Dificultades actuales con la música sacra. Algunas hipótesis

La música litúrgica actual se caracteriza por la parquedad en el uso del tiempo. Hay preocupación porque las celebraciones no se prolonguen. Se dice que la liturgia es la fuente y la culminación de la vida cristiana, y que la eucaristía dominical es el centro de toda la semana, pero estos no parecen ser argumentos poderosos para quebrar el dique de los 45 minutos en la misa dominical. Menos de la mitad de una película o un partido de fútbol, donde los asistentes no parecen en principio preocupados por el reloj.

Los españoles estamos habituados a ello, porque es lo que hemos conocido desde siempre, incluso de generaciones anteriores. Pienso que la imagen de los varones del pueblo apostados junto a la puerta de entrada de la iglesia, debajo del coro, prestos a salir en estampida en cuanto el preste recuperase el bonete para descender las gradas del altar, no ha sido tan escasa como nos podría parecer a los que hemos nacido después de la última reforma litúrgica.

Sin embargo, sabemos que no en todas partes es así. De África nos llegan testimonios de lo prolongado y exuberante de sus celebraciones. No faltan entre nosotros quienes lo atribuyen a lo marcado de sus ritmos y danzas, en contraste con el canto tradicional de la Iglesia romana, que impugnan como mortecina cantinela insípida para la modernidad.

Ciertamente éstos ignoran, primero, el altísimo aprecio que en África se tiene por el canto gregoriano y por el lenguaje litúrgico tradicional; y segundo, parecen desconocer el profundo instinto de lo sagrado de que allí gozan, y que otorga un sentido a sus ritmos danzantes que el occidental medio está absolutamente incapacitado para comprender. Recomiendo que vean en este vídeo al cardenal Arinze, africano de pies a cabeza, cuando era Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, hablando con total claridad sobre la cuestión:

También de China he oído, de boca de un miembro de la Iglesia clandestina, que cuando la liturgia es corta los fieles más bien se enfadan, por achacarlo a la incompetencia o desinterés del celebrante.

¿Qué es lo que nos ocurre a nosotros, entonces? ¿De dónde esta impaciencia, este hastío, este tedio, este disgusto casi estructural y cultural con las cosas de Dios, que cualquier persona medianamente reflexiva debería computar como las más elevadas e importantes de cuantas pueblan la vida?

Las razones pueden ser muchas, pero hoy me quiero aventurar a someter a la consideración de los lectores una perspectiva en concreto.

Tengo la impresión de que una de las causas más poderosas hay que buscarla en el paradigma espiritual que se implantó con la llegada de la modernidad, a partir de los siglos XIV-XV. El bien detectado, conocido y explicado giro antropocéntrico. Yo lo resumiría, simplificando, como el cambio desde la oración como mayormente escucha hacia la oración como mayormente discurso.

Tenían muy claro los pre-modernos que nuestra oración consiste en ser introducidos en la comunicación intratrinitaria, hechos hijos en el Hijo, constituido pontífice en nuestro favor y por quien tenemos acceso al santuario verdadero, y fuera de quien no tenemos otro nombre bajo el cual debamos ser salvos, y que los hijos de Dios son los movidos por el Espíritu de Dios, prometido desde los días proféticos y otorgado en la plenitud de los tiempos.Y viene de San Pablo esa enseñanza tan consoladora de que, puesto que no sabemos pedir lo que nos conviene, el Espíritu viene en nuestra ayuda con gemidos inefables.

Por otra parte está el hecho de que la cultura antigua, clásica, que es la que recibieron los primeros cristianos, y que es o debería ser el cimiento de la nuestra hoy, tenía una relación con la lectura diferente de nosotros. Era lo normal leer en alta voz, confiando en que una participación total de la persona en el acto de leer -mente y cuerpo, intelecto y voz-, así como el recibir por el oído lo que se leía, facilitaba la absorción de la sabiduría contenida en lo leído. Era una lectura pausada, tranquila. Además, la lengua latina se prestaba por naturaleza a la arquitectura gramatical, a la belleza constructiva de la expresión, digna tanto de ser comprendida como de ser admirada.

Los cristianos recibieron, apreciaron y aprendieron este legado. Examinadlo todo y quedaos con lo bueno.

A esto a hay que sumar el aprecio clásico por lo tradicional. Recordemos una vez más que “tradición” viene del latín “tradere”, que significa entregar, transmitir. Es decir, los antiguos se integraban de modo natural en esa realidad viva y dinámica que es la tradición, y que se diferencia de lo “conservador”, más estático, limitado a “cum-servare”, “guardar”.

Todo esto favorece más la recepción tranquila de la sabiduría venida desde fuera que la impaciencia por hacer pie en lo leído para construir el propio discurso.

Los estudiosos de la Cristiandad pre-moderna nos hablan de que para los monjes, maestros espirituales de aquellos siglos, el estudio y conocimiento de la Palabra de Dios era propiamente la oración. Es decir, la oración, en forma de lectio divina, consistía en acoger con calma y sencillez la acción del Espíritu Santo que llegaba a través de la Palabra leída. No había tanta prisa por producir pensamientos propios, afectos, actos, propósitos, y todas esas demás santas cosas que la modernidad vino a urgir en las almas.

¿Qué se derivaba de esta vivencia tradicional? Que la música sacra, y más concretamente, su modelo máximo que es el canto gregoriano, venía a ser una lectio divina hecha música. Pocos se pondrían nerviosos o se revolverían en el banco cuando una sola palabra, o una sola sílaba, fuera objeto de una prolongada contemplación sonora en forma de melisma, es decir, de larga sucesión de notas sin otro fin que expandir el sentido el texto pronunciado. Porque eso era lo buscado, saborear la Palabra. De hecho, en el canto gregoriano los melismas no están por casualidad o por vacua estética. Al revés, tienen una verdadera función no diré exegética -aunque esto lo he visto apuntar a voces autorizadas-, pero al menos sí de orientación espiritual. Vienen a equivaler a esa ruminatio, ese acto de rumiar la palabra con parsimonia que caracterizó a la espiritualidad de los siglos cristianos.

El gregoriano, que, como enseña el magisterio antiguo y presente de la Iglesia, es el modelo supremo de toda música sacra, viene a ser una lectio divina. En este canto-lectio, el sonido ya no es sólo la voz natural del que lee, sino esa misma voz elevada a la región superior de la música, de los sonidos organizados con sabiduría, conforme a las leyes acústicas de la Creación que los antiguos habían entendido perfectamente. Como dice el salmo: psallite sapienter. Y como dice también la famosa frase atribuida a San Agustín: qui bene cantat, bis orat, el que canta bien, ora dos veces.

De hecho, si nos paramos a pensar, es más importante la escucha que el canto. No sólo para los oyentes, lo cual es obvio, sino también para el mismo que canta. De lo cual se deriva que cantar con la propia voz no es algo tan extremosamente apremiante como se repite desde hace 50 años. Dado que la escucha de la Palabra cantada es más importante que el canto mismo, lo mismo puede escuchar quien canta que quien oye.

Quien canta debe escuchar lo que canta. Es más: debe cantar para escuchar. No ha de cantar sólo para que le escuchen los demás, sino para escuchar él mismo primero. Y cuanto mejor escuche quien canta mientras canta, mejor cantará.

Así se comprende mejor un hecho que hace siglos merecía ser consignado en los libros litúrgicos: a mayor solemnidad, mayor lentitud en el canto. La lentitud, lo prolongado del canto, era comprendido como un bien, como una mayor oportunidad de escuchar, de dejarse configurar por esa fuerza externa al propio ser que llega a través de la Palabra revestida y elevada por la música.

Pero, ay. Llegó la modernidad, con su devotio propia, moderna. Llegaron con ella tantas cosas santas y buenas que así puestas formaron pedestal para la erguida voluntad y el reto ascético.

Por otra parte la lengua latina, vínculo bellísimo que unía el pasado recibido con el presente extenso y el futuro por entregar, se eclipsó tras el babel de las lenguas modernas nacionales. Estas sirvieron como instrumento eficaz para la voluntad moderna hecha política, hecha estado. Siempre la lengua fue compañera del imperio, dijo nuestro proto-moderno Antonio de Nebrija. No necesitaron creerlo así los mayores, que podían obedecer a distintos señores desde Cádiz hasta Colonia sin dejar de entenderse en la misma lengua.

Los tesoros antiguos entregados por los mayores en la lengua de los mayores ya no eran comprendidos por los hijos modernos. Y el grandioso edificio del canto-escucha que se había levantado sobre los sólidos cimientos del orden y la verdad de las cosas, empezó a dispersarse como hiedra caprichosa por las tapias de la modernidad. Ornamento, envoltura, deleite. Deleite verdadero y justo, obligado por esas maravillas asombrosas de la modernidad musical, inesperadas en la historia del sonido, y que en esta exánime postmodernidad son cada vez más difíciles no ya de imitar sino de remedar.

Pero deleite tan justo y verdadero no dejó de ser sospechoso para quienes guardaban memoria, quizá no siempre consciente, de aquel canto cristiano que era escucha no tanto de notas como de Palabra.

Y a grandes males, grandes remedios. O también podríamos decir que en casa del herrero cuchara de palo. Pues del llamado movimiento litúrgico, de esos quizá nostálgicos de la premodernidad musical y espiritual, en la que escuchar era más que hablar, vino a salir una medicina de rabiosa modernidad. Las cancioncillas utilitarias, con un afán de ahorro en el tiempo en perfecta horma de lo económico burgués, y cuyas letras gustan conjugar la primera persona de creyentes maduros, tributando lo debido a esa voluntad que, según escucho cantar, será fuerte para luchar, acabará con las cadenas y llegará la verdadera libertad.

21 comentarios

  
Albert L
Muchas gracias. El problema práctico que veo es que hoy muy pocas parroquias podrían organizar un coro de gregoriano. La única solución viable sería utilizar gregoriano grabado. Desde luego, para mí, eso sería muchísimo mejor que la baraúnda que se escucha ahora en muchas iglesias con música pésima, guitarras aporreadas cruelmente, letras que producen vergüenza ajena e incluso panderetas.
27/08/16 1:32 AM
  
antonio
Estimado Raúl
Muchas gracias por escuchar al gran Cardenal Arinze, y sus consideraciones, es asi!!!!!!!!!
A Travéz de escuchar y de la lentitud, se va incorporando Dios a Nuestras almas, aparte que es una belleza total, Al Mundo la Salvará la Belleza, A.Solzhenitzin, y siguiendo a Dostoievski la Identifica con Cristo
Siempre recuerdo que en infocatólica, los jóvenes de San José, realizaron a travéz del Cardenal Burke, una misa Pontifical:la Belleza, que de conversiones, como anduvierón los confesionarios, ahi está la VERDAD.Y recuerdo de muy pequeño una anciada, tendria dos años, extasiada una multitud humilde y orante, los franciscanos mantenián el silencio, pero no era necesario, la gente iba a buscar a Dios. En Nuestra Señora de Pompeya, lo tengo en mi cerebro.
Que Dios lo bendiga y lo haga con la Iglesia, uno ya debe con la musica, con la belleza,estar contempando a Dios eternidad!!!Debe ser la antesala del cielo!!Me puede corregir pero creo que leí que Paul Claudel se convirtió en Notre Dame, Por la belleza.
Que Dios lo bendiga y lo haga con la Iglesia, perdón por haber reiterado a estos dos Gigantes pensadores, y la misa Pontifical, pero sigue siendo un ejemplo.
27/08/16 2:00 AM
  
Tulkas
Tres giros: el antropocéntrico de la devotio moderna, el celebrante-céntrico que es una copia del protestantismo (si yo fuera protestate tengo clara una cosa: no iría a sus reuniones a escuchar hablar a un tío o tía) y el tercero es el giro asambleocéntrico.

Las misas actuales son poco más que palabrería. Me gustaría ver el efecto de la Plegaria en voz baja y ad Deum. La incapacidad del católico actual para comprender esto va pareja a la incapacidad para la música sacra.
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RdT: "Las misas actuales son poco más que palabrería." Proposición impía, temeraria y contraria a la fe. Además de imprecisa, pues no hay sin más "las misas actuales", como si fuesen todas iguales. Salvo que por palabrería se entienda la sustancia y no el accidente, en cuyo caso no hay lugar para ello en este blog, como es sabido.
27/08/16 9:50 AM
  
Eduardo Martínez
Creo que el problema principal de la música en la liturgia es que si hubiéramos dado un cheque en blanco a los responsables, para que destrozasen todo aquello no solo que pudiera acercar a Dios a los fieles, sino que pudiera hacer que se acercase a Dios, a través del cristianismo, a los que desconocieran las enseñanzas de los Evangelios, no se hubieran hecho las cosas tan "bien" para lograr esa demolición.

En cuanto a los responsables del desaguisado ¿Quiénes son? San Juan XXIII, no lo parece, pues la primera constitución emanada del Concilio Vaticano II lleva su firma, y no conlleva la abolición ni del órgano, ni del canto gregoriano, ni de la polifonía al modo de Palestrina. Otras declaraciones de San Juan XXIII tampoco parecen indicar que desease el fin del uso del órgano, y la introducción de la guitarra.

Alguno podría pensar que el beato Pablo VI deseaba esos cambios de lenguas, ritmos e instrumentos en la liturgia. Sin embargo, existe una carta apostólica del año 1966 (Sacrificium Laudis), de la que no tenemos una versión en español, en la que se puede leer en italiano:

"Dalle lettere di alcuni di voi e da parecchie missive giunteci da varie parti siamo venuti a conoscenza che i cenobi o le province da voi dipendenti - parliamo solo di quelle di rito Latino - hanno adottato differenti modi di celebrare la divina Liturgia: alcuni sono molto attaccati alla lingua Latina, altri nell'Ufficio corale vanno chiedendo l'uso delle lingue nazionali e vogliono inoltre che il canto cosiddetto Gregoriano sia sostituito qua e là con canti oggi in voga; altri addirittura reclamano l'abolizione della lingua latina stessa.

Dobbiamo confessare che tali richieste Ci hanno non lievemente colpiti e non poco rattristati; e vien da chiedersi da dove sia sorta e, perché si sia diffusa questa mentalità e questa insofferenza in passato sconosciuta."

Alguno podría pensar que diez años después, Pablo VI había cambiado de ideas, pero encontramos que en abril de 1974 el Papa Pablo VI envió a todos los obispos del mundo un folleto de algunas de las selecciones más simples de canto gregoriano (Jubilate Deo). Según leemos en algunas partes, este folleto fue enviado con la intención de recordarles a todos los prelados del mundo la necesidad de conservar este legado, y de divulgarlo entre sus fieles (lo que justificaría la sencillez de los cantos elegidos). Una vez más parece que triunfaron las ideas de aquellos que lo que en realidad querían era "l'abolizione della lingua latina stessa." Una abolición que, dicho sea de paso, no estaba prevista en ningún sitio.
27/08/16 11:31 AM
  
antonio
Uno de mis hijos, conoce muy bien la misa tradicional, le gustan los niños, está muy formado,si dios quiere se recibirá de ingeniero agronomo, estudia,y por internet que se coloca, con el televisor, siempre escucha gregoriano, que por otra parte,aprende latín, aparte del inglés, y lo acompaña cuando estudia, es una verdadera belleza,Tranquiliza,la belleza!!!!!!!!Aparte juega al fútbol etc, como me gustaría que los jóvenes de la Iglesia, y de mi patria, pudieran gozar de esto, facilita la razón, y por lo tanto la libertad.

Estoy muy agradecido a ustedes, lo extrañaba mucho, es evidente, que aqui está la verdad.!!!!
27/08/16 11:40 AM
  
antonio
La liturgia es tan importante!!!!!!!!!!la Uniión con el SEÑOR, donde lo vamos a Encontrar, personalmente si no es en la EUCARISTIA!!!!!!!!Donde Contemplaremos Su Divino Rostro, lleno de Majestad,la Cara de Pedernal,sacada la Barba según las escrituras sino es en la EUCARISTIA!!!!
Y de ahi nace el amor, con hechos, no con palmadas, entre los hermanos, el amor al prójimo, fundamental, al bien común, a la Patria!!!!!! a la humanidad!!!!!!!!!!!
Donde nos prepararemos para la muerte, sino es con una liturgia, con toda la belleza.Como le agradeceremos a Dios tantos Dones, sino no con una liturgia, como corresponde!!!!!!
Con Cristo vencemos nuestros fariseismos!!!!!!SIN EL NADA!!!!!

Que Dios lo bendiga y lo haga con la Iglesia, con mi querida patria.
27/08/16 1:39 PM
  
Tulkas
Me expresé con poca precisión, pues no me refiero al Sacrificio sino a la forma ritual (Novus Ordo) y a la praxis habitual/dominical.

Desde la monición de entrada hasta los avisos (generalmente desde el ambón) es un chorro de palabras sin pausa, sin silencio, sin el Kyrios en el centro. Y si alguien piensa que no es así, que exagero o que caricaturizo, le invito simplemente a ir a una Misa con el Canon en silencio (Londres, buen lugar para un fin de semana --> Bromptom Oratory es lo que nos pilla mas cerca acá en España) y a ver cómo se le queda el cuerpo.

No basta con decir que el silencio en la Misa está muy bien, es muy espiritual y blablabla si en la práctica habitual vas a misa y lo único que se percibe es, precisamente, blablabla.
27/08/16 2:26 PM
  
josep
ante Dios, adoración y humildad.
27/08/16 3:35 PM
  
Jesús Fierro Bardají
Antonio: Escribe como si gritara, no sea que el lector se pierda alguna palabra: signos de admiración, mayúsculas y tildes donde se le ocurre. Por ejemplo: travéz en lugar de través (dos veces), "que de conversiones, como anduvierón los confesionarios". . . en vez de "¡qué de conversiones, cómo anduvieron los confesionarios!". . . Si sus opiniones están tan
comprobadas como su sintaxis ¿valen para algo?
27/08/16 6:29 PM
  
Raul Ramos
Interesante tema. Yo estoy por cumplir 51 años. Recuerdo vagamente las misas en mi niñez, pero aun recuerdo que las misas eran mas solemnes y el canto era muy católico. Sin embargo veo que con los años eso va cambiando y actualmente la misa se ha vuelto un evento alegre, lleno de ruido y cada vez menos espiritual. El grave problema es que los sacerdotes procuran acortar las misas, les gusta ese ambiente poco solemne y no muestran interés por que se modifique. Muestran menosprecio por el gregoriano y el canto mas fino y delicado y prefieren LO QUE A LA GENTE LE GUSTA. Repiten y crean oraciones y no rezan las misas.....solo repiten. Y por otro lado, los párrocos tratan de aliviar sus cargas poniéndolas en los hombros de los laicos y no se meten en nada, dejando que ellos decidan como y que cantar o como llevar la liturgia. Ademas, no hay una escuela de formación a nivel de las parroquias o diosesis. Creo que el problema inicia con la iglesia y termina en el pueblo mal formado. Ojala un obispo se faje los pantalones y con toda autoridad corrija los errores. La iglesia debería iniciar verdaderos SEMINARIOS PARA LAICOS , y dar formación teología y litúrgica accesible a todo el pueblo.
27/08/16 7:20 PM
  
Alex Salas
Magnífico Artículo, de aquí saldrán tres charlas tipo taller para el comité de liturgia (Cantores) en la Arquidiócesis a la que pertenezco. A ver si se van quitando tantas Ñoñerias en las misas.

27/08/16 11:42 PM
  
Daniel
Albert L:

Sí que sería posible formar coros gregorianos en muchas parroquias, si de verdad se quisiera. Pero creo que el obstáculo principal para ello reside en que, en España, no hay prácticamente en ninguna parte músicos profesionales contratados, al servicio de una iglesia (con la salvedad de algunas catedrales). En otros países europeos no es así: la iglesias -por pequeñas que sean- tienen contratado a su organista y/o director profesional. De hecho, en Alemania, en los conservatorios existe la especialidad de "Kirchenmusik". Pero el problema en España es que la música no interesa, no es una prioridad, por desagracia. Y por ello, el amateurismo ha hecho mucho mal. Si no dejáramos la música sacra en manos de aficionados con solo buena voluntad, no veríamos aporreadores de guitarras en nuestras misas.

En cuanto al tema de la música grabada, creo que no es muy buena idea. Personalmente, considero que siempre va a ser mejor producir en el momento y en el acto la música. Porque la música que cantamos o tocamos en directo es oración nuestra puesta en música. Pero escuchar un cd de terceros, por muy bello que sea, creo que no entronca en el espíritu de la liturgia.

También aprovecho para comentar que no es tan difícil cantar repertorio gregoriano básico. Para el Ordinario de la misa, basta con empezar con una de las misas del Kyrial, como pueda ser la VIII (de Angelis) o la XVIII, que son algunas de las más conocidas. Y en cuanto al Propio (que, aunque, desgraciadamente, en el 99,99% de misas se omita, debería cantarse, ya que forma parte de la liturgia y es un elemento de larga tradición y que aporta un gran enriquecimiento), si bien es cierto que puede llegar a ser muy complejo (sobre todo teniendo en cuenta que cada domingo es diferente), hay una opción muy sencilla que consiste en cantar los textos del Propio utilizando la recitación en uno de los ocho tonos salmódicos. Si empezamos un coro gregoriano así, poco a poco las cosas pueden ir mejorando y complicándose. ¡Y quién sabe si algún día llegaremos a poder cantar el Graduale Romanum entero! ¡Lo que hace falta son ganas!
28/08/16 1:05 AM
  
P.VICTOR
Y si echaran una ojeadita al nuevo misal romano que empezamos a usar en mexico se daran cuenta del destrozo que han hecho de las oraciones de la misa,segun con el pretexto de que se hiciera mas entendible.Yo creo que la finalidad del mal espiritu que animo a los que revissaron y edtaron el nuevo misal era mas bien hacer que nadie entendiera porque son ridiculas y grotescas las construcciones gramaticales en muchas oraciones.Tanto que prefiero mil veces seguir usando el misal "viejito".Y me duele que nuestros obispos no digan nada,
28/08/16 1:13 AM
  
Efrain H M
Que mas quisiera que este mundo cambiara y que el canto mejore y le demos mas tiempo y solemnidad a la santa.misa.
Y que hacer? yo llegue a pensar que hay que proponer que permita la iglesia o las autoridades eclesiasticas, que haya una misa al menos, como debe ser al dia. pero no se si se pueda.
saludos
28/08/16 5:53 AM
  
Tulkas
La única manera de que laMisa vuelva a estar centrada en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo es que se vuelva a una participación en la misma que implique también al cuerpo y a la inteligencia y a la voluntad, y no sólo a la imaginación.

La imaginación se ha convertido en la única facultad humana a la que se dirige el rito Novus Ordo.

Las misas por lo general exigen del feligrés que se imagine delante de Dios, se pretende impresionar a la "loca de la casa" con moniciones, vernáculas, recitando plegarias eucarísticas en vez de siñencio (este verano he descubierto una que nunca antes había escuchado, ¿cuántas son en realidad?), cantosvque sustituyen al Propio... todo para despertar la imaginación.

Peor que el antropocentrismo: el fantasiocentrismo.

Antropocentrismo + celebrantecentrismo + asambleocentrismo + fantasiocentrismo
= Novus Ordo.

¿Cómo va a caber aquí el gregoriano???

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RdT:
Conozco y aprecio mucho el rito tradicional, pero la verdad es que no veo cómo se puede sostener eso que dices del intelecto y la imaginación.

Si algo tiene el rito reformado es que permite una mayor implicación del intelecto, porque permite a quien no entiende el latín -que por triste desgracia es la apabullante mayoría de nuestros contemporáneos- sumarse con todas sus potencias intelectuales a las oraciones, entender los conceptos, relacionarlos, dejarse invadir y configurar por ellos, y mover así su voluntad en conformidad con ellos. Es precisamente el estilo clásico cristiano, que explico en el artículo.

La imaginación es el único recurso que queda cuando lo que la persona tiene delante de sí es, primero, una lengua desconocida, y luego el silencio. Ahí es más difícil que se active el intelecto salvo apoyándose precisamente en la imaginación. Y de ahí que haya sido tan frecuente que los fieles hayan tenido que buscarse la vida con devociones paralelas durante la misa, y que incluso la música haya tenido que cumplir esa función. Por una parte en las misas rezadas, en las que el órgano/armonio sonaba casi de continuo, y también en las solemnes, cuando por ejemplo el kyrie era muy largo porque estaba pensado para acompañar todo el rito inicial, dando por omitido el canto del introito propio, como fue práctica habitual durante largo tiempo. O cuando se cantaban motetes o se tocaba música durante el Canon, para apoyar a la imaginación en la creación de imágenes congruas con el momento, ya que de nadie se esperaba que activase el intelecto apoyándose en el silencio. Los gestos, la música, no apelan al intelecto, sino a la imaginación, por su carácter de símbolos.

Los misales bilingües palian esta falta de implicación del intelecto de modo parcial. Por ejemplo, en la misa cantada es habitual que el sacerdote empiece con el Te igitur clementissime Pater mientras todavía se sigue cantando el Sanctus. De modo que, el fiel, si como debe ha estado atendiendo al Sanctus, se ve obligado a empezar con retraso su lectura del canon, y si el celebrante lo dice rápido, es más que posible que el fiel se quede colgado de la brocha cuando escuche el Per omnia saecula saeculorum.

Por otra parte, ¿A qué debe hacer caso el fiel, a los cantos propios del Introito y Ofertorio, o a las oraciones privadas -bellísimas por cierto- que dice el sacerdote en ese mismo momento? En principio, lo suyo es que atienda a los primeros. ¿Que hay del intelecto en las otras?

No hay manera de que el intelecto se active con normalidad cuando apenas tiene conceptos a los que adherirse, salvo que… la imaginación le permita situarse en el Calvario, etc.

Todo esto que digo no es una crítica al rito tradicional ni mucho menos. De hecho, creo que es posible considerarlo como una opción muy válida en la práctica, en la vida real, fuera del mundo de ideas y proyectos de círculos especializados de liturgia, etc.

La reforma litúrgica, como digo en el artículo, es el resultado del movimiento litúrgico, que buscaba recuperar precisamente la centralidad de la inteligencia que caracteriza a la espiritualidad litúrgica, que era la espiritualidad de los siglos cristianos. Pero esto presupone, precisamente, una actividad intelectual: prestar atención a todas y cada una de las oraciones y lecturas, comprenderlas, etc. Es precisamente este “reto” intelectual -llamémoslo así ya que tú has aludido al intelecto-, el que plantea grandes dificultades aún hoy en día.

Aunque se diga todo en la lengua vernácula, no dejan de percibirse fortísimas dificultades en muchas personas para asimilar el lenguaje bíblico especialmente del Antiguo Testamento y los Salmos, así como para asimilar las oraciones colectas, de ofertorio, etc. algo teóricamente fácil por su brevedad, pero que precisamente requiere poner el intelecto por delante de la imaginación, porque suelen ser muy densas y ricas de conceptos.

En fin, al contrario de lo que defiendes, es en el rito tradicional donde se presupone una menor actividad del intelecto, y hay una llamada clara a la imaginación y la fantasía por medio de símbolos, gestos, etc.

Lo cual no digo que esté mal, que quede claro.

Yo soy de los que piensan, en la línea de Benedicto XVI y del actual Prefecto de la Congregación del Culto Divino, cardenal Sarah, que el Novus Ordo necesita con urgencia la aportación de diversos elementos del Vetus Ordo.

Al igual que el Vetus Ordo se vería beneficiado, por ejemplo, con un leccionario más amplio y mejor ordenado, como sin duda es el Leccionario del Novus Ordo.

Pero si hablamos de actividad del intelecto, es sin duda en la liturgia reformada donde, si el celebrante no boicotea la celebración con morcillas de cosecha propia y se ciñe a obedecer al misal, el intelecto puede movilizarse de modo más perfecto, y según el justo orden de las cosas, la voluntad puede activarse rectamente después.



28/08/16 4:25 PM
  
Palas Atenea
Es curioso, a los guaraníes les encantaba la música barroca y el cardenal van Thuan enseñó a cantar en latín a sus propios carceleros, a los que, por lo visto les encantaba la Salve en sus numerosas variantes.
28/08/16 9:16 PM
  
José María Iraburu
Totalmente de acuerdo, Raúl.
Gracias. El Señor está contigo.
29/08/16 10:45 AM
  
Tulkas
No lo veo así porque el núcleo de la cuestión es si hay un algo objetivo de referencia y si los signos son o no son estables.

Si hay una objetividad de referencia y una estabilidad de los signos, el primer interpelado es el intelecto.

Que en el Novus Ordo no hay una estabilidad de los significantes está claro. ¿Si las misas son un Lego a base de piezas intercambiables que cada uno puede ensamblar a su gusto?

En segundo lugar hay una depauperización de significantes. Pongamos que hay un Introito. Entonces será más o menos conveniente que el celebrante lo diga en voz baja o no. Poco importa, los fieles atendían los ritos de entrada de rodillas, y lo que al intelecto no le entra por el oído le entra por las rótulas. Actualmente ni Introito, ni silencio ni rodillas.

Pongamos que recito el Credo. "Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est". Esto se tarda en decir 3 segundos. Hace falta una reflexión voluntaria sobre las palabras para inteligirlas, reflexión más difícil cuanto más rutinarias sean. Ahora bien, si cada vez que las digo me arrodillo, concentro en un instante mi atención en una objetividad concreta.

Así posdríamos desgranar punto por punto todo el rito.

Pretender que la misa sea inteligible por el mero uso de la vernácula es como pretender que las sonatas para Viloín de Bach se van a hacer populares entre los adolescentes si se las interpreta en una guitarra eléctrica.

Escribo desde un movil y no puedo puntualizar más.
29/08/16 1:37 PM
  
Fray Nelson
Muy iluminador el análisis sobre cuánto se banalizó la liturgia en general y la música sacra en particular con el cambio modernista en la concepción del tiempo, convertido en un "recurso," y el cambio del sujeto, que ya no es más la Iglesia sino el individuo.

Otros puntos en cambio son susceptibles de ser sustancialmente completados o debatidos:

1. El canto gregoriano implica una formación extensa y profunda que suele situarse más allá de las capacidades musicales de la mayor parte de los seglares, y aún de muchos religiosos. Si bien es cierto que la escucha puede ser un modo muy alto de participación, la doble carencia de fluidez en la latín y de técnica en el gregoriano tenía que ocasionar lo que ocasionó: un progresivo distanciamiento de los tesoros litúrgicos, dejando al común de la gente con unas cuantas melodías reconocibles: Misa De Angelis, Salve Regina, Tantum ergo... No es poco pero tampoco es suficiente.

2. Otro aspecto digno de analizar sería este: ¿por qué en ciertos movimientos eclesiales resurge el gusto por una liturgia sin prisas, en clave ajena a la tradición polifónica y gregoriana? Estoy pensando en el camino neocatecumenal y también en las prolongadas vigilias de la Renovación carismática. ¿No está ahí el también Espíritu ayudando y animando la oración de los fieles?
29/08/16 6:31 PM
  
Raúl del Toro
Estimado Fray Nelson, muy contento de verle por aquí.

Sobre el punto 1: Realmente en el artículo no he tratado de hacer una propuesta directa respecto al canto gregoriano. Tengo experencia casi cotidiana de las grandes dificultades que se dan para insertar al gregoriano en su ámbito propio, el de la liturgia, trascendiendo su aspecto de mero fenómeno estético, musical, cultural, de evocación, etc.

Ciertamente el latín es un obstáculo no pequeño, pero creo que la dificultad mayor es la de comprender y asimilar el lenguaje bíblico, especialmente del Antiguo Testamento. De hecho, la dificultad del latín no desaparece ni siquiera proporcionando la traducción de los textos, por la incomprensión del texto incluso en la propia lengua. Más que el idioma creo que el problema tiene que ver con la espiritualidad cultivada de modo predominante por lo menos en los últimos 100 o 200 años o más, basada en textos devocionales, pero muy desconectada de la Escritura y las fuentes litúrgicas. Para corregir lo cual se hizo la reforma litúrgia posterior al Vaticano II, principalmente.

Es cierta sin duda la dificultad de algunas melodías gregorianas, sobre todo de aquellas que nacieron desde el principio para la schola o grupo de cantores más especializados. Pero también hay melodías más sencillas, por el ejemplo para el Ordinario, o las del Graduale Simplex, que fue editado después del Vaticano II precisamente para solventar este problema.

Sobre el punto 2: Tiene razón en que hay que observar con interés los fenómenos que indica. Tengo noticias relativamente cercanas de los dos ámbitos que usted cita, y ciertamente los frutos son innegables.

Ahora bien, por un parte, cabría preguntarse por una parte si la expresión musical que se da en ellos está en el núcleo de su carisma y espiritualidad, o si simplemente se deriva de las circunstancias geográficas y culturales en que se vienen desarrollando, y en consecuencia podría ser objeto de reforma llegado el momento oportuno, como ha pasado otras veces en la historia de la Iglesia.

Por otra parte, hay un hecho que en algún momento hay que afrontar: la Iglesia ha mantenido una enseñanza constante sobre la música que debía usarse en su liturgia. Es una enseñanza suficientemente firme, prolongada y constante como para dejarla de lado sólo por consideraciones sociológicas, pastorales o de otro tipo. Esta enseñanza tiene una idea central, que es la distinción clara entre la música empleada en la liturgia respecto al estilo profano. El gregoriano se presenta siempre como la referencia insoslayable, pero no como la única música posible, siempre que la música que le sustituya se le parezca, y siga su modelo. Esta similitud expresamente es la primacía de la letra sobre la música, y el rechazo de los giros musicales que se asemejen a los usados fuera del templo.

Naturalmente, esta ha sido una batalla constante, con multitud de escaramuzas, y muchas veces se ha hecho la vista gorda respecto al incumplimiento de lo establecido. Incluso cuando el motu proprio de San Pío X la polifonía recién redescubierta era calificada como "murga" y "monserga" (sic) desde sectores no pequeños del propio clero de entonces, acostumbrados al estilo profano derivado de la ópera italiana. Pero lo que nunca se ha hecho es negar la vigencia de las disposiciones doctrinales de siempre.

En todo caso, todo esto se refiere a los actos litúrgicos en los que el sujeto es más claramente la Iglesia en cuanto tal, con la necesidad que ello conlleva de universalidad de los signos, correspondencia con la tradición, etc.. En otro tipo de actos como los que usted cita quizá no tenga porqué ser de aplicación estricta, si es para bien de los que participan.
29/08/16 8:52 PM
  
Tulkas
Los signos no tienen por qué ser susceptibles de una inteligibilidad inmediata, y de hecho prácticamente nunca lo son. En la vida cotidiana asumimos que los signos tienen una inteligibilidad mediata y dependiende de una explicación previa, desde un semáforo o las señales de tráfico hasta una lengua extranjera o un lenguaje informático.
Incluso las parábolas del Kyrios se pronunciaban pqra que muchos no entendieran.
En la Iglesia antigua se despedía a los catecúmenos em determinado momento.

La pretensión de los sabios inventores del Novus Ordo de crear un rito de inteligibilidad inmediata ha derivado en multitud de dialectos litúrgicos en última instancia incompatibles e ininteligibles excepto para sus inventores y afines. Las menciomadas liturgias de los kikos y de los carismáticos son la quintaesencia de lo que digo: ininteligibles excepto para ellos.

La diferencia estriba, creo yo, en que los signos de la Misa Tradicional son naturales (con influencia cultural si se quiere, pero tan sublimados que son naturales) mientras que los del Novus Ordo (que en esencia carece de ellos), son artificiales. Los primeros no son de inteligibilidad inmediata, pero su comprensión básica hace que su reiteración sea siempre instructiva, su eficacia viene de su contemplación y no de su definición.

Yo no niego que hacía falta una reforma litúrgica, pero al contemplar la que tenemos sólo se me ocurre con el salmista que "al tiempo de la cura sucede la turbación".
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RdT:
El Vetus Ordo es más rico en simbología metaverbal. De acuerdo, no hay duda. Repito que me cuento entre los que reclaman una mayor influencia del Novus en este sentido.
Pero las palabras, cuando están, están para entenderlas.
Y con esto cerramos el tema Vetus/Novus que, una vez más, no era ni mucho menos el tema del artículo.
30/08/16 2:09 AM

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