9.12.15

29.11.15

En Adviento, oremos por los cristianos perseguidos.

1. El Adviento en la oración del perseguido.

¡Que reines, Corazón Divino!

A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado; que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados. (Sal 24, 1-3)

En Vos confío, en Vos confío…tú eres, Amor, mi esperanza, contra todo pronóstico. Lo he perdido todo: casa, amigos, familia, la tierra en la que nacieron mis mayores, mis hijos, yo mismo… por ti, por no negarte. Y todo lo estimo basura. Será necedad, o escándalo…pero yo te doy las gracias. En la prueba, me diste el no negarte. ¡Que reines, Corazón Divino! Mi esperanza está en ti, no quedaré defraudado.

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21.11.15

Cifras y rostros

“Con rápido ademán, (Dios) convierte los verdugos de la humanidad en instrumentos de eterna salvación. Los elige como carpinteros de la inmensa cruz de la Redención, de la que su Hijo quiere permanecer suspendido y sangrante hasta el fin de los tiempos, para atraer a Sí a todas las gentes. Dios bendice el odio estéril y la diabólica ansia de destrucción de los tiranos y de los perseguidores de la Iglesia. Y mirad, ved los buenos frutos: la alegre resignación y la dulce paciencia de los corderos que quieren seguir al Cordero de eternidad en eternidad.” (Padre Werenfried van Straaten)

¿Cuántos corderos han seguido y están siguiendo en nuestro tiempo al Cordero de Dios, abrazados a la cruz de la Redención?

Hoy conoceremos algunos datos, números ensangrentados por la persecución. Y también pondremos rostro a alguno de esos números. Porque padecemos a menudo la ceguera de las cifras: decapitaciones, atentados, desaparecidos, desplazados, refugiados…se nos presentan bajo forma numérica en titulares, sin llegar a conmover a fondo nuestras almas. Parece que, si no tienen rostro, no han sido. Y son. Son el cuerpo sufriente de Cristo, que en ellos sigue padeciendo la cruz.

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16.11.15

¡Despierta!

“Cuando oigo que tantos cristianos en el mundo están sufriendo, ¿soy indiferente, o es como si sufriera uno de mi familia? Cuando pienso u oigo decir que muchos cristianos son perseguidos y hasta dan la vida por su fe, ¿esto toca mi corazón o no me llega? ¿Estoy abierto a aquel hermano o hermana de la familia que está dando su vida por Jesucristo? ¿Oramos los unos por los otros? Déjenme preguntarles, pero no respondan en voz alta, sino solo en el corazón: ¿cuántos de ustedes están orando por los cristianos que son perseguidos? ¿Cuántos? Cada uno responda en el corazón. ¿Rezo por aquel hermano, por aquella hermana que está en problemas, por confesar y defender su fe? ¡Lo importante es mirar más allá de su propio espacio, sentirse Iglesia, una sola familia de Dios!”

Papa Francisco. Audiencia general del miércoles 25 de septiembre de 2013

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