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6.04.08

Aportación de la Iglesia Católica a la democracia en España (y IV)

A las 10:20 AM, por Mons. Sebastián
Categorías : General

CONCLUSIÓN

Tras este recorrido por los escritos y los acontecimientos más importantes de aquellos intensos años de la transición, podemos intentar resumir en unas cuantas afirmaciones lo que pudo ser la aportación de la Iglesia a una transición política pacífica y reconciliadora.

Quiero señalar aquí dos observaciones previas.

1ª, Conviene reconocer desde el principio que en lo que atribuyo a la Iglesia católica no pretendo hacerlo de manera exclusiva. Es evidente que, junto con la Iglesia, otras muchas instituciones y personas, católicas o no, trabajaron esforzadamente en la misma dirección, posponiendo sus puntos de vista y sus intereses particulares al objetivo común de la reconciliación y del establecimiento de unos fundamentos sólidos para la paz y la convivencia de todos los españoles.

2ª, Tiene un significado especial recordar que las aportaciones de la Iglesia a este fenómeno de la transición política no fueron únicamente de la Iglesia de España sino de la Iglesia universal. La catolicidad es una riqueza interior de todas las Iglesias locales. Habría que recordar los famosos discursos de Pío XII a favor de la democracia en Europa, las iniciativas políticas de grandes cristianos que pueden ser considerados como padres de la Europa democrática, como Adenauer, Schuman, De Gasperi.

Intentaré enunciar de manera resumida las principales aportaciones que pudo hacer la Iglesia católica presente en España a la transición política.

1) La primera aportación de la Iglesia en aquellos años decisivos fue la aceptación decidida del tránsito pacífico a la democracia como el modo más apto de organizar la vida política del país, a costa de renunciar a todos los privilegios jurídicos y sociales de los que había disfrutado en el régimen anterior y en muchos siglos de su historia, situándose en el marco de las libertades comunes, sin privilegios ni discriminaciones.

2) Esta decisión le permitió moderar las tendencias extremistas de algunos católicos para los que la democracia aparecía entonces como una forma de vida poco compatible con el catolicismo tradicional. De estos grupos surgieron muchas de las tensiones y dificultades que la Iglesia tuvo que soportar en aquellos años, acusaciones, divergencias, amenazas. Todavía resulta estremecedor el grito de “Tarancón al paredón” que tuvimos que oír durante el entierro del Almirante Carrero Blanco. Seguramente hubiera sido suficiente una complacencia de la Iglesia con los grupos fundamentalistas, muy bien situados en zonas de poder y de influencia, para que la transición pacífica hubiera resultado imposible.

3) El aislamiento de estos grupos extremistas y minoritarios, digamos que de derechas, hizo posible que los grupos más radicales de izquierda, que también existían, quedaran también aislados y se difundiera en el conjunto de la sociedad el deseo sincero de lograr un acuerdo general que permitiera y fundamentara la convivencia pacífica de todos los españoles.

4) Me parece justo afirmar que la Iglesia, la Iglesia de España y la Iglesia universal que se había expresado en el Concilio Vaticano II, tuvo mucho que ver en el espíritu de reconciliación, encuentro y consenso que se apoderó de la sociedad española como un verdadero paso del Espíritu del Dios de la paz y de la vida. La Iglesia, la inmensa mayoría de los españoles, católicos y no católicos, las organizaciones e instituciones del más variado signo, todos estuvimos de acuerdo en cerrar el capítulo de los pasados enfrentamientos dando primacía al perdón sobre cualquier intento de pedir responsabilidades o desatar los instintos de revancha y de venganza. Teníamos la oportunidad de comenzar un capítulo nuevo de nuestra historia en el que todos, sin renunciar a nuestras convicciones y nuestra propia identidad, pudiéramos vivir y convivir en libertad, justicia, respeto y solidaridad. Tendríamos que preguntarnos si, al cabo de 25 años, no estamos poniendo en peligro aquel gran movimiento de integración y solidaridad nacional de cuya fecundidad nació un hermoso período de paz y prosperidad.

5) Con todo ello la Iglesia contribuyó singularmente a la superación de la división entre españoles y la superación de lo que se había llamado “las dos Españas”. La sincera aceptación de la democracia le permitió a la Iglesia entrar en conversaciones directas con organizaciones y partidos políticos con los que no había tenido nunca una relación directa y que habían mantenido una actitud fuertemente hostil hacia la Iglesia desde los años de la IIª República, durante la Guerra civil y en la mayor parte del tiempo del régimen franquista.

6) De este modo pudimos superar agravios, aclarar malentendidos y fomentar una comunicación que no había existido nunca. Esta labor fue especialmente intensa con el Partido Comunista y con el PSOE, a la vez que con los sindicatos CC.OO. y UGT. Fueron estos contactos los que permitieron hacer real y eficiente la voluntad de consenso, la recomposición de la unidad de la sociedad, superando las actitudes excluyentes que habían sido la ruina de la sociedad española desde 1930. No es exagerado decir que la Iglesia española, junto con las instituciones políticas y sociales del momento, vivieron desde 1975 hasta 1985 una voluntad de reconciliación, integración y convivencia que fue un verdadero kairós, para los cristianos una verdadera gracia de Dios, y en todo caso fue y sigue siendo el verdadero fundamento de la implantación de la democracia y de la consiguiente prosperidad del pueblo español en estos últimos 30 años.

7) La Constitución española se edificó sobre un acuerdo nacional de cinco componentes: acuerdo entre revolución y tradicionalismo, entre socialismo y capitalismo, acuerdo entre centralismo y nacionalismo, entre monárquicos y republicanos, entre catolicismo y laicismo. La Iglesia española impulsó decididamente y facilitó el avance en estas cinco líneas de acercamiento y consenso, muy especialmente en el acuerdo de convivencia entre católicos y laicistas. El recurso al Estado no confesional fue realmente el resultado de un acuerdo entre laicistas y católicos, con la ayuda y la inspiración del Vaticano II. Algunos no querían aceptar una Constitución en la que se había excluido la mención de Dios, a diferencia de lo que ocurre en casi todas las Constituciones existentes. En su gran mayoría, los católicos aceptaron la Constitución, renunciando a algunas de sus legítimas aspiraciones, como una verdadera transacción a favor de la convivencia y de la paz. No es exagerado decir que en aquellos momentos la Iglesia católica, con la asistencia del Espíritu de Dios, de manera oficial, desde la Santa Sede y la Conferencia Episcopal, pero también con la intervención de numerosos sacerdotes, la actuación de muchos cristianos que estaban presentes en las instituciones políticas y en otros muchos puestos de responsabilidad, y la mayoría del pueblo cristiano, supo ser para el conjunto del pueblo español un verdadero fermento de perdón, de reconciliación y de paz. Era su deber.

8) Otro servicio importante de la Iglesia a la transición democrática consistió en preparar militantes que con unas actitudes positivas de integración y de paz intervinieron en muchas iniciativas sociales y políticas. Las instituciones y organizaciones de la Iglesia colaboraron intensamente a la formación política de muchos ciudadanos. Basta recordar la labor de los Propagandistas católicos, la AC, especialmente de la HOAC, Vanguardias Obreras, Congregaciones Marianas, Universidades católicas como la Pontificia de Salamanca y Comillas, la labor callada y a veces hasta arriesgada de muchos sacerdotes y seglares en la vida parroquial y en miles de asociaciones dispersas por todos los rincones del país. En los primeros momentos de la transición, de las asociaciones de la Iglesia salieron militantes para los partidos de derecha, centro e izquierda, y para los diversos sindicatos. La fuerza espiritual de la Iglesia en aquellos años del posconcilio y de la transición se concretó en actitudes de perdón, reconciliación, revisión de posturas tradicionales y aceptación generosa de los cambios, esperanza y fortaleza para acometer nuevas empresas y asumir prudentemente los riesgos inevitables.

9) A pesar de la importancia de todo lo dicho, la más importante aportación de la Iglesia a la democracia, entonces como ahora, es la educación de la conciencia de millones de ciudadanos en aquellos valores que son el fundamento moral de la convivencia en libertad y justicia, base i9nsustituible de la democracia. La Iglesia no interviene directamente en la política ni se identifica con ningún partido, pero si interviene indirectamente clarificando y fortaleciendo la conciencia de sus miembros para que ejerzan su derecho al voto con responsabilidad, para que allí donde estén actúen siempre con justicia y antepongan el bien común a los intereses particulares y partidistas.

En resumen, parece del todo justo decir que en el momento de la transición política la Iglesia española supo estar presente en el proceso y a la vez respetar la plena autonomía de las instituciones civiles y políticas, defendiendo el pleno reconocimiento de los derechos de los ciudadanos, fomentando la reconciliación de todos los españoles y la superación de todas las heridas y las discriminaciones provenientes de la guerra civil, renunciando a sus privilegios, ajustándose a las leyes comunes del Estado de derecho, limitándose en sus actuaciones a las actividades propias de una sociedad religiosa. De esta manera se iniciaba una nueva forma de estar la Iglesia en la sociedad española, un nuevo estilo de relaciones entre Iglesia y Estado, sin menoscabo de la autonomía del Estado ni de la plena libertad de la Iglesia.

Se podía pensar que este proceder de la Iglesia traería la desaparición del anticlericalismo en la vida española. Y así fue durante algunos años. Luego, inexplicablemente, hemos visto surgir de nuevo los conflictos, han aumentado las distancias, de tal manera que algunos tienen la sensación nada tranquilizadora de que la situación actual se va pareciendo demasiado a la de los años 30.

Pasados los años de la transición, los Obispos españoles han seguido manteniendo las mismas opciones y el mismo rumbo. En 1986 publicaron un importante documento, Constructores de la paz, en el que además de manifestar de manera inequívoca su compromiso en contra de la violencia terrorista, se declaraban defensores decididos de la convivencia pacífica y solidaria en el seno de una sociedad democrática. De este documento son estas expresiones: “Que el perdón y la magnanimidad sean el clima de los nuevos tiempos” y “En este esfuerzo de conciliación y y convivencia los católicos tenemos una gran responsabilidad. El gran peso sociológico de la Iglesia en España hace que sus actitudes y las de los católicos en relación con los problemas sociales adquieran necesariamente una gran importancia moral y política… siendo fundada en el respeto, el diálogo, la colaboración y la convivencia

Más tarde, en 1996, después de la polémica desatada con ocasión del documento “La verdad os hará libres”, los obispos publicaron un texto titulado “Moral y sociedad democrática”, en el que muestran su manera de entender su compromiso con la democracia y las instituciones políticas del país. La Iglesia no puede ni debe entrar en la lucha política y partidista. Su misión es anunciar el evangelio de Jesucristo a todos los hombres y ayudar a sus fieles a vivir santamente según su vocación en el conjunto de su vida real, personal, familiar y social. A partir de este servicio a las personas, la Iglesia tiene el deber y el derecho de iluminar moralmente también las cuestiones sociales y políticas que forman parte de la vida del hombre y respecto de las cuales los propios ciudadanos católicos tienen que pronunciarse y actuar conforme a su recta conciencia. De esta manera está en condiciones de ofrecer permanentemente al conjunto de la sociedad, en un clima de libertad y respeto, unas referencias morales que, en la medida en que sean libremente aceptadas por los ciudadanos, podrán ayudar el desarrollo de la libertad y a la consolidación de la vida democrática. “La Iglesia reconoce y estima el modo democrático de organización de la sociedad según el principio de la división de poderes que configura el Estado de derecho”. “Tenemos que rechazar la acusación de que la Iglesia, cuando propone su doctrina sobre la verdad del hombre y la vida moral, sea un peligro para la democracia y aliada, incluso promotora del fundamentalismo

Los católicos españoles de 2008 seguimos queriendo vivir como una Iglesia libre en el marco de las libertades democráticas de un Estado de Derecho, queremos contribuir lealmente al bien común de nuestra Patria, sólo pedimos ser aceptados dentro del orden democrático con los mismos derechos que los demás, sin que las críticas o los disentimientos sean utilizados por nadie para acusarnos como servidores del PP, nostálgicos del franquismo, enemigos de la libertad y del pluralismo, extraños y nocivos dentro del sistema democrático.

Nos oponemos a la imposición de un Estado laico y mantenemos el valor de un Estado aconfesional, tal como viene descrito en nuestra Constitución, porque nos parece que la opción laicista del Estado resulta anticonstitucional, impositiva y poco apta para respetar y favorecer la el ejercicio de la libertad religiosa de los ciudadanos. La “sana laicidad” o la “laicidad positiva” del Estado, de la que ha hablado repetidas veces el Papa Benedicto XVI, coincide con lo que nosotros entendemos por un Estado aconfesional. Es decir, un Estado que se mantiene neutral ante las diferentes religiones profesadas por los ciudadanos, pero que respeta integralmente su libertad en materia, tanto en los aspectos personales como en los institucionales, y considera la vida religiosa y moral de los ciudadanos como un bien perteneciente al bien común que merece ser positivamente protegido por el Estado sin discriminaciones de ninguna clase.

Si por Estado laico se entiende el desconocimiento público de la vida religiosa de los ciudadanos, la negación a los católicos y a la Iglesia de su derecho a opinar sobre los asuntos políticos que afectan al bien moral de la sociedad, como es por ejemplo, el tratamiento legal de la familia, del respeto a la vida de los no nacidos, etc. nos parece que esta opción, además de no ser la que está descrita en la Constitución, resulta impositiva, autoritaria y discriminatoria. En ella se desconoce la dimensión religiosa del hombre como parte del bien común que el Estado debe proteger y favorecer, se ignora la fe cristiana o la religiosidad de los ciudadanos (muchos o pocos) y se impone una determinada ideología que en vez de proteger la libertad religiosa de los ciudadanos, la restringe y dificulta. Nos parece más justo un Estado aconfesional, tal como está descrito en nuestra Constitución, que no es beligerante en materia religiosa, pero considera la libertad religiosa de los ciudadanos como parte del bien común que el Estado debe proteger y favorecer, ayudando realmente a los ciudadanos a vivir en igualdad y libertad sus preferencias, decisiones, y manifestaciones, en la vida religiosa como en otros muchos órdenes de la vida social, artística y cultural. De otra manera es imposible tener en cuenta y hacer justicia a lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo en la vida cultural y social del pueblo español.

Los católicos españoles pensamos que viviendo sinceramente el mensaje de Jesucristo, anunciando su evangelio con libertad y fidelidad, ejerciendo lealmente la crítica de cuanto nos parezca contrario al bien común moral, dentro del respeto a las instituciones democráticas, al amparo de un reconocimiento efectivo de la libertad religiosa como derecho básico de todos los ciudadanos, contribuimos lealmente al bien de la sociedad entera, también a la consolidación de la convivencia en libertad y al buen funcionamiento de las instituciones democráticas de nuestra sociedad.

La Iglesia se siente obligada a ofrecer a todos los ciudadanos, en pleno respeto a la verdad y a la libertad, la salvación de Dios y está segura de que haciéndolo así, directamente y por medio de sus miembros, colabora también de manera singular al bien temporal de la sociedad. Así intentó hacerlo en los años de la transición política y así lo seguirá haciendo en adelante, con la ayuda de Dios, tanto en tiempos de bonanza como en tiempos de dificultades.

La vida democrática necesita contar con un patrimonio moral, aceptado libremente por el conjunto de la sociedad, que oriente el ejercicio de la libertad de los ciudadanos y el ejercicio de la autoridad de los gobernantes, en un marco cultural y antropológico común. Estas referencias y convicciones morales de los ciudadanos y de la sociedad no nacen de las instituciones políticas, ni son competencia suya, sino que son patrimonio de la sociedad, fruto de una historia en la cual, incesantemente, los hombres de pensamiento, las instituciones culturales y religiosas y la misma experiencia histórica de la población han ido acumulando un patrimonio espiritual y moral que ilumina, sostiene y estimula la libertad de los ciudadanos en una búsqueda convergente de prosperidad y de paz. No son las instituciones políticas las que han de alimentar la vida moral de la sociedad, sino más bien la sociedad, con todos sus componentes históricos y reales, incluida la Iglesia y los cristianos, la que alimenta su patrimonio moral y fecunda moralmente las instituciones políticas y las actuaciones de los políticos. Respetar y proteger este protagonismo cultural y religioso de la sociedad es indispensable para poder hablar de un talante tolerante y democrático.

Sin ninguna pretensión de exclusividad ni de monopolio, la Iglesia española quiere contribuir al enriquecimiento de la sociedad y al bien moral de los españoles, pudiendo intervenir libremente con sus enseñanzas y pronunciamientos en el dinamismo cultural y espiritual de nuestra sociedad. Anunciar el Evangelio de Jesucristo y ofrecer a la sociedad entera todos los bienes culturales y morales que de él se derivan son los dos grandes servicios que la Iglesia española quiere seguir ofreciendo a sus conciudadanos en la nueva situación con la máxima lealtad y fidelidad.

Málaga, 06 de abril de 2008

+ Fernando Sebastián Aguilar

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24 comentarios

En general, sigo estando de acuerdo con usted, Monseñor. Especialmente en lo relativo a la aconfesionalidad del Estado.
A mí no deja de chocarme la nostalgia que algunos tienen del estado confesional, casi considerándolo algo fundamental para la recta vida de los cristianos. En mi opinión, no tiene mucho sentido que un Estado sea confesional si la sociedad no quiere que sea confesional. Y creo que los católicos que hoy añoran un Estado confesional se equivocan. No me parece que el medio más conveniente para propagar la fe sea la acción política o la configuración del Estado. A este y a aquella cabe exigirles que actúen buscando el bien común y respetando la ley natural. Y es a los cristianos a quienes nos corresponde dar testimonio de la fe en Cristo en la sociedad, sin ninguna necesidad de que un Estado nos ofrezca su aval.
06/04/08 1:03 PM
Comentario de Hermenegildo
Quizá yo sea un poco crudo en mis apreciaciones, pero creo que la izquierda utilizó a la Iglesia mientras le hizo falta; luego rompió la "entente cordiale".
06/04/08 5:24 PM
Gracias d. Fernando por su claridad al explicar todo lo qu ha sido la Iglesia en estos años y hacer que nos sintamos plenamente orgullosos de pertenecer a ella y ser personas compretidas con el menseje de Jesus.
Una catequista.
06/04/08 7:24 PM
Comentario de Mons. Sebastián
Yo creo sinceramente que hoy, en nuestra sociedad, un estado confesional es imposible y además sería perjudicial. Ojala pudiéramos trabajar para que fuera respetada la moral natural.
-Además es claro que la conciencia y la conducta moral es consecuencia de la religiosidad de cada uno. Y es la Iglesia desde la Iglesia desde donde se debe formar la sensibilidad religiosa y moral de las personas, teniendo en cuenta que la Iglesia educadora comienza en las familias cristianas.
Por supuesto, esta labor es propia de la Iglesia, pero no exclusiva. Hay que contar con la pluralidad y tratar de ganarse el prestigio haciéndolo mejor que los demás. Tenemos elementos y ayuda de Dios. Nos falta interés y diligencia,
-Lo de utilizar a la Iglesia creo que es secundario. Es evidente que desde distintas organizaciones políticas intentaron utilizar a la Iglesia, o a los eclesiásticos, y sin duda la utilizaron. Pero la Iglesia no actuó dejándose llevar tontamente por los demás, los responsables de la Iglesia actuaron muy seriamente por razones doctrinales y pastorales propias. Unas veces la voz de la Iglesia coincidia con otras voces, pero otras veces no. Luego, cuando hubo espacios de libertad, se vieron las diferencias enseguida. Aunque no todos tuvieron la libertad suficiente para despegarse.
06/04/08 10:52 PM
Comentario de Francisco José Delgado
Pocos hay hoy que pidan que el estado Español sea confesional; no lo piden porque hoy sería algo ridículo, dado que la fe católica, en la construcción de la sociedad española, no representa más que un pequeño capítulo en los más añejos libros de historia. Sin embargo, en el anterior regimen la confesionalidad era algo que brotaba del mismo sentir del pueblo. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

En la España de los 70 no se conocía el contenido verdadero del Concilio Vaticano II. Lo demuestran los alocados programas pastorales que se fueron creando para las diócesis y que representaron absolutos fracasos. En los seminarios no se estudiaban los documentos conciliares (solían los pocos seminaristas que quedaban estar ocupados en comités revolucionarios y huelgas contra profesores). Ha hablado Su Eminencia de la AC y la HOAC, y no sé si se refiere a esos que hoy llaman insensatos a los obispos que no se pliegan a las exigencias laicistas de los defensores del aborto, la eutanasia y ese nuevo evangelio que llaman EpC. No sé si se olvida de que muchos de los dirigentes de dichas asociaciones dimitieron porque su forma de entender el concilio chocaba con nuestros obispos. En fin, para qué seguir.

Lo que quiero expresar es que, en mi opinión, el anticlericalismo ha vuelto porque estamos volviendo al sendero que marca el Espíritu, tan alejado de las modas del momento, y eso molesta a quienes creían tener la Iglesia ya domesticada. A esto se ha unido la pérdida de la fe en la base social, causada por nuestra propia falta de fidelidad. Perdón por la extensión.
07/04/08 1:13 AM
Mi anterior email fue censurado por contener insultos !!!, segun el censor yo discrepo, pero me parece bien eliminar los supuestos insultos. Lo que me parece indignante es que se haga en este medio (...)

(N.M. Enri considera que en este medio -LD y COPE- se insulta)
07/04/08 10:35 AM
Hágame caso, Don Fernando, haga unos artículos un poco más breves. Dese cuenta que está en un blog. Tiene que presentarnos unas reflexiones que se lean rápidamente.
No obstante, felicidades; hace unas reflexiones oportunas, sensatas y muy ajustadas.
JJ
07/04/08 8:53 PM
Comentario de Hermenegildo
D. Fernando: independientemente de que estemos más o menos de acuerdo, le agradezco mucho la atención que tiene con nosotros al pararse a comentar nuestras intervenciones.
07/04/08 11:12 PM
Comentario de Mons. Sebastián

- Es un asunto interesante esa pregunta de por qué ha vuelto el anticlericalismo...
Yo pienso que nunca desapareció. En buena parte era oportunismo. Hay una ideología expansionista y militante que es el laicismo, no queda en anticlericalismo, es un propósito de difundir y hasta imponer desde el poder una cultura laicista, sin Dios, centrada en el hombre, en nosotros mismos, como si fueramos el centro de la realidad entera, fruto de nosotros mismos, centro de la realidad. En fin, un cultura en la que el hombre queda, sin pretenderlo, cautivo de sí mismo, cautivo de su propia creación, violentado en esas estrecheces contrarias a la verdad de nuestro ser y de nuestros deseos más hondos. El mismo dolor es punto de partida para poder asomarse al exterior de esa carcel, para abrirse a la pregunta sobre Dios, a la invocación, al descubrimiento del Dios que viene y que está en nuestro mundo en Jesucristo.
Bueno, que he dicho que quiero ser breve. Saludos.
08/04/08 7:55 PM
En España se ha fomentado el laicismo, la hostilidad a la Iglesia y a la religión católica -el Islan parece gustar más- desde el Gobierno y los partidos más radicales, desde la cultura “progre". Envidiamos el gran discurso de Sarkozy sobre laicidad, en LETRÁN. Agradecía el papel de la Iglesia en Francia ,en cuanto a su “contribución a la acción caritativa, a la defensa de los derechos del hombre y de la dignidad humana, al diálogo interreligioso, a la formación de las inteligencias y de los corazones, a la reflexión ética y filosófica, así como el testimonio de una vida entregada a los demás y colmada por la experiencia de Dios” y afirmaba, además, que el hombre necesita “una reflexión moral inspirada en convicciones religiosas, porque la moral laica corre el riesgo de agotarse o de transformarse en fanatismo cuando no está respaldada por una esperanza que llene la aspiración de infinito”… ”ya que el hecho espiritual es la tendencia natural de todos los hombres a la búsqueda de la trascendencia”.
!Qué envidia, qué inmensa envidia!”.
! A ver si tomamos nota por estos lares...
09/04/08 3:44 PM
Sigue la "aportacion" de la Iglesia a la democracia en España: esta mañana desde la COPE han estando llamando "prevaricador"al Tribunal Constitucional ?????
10/04/08 6:51 PM
Comentario de Mons. Sebastián
Contesto a Enri.
Ya sé yo que la COPE os crea problemas a muchas personas. Solo hago dos observaciones.
1. La "COPE" son muchas personas, diferentes programas, hay que valorarla en conjunto.
2. Nada de la COPE es portavoz de la Conferencia Episcopal ni de ninguna institución eclesiástica.
Luego que cada uno opine como quiera. Pero esos datos son firmes.
15/04/08 12:08 AM
He leido las conclusiones de Monseñor Sebastian, y me he quedado muy gratificado con todo lo que dice, tenia dudas sobre el laicismo y no confesional y me ha aclarado mucho. Muchas gracias por su aportación a aclarar la postura de la Iglesia en el bien que hace a la sociedad.
16/04/08 4:52 PM
Estimado Monseñor:

Según dice usted mismo, le impulsó a escribir esos artículos la acusación incierta de que la Iglesia no acepta la democracia (democracia en este contexto = Constitución 1978), sosteniendo usted que la Iglesia contribuyó a construirla desde el principio. Convendrá usted conmigo en que la cualidad característica, definitoria, por la que un católico en cualquier parte del mundo valora la legitimidad de un régimen político, no es en función de si es “democrático” o no, sino si es conforme con la Ley de Dios (la “moral objetiva”, en palabras de S.S. Benedicto XVI). Por tanto, si un régimen político es muy democrático, pero mata niños, por ejemplo, esa democracia valdrá menos que el canto de un duro, por muy democracia que sea. También en palabras de S. S. Benedicto XVI, esa democracia habrá dejado de ser democracia. Comprendo que están ustedes sometidos a innumerables presiones, que a menudo se encuentran (creen encontrarse) solos y que cuando hacen un leve amago de salirse de la foto les crucifican en los medios. Todavía recuerdo con gratitud la mención que usted hizo a algunos partidos minoritarios respetuosos con la Doctrina de la Iglesia y la barahúnda que siguió, y me queda la duda de si en medio de la vorágine se sintió usted arropado o defenestrado (lo cual sentiría mucho, a pesar de haberle manifestado mi apoyo privadamente).

Pero siendo la verdad la que es, la gente no espera de ustedes, los Pastores, una justificación permanente de la democracia, sino una manifestación clara sobre cuáles deben ser los fundamentos morales de este sistema político para que sea justo. Y los fundamentos morales de este sistema democrático no pueden ser buenos cuando a la vista están los frutos, cada vez más podridos y dañinos.

Interesa a todos los lectores de este blog que quede claro este punto, que es el fundamental y mientras no lo abordemos con valentía y de frente, seguiremos como hasta ahora, lamentándonos de los frutos sin querer ver la calidad del árbol del que nacen.

En este post expone usted varios puntos como aportaciones de la Iglesia a la democracia (recordamos, “democracia” aquí = Constitución 1978). Expondré mis objeciones:

En las observaciones previas, dice usted que la aportación de la Iglesia a la democracia, en realidad fue universal, recordando el discurso de Pío XII sobre la democracia, o las iniciativas políticas de Schumann, De Gasperi, o Adenauer. Contesto: Pío XII hablaba sobre la democracia en general, y los fundamentos jurídicos de la Constitución de 1978 están al margen de cualquier inspiración cristiana. De forma que Pío XII cuando pronunció su discurso seguro que no se refería a la Constitución de 1978. Aparte de que tiene otros muchos discursos que usted no menciona.

Puntos que usted menciona:

1) “Aceptación decidida de la Iglesia del tránsito pacífico a la democracia como el modo más apto de organizar la vida política del país”. Vuelvo a insistir en el mismo equívoco. La transición no fue a “la democracia”, así en general, sino a la Constitución de 1978. La misión de la Iglesia es velar porque los fundamentos del sistema político sean justos, y denunciarlos cuando no lo sean, no “aceptar” o no un sistema político así, en bloque, sin distingos.
2) “Esta decisión le permitió moderar las tendencias extremistas de algunos católicos para los que la democracia aparecía entonces como una forma de vida poco compatible con el catolicismo tradicional”. Se vuelve a caer en el mismo equívoco. Lo que es incompatible con el catolicismo, tradicional o moderno, es que no se hable de Dios en la Constitución. ¿Es eso una “democracia”?
3) “El aislamiento de estos grupos extremistas y minoritarios, digamos que de derechas, hizo posible que los grupos más radicales de izquierda, que también existían, quedaran también aislados”. Como se puede comprobar echando una ojeada a los periódicos, los grupos más radicales de izquierda no sólo no están aislados, sino que están en el poder.
4) “...el espíritu de reconciliación, encuentro y consenso que se apoderó de la sociedad española como un verdadero paso del Espíritu del Dios de la paz y de la vida.” La Paz de Dios es consecuencia de la justicia. El espíritu de “reconciliación” se hizo sobre el olvido de nuestros mártires. ¿Qué justicia se puede seguir del olvido y vilipendio de nuestros mártires?
5) “Con todo ello la Iglesia contribuyó singularmente a la superación de la división entre españoles y la superación de lo que se había llamado “las dos Españas”. Como se puede ver a día de hoy, las dos Españas siguen vivas, porque no puede haber “superación” de nada basada en el “borrón y cuenta nueva” de la historia.
6) “De este modo pudimos superar agravios, aclarar malentendidos y fomentar una comunicación que no había existido nunca. Esta labor fue especialmente intensa con el Partido Comunista y con el PSOE, a la vez que con los sindicatos CC.OO. y UGT” ¿Es esto en lo que consistió la Transición? Se lo pregunto yo, que estaba entonces en pañales. ¿La Transición fue hablar con el PSOE y el Partido Comunista? Por favor, Monseñor, ¡ya ve usted cómo se lo pagan!
7) “La Constitución española se edificó sobre un acuerdo nacional de cinco componentes: acuerdo entre revolución y tradicionalismo... entre catolicismo y laicismo”. No he seguido leyendo, porque, esto, Monseñor, es un imposible lógico y metafísico.
8) “A pesar de la importancia de todo lo dicho, la más importante aportación de la Iglesia a la democracia, entonces como ahora, es la educación de la conciencia de millones de ciudadanos en aquellos valores que son el fundamento moral de la convivencia en libertad y justicia, base i9nsustituible de la democracia.” En esto le doy la razón. Que ha habido una “educación” de millones de personas en unos valores que no tenían nada que ver con la Religión y que a la vista están los resultados, es evidente.

Y ahora, un punto fundamental, que expresa usted y que explica toda la serie de actitudes inexplicables anteriores:

“Se podía pensar que este proceder de la Iglesia traería la desaparición del anticlericalismo en la vida española. Y así fue durante algunos años. Luego, inexplicablemente”

¿Es eso lo que ustedes pensaron? ¿Pensaron que cediendo y concediendo al PSOE y al Partido Comunista el anticlericalismo no iba a surgir más?

Creo que el comentario es suficientemente revelador como para que yo añada nada más, que me podría acarrear la censura o la expulsión del blog.
17/04/08 2:13 PM
Comentario de Vendeano
Señor, protege a tu rebaño y apiádate de sus pastores, convertidos en clero juramentado. Que ilumines sus conciencias y te amen a Ti por encima de todas las cosas.

Monseñor, para ser luz del mundo creo que hay que amar y adorar a Dios, en vez de adorar a la partitocracia que ampara el asesinato de niños no nacidos y la destrucción de la familia.
17/04/08 3:21 PM
Sr. Lucas, la verdad es que no se entera de nada. La Iglesia no es un brazo político, ni representa a una sola mentalidad política, representa a Cristo que es la Paz y lo que no puede hacer es provocar la guerra. La Iglesia no puede levantar una cruzada. El que tiene que levantarse en todo caso es el padre de familia y quejarse y no esperar que sea la Iglesia la que le saque las obligaciones que le corresponden como ciudadano. Es el individuo pesonal el que tiene que manifestarse. La convicción de la Iglesia es clara y tajante y solida. La Iglesia es pastor de su rebaño pero no revolucionario. La Iglesia Católica no es de derechas ni de Izquierdas, es de la doctrina que nos dio Jesus. Que a perdido posición y poder con la democracia en favor de la igualdad y libertad mejor. Creo que la Iglesia hace muy bien lo que debe hacer de no meterse en política y dejarse llevar por su Verdadero mensaje y es a los ciudadanos de a pie los que deben luchar por sus convicciones y ideales. Es más creo que en la dictadora lo que ha hecho a sido mal acostumbrarnos con la idea de que la Iglesia lo arreglara, y no es eso. Creo que estamos mirando de prismas muy distintos y no creo que lleguemos a ningún punto en común. Sigo diciendo que la Iglesia no es ningún partido político. Hay que conocer cuál es su mensaje. Hasta pronto
17/04/08 5:18 PM
Al que firma como RUFINO, que dice que no me entero de nada:

La impresión que tengo es que usted no se ha leído mi mensaje o es totalmente refractario a lo que he expuesto. Las expresiones "La Iglesia no es un brazo político" y "no representa a una sola mentalidad política", que usted inserta seguidas, son contradictorias la una con la otra, manifestando que el que parece no tener las cosas claras es usted, pues para mí son cuestiones meridianamente diáfanas y que ningún lector de inteligencia media extraerá de mi mensaje previo.

No digamos ya el "La Iglesia no puede levantar una Cruzada", que no merece mayor comentario.

¿Dónde ha visto usted en mi mensaje que yo pretenda que la Iglesia tiene que ser brazo político de un partido? ¿Qué partido político sería ese?

Por sus expresiones, como "Que (la Iglesia) a perdido posición y poder con la democracia en favor de la igualdad y libertad mejor", que he creído entender a pesar de la atropellada sintaxis, demuestra usted no haber leído lo que he escrito, además de beber acríticamente de lo que oye por ahí. ¿No ha leído usted que en mi mensaje he intentado deshacer el equívoco entre democracia = Constitución del 78?

¿A usted le parece este sistema una "democracia" como aquella de la que hablaron Pío XII, Juan Pablo II o Benedicto XVI? ¿No ve que se parecen lo que un huevo a una castaña?
17/04/08 9:54 PM
Comentario de Mons. Sebastián
- No sé cómo puedo aclarar mis ideas a Lucas. En primer lugar, cuando yo hablo de la opción de la Iglesia española por la democracia no significa, como Vd. dice, la justificación de la Constitución del 78. Ya sé yo que democracia y Constitución no son la misma cosa. La Iglesia optó y trabajó 1º para que hubiera una salida pacífica al régimen de Franco (entonces no era nada seguro), y 2º, porque la salida llevara a una situación en la que fuera respetada la libertad de todos y se favoreciera la reconciliación y la convivencia. ¡Eso fue varios años antes de la constitución!

- Le recuerdo que la Iglesia no hizo la Constitución. Nosotros no tuvimos nada que ceder ante nadie, porque no entrábamos en la Comisión redactora, ni en el Parlamento, ni en ningun organismo político. Luego la Constitución salió como salio reflejando la realidad de la sociedad española en su conjunto. No salió a su gusto, y tampoco al mío, tenía que ser una Constitución que respondiera al común denominador de todos los españoles. Y es evidente que no todos eran católicos. ¿No lo cree Vd. así?

- Esa Constitución permite que las cosas vayan por un lado o por otro según decidan los españoles con su voto. ¿Por qué no hay más exigencias morales a la hora de votar? ¿Eso es culpa de los Obispos? Nosotros hemos dicho muchas veces que hay que apoyar a quienes respeten la ley natural, sí, la moral objetiva, claro, esa es la mentalidad católica. Pero si luego los votantes no nos hacen caso y votan a su manera, ¿qué quiere que hagamos nosotros?. ¿No ve que la evolución moral de la sociedad no puede venir por el camino de la politica, sino que la regeneración de la política tiene que venir como consecuencia de la regeneración moral de las personas? Esa es nuestra tarea. ¿No podremos acercar un poco nuestras ideas?

- Los Papas que Vd. cita apoyaban la democracia y a la vez animaban a los católicos y a los hombres de buena voluntad a mejorar los sistemas y a usar bien de la libertad. El problema está en que en nombre de la libertad, mal entendida, se rechaza la ley moral y se rechaza al mismo Dios. Eso es lo que luego vicia la democracia. Pero eso no lo remedia ningún sistema politico. En sus palabras adivino mucho dolor y mucha buena voluntad, pero me parece que hay que pensar las cosas con más calma. Y perdone.
18/04/08 12:37 AM
No hay nada que perdonar en absoluto, Monseñor. En todo caso debería disculparme yo. Agradezco el tono respetuoso de su respuesta, que quizás yo no he utilizado. Coincido en la evidencia de que los sistemas políticos serán según sean los corazones de los hombres, y comprendo el afán por buscar "un común denominador para todos los españoles", pero también entiendo que para un católico no hay mejor común denominador para los hombres que Cristo y su mensaje.

Sobre lo que explica de las indicaciones morales a la hora de votar, gracias, entiendo lo que pasa y me disculpo si en algo le he molestado. Eso sí, cuando yo me he referido en otro mensaje al apoyo tácito de muchísimos hombres de Iglesia a un partido concreto, no lo he hecho pensando tanto en las "Orientaciones para el voto" que la Conferencia Episcopal publica cada 4 años, sino en los utilizadísimos argumentos del "mal menor" y "el voto útil" que circulan entre tantísimos católicos en época electoral. Monseñor Munilla lo dijo alto y claro en las pasadas elecciones: "Los cristianos no somos servidores del mal menor. Somos servidores del Bien". La estrategia del "voto útil" ya me parece algo totalmente diferente, perverso.

También le diría que si la Iglesia no redactó ni participó en la redacción de la Constitución de 1978, razón de más para sentirse libre y denunciar sus graves defectos, puesto que no están Vds. vinculados a ella en modo alguno. Pero sin embargo hay muchos Pastores que en sus Cartas, Notas, documentos y homilías se destacan por situarse en una defensa permanente de la misma. Si Vds. no la redactaron, como así fue ¿por qué esa defensa? El papel debería ser el contrario, a mi humilde entender: denunciar sus graves defectos para que los católicos españoles tengan claro que el acatamiento al ordenamiento jurídico está en función de si éste es justo o no y que por encima de la Constitución está siempre Dios.

También quería comentar lo dicho por Francisco José Delgado, sobre que "el anticlericalismo ha vuelto porque estamos volviendo al sendero que marca el Espíritu, tan alejado de las modas del momento, y eso molesta a quienes creían tener la Iglesia ya domesticada". Se trata de una interpretación positiva del retorno del anticlericalismo que comparto totalmente. Para mí es la forma correcta de enfocar esta circunstancia.
18/04/08 9:38 AM
Comentario de Mons. Sebastián
Lucas, amigo, nos acercamos en muchas cosas. Claro que para los católicos el bien esta en Jesús y ese es nuestro común denominador. Pero es que cuando hablamos de realidades políticas, salimos del ámbito de la Iglesia, y en ese caso los católicos, manteniendo nuestras convicciones, y en cumplimiento del mandato del Señor, tenemos que ver cómo convivimos pacíficamente con los que no son católicos. Les podemos anunciar nuestra fe, pero ellos la aceptarán o no según su libertad y su conciencia que nosotros no podemos forzar. No hay más remedio que encontrar zonas de coincidencia que, aunque no coincidan en todo con lo que nosotros creemos y profesamos por la fe, sean compatibles con lo que creemos y a la vez sean también aceptables y válidas para los no católicos.

Desde siempre, para la Iglesia, que nos enseña a convivir pacíficamente con los que no lo son, la zona de convergencia de los cristianos con los no cristianos, (y en España hay muchos que no lo son), es el respeto a la naturaleza humana, a los derechos y obligaciones de la persona, ese es el patrimonio común de todos los hombres, para nosotros don de Dios, para ellos fruto de un proceso de evolución difícil de entender si no se admite la intervención de una inteligencia bondadosa que nosotros reoconocemos como Dios. Pero bueno, hay una zona común de encuentro que es la naturaleza humana, el ser de la persona, aceptado, respetado y protegido por todos.

En torno a esta realidad común podemos organizar una convivencia real y suficiente aunque no satisfaga todo lo que nuestra fe nos manifiesta. Por eso los cristianos significamos siempre una fuerza de crítica y de avance hacia situaciones más "humanas", más conformes con el ideal cristiano. Lo malo es que ahora, en ciertas tendencias de pensamiento, ni siquiera se reconoce el valor vinculante de este bien común que es la naturaleza humana, no reconocen ni la moral natural. Pero aun así hay formas de encontrar valores comunes, tenemos que buscarlas.

En cuanto a eso de denunciar las deficiencias de la Constitución, estoy fundamentalmente de acuerdo. Ninguna obra humana es un absoluto. La Constitución no es la última norma de moralidad. Afortunadamente. Las normas morales no nacen de la Constitución, sino que la Constitución nace de los valores morales profesados por los ciudadanos (junto con otras cosas, claro). Pero hay que hacer unas observaciones.

-La Constitución, con sus defectos, sigue siendo la norma fundamental que organiza nuestra convivencia. Destruirla, vulnerarla, desprestigiarla puede comprometer la convivencia. Hay que ir con cuidado.

-Los Obispos debemos hablar desde el punto de vista y con la autoridad de la revelación de Dios, por razones de orden religioso y moral. Los demás aspectos de orden temporal y político los tienen que revisar, criticar y perfeccionar los políticos, no en nombre de Dios, sino en nombre de la razón, del bien común, de las experiencias, etc.

-Los cambios posibles han de hacerse según los procedimientos previstos, contando con la mayoría, sin romper el compromiso básico de vivir en paz,respretando los derechos de todos y respetando unos procedimientos convenidos. ¿Podemos aceptar estas ideas comunes?
20/04/08 11:22 AM
Me parece que seguimos sin entendernos:

Dice usted: "Claro que para los católicos el bien esta en Jesús y ese es nuestro común denominador. Pero es que cuando hablamos de realidades políticas, salimos del ámbito de la Iglesia, y en ese caso los católicos, manteniendo nuestras convicciones, y en cumplimiento del mandato del Señor, tenemos que ver cómo convivimos pacíficamente con los que no son católicos. "

Para "los católicos", no, Monseñor, para todos los hombres. ¿Acaso no está el bien en Jesús para un musulmán?

Y luego dice usted: "Cuando hablamos de realidades políticas salimos del ámbito de la Iglesia". ¿Ah, sí? Cuando hablamos de realidades politicas, ¿dejamos a Cristo a un lado? Me parece que no.

A los católicos, Monseñor, nos corresponde anunciar a Cristo. Que este anuncio suponga "convivir en paz" o no, con quienes no son católicos (que en realidad, en España son minoría) ya no depende sólo de nosotros, sino que está en manos de Dios.

Sobre la Constitución: no es que aquí alguien pretenda destruir la Constitución, es que cuando la Constitución permite, por ejemplo, el aborto (y según el Tribunal Constitucional es perfectamente legal), ya ha destruido la convivencia. Me parece evidentísimo.

(N.M. se le ruega no escriba en mayúsculas, es norma del blog)
22/04/08 9:04 AM
Comentario de RUFINO
Sr.Lucas, perdon si le he molestado por lo de que no se enteraba lo decia desde mi punto de vista, que puedo estar equivocado.
En el comentario que hace Para "los católicos", no, Monseñor, para todos los hombres. ¿Acaso no está el bien en Jesús para un musulmán indicarle que hay mucha gente que no cree en Dios luego el bien no esta en Jesus. Para un pagano no existe otra vida y se aferra a esta haciendo las mil y una antes de acabar.
Una persona que se da cuenta del asesinato que representa el aborto y no cree en Dios, es durisimo, pero para la persona que tiene fe sabe que ese ser no nocido va al encuentro con su Creador. Con esto no quiero justificar la aberración (asisinato) que es cometer un aborto. Solo digo que con la fe las cosas se ven con esperanza.
22/04/08 6:02 PM
RUFINO: No, a un musulmán no debemos decirle que "hay mucha gente que no cree en Dios luego el bien no esta en Jesus", porque eso no es cierto.

En todo caso se puede decir que hay mucha gente que no cree en Dios y que por eso lo mejor que puede pasarles es que crean en Jesús.
23/04/08 3:16 PM
Comentario de RUFINO
Sr.Lucas seguramente usted habra tenido la oportunidad de ir a la escuela pero hay otros que tras la posguerra no hemos tenido esa suerte. Le agradezco que me corriga así aprendo. Pero nos entendemos. Gracias
24/04/08 4:21 PM

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Fernando Sebastián Aguilar

Fernando Sebastián Aguilar

Arzobispo emérito de Pamplona y Tudela desde 2007. Nacido en Calatayud, Zaragoza, en 1929, claretiano desde 1946. De 1957 hasta 1979 su principal ocupación fue la docencia en Teología, fue Rector de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Desde 1979, sucesivamente fue Obispo de León, Coadjutor de Granada, Administrador Apostólico de Málaga y Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela. Fue también Rector y Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como Secretario primero y luego Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española. En la actualidad reside en la Casa Sacerdotal de Málaga.



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