InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Antiguo Testamento

20.08.17

Guardad el derecho y practicad la justicia

Primera lectura del vigésimo domingo del Tiempo ordinario:

Esto dice el Señor. «Guardad el derecho y practicad la justicia, que pronto va a llegar mi salvación y a revelarse mi justicia».
A los hijos del extranjero que se adhieran al Señor para servirlo y amar el Nombre del Señor, para serle sus siervos, y a cuantos guarden el sábado sin profanarlo, y mantengan mi alianza, les haré entrar en mi monte santo, les daré alegría en mi casa de oración. sus holocaustos y sus sacrificios me serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos».
Isa 56,1.6-7

Aun cuando Dios se reveló a Israel, pueblo al que eligió de entre todos los pueblos del mundo, ya en el Antiguo Testamento abre la puerta a la salvación de todos aquellos que le amaran y guardaran sus mandamientos. 

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19.08.17

Elegid hoy a quién queréis servir

Primera lectura del sábado de la decimonovena semana del Tiempo Ordinario

Dijo Josué al pueblo de Israel:
Pues bien: temed al Señor; servidle con toda sinceridad; quitad de en medio los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río y en Egipto; y servid al Señor. Pero si os resulta duro servir al Señor, elegid hoy a quién queréis servir: si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis; que yo y mi casa serviremos al Señor».

El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! Porque el Señor nuestro Dios es quien nos sacó, a nosotros y a nuestros padres, de Egipto, de la casa de la esclavitud; y quien hizo ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios y nos guardó en todo nuestro peregrinar y entre todos los pueblos por los que atravesamos. Además, el Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. También nosotros serviremos al Señor, ¡porque él es nuestro Dios!».

Y Josué dijo al pueblo: «No lograréis servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. No perdonará vuestros delitos ni vuestros pecados. Si abandonáis al Señor y servís a dioses extranjeros, él también se volverá contra vosotros y, después de haberos hecho tanto bien, os maltratará y os aniquilará».

El pueblo le respondió: «¡No! Nosotros serviremos al Señor».

Josué insistió: «Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido al Señor para servirle».

Respondieron: «¡Testigos somos!».

«Entonces, quitad de en medio los dioses extranjeros que conserváis, e inclinad vuestro corazón hacia el Señor, Dios de Israel».

El pueblo respondió: «¡Al Señor nuestro Dios serviremos y obedeceremos su voz!».

Aquel día Josué selló una alianza con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. Josué escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios. Cogió una gran piedra y la erigió allí, bajo la encina que hay en el santuario del Señor. Y dijo Josué a todo el pueblo: «Mirad, esta piedra será testigo contra nosotros, porque ha oído todas las palabras que el Señor nos ha dicho. Ella será testigo contra vosotros, para que no podáis renegar de vuestro Dios».

Luego Josué despidió al pueblo, cada cual a su heredad. Y después de todo esto, murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años.
Jos 24,14-29

Elijamos hoy a quién servir. Si a Cristo o al pecado. Si a Iglesia fiel a Cristo o a los falsos maestros y pastores necios que manipulan el Evangelio. Si al catolicismo o al modernismo. 

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14.08.17

Dios hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al emigrante

Primera lectura del lunes de la decimonovena semana del Tiempo Ordinario:

Ahora Israel ¿qué te pide el Señor, tu Dios, sino que temas al Señor, tu Dios, siguiendo todos sus caminos, y que le ames y que sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, observando los preceptos del Señor y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien.
Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita. Mas solo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy.
Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz, pues el Señor, vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, el Dios grande, fuerte y terrible, que no es parcial ni acepta soborno, que hace justicia al huérfano y a la viuda, y que ama al emigrante, dándole pan y vestido.
Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te adherirás a él y en su nombre jurarás.
Él es tu alabanza y él es tu Dios, que hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.
Deut 10,12-22

Todo lo que Dios pidió a Israel nos lo pide a nosotros, con el añadido de que sobre nosotros ha sido derramado el Espíritu Santo que nos capacita para cumplir sus mandamientos, los que Cristo nos dejó. 

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12.08.17

Amarás al Señor, tu Dios

Primera lectura del sábado de la decimooctava semana del Tiempo Ordinario:

Escucha, Israel. el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés sentado en casa y al ir de camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás a tu mano como un signo, servirán de recordatorio ante tus ojos. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portones.

Una vez que el Señor, tu Dios, te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob que te daría, con ciudades grandes y hermosas que tú no has edificado, con casas llenas de toda clase de bienes que tú no has allegado, con aljibes ya cavados que tú no has fabricado, viñedos y olivares que tú no has plantado y de los que, sin embargo, comerás y te saciarás, entonces, esmérate en no olvidarte del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud.
Temerás al Señor, tu Dios, le darás culto, y en su nombre harás tus juramentos.

Deut 6,4-13

Tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento (1 Jn 2,4) nos enseñan que amar a Dios es guardar sus mandamientos. Y sus mandamientos no son gravosos (1 Jn 5,3). Es por tanto necesario meditar en la ley del Señor. Debe ser nuestro deleite (Sal 119,77).

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3.08.17

Felices los que habitan en tu Casa y te alaban sin cesar

Salmo del jueves de la decimoséptima semana del Tiempo Ordinario:

Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.

Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.

¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.

Vale más un día en tus atrios
que mil en otra parte;
yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios
antes que vivir entre malvados.

Salmo 84,3.4.5-6a.8a.11.

Vivimos en este mundo pero también, si en verdad amamos a Dios, anhelamos estar en el cielo con el Señor. Como dice san Pablo: 

Me siento apremiado por los dos extremos: el deseo que tengo de morir para estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor,  o permanecer en la carne, que es más necesario para vosotros.
Fil 1,23-24

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