Santo Tomás de Aquino hoy.

A lo largo del tiempo en que me he dedicado al estudio del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, me he topado, innumerables veces, con personas que lo rechazan sin haberlo leído, o al menos sin haberlo leído lo suficiente. Me he topado también con otras que por la claridad y precisión de sus formulaciones creen que lo han entendido, pero tan pronto entramos un poco más en materia, alcanzo a percibir que tampoco lo han leído lo suficiente. Eso no es de sorprender, porque quienes hemos intentado leerlo, nos damos cuenta de que leer a Santo Tomás no es algo fácil tanto por la extensión como la profundidad de su obra. Sin embargo, me he percatado de que el problema radica en que, para entender el verdadero sentido de una formulación de santo Tomás, es necesario conocer las conexiones que se articulan en todo un tratado que tiene que ver con un modo de ser, con un modo de pensar y con una profunda espiritualidad. Para comprender a Santo Tomás es necesario situarse en su existencia en su época, como religioso, es decir, como hombre de fe.

Por eso pienso que para comprender a Santo Tomás es importante, haber tenido buenos profesores.  Y me parece una obligación moral reconocer que entre todos ellos destaca la figura de Eudaldo Forment Giralt, filósofo catalán que ha alcanzado un conocimiento sobre Santo Tomás que, sin temor a equivocarme, le coloca como uno de los filósofos tomista más importantes del siglo XXI. Y es precisamente Don Eudaldo quien destaca, siguiendo la misma lógica que el aquinate, los puntos más relevantes para el estudio y la comprensión de Santo Tomás y que son: la altura espiritual, la dignidad de los profesores, la condición de sus oyentes y el orden de la comunicación.[1]

El mismo doctor Forment nos hace ver, que siempre se ha considerado la doctrina filosófica de Santo Tomás como aristotélica, aunque transformada con muchos elementos platónicos y agustinianos. Sin embargo, hace una precisión, a mi parecer muy importante, que consiste en que la Filosofía de Santo Tomás trasciende a todo aristotelismo en su fundamentación, en su contenido y en su finalidad. Forment la concibe como una doctrina perennemente original y actual.[2] Nos dice que Santo Tomás considera seriamente a Aristóteles, pero acude a San Agustín para justificar la integración de ideas aristotélicas a la síntesis teológico-filosófica cristiana.

Pero, además, entre las personas que rechazan a Santo Tomás hay otros que superan a los anteriores y son quienes injustamente y con una osada ignorancia, mencionan que los árabes tuvieron muchos de los méritos que se atribuyen a Santo Tomás. Nada más lejano de la realidad. Porque Don Eudaldo nos enseña que precisamente con los musulmanes, el aristotelismo quedaba como un sistema cerrado, que impedía toda relación con el cristianismo. Nos dice que el aristotelismo averroísta era simplemente incompatible con la noción de creación, con la afirmación de la libertad, con la noción de la providencia de Dios y con la inmortalidad del hombre como persona.[3] Forment nos hace ver que los pensadores musulmanes desarrollaron un pensamiento cosmocéntrico opuesto no sólo al cristianismo sino al mismo islam y al judaísmo. Averroes era simplemente opuesto al pensamiento escolástico.[4] Porque el pensamiento escolástico no era un intento por explicar la fe sino comprender mejor la fe, de modo que la Filosofía estaba completamente subordinada a la fe. Por el contrario los filósofos judíos y musulmanes pretendían absorber desde su monismo y racionalismo, la religión.[5]

Forment nos hace ver que con el llamado averroísmo latino se inició la separación de la Filosofía y la Teología, que terminaron por enfrentarse en la modernidad perdiéndose la unidad de la sabiduría cristiana. Al averroísmo latino siguió el panteísmo, los humanismos ateos y antropocéntricos hasta el punto de no limitarse a negar a Dios, sino a presentarlo como el enemigo del hombre. Porque para el ateísmo el verdadero dios es el hombre. Con mucha claridad Forment nos recuerda que el averroísmo dio paso al racionalismo que puso sus esperanzas en el orden de la naturaleza o de la vida social. El progreso conduciría al hombre a una nueva era en la que se alcanzaría la madurez. De aquí que, durante todo ese período, todo lo religioso se viera como nocivo y alienante. El problema que resalta Forment es que las consecuencias de este modernismo, racionalista, idealista, empirista y agnóstico respecto a la existencia y la naturaleza de Dios, fueron los totalitarismos cuyas consecuencias nihilistas en el siglo XX y lo que va del XXI han sido funestas.[6]

Dice Don Eudaldo, haciendo referencia a Carlos Valverde en su libro Génesis, estructura y crisis de la modernidad: “Lo posmoderno es lo ligero, lo insubstancial, lo trivial, lo inconstante, lo voluble, lo inconsecuente. En definitiva, la evasión y la diversión. La postmodernidad pretende ser: un nihilismo sin tragedia”.[7] La postmodernidad vive en un ateísmo pragmático en cuanto vive como si Dios no existiera.

De alguna manera, Forment nos deja ver que Santo Tomás es un autor actual porque luchó contra el averroísmo del siglo XIII que dio lugar al “agustinismo” cuyas propuestas no son estrictamente agustinianas y por lo mismo iban en contra de los agustinianos, de San Agustín y del propio Aristóteles. Y aquí Santo Tomás tuvo un papel importante en el combate contra ese agustinismo heterodoxo que consistió en combatir los errores contra la fe, mostrar que el averroísmo iba contra el auténtico aristotelismo y defender la ortodoxia de su empresa de integración del genuino aristotelismo en la síntesis teológico filosófica cristiana.[8]

Eudaldo Forment nos dice que Santo Tomás defendió su derecho y deber a aceptar lo verdadero de Aristóteles, en las mismas condiciones en que Santo Tomás lo hizo con Platón, y con esto superar peligros y errores que podrían seguirse de un idealismo platónico en la relación al alma y al cuerpo, y en un sentido teológico la acepción de la palabra para comprender el sentido histórico literal de la Sagrada Escritura y el sentido espiritual que se apoya en el sentido literal y lo supone.[9]

En suma, Eudaldo Forment nos enseña que Santo Tomás es un autor actual que no se limita a repetir a Aristóteles como lo piensan algunos, porque en su síntesis se encuentran doctrinas aristotélicas modificadas por los principios agustinianos y muchos puntos nucleares del pensamiento platónico ya cristianizados por San Agustín que lo colocan como el más platónico de los aristotélicos. Forment nos dice también que el Aquinate es un filósofo y un teólogo agustiniano que asumió las doctrinas de Aristóteles porque su obra incluye contenidos del platonismo cristiano y pagano.[10]  De modo que con Forment podemos concluir que ese contexto histórico en el que Santo Tomás aclara la raíz de los errores a los que hemos llegado en el mundo actual lo coloca como un autor cuya profundidad y precisión es perennemente actual.



[1] Cfr. Forment, Eudaldo. La Filosofía de Santo Tomás de Aquino. EDICEP, España, 2003, p.39.

[2] Cfr. Idem, p.48.

[3] Cfr. Idem, p.50.

[4] Cfr. Ibidem.

[5] Cfr. Idem, p.51.

[6] Cfr. Idem, p.54

[7] Cfr. Idem, p.55.

[8] Cfr. Idem, p.58.

[9] Cfr. Aquino, Tomás de. S.Th., I, q.1, a.10, in c. Apud. Forment, Eudaldo, op. cit., p.63.

[10] Cfr. Forment, Eudaldo, op. cit., p.63.

1 comentario

  
milton
La fe cristiana no es sólo un "asentimiento". Antes que eso, es un "comportamiento", una forma de vida, que lleva consigo el "seguimiento" de Jesús. Por desgracia, en los cursos y clases de Teología Dogmática, no se suele enseñar esto. Con lo que se mutila la fe en Jesús el Señor. Y se disocia la fe, como "acto intelectual", de la realidad íntegra de la fe, que no se puede, ni entender ni vivir, si no entraña una ética. Por eso, desgraciadamente, hay tanta gente con una fe ortodoxa, como asentimiento, pero pagana, como forma de vida.

No pongo en duda el aporte de Tomás de Aquino y la importancia que tuvo pero me pregunto que le puede decir Tomás hoy a la persona que ha fracasado en su vida, que tiene frustración, depresión, angustia, falta de fe, de amor, de no ser valorada?

Se le va a responder con conceptos metafísicos medievales?
Estuve tratando de comprender a Tomás de Aquino durante cierto tiempo y la verdad el lenguaje que usa es muy complicado para mi y no le comprendí mayor cosa porque no soy filósofo ni teólogo.

Es el encuentro personal con Jesucristo lo que transforma a la persona, mas evangelio y menos metafísica



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También Lutero y Calvino así como muchos herejes han dicho que tuvieron un encuentro personal con Jesucristo. El problema es que en sus subjetividades acabaron por elaborarse un Dios a su medida.
Lo primero es saber quién es Jesucristo porque lo contrario acabamos en la idolatría.
Santo Tomás tiene mucho que decir a los pecadores de todos los tiempos y si no se entiende es porque estamos muy preocupados por enseñar y aprender la ciencia del mundo y lo que tiene que ver con Dios lo limitamos al campo de la subjetividad y del sentimentalismo.
MOP
29/04/17 3:50 PM

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