InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Pudor

16.08.15

(334) «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio»

Niño 9 meses

–Yo esperaba que, habiendo escrito usted varias veces sobre el pudor y la castidad, ya…

–Vana esperanza. Póngase cómodo y siga leyendo.

Conviene que en este blog trate yo de vez en cuando del pudor y de la castidad por dos graves razones: porque los pecados contra esas virtudes van creciendo de año en año, y porque actualmente es muy infrecuente, casi inexistente, la predicación cristiana sobre esta grave cuestión moral. Por eso escribí sobre estos temas en 2009, 2012 y 2014, publicando series de varios artículos, de los que al final de éste doy referencia.

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6.06.12

(180-3) Elogio del pudor - y II. Comentarios

–Cuando alguien inicia en su blog una serie, yo creo que…

–Ya, ya, ya. Hay razones de estado que a veces aconsejan interrumpir la serie.

Una lectora me ha sugerido publicar un artículo partiendo de los 60 comentarios que tuvo el Elogio del pudor antes de ser cerrada la Sala de Comentarios (03/06/12 10:05 AM). La idea me parece buena, y he tratado de recoger todo lo más valioso. Para facilitar la lectura, subrayo algunas frases, y sin cambiar el texto, aunque abreviándolo a veces, arreglo a veces un poquito la ortografía o la sintaxis. El texto íntegro de los comentarios, por supuesto, permanece en el artículo anterior.

Pero antes, unas observaciones previas.

El impudor y la lujuria atacan hoy a la humanidad con una fuerza invasora mayor de lo que se ha conocido antes en la historia. Hasta el tiempo de nuestros abuelos los humanos sufrían muchísimas menos agresiones habituales contra el pudor y la castidad. Estas tentaciones eran incomparablemente menores, y puede decirse que había que buscarlas –comprar una mala revista, asistir a un espectáculo obsceno, ir a un burdel– para caer en ellas. Actualmente, por el contrario, la invasión de impudor y lujuria está omnipresente: en TV, cine, internet, calles y piscinas, publicidad de perfumes, autos o de cualquier cosa, departamentos políticos sobre la juventud, colegios y universidades, fiestas, farmacias, librerías, diarios y revistas, tiendas de confección, etc. La tentación es en esta materia casi continua, y afecta no solamente a los más ricos, sino a toda la población y a todas las edades.

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30.05.12

(180-2) Elogio del pudor -I

–Ya escribió usted tres artículos sobre este tema. ¿No es suficiente?

–No, no fue suficiente. Siguen creciendo en el mundo y en la Iglesia el impudor y la lujuria. Y siguen los predicadores silenciando en gran medida el Evangelio del pudor y de la castidad. Ésta es la causa principal de la degradación del mundo y de tantos cristianos en esta grave materia.

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8.07.09

(12) El pudor –y III

–¿Qué, terminamos ya con el tema?
–Solo por un poquito. Salió muy largo este post, y estuve a punto de hacer dos, un III y un IV.
–Bendigamos al Señor.

El silencio actual en la predicación del pudor rompe una tradición continua, como vimos, desde el Nuevo Testamento. Y este silenciamiento del Evangelio del pudor se hace tanto más incomprensible cuanto más hundido en la lujuria está el mundo moderno. ¿Cómo es posible que estando hoy gran parte del pueblo cristiano tan gravemente enfermo de lujuria casi nunca se le prediquen la castidad y el pudor?… La pregunta, en cierto modo, está mal planteada. Porque es al revés. La falta de predicación del Evangelio del pudor y de la castidad es la causa principal de la abundancia de la lujuria y del impudor en el pueblo cristiano y en el mundo pagano. Cuando un lugar se queda a oscuras, atribuimos esa oscuridad parcial o total a que a luz se ha debilitado o apagado. ¿No es ésa precisamente la causa principal de la oscuridad?

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5.07.09

(11) El pudor –II

–Yo esperaba que ya hubiera terminado usted de hablar del pudor.
–Vana esperanza, craso error. Póngase cómodo y siga leyendo.

En Israel inicia Dios, como ya vimos, la revelación del pudor y de la castidad. Inocencia - desnudez - pecado - concupiscencia - vergüenza - vestidos, «Dios los vistió» (Gén 3).

Juan Pablo II, en su serie de 129 catequesis sobre el amor humano en el plan divino, dedica al pudor un buen número de ellas, y hace en una esta observación de gran agudeza: «el nacimiento del pudor en el corazón humano va junto con el comienzo de la concupiscencia –la triple concupiscencia, según la teología de Juan (cf. 1Jn 2,16)–, y en particular de la concupiscencia del cuerpo. El hombre tiene pudor del cuerpo a causa de la concupiscencia. Más aún, tiene pudor no tanto del cuerpo, cuanto precisamente de la concupiscencia» (cateq. 28-V-1980, 5; +4-VI-1980).

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