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15.06.14

(41) ¿La SantísimaTrinidad realmente “importa”?

vitralTrini

No quisiera que termine este día sin retomar hoy una frase de Néstor Martínez en respuesta a un comentario en su último post, que hoy me parece que viene muy a propósito en la Solemnidad que celebramos:

Una cosa que llama la atención es cómo nos resistimos a aceptar que en el Infierno existe la pena del fuego eterno, y con qué facilidad aceptamos que existe allí la pena de la pérdida de la visión de Dios. Una mirada apenas un poco maliciosa podría concluir que en realidad lo que nos produce preocupación es lo primero, no lo segundo.
Debería ser en todo caso al revés, y deberíamos preferir la visión beatífica en medio de las llamas eternas que atormentasen nuestro cuerpo resucitado, a la ausencia tanto del fuego como de la visión divina en un “infierno” que si bien en sí sería de todos modos espantoso, es de temer que a muchos contemporáneos les sonaría bastante aceptable.

Y claro, ¿cómo evitar suficientemente aquello que nos aleja de lo que NO esperamos? ¿Cómo esperar un Cielo del que nadie predica si únicamente miramos “hacia el suelo”?; ¿cómo ansiar una Visión que nadie anuncia como posible, deleitable y perfecta?

Siempre me ha horrorizado con cuánta facilidad, no digo entre católicos “de a pie” y en el terreno “pastoral”, sino incluso en el ámbito académico (teología, ciencias sagradas) y catequístico, se viene  insistiendo hace unas décadas en la aparente “intrascendencia” (sic!) que tendría para nuestra vida de fe la meditación y hasta el posible conocimiento del misterio de la Ssma. Trinidad considerado en sí mismo. Este misterio insondable que es la piedra basal de la fe verdadera en que somos salvados, se ha llegado a considerar “inútil”, poniendo el acento en cambio en la “Trinidad económica”, es decir, la Trinidad en cuanto manifestada en la historia mediante las misiones divinas. Éstas (Creación, redención y santificación) son temporales, y tienen que ver con nuestra salvación.   Hay por supuesto, una profunda unidad entre ambas, pues es Dios mismo -Uno y Trino- quien se ha revelado manifestándonos su Amor, pero ello no significa que independientemente de su relación con nosotros, el Misterio de Dios deba ser prácticamente desechado de la transmisión ordinaria de la fe. Y sin embargo, hoy es frecuente comprobar el profundo desinterés de catequistas, sacerdotes y teólogos, en la predicación del misterio trinitario. A lo sumo, lo que se suele repetir sobre él, es que es un misterio tan insondable, que ni por asomo podemos vislumbrarlo, y así, en vez de exceso de luz, parecería que un misterio es una inmensa oscuridad…

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