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12.09.08

Dos historias y una adenda.
Siglo II a.C. Antíoco de regreso a casa, con el rabo entre las piernas por su encontronazo con el cónsul romano Popilio, saquea cruelmente Jerusalén. Deja a Geronte, uno de sus generales, para obligar a los judíos a abandonar el culto de sus padres. Profana el templo consagrándolo a Zeus Olímpico
El Santuario estaba lleno de desenfrenos y orgías de los paganos que se entretenían con prostitutas, que hacían el amor con mujeres en los portales sagrados y que además llevaban allí cosas prohibidas.
Procura con su laicismo tolerante, extender derechos: que todos los judíos coman carne de cerdo. Van desfilando uno a uno ante el tribunal que certifica que se es un buen paganito. Le toca el turno a Eleazar, doctor de la ley y bastante mayor. Le abren la boca y le introducen carne del animal impuro.
Escupió lo que tenía en la boca, tal como deben hacerlo los que tienen la valentía de rechazar lo que está prohibido, antes de comérselo por apego a la vida.
Los que presidían esa comida ritual, prohibida por la ley, lo llamaron aparte, porque conocían a ese hombre desde hacía mucho tiempo. Lo invitaron a que simulara comer la carne ofrecida en sacrificio según la orden del rey, pero que en realidad fueran carnes autorizadas por la Ley y que él mismo hubiera preparado.
Al actuar así, y gracias a esa vieja amistad que los unía, se libraría de la muerte.
Respondió que mejor lo enviaran al lugar de los muertos, y añadió:
«A nuestra edad no es conveniente hacer tal cosa; muchos jóvenes podrían pensar que Eleazar, con sus noventa años, se dejó conquistar por los extranjeros.
Y así ellos se descarriarían junto conmigo debido a mi doble juego, en un momento en que me queda tan poco para vivir. De esa manera atraería sobre mi vejez la vergüenza y la deshonra.
Y si por ahora escapara al castigo de los hombres, no escaparé vivo o muerto de las manos del Todopoderoso.
Al abandonar ahora la vida valientemente, me mostraré digno de mi vejez, y dejaré a los jóvenes el noble ejemplo de una muerte voluntaria y generosa en defensa de las venerables y santas leyes». Y así hablando, caminó derecho al suplicio de la rueda.
Para los que lo llevaban, las palabras que acababa de pronunciar no eran más que locura, y la generosidad que hacía poco habían tenido con él se trocó en maldad.
El resto es conocido, su ejemplo es seguido por una madre con sus siete hijos. Y luego los Macabeos.
Avanzamos tres siglos. Año 64 d.C., Gran Incendio de Roma y comienza una pauta repetida exitosamente desde entonces: Nerón echa la culpa a los cristianos y ordena que sean alimento de las fieras. Entre ellos estaban un tal Pedro y un tal Pablo. Dicen las malas lenguas que Nerón decía, no es un incendio, es una «reacción química exotérmica de un combustible con un comburente en estos momentos especialmente intensa», pero seguro que no es más que un rumor. Hasta el siglo IV se suceden otras nueve grandes persecuciones —Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano— por un motivo más «prosaico»: resistirse a ser normal, a ser uno más del plural y políticamente correcto Olimpo. Esos cristianos eran unos intolerantes, con lo sencillo que era quemar un poco de incienso ante una estatua, o sacrificar un animalillo, aunque no se creyese en lo que se hacía.
Daba igual la condición, hombre, mujer, anciano, niño, legionario amante orgulloso del Imperio o esclavo. Reconocían la dignidad del Emperador, pero no le daban culto. No todos fueron mártires, los hubo que sucumbieron a los tormentos y cedieron, y también los hubo que cedieron directamente al ver el Edicto. Fueron los lapsi. De todos estos, que muchas veces arrepentidos dieron testimonio en la siguiente persecución, destacaban dos grupos especialmente repugnantes a sus hermanos:
Hasta aquí mi homenaje a los primeros objetores, a veces ser leal con la propia conciencia, que se sabe juzgada por Dios, tiene estas cosas. No quiero desperdiciar tiempo identificando a los modernos «amigos» de Eleazar, a los traditori o a los libellaciti, creo que es fácil. Que después no vengan dando lecciones de solidaridad, preocupación por los demás, unidad de vida o dar la cara.
Hoy como ayer, un objetor ante una ley o situación injusta es una bofetada. Es un espejo que nos muestra a la vez cómo somos y cómo nos deberíamos ver. Lógico que muchos intenten ocultarlo, ridiculizarlo o atacarlo. Los listos y honrados, aunque no estén de acuerdo, suelen respetarlos.
Estos últimos días somos testigos de las dos posturas en el caso de la objeción a cursar EpC con el alcance actual. Una asignatura que incluye unos contenidos y un modo de evaluarlos que suponen un hurto al derecho universal de los padres para elegir la educación moral —y también política— de los hijos, y que en el caso de un cristiano no sólo es un derecho, es un deber del sacramento matrimonial como lo es la fidelidad al cónyuge.
No se pueden buscar componendas con la adaptación de los contenidos, se está luchando por la libertad, porque no se impongan —ni aunque fuesen el Catecismo, recordaba Martínez Camino—. Y la solución es sencilla, que se eliminen o se hagan optativos, dejen que los padres puedan elegir. ¿Por qué tanto miedo?
No objetan los obispos, ni lo centros. No pueden hacerlo, lo hacemos los padres, con responsabilidad. Todavía hay quien, con una casposa mentalidad clerical, cree que para que un cristiano ejerza sus derechos civiles necesita una tutela eclesiástica. Dicho esto, agradecemos el cuidado de nuestros pastores, que pese a lo que se está diciendo, es de apoyo expreso. Y respecto a los centros, pues decir que tienen la obligación de impartir la asignatura, pero también la de respetar el derecho de los padres a objetar. Es especialmente doloroso que se pueda objetar en un colegio público sin problemas —no podía ser de otra manera— y que los haya en uno de la FERE.
¿La objeción es la única alternativa? Pues sí y no. Desde el punto de vista del fuero interno, la objeción es una opción personal, y creo que es imprudente juzgar la conciencia ajena sin tener todos —o muchos— elementos. La ley ya está, ¿se pudo hacer más antes?, que cada palo aguante su vela. Respecto a los contenidos, que a mí no me gustan, y que en lo que se refieren al propósito ideológico y moral, son el fundamento de la violación de mi derecho como padre a elegir la formación de mis hijos, se pueden hacer más cosas. De hecho, alguien puede estar de acuerdo con los contenidos y también objetar (conozco a varios), porque nada impediría que estos cambien con otro gobierno. Caben muchas iniciativas, pero todas ellas, no solo compatibles y complementarias con la objeción, si no que se potencian con ella.
Me explico. Desde el punto de vista del fuero externo, mi objetivo es que los contenidos que no están de acuerdo a lo que quiero para mis hijos, o desaparezcan o sean optativos. Si consigo esto, la objeción deja de tener sentido, y el movimiento objetor habrá cosechado un éxito. Si se mantienen optativos, centraré mi acción en explicar, informar y compartir mis razones para hacer ver por qué pienso así, pero ese es otro tema.
Algunos comentan ahora que habrá modificaciones a la ley, y que eso es fruto de la política de cesión llevada a cabo por la FERE (aunque no en exclusiva). ¿Qué ha cambiado en la FERE para que se vuelva supuestamente a negociar? , si lo que se negoció era lo mejor —lo único, decían— posible, ¿por qué ahora se vuelve a hacerlo? Por el momento, esa supuesta negociación, no deja de ser un deseo, y que de producirse será fruto de los objetores.
Otros tenemos la certeza, que sin descartar el punto anterior, sea «justicia» la que obligue a modificar la ley, que muestre que esa asignatura es incompatible con los Derechos Humanos, y además, secundariamente, el sectarismo de esa operación de ingeniería social. Y ese camino, que ya está empezado, es imparable, es fruto de los objetores.
De ahí el miedo y rechazo que provocan. Puff, vaya rollo me ha salido, lo siento, como diría Mr. Jinks: ¡malditos objetores!
Juanjo Romero, DeLapsis@gmail.com
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Casado y padre de familia numerosa. Hispano-cubano. Fumador. Ha sido profesor de Secundaria y
Bachillerato —entonces eran COU, BUP y EGB— y también analista de Estudios de Mercado.
En la actualidad compagina su trabajo en una multinacional con la dirección
de conoZe.com,
de la que también es fundador.
Ahora también Director Técnico de InfoCatólica.
Participa regularmente en programas de radio y diversas publicaciones digitales.
Puedes ponerte en contacto con él en DeLapsis@gmail, o seguir su actividad en twitter.
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