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25.03.10
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Sigue la tormenta mediática, y siguen los eficaces desmentidos de Santa Sede. Esta vez el escenario de la acción no es el continente Europeo, sino Wisconsin, estado norteamericano donde el New York Times sitúa a un sacerdote, Lawrence Murphy, que abusó de niños sordos entre 1950 y 1974. Santa Sede tuvo conocimiento fehaciente de los hechos en 1996*. Para cuando se conocieron los hechos, ya estaba enfermo y mayor, por lo que las autoridades civiles y religiosas no emprendieron acción. El Times acusa al entonces Prefecto para la Doctrina de la Fe de no haberlo retirado del sacerdocio cuando, reitero, ya no era capaz de ejercer como tal.
La cuestión, desgraciadamente, no recae toda sobre Santa Sede, que tuvo conocimiento tarde y mal de los hechos, sino que salpica directamente a los obispos que entre los años mentados encubrieron a ese sacerdote, no tomando ni siquiera la precaución de que no volviera a tratar con niños.
La mala prensa, que es mucha, variada y se disfraza de manera que la gente se traga cuanto tenga que decir. Hoy por hoy, en el imaginario colectivo de los protestantes o ateos norteamericanos, un cura es sinónimo de pederasta. Pues yo estoy hasta las narices, señores, de que a mis curas los tengan por eso. El Papa ha dado un puñetazo sobre la mesa como no lo ha dado en su vida, y encima le pagan inventándose escándalos, a ver si cuela. No se me puede ocurrir hipocresía más grande, pero nada que la izquierda mediática no pestañee en hacer desde luego.
A ver si nos enteramos que el periodismo en sí se ha basado sobre las falsas premisas de objetividad, que no ha resultado ser más que la más burda relativización, lo que ha servido para desdibujar la verdad, que los periodistas nos proponíamos tanto encontrar en la noticia. La verdad es que si esto es lo mejor de lo que es capaz esta profesión, mejor no ir por ahí diciendo que uno es periodista.
Es cierto que nuestra Iglesia ha cambiado en 40 años pero estos casos nunca dejarán de ser deshonrosas excepciones, jamás la norma. Si queremos invertir ese asqueroso prejuicio sectario que pesa sobre nosotros debemos seguir ejerciendo la tolerancia cero que Benedicto XVI ha decretado con estos casos. Una Iglesia que no actúe así es inconcebible para mí. No será perfecta humanamente hablando, pero sí en sus fines. Debe serlo. Y el que se aparte de esos fines para dar satisfacción a unos inconfesables instintos tiene que saber que lo más seguro es que le darán la patada, cuando no lo entreguen a las autoridades, directamente.
Ya basta de manipulación. Ya basta de mentirle a la gente y hacerle creer que somos un coladero de pederastas. Me parece impresentable que gente al servicio de cualquier hijo de vecino, menos de la verdad se dedique a difundir mentiras con tan burdos intentos. Una mentira repetida mil veces puede pasar por verdad, diría Goebbels, pero, francamente, prefiero a San Pablo cuando dice: “la verdad os hará libres”.
Miguel Vinuesa
*: dato corregido
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Miguel Vinuesa (Madrid, 1983) es licenciado en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, en
la que también ha formado parte de la primera promoción del Master en Información Social y Religiosa.
Profesionalmente, ha trabajado en Onda Madrid, varios departamentos de comunicación y la Oficina de
Información de la Conferencia Episcopal Española. Además, ha colaborado en el programa de
Radio María "Cuatro Vientos".
Es miembro fundador de Juventutem de Madrid, agrupación de jóvenes
que difunde la Misa Tradicional, o Forma Extraordinaria del Rito Romano, como medio de santificación
para la juventud.
El autor busca, con este blog, hacer una defensa de la Liturgia, y hacer un comentario
de la vida de la Iglesia en España y en el mundo.Puedes ponerte en contacto con él
en: miguel.v@lycos.com.