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25.05.09
Para los ‘conversos’ a la causa de la Forma Extraordinaria, las manifestaciones a la prensa que suelen realizar los obispos de la FSSPX no suelen dejarnos indiferentes. Evidentemente, las últimas declaraciones de Mons. Galarreta, al que se tenía por más moderado en relación a su homólogo británico, Richard Williamson, han vuelto a poner de relieve la dicotomía presente en la Fraternidad Sacerdotal que fundó Monseñor Lefebvre.
Lo cierto es que Monseñor Fellay está luchando muy duramente por purgar, si se puede decir así, a la Fraternidad de sus elementos más radicales, al tiempo que intenta mantener un discurso para que sus feligreses no dejen de reconocerlo. Algún sacerdote que, bajo el foco de los medios deseosos de carnaza, soltaba algún desmán antivaticano, antipapista o antijudío era prontamente expulsado de las muchas dependencias de la FSSPX.
Claro, una cosa es un sacerdote, o incluso un superior para determinado país, y otra cosa es que quien se dé a esas actitudes irresponsables sea uno de los cuatro obispos. Fellay ha visto impotente como los sectores más anticatólicos de la prensa rescataban una entrevista a Mons. Williamson que sirvieron para un auténtico linchamiento mediático. Declaraciones, ciertamente, injustificables en cualquier contexto, pero que fueron apropiadamente utilizadas para atacar al prelado, a la FSSPX, al Papa y a toda la Iglesia.
Lejos de aprender de semejante campaña, las cabezas de la Fraternidad siguen actuando como una hidra: cada uno por su lado, y a la que salta. Fellay propone una campaña de doce millones de rosarios por la Consagración de Rusia (a la que no está de más sumarse. En el peor de los casos, se está rezando un Rosario), mientras que los demás obispos o callan o se dedican a seguir lanzando tarascadas contra la curia, la Iglesia “modernista y hereje” y contra la gran bestia negra que es el Concilio Vaticano II.
La postura sobre el concilio de los sectores tradicionalistas daría para un largo post, así que lo dejaré para otra ocasión.
Prefiero comentar que no es oro todo lo que reluce, y lo que hay detrás de la postura siempre militante de la Fraternidad no es un mero “combate doctrinal", sino, sencillamente una cuestión de poder y del vil metal: la FSSPX es una máquina de hacer dinero, y a más de uno le interesa que las cosas sigan como están, y así se lo hacen saber a sus buenos obispos. La Fraternidad Sacerdotal de San Pio X tiene iglesias, residencias, capillas y material litúrgico en muchísimo países de la mayoría de continentes. Si hubiese una capilla en medio del Ártico, es posible que fuera de ellos. En la entrevista al prelado Hispano-Argentino que publicamos, se hace alusión al Seminario de La Reja. Ese edificio, junto con el de Ecône en Suiza constituyen, quizás, los dos ejes de la organización. A ellos acuden seminaristas de muchos países (no sólo una diócesis), por lo que su éxito y subsistencia están más que asegurados, ya que son muchas familias las que los financian.
Sin embargo, estas tarascadas responden a los ladridos de un sector inmovilista que subyace en la Fraternidad, y que, sin conocerlos yo mismo, no me atrevería a calificar de mayoritario o minoritario. Recordemos que en sus años de existencia, la FSSPX ha tenido varias grandes escisiones, como la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro y el Instituto del Buen Pastor, a los que los Lefebvristas más duros han tildado siempre de traidores. No había más que ver las amables palabras que el superior de la Fraternidad en Reino Unido dedicaba a los antiguos Redentoristas Transalpinos, hoy congregación de los Hijos del Santísimo Redentor, que tienen únicamente un monasterio en una isla escocesa.
En suma, la Fraternidad debe decidirse si sucumbe a la tentación del sedevacantismo o si, por el contrario, busca la comunión plena con la Iglesia, y reconoce a los institutos escindidos como una parte de sí misma que ha sabido hacer una lectura positiva del Concilio Vaticano II, en sintonía con lo que Benedicto XVI ha llamado la Hermenéutica de la Continuidad, que ha convertido en el centro de su pontificado. No se puede decir que el Papa sea un tradicionalista, en el sentido que le quiere dar Monseñor Galarreta, pues, pero sabe empaparse de ese espiritu para afrontar adecuadamente los retos que se presentan ante la Iglesia en el Siglo XXI.
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Madrid, 1983) es licenciado en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, en la que también está cursando un Master en Información Social y Religiosa. Es miembro fundador de Juventutem de Madrid, agrupación de jóvenes que difunde la Misa Tradicional, o Forma Extraordinaria del Rito Romano, como medio de santificación para la juventud.
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