Centenario de Julián Marías y la cuestión del aborto

Lavado de cerebro, por Elton Fernandes

Mañana es el centenario del nacimiento de Julián Marías (17.VI.1914 – 15.XII.2005). Quizá después de Ortega y Gasset, Zubiri y García Morente, uno de los grandes de la filosofía en español de la segunda parte del XX. Hay otros, y que me gustan más, pero de estos cuatro, fuera de prejuicios no hay duda de su valía.

No me extenderé más sobre él. Estos días habrá buenos panegíricos y críticas. La mayoría ocultará su condición de católico practicante o dirán lo de «a pesar de». Durante mucho tiempo se intentó hacerle de menos llamándole «ensayista», que, para mí, es su mejor virtud. Una docencia que no pudo disfrutar y que consiguió universalizar a través de la prensa escrita. Sabía plantear preguntas y enfoques en un par de páginas.

Entusiasta defensor de la vida, desde que se planteó la idea de «legalización» en España, nada más llegar los socialistas al poder. De entre todas las «Terceras de ABC»:

  • “Las palabras más enérgicas” (ABC, 9 noviembre 1982),
  • “Una visión antropológica del aborto” (ABC, 24 mayo 1983),
  • “La cuestión del aborto” (ABC, 10 septiembre 1992)
  • “La más grave amenaza” (ABC, 4 septiembre 1994)

reproduzco la del 10.IX.1992, por su final profético, desgraciadamente cumplido: «Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final» Y también porque su defensa desde un punto de vista filosófico de que lo que se mata es un «quien», ha sido el banderín de enganche para un numeroso grupo de ateos provida.

Soy consciente de que para muchos será conocido, pero es un buen antídoto para contrarrestar la intensa labor de lavado de cerebro de lo políticamente correcto.

La cuestión del aborto

La espinosa cuestión del aborto voluntario se puede plantear de maneras muy diversas. Entre los que consideren la inconveniencia o ilicitud del aborto, el planteamiento más frecuente es el religioso. Pero se suele responder que no se puede imponer a una sociedad entera una moral «particular». Hay otro planteamiento que pretende tener validez universal, y es el científico. Las razones biológicas, concretamente genéticas, se consideran demostrables, concluyentes para cualquiera. Pero sus pruebas no son accesibles a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres, que las admiten «por fe»; se entiende, por fe en la ciencia.

Creo que hace falta un planteamiento elemental, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen, de una cuestión tan importante, que afecta a millones de personas y a la posibilidad de vida de millones de niños que nacerán o dejarán de nacer.

Esta visión ha de fundarse en la distinción entre «cosa» y «persona», tal como aparece en el uso de la lengua. Todo el mundo distingue, sin la menor posibilidad de confusión, entre «qué» y «quién», «algo» y «alguien», «nada» y «nadie». Si se oye un gran ruido extraño, me alarmaré y preguntaré: «qué pasa?» o ¿qué es eso?». Pero si oigo unos nudillos que llaman a la puerta, nunca preguntaréis «¿qué es», sino «¿quién es?».

Se preguntará qué tiene esto que ver con el aborto. Lo que aquí me interesa es ver en qué consiste, cuál es su realidad. El nacimiento de un niño es una radical «innovación de la realidad»: la aparición de una realidad «nueva». Se dirá que se deriva o viene de sus padres. Sí, de sus padres, de sus abuelos y de todos sus antepasados; y también del oxígeno, el nitrógeno, el hidrógeno, el carbono, el calcio, el fósforo y todos los demás elementos que intervienen en la composición de su organismo. El cuerpo, lo psíquico, hasta el carácter, viene de ahí y no es rigurosamente nuevo.

Diremos que «lo que» el hijo es se deriva de todo eso que he enumerado, es «reductible» a ello. Es una «cosa», ciertamente animada y no inerte, en muchos sentidos «única», pero al fin una cosa. Su destrucción es irreparable, como cuando se rompe una pieza que es ejemplar único. Pero todavía no es esto lo importante.

«Lo que» es el hijo puede reducirse a sus padres y al mundo; pero «el hijo» no es «lo que» es. Es «alguien». No un «qué», sino un «quién», a quien se dice «tú», que dirá en su momento «yo». Y es «irreductible a todo y a todos», desde los elementos químicos hasta sus padres, y a Dios mismo, si pensamos en él. Al decir «yo» se enfrenta con todo el universo. Es un «tercero» absolutamente nuevo, que se añade al padre y a la madre.

Cuando se dice que el feto es «parte» del cuerpo de la madre se dice una insigne falsedad porque no es parte: está «alojado» en ella, implantado en ella (en ella y no meramente en su cuerpo). Una mujer dirá: «estoy embarazada», nunca «mi cuerpo está embarazado». Es un asunto personal por parte de la madre. Una mujer dice: «voy a a tener un niño»; no dice «tengo un tumor».

El niño no nacido aún es una realidad «viniente», que llegará si no lo paramos, si no lo matamos en el camino. Y si se dice que el feto no es un quién porque no tiene una vida personal, habría que decir lo mismo del niño ya nacido durante muchos meses (y del hombre durante el sueño profundo, la anestesia, la arteroesclerosis avanzada, la extrema senilidad, el coma).

A veces se usa una expresión de refinada hipocresía para denominar el aborto provocado: se dice que es la «interrupción del embarazo». Los partidarios de la pena de muerte tienen resueltas sus dificultades. La horca o el garrote pueden llamarse «interrupción de la respiración», y con un par de minutos basta. Cuando se provoca el aborto o se ahorca, se mata a alguien. Y es una hipocresía más considerar que hay diferencia según en qué lugar del camino se encuentre el niño que viene, a qué distancia de semanas o meses del nacimiento va a ser sorprendido por la muerte.

Con frecuencia se afirma la licitud del aborto cuando se juzga que probablemente el que va a nacer (el que iba a nacer) sería anormal física y psíquicamente. Pero esto implica que el que es anormal «no debe vivir», ya que esa condición no es probable, sino segura. Y habría que extender la misma norma al que llega a ser anormal por accidente, enfermedad o vejez. Y si se tiene esa convicción, hay que mantenerla con todas sus consecuencias; otra cosa es actuar como Hamlet en el drama de Shakespeare, que hiere a Polonio con su espada cuando está oculto detrás de la cortina. Hay quienes no se atreven a herir al niño más que cuando está oculto -se pensaría que protegido- en el seno materno.

Y es curioso cómo se prescinde enteramente del padre. Se atribuye la decisión exclusiva a la madre (más adecuado sería hablar de la «hembra embarazada»), sin que el padre tenga nada que decir sobre si se debe matar o no a su hijo. Esto, por supuesto, no se dice, se pasa por alto. Se habla de la «mujer objeto» y ahora se piensa en el «niño tumor», que se puede extirpar como un crecimiento enojoso. Se trata de destruir el carácter personal de lo humano. Por ello se habla del derecho a disponer del propio cuerpo. Pero, aparte de que el niño no es parte del cuerpo de su madre, sino «alguien corporal implantado en la realidad corporal de su madre», ese supuesto derecho no existe. A nadie se le permite la mutilación; los demás, y a última hora el poder público, lo impiden. Y si me quiero tirar desde una ventana, acuden la policía y los bomberos y por la fuerza me lo impiden.

El núcleo de la cuestión es la negación del carácter personal del hombre. Por eso se olvida la paternidad y se reduce la maternidad a soportar un crecimiento intruso, que se puede eliminar. Se descarta todo uso del «quién», de los pronombres tú y yo. Tan pronto como aparecen, toda la construcción elevada para justificar el aborto se desploma como una monstruosidad.

¿No se tratará de esto precisamente? ¿No estará en curso un proceso de «despersonalización», es decir, de «deshominización» del hombre y de la mujer, las dos formas irreductibles, mutuamente necesarias, en que se realiza la vida humana? Si las relaciones de maternidad y paternidad quedan abolidas, si la relación entre los padres queda reducida a una mera función biológica sin perduración más allá del acto de generación, sin ninguna significación personal entre las tres personas implicadas, ¿qué queda de humano en todo ello? Y si esto se impone y generaliza, si a finales del siglo XX la Humanidad vive de acuerdo con esos principios, ¿no habrá comprometido, quién sabe hasta cuándo, esa misma condición humana? Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final.

13 comentarios

  
Rodrigo Sanz


Rodrigo, el comentario ha sido eliminado por off-topic. Gracias.
16/06/14 11:41 AM
  
Antonio1
¡Grande Julián Marías!
16/06/14 11:51 AM
  
Joaquín
Parece mentira que ese saco de odio y resentimiento llamado Javier Marías sea hijo suyo.
16/06/14 12:25 PM
  
Rodrigo
¿Off topic hablar de que hasta partidos políticos católicos desprecian al embrión en un artículo que habla de la aceptación del asesinato del no nato? Más bien di que no te atreves a dejarlo publicado.
16/06/14 12:30 PM
  
Francisco Javier
¡Y todavía hay quien dentro de la propia Iglesia defiende un cambio para permitir el aborto!

Intelectos como este son los que harían falta para una revolución verdadera dentro de la Iglesia.
16/06/14 12:40 PM
  
Teófilo
"Y si se dice que el feto no es un quién porque no tiene una vida personal, habría que decir lo mismo del niño ya nacido durante muchos meses (y del hombre durante el sueño profundo, la anestesia, la arteroesclerosis avanzada, la extrema senilidad, el coma)."
Pues en eso estamos. Y cada vez con casos más flagrantes amparados en una legalidad mórbida.

"¿No estará en curso un proceso de «despersonalización», es decir, de «deshominización» del hombre y de la mujer, las dos formas irreductibles, mutuamente necesarias, en que se realiza la vida humana?" Y no se imagina Ud. hasta qué punto.
16/06/14 12:41 PM
  
Juan Mariner
No "se prescinde enteramente del padre", el aborto es fruto de una violencia directa o indirecta contra la mujer llevada a cabo por una sociedad machista (en su auténtico sentido) disfrazada de falsos derechos para las mujeres. Qué motivos inducen a las mujeres a abortar: malformación fetal que obligará a la madre, sola, a cuidar de su hijo discapacitado (se acabó la juerga); embarazo en una joven adolescente, que tendrá que afrontar, sola, el cuidado de su hijo sin posibilidad de seguir estudiando o de un trabajo flexible, y, lo más importante, el freno a según qué nuevas relaciones de pareja por "la carga del hijo de otro" (no podrá ser Reina de España); embarazo de una madre de familia numerosa en la que el marido (que no ella) no quiere mantener más bocas; embarazo no deseado en una pareja donde el compadre no quiere formar familia por las responsabilidades que comporta, sólo quiere disfrutar de la vida con una pareja estable al alcance; embarazo imprevisto de una mujer que quiere separarse de su pareja para iniciar otra relación; etc.

Yo, mientras vea a las mujeres como copilotos en el coche familiar, no me las van a dar con queso. Donde hay una mujer que ha abortado, en el 99% de los casos, detrás está el padre exultante.

16/06/14 1:49 PM
  
pacococo
Esto es lo que hace falta, razonamientos lógicos que desmonten las falacias de las feministas y progres, sin recurrir a la ciencia, porque la mayoría no lo entienden y sin recurrir a la moral porque enseguida te llaman meapilas y dan por finalizado el debate.

Se necesitan argumentos sencillos al alcance de cualquiera. Y ahí es donde creo que los defensores de la vida han estado lentos. Esperemos que tanta gente pensando sean capaces de producir argumentos que destrocen los de los progres y poder pasar al ataque y que sean los progres los que tengan que buscar argumentos para defender lo indefendible.
16/06/14 5:43 PM
  
MR
A colacion de una ley injusta, que exime al padre de toda responsabilidad, cabria preguntarse lo el ateo, homosexual e izquierdista Pier Paolo Passolini, enemigo del aborto por considerarlo, con toda razon, fascista: ¿Es que cuando una mujer se quedo preñada, estaba sola en la cama?
16/06/14 8:03 PM
  
MR (Monárquico y Republicano)
Bueno, Cuanta Hipocresía, el aborto es fascismo puro. A mí no me extraña lo más mínimo.
16/06/14 11:26 PM
  
Enrique G. B. A.
La aceptación social del aborto, es necesaria para que se desenvuelva como una industria a gran escala.
Industria capitalista a la que se llega tanto desde la izquierda como de la derecha.
17/06/14 3:00 AM
  
rastri
Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final.
_____________

Que se va a cercando al final: ¿qué?: el siglo o la sociedad.


-¡Ambos, ambos! Don Julián. Que esto es la abominable desolación predicha por el profeta Daniel
17/06/14 9:43 AM
  
Jesus
El aborto, es el peor crimen de la humanidad.Totalmente de acuerdo en todo lo que dice D. Julian Marias.
17/06/14 12:38 PM

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