al cabo de las semanas, ha llegado la noticia de que el embarazo iba mal, y que seguramente acabaría en aborto. Nuestros hijos estaban tristes, no lo entendían, pero les hemos dicho que si su hermano ya no está dentro de mi, está con Dios, y que, desde ya, será nuestro mayor intercesor ante Él. Yo pensaba: ¡ay, hijito mío! tan, tan joven y qué responsabilidad te ha caído encima, velar por la salvación de tus padres y hermanos. Y con esa paz vivimos la voluntad de Dios.
Al leer la noticia del blog, he comprendido que sólo el convencimiento de que esta vida es un paso y de que un Padre amoroso nos espera al otro lado, da fuerzas para superar la muerte de un ser querido. Y aún así, el dolor humano es desgarrador y parece insuperable cuando se trata de la muerte de un hijo. Unos amigos muy creyentes, perdieron hace poco a uno de sus hijos, pequeño, por un accidente terrible. Y a pesar de su profunda fe, nos decían… “Menos mal que la vida aquí es sólo un pocos años". Pues… imagínense si los padres de la noticia no tenían fe y pensaban que la vida es sólo esto que tocamos y respiramos…
Como decía alguien por aquí, qué necesaria es la evangelización y que cada persona descubra que esta vida tiene sentido, incluso en el dolor más desgarrador e inexplicable. Sin Dios, cuando llega el dolor, la vida es absurda.
Madre
…………………………………………..
Hace año y medio mi mujer y yo perdimos a un hijo de 47 días. Al levantarnos por la mañana nos lo encontramos muerto en su cuna. Así, sin mas, sin poder luchar ni hacer nada por el, repentinamente perdimos a nuestro hijo. Ver a mi mujer abrazar el cuerpo muerto de Jacob (así se llamaba) es una imagen devastadora que recurrentemente remueve aun todo mi ser. Algo se rompe dentro. No se lo deseo a nadie, NADIE. Por eso lo ultimo que se me ocurriría seria juzgar a estos padres.
A nosotros nos salvo la Iglesia, no podré nunca dar suficientes gracias a Dios por tenernos en su Iglesia. El entierro de nuestro hijo lo cambio todo. Un cura amigo nos pregunto si creíamos que nuestro hijo estaba en el cielo. Al responder que si nos dijo que el funeral/entierro debía reflejar eso. Es mas, nos dijo que nuestro hijo era ya Santo y por tanto la liturgia cambiaba: ya no era una asamblea que intercedía a Dios por el muerto sino que era una asamblea que pedía al muerto, ya Santo, que intercediese ante Dios por ellos.
Hasta ese día mi mujer y yo solo intentábamos ser fuertes y ayudarnos en la oración, pero a solas nos desmoronábamos con nada. Después de esa liturgia todo cambio, vimos como en medio de esa cruz, de ese horror, aparecía Dios entre nosotros que nos amaba profundamente y que nos abría el cielo: Cristo esta resucitado y nuestro hijo con el. Cristo con su muerte había derrotado a la muerte, si, la muerte de mi hijo también, de forma que el cuerpo inerte de mi hijo no era el fin de nuestro hijo sino el principio de su vida eterna.
Mi mujer y yo somos felices, sabemos que tenemos un hijo en el cielo que intercede por nuestra familia cada día. ¿Por qué nosotros podemos vivir este acontecimiento de esta forma y a esta otra familia les lleva al suicidio? ¿Porque somos mejores que ellos? NO y NO. La respuesta es porque hemos sido evangelizados y ellos no. Tenemos una respuesta ante la muerte y el sufrimiento y ellos no.
¡¡Por eso me subleva cuando se ponen trabas a la evangelización de dentro de la Iglesia!! Tantos debates, tantas discusiones y rivalidades. Pero ¿no entienden que se trata de un asunto de vida o muerte? ¿Que la gente sufre a mansalva, sin respuesta alguna ante los sufrimientos que la vida les presenta? ¿Cómo hubiésemos afrontado este acontecimiento de muerte fuera de la Iglesia? Os aseguro que no mejor que esta pareja. A mi me ha salvado Cristo en su Iglesia, a través de gentes concretas que se dejaron de remilgos y teologías infantiles de salón y me anunciaron lo que la Iglesia proclama desde hace 2000 años.
Albert
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Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con tres hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
literaria, se empeña en ofrecer al mundo sus ocurrencias sobre todo y nada en este blog, siempre
desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
Para purgar sus pecados, forma parte del Consejo de Redacción de InfoCatólica.
Su correo electrónico es
espadadoblefilo@hotmail.com.
Carmina Catholica. Este libro recopila una serie de versos católicos
en el más amplio sentido de la palabra. Son versos que tratan de temas muy variados, pero siempre
con los ojos recién creados y llenos de admiración que son la esencia de cualquier poesía y también de la fe.
El autor compone sus versos a la antigua usanza, con métrica y rima. Disfrutando del aroma al Siglo de Oro
que tienen algunos de sus sonetos, romances,sonetillos, décimas o tercetos encadenados, uno no puede evitar
pensar que quizá no anda del todo desencaminado.
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