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3.12.09
En cierta ocasión, preguntaron a San Luis, Rey de Francia sobre su ciudad favorita de todo el país. El monarca se quedó pensando un momento y dijo: “Reims”. El cortesano que le había preguntado, queriendo marcarse un tanto, sonrió y le dijo: “Claro. Allí fue donde os coronaron, Majestad. Allí os convertisteis en el Rey de Francia. Fue un día que nunca olvidaremos". San Luis, sin embargo, dijo: “No es por eso por lo que Reims es mi ciudad favorita de toda Francia. La razón por la que tengo predilección por la bellísima Reims es por algo que sucedió muchos años antes. Allí fui bautizado. Allí me convertí en hijo de Dios”.
¿Por qué cuento esta historia? En primer lugar, porque me encanta y, como éste es mi blog, puedo darme el gustazo de contarla. En segundo lugar, porque ayer fue el aniversario de mi bautismo. Me bautizaron hace muchos años: como puede deducirse de la foto en blanco y negro. Por supuesto, no me acuerdo de nada de lo que sucedió. Sin embargo, como San Luis, estoy convencido de que fue el día más importante de mi vida.
Es una buena cura de humildad la que recibimos los cristianos al pensar en estas cosas. El día más importante de mi vida y ni siquiera lo recuerdo. El día más importante de mi vida y no tuve que hacer nada: todo lo hicieron otros. Y, en realidad, todo lo hizo Dios. Lo más importante de mi vida no es una conquista mía, ni un triunfo de mi voluntad, mi inteligencia o mis cualidades, sino un regalo. Un regalo tan inmerecido que pude recibirlo cuando aún no sabía hablar y lo único que hacía era comer, dormir y llorar.
Es algo tan estupendo, romántico y fascinante como una novela fantástica o un cuento de hadas. E igualmente improbable, humanamente hablando, que el “El príncipe y el mendigo” o “El prisionero de Zenda". De ser un niño normal, con padres normales, más bien feo y, probablemente, bastante llorón, pasé a ser Hijo de Dios, hermano de Jesucristo, Templo del Espíritu, heredero de la creación, miembro del Pueblo de Dios y ungido con el Santo Crisma. De mendigo, pasé a ser príncipe. De ser otro niño más, a parecerme, por pura gracia de Dios, al Rey de Reyes y Señor de los Señores.
Y lo increíble es que los cristianos generalmente no recordamos estas cosas. La mayoría de nosotros no conoce la fecha de su propio bautismo. Y más que señal de una pobre memoria, yo diría que es señal de una pobreza más profunda: la falta de fe. San Luis vivía de la fe y, cuando le preguntaron por lo más importante de su vida, inmediatamente pensó en el regalo que Dios le había dado en su Hijo Jesucristo. Quizá por ello, aquel Rey de Francia es hoy San Luis y, nosotros, en cambio, pues eso…
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Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con dos hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
literaria, se empeña en ofrecer al mundo sus ocurrencias sobre todo y nada en este blog, siempre
desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
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