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11.05.10
María A. dejó hace poco en el post: “Examen de Primera Comunión (para los padres)” este comentario, pidiendo ayuda:
“He sido catequista por dos años en un colegio laico. He tratado de dar lo mejor siendo sólo un instrumento. No todos los niños siento que han logrado descubrir su fe. Siento más que todo la falta de testimonio dentro de la familia. A sólo pocas semanas de la Primera Comunión, los niños no asisten a la Misa dominical. Participan de ella un día a la semana cuando nos reunimos antes de entrar a clases en una iglesia cercana al colegio. Los niños saben que el domingo siguiente a su Comunión perderán la Gracia si no hacen un esfuerzo en convencer a sus padres para que los lleven.
¿Podría ayudarme en cuanto a la tercera catequesis que tendré con esos padres dentro de poco para que de una vez entiendan que no es una fiesta social y que Dios Padre los observa y les pedirá cuentas de su labor como catequistas de su propia familia? ¿Qué puntos debería desarrollar (sólo tendré 30 minutos)?”
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1) La obligación de asistir a Misa
El Señor explicó que no vino para abolir la ley sino para perfeccionarla (Mt. 5, 17-19). La Iglesia Católica precisa el III Mandamiento de Dios de guardar el sábado, mandando que se asista a Misa los domingos y los días de precepto. Según el Catecismo de la Iglesia Católica: “Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave.” (2181) [Más información aquí]
Los niños que no pueden ir por su cuenta a Misa (por prescindir de transporte o ser muy pequeños, por ejemplo) no cometen pecado cuando quieren ir a Misa pero sus padres se lo impiden porque no faltan deliberadamente, aunque, deberían de insistir en lo posible. Hay niños que al ver que sus padres no les llevan a Misa, piden permiso para ir con un pariente o con los padres de algún amigo.
Pero, los padres tenemos una gran obligación de llevar a Misa a los hijos que Dios puso bajo nuestro cuidado, ya que Dios Padre nos pedirá cuentas de ello.
¿Cómo explicarlo a padres hoy en día? El P. Jorge Loring, S.I., autor de “Para Salvarte”, explica aquí en menos de 25 minutos el infinito valor de la Misa y nuestra obligación hacia Dios Padre, dando buenas razones y ejemplos por las cuales debemos asistir a Misa:
[Se puede leer una transcripción del vídeo en este enlace]
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2) El Valor de la Santa Misa y la necesidad que tenemos de ella
En el fondo, como explica S. Ignacio de Antioquía: “Se mantienen alejados de la Eucaristia y de la oración (los docetas), por no confesar que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que el Padre en su bondad ha resucitado.” (“Carta a los de Esmirna”,7). Bien sabía ese mártir que por su fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía, los primeros cristianos arriesgaban sus vidas en tiempos de persecución para poder asistir a Misa. El P. Loring resalta lo que S. Juan Vianney decía a sus feligreses: “Si supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella”.
El Señor nos lo quiere dar Todo. “Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación “. (S. Bernardo) S. Leonardo de Porto Mauricio solía decir, como S. Anselmo: “una Misa antes de la muerte puede ser más provechosa que muchas después de ella…”. Cuando los padres no llevamos a nuestros hijos a Misa, les negamos ese infinito bien que Dios Padre les quiere hacer.
Al instituir la Eucaristía durante la Última Cena, indicó que la Eucaristía es Su Cuerpo y Su Sangre y pidió a sus apóstoles: “Haced esto en conmemoración mía”. Lo manda por puro amor, ya que las criaturas no añadimos ni quitamos nada de la grandeza y plenitud de Dios Todopoderoso. En su discurso sobre el pan de vida, el Señor ya había insistido: “En verdad, en verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.” (Jn. 6, 53). Él es la Vida, pero nosotros somos los que Le necesitamos. Por eso dice S. Pío de Pietrelcina: “Sería más fácil que el mundo sobreviviera sin el sol, que sin la Santa Misa".
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3) Si amamos a Dios guardaremos Sus mandamientos, como nos muestra la Ssma. Virgen María
El Evangelio del VI Domingo de Pascua recoge estas palabras del Señor durante esa misma Cena de Amor al que estamos todos invitados en la Misa: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en é1. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.” (Jn. 14, 23-24).
La Ssma. Virgen María, como discípula fiel y perfecta del Señor, nos da muy buen ejemplo a lo largo de toda su vida. Ella comprendió mucho antes que S. Gregorio que: “La prueba del amor está en las obras: el amor de Dios nunca es ocioso, porque si es muy intenso obra grandes cosas, y cuando rehuye obrar ya no es amor.” (S. Gregorio In Evang. Hom. 30).
Ella llevó a su Hijo Jesucristo al templo según estaba prescrito en la ley judía aunque ellos no tenían ninguna necesidad de purificación, siendo ella de Concepción Inmaculada y él verdadero Hijo de Dios. Nos da un buen ejemplo de lo que todo padre debería de hacer por sus hijos si desean todo lo mejor para ellos. ¿Qué hay mejor que Dios Mismo verdaderamente presente?
“Hay cierta manifestación interior de Dios, que los impíos desconocen por completo, porque para éstos no hay manifestación alguna de Dios Padre y Espíritu Santo. […] En efecto, vienen a nosotros, si vamos nosotros a ellos; vienen con su auxilio, nosotros con la obediencia; vienen iluminándonos, nosotros contemplándolos; vienen llenándonos de gracias, nosotros recibiéndolas, para que su visión no sea para nosotros algo exterior, sino interno, y el tiempo de su morada en nosotros no transitorio sino eterno.” (San Agustín In Ioannem tract., 76.)
Que el Señor nos conceda comprender cada vez mejor y apreciar cada vez más el valor infinito de la Misa.
[Ver también: “Cómo pagar una deuda infinita en menos de una hora” sobre “El tesoro escondido de la Santa Misa”]
[Foto en Wikimedia Commons: Primera Comunión (Jpbazard)
Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Le podría dar algún consejo a María A.? ¿Cómo convencer a padres para que lleven a sus hijos a Misa? ¿Qué le motiva a ir a Misa?
Siguiente post – 5o. Misterio Gozoso – “Me voy y vuelvo a vuestro lado” (Jn. 14, 28)
9 comentarios
Pregunta:
Santo Padre, soy Paolo Rizzi, párroco y profesor de teología en el Instituto superior de ciencias religiosas. Nos gustaría saber su opinión pastoral sobre la situación de los sacramentos de la primera Comunión y de la Confirmación. Cada vez con mayor frecuencia, los niños, los muchachos y las muchachas que reciben estos sacramentos se preparan con empeño por lo que se refiere a los encuentros de catequesis, pero no participan en la Eucaristía dominical. Entonces cabe preguntarse: ¿qué sentido tiene todo esto? A veces sentimos la tentación de decir: "Entonces, mejor quedaos en vuestra casa". En cambio, se los sigue aceptando, como siempre, pensando que en cualquier caso es mejor no apagar el pabilo de la llamita que tiembla. Es decir, se piensa que, de cualquier modo, el don del Espíritu puede influir más allá de lo que vemos y que en una época de transición como esta es más prudente no tomar decisiones drásticas. Más en general, hace treinta o treinta y cinco años yo creía que nos estábamos encaminando a ser un pequeño rebaño, una comunidad de minoría, más o menos en toda Europa; y que, por consiguiente, se debería dar los sacramentos sólo a quienes se comprometen verdaderamente en la vida cristiana. Luego, entre otras razones por el estilo del pontificado de Juan Pablo II, he reconsiderado la situación. Si se pueden hacer previsiones para el futuro, ¿qué piensa usted? ¿Qué actitudes pastorales nos puede indicar? Gracias.
Respuesta del Papa:
Bien; no puedo darle una respuesta infalible en este momento. Sólo puedo tratar de responder según lo veo yo. Puedo decir que yo he recorrido un itinerario semejante al suyo. En mi juventud yo era más bien severo. Decía: los sacramentos son los sacramentos de la fe; por tanto, donde no hay fe, donde no hay práctica de la fe, los sacramentos no se pueden conferir. Después, siendo arzobispo de Munich, hablaba de ello con mis párrocos. También entre ellos había dos corrientes: una severa y una condescendiente. A lo largo de los tiempos también yo he comprendido que debemos seguir siempre el ejemplo del Señor, que estaba muy abierto incluso hacia las personas marginadas en Israel en aquella época; era un Señor de la misericordia, según muchas autoridades oficiales demasiado abierto hacia los pecadores, a los que acogía o permitía que lo acogieran a él en sus cenas, atrayéndolos hacia sí en su comunión.
Así pues, en sustancia, yo creo que los sacramentos son naturalmente sacramentos de la fe, y donde no hubiera ningún elemento de fe, donde la primera Comunión fuera sólo una fiesta con un banquete, hermosos vestidos, grandes regalos, entonces ya no sería un sacramento de la fe. Sin embargo, por otra parte, si vemos que hay una llamita de deseo de la comunión en la Iglesia, un deseo también de estos niños que quieren entrar en comunión con Jesús, me parece que conviene ser condescendientes.
Desde luego, naturalmente, en nuestra catequesis debemos ayudarles a entender que la Comunión, la primera Comunión, no debe quedar como un hecho "aislado", sino que exige una continuidad de amistad con Jesús, un camino con Jesús. Yo sé bien que los niños a menudo tienen intención y deseo de ir el domingo a la misa, pero sus padres no les dejan cumplir ese deseo. Si vemos que los niños lo quieren, que tienen el deseo de ir, me parece que se trata casi de un sacramento de deseo, el deseo ("voto") de una participación en la misa dominical. En este sentido, naturalmente, en el marco de la preparación para los sacramentos, debemos hacer todo lo posible para llegar también a los padres, a fin de despertar también en ellos la sensibilidad por el camino que siguen sus hijos. Los padres deben ayudar a sus hijos a seguir su deseo de entrar en amistad con Jesús, que es forma de la vida, del futuro. Si los padres desean que sus hijos hagan la primera Comunión, este deseo más bien social debería ampliarse al deseo religioso, para hacer posible un camino con Jesús.
Por consiguiente, yo creo que en el contexto de la catequesis de los niños, es muy importante también trabajar con los padres. Precisamente esta es una ocasión para encontrarse con los padres, haciendo presente la vida de la fe también a los adultos, porque de los niños —me parece— pueden volver a aprender ellos la fe y comprender que esta gran solemnidad sólo tiene sentido, sólo es verdadera y auténtica, si se realiza en el contexto de un camino con Jesús, en el contexto de una vida de fe. Por eso, es preciso convencer a los padres, a través de los niños, de la necesidad de un camino preparatorio, que se manifiesta en la preparación para los misterios y comienza a hacer que se amen estos misterios.
Soy consciente de que esta respuesta es bastante insuficiente, pero la pedagogía de la fe siempre es un camino, y nosotros debemos aceptar las situaciones de hoy, pero también abrirlas a algo más, para que no se limite sólo a un recuerdo exterior de cosas, sino que toque verdaderamente el corazón. En el momento en que quedamos convencidos, el corazón queda tocado, pues ha sentido un poco el amor de Jesús, ha experimentado en cierto modo el deseo de moverse en esta línea y en esta dirección. En ese momento, a mi parecer, podemos decir que hemos hecho una verdadera catequesis. En efecto, la catequesis tiene como finalidad propia llevar la llama del amor de Jesús, aunque sea pequeña, al corazón de los niños y, a través de los niños, a sus padres, abriendo así de nuevo los lugares de la fe en nuestro tiempo.
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Bienvenidos a este espacio, en que la Palabra de Dios oída en el Evangelio dominical nos acompaña a lo largo de la semana y el ejemplo de los santos nos ayuda a ponerla en práctica.
Un saludo desde los EE.UU. (donde vivo con mi esposo y dos hijos) y que el Señor les bendiga siempre con Su Paz y Amor.
Puede ponerse en contacto en sarmientosdelavid@gmail.com
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