(17) El demonio –II

–O sea que vamos a tener que creer en el demonio y en su acción…
–Ciertamente. Al menos, si quiere usted ser cristiano, ha de creerlo. Es enseñanza de Cristo y de su Iglesia.

Los libros de espiritualidad cristiana que ignoran al demonio son un fraude. La vida espiritual del cristiano lleva consigo una lucha permanente contra el demonio. Ya sabemos que la vida cristiana es ante todo y principalmente amor a Dios y al prójimo; ésta es su substancia. Pero no puede ir adelante esa vida sin vencer a los tres enemigos, demonio, mundo y carne, y especialmente al demonio. La ascesis cristiana no es como una ascesis estoica, por ejemplo, es decir, una lucha de la persona contra sus propias debilidades y desviaciones, no. San Pablo lo dice bien claramente: «no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los espíritus del mal» (Ef 6,12).

Se ha dicho con razón que en nuestro tiempo la mayor victoria del demonio es haber conseguido que no se crea en su existencia. La mejor manera de hacerle el juego al diablo es precisamente ésta, ignorarlo, silenciar su existencia y su acción, o incluso negarlas. ¡Qué más puede desear el enemigo que pasar inadvertido, poder actuar sin que sus víctimas conozcan siquiera su existencia y su acción!

Por eso un tratado de espiritualidad que, al describir la vida cristiana y su combate, ignora la lucha contra el demonio, es un engaño, un fraude. No puede considerarse en modo alguno un libro de espiritualidad católica, pues se aleja excesivamente de la Biblia y de la tradición. Si van ustedes a una librería y compran un manual militar de guerra, y descubren después al leerlo que omite hablar –o sólamente lo hace en una nota a pie de página– de la aviación enemiga, hoy sin duda el arma más peligrosa de una guerra, es probable que regresen a la librería para devolver el libro y reclamar su importe: se trata de un fraude. Un manual semejante no vale para nada; más aún, es un engaño perjudicial. Hagan lo mismo si les venden un manual de espiritualidad que ignora al demonio. Por lo demás, si el autor de ese libro de espiritualidad no cree en la acción del demonio, es un hereje. Pero si la conoce y no se atreve a afirmarla, entonces es un oportunista o un cobarde. Y no merece la pena leer libros de espiritualidad escritos por herejes, oportunistas o cobardes.

Giovanni Papini decía que «los ángeles sonríen, los hombres ríen y los diablos se carcajean». Pues bien, el diablo se carcajea de esos libros, como también de los cursos y cursillos ofrecidos en algunos centros de espiritualidad, parroquias y conventos: eneagrama, meditación transcendental, reiki, técnicas de autorrealización, yoga, energía positiva, rebirthing, dinámicas personales y grupales de autoayuda, etc. Todas esas técnicas que prometen iluminación, paz interior, potenciación liberadora de las facultades personales, son puras macanas del neopaganismo. Mucho más consigue el cristiano –y a un precio más económico, por cierto– con las tres Avemarías, el escapulario del Carmen, una buena novena a San José, y no digamos con la Misa diaria, el rosario o el agua bendita. Los autores de esos libros y de esos cursillos no tienen la menor idea del combate espiritual del hombre, no saben de qué va: desconocen que nuestra lucha es fundamentalmente contra unos demonios que ellos ignoran o niegan.

La doctrina de los Padres sobre el demonio es clara y frecuente ya desde el principio. En la historia de la Iglesia fueron los monjes, especialmente Evagrio Póntico y Casiano, los que elaboraron más tempranamente la teología sobre el demonio y la espiritualidad precisa para defenderse de él y vencerlo. Los demonios son ángeles caídos, que atacan a los hombres en sus niveles más vulnerables –cuerpo, sentidos, fantasía–, pero que nada pueden sobre el hombre si éste, asistido por la gracia de Cristo, no les da el consentimiento culpable de su voluntad. Para su asedio se sirven sobre todo de los logismoi –pensamientos falsos, pasiones, impulsos desordenados y persistentes–.

El Demonio sabe tentar con mucha sutileza, como se vio en el jardín del Edén, presentando el lado aparentemente bueno de lo malo, o incluso citando textos bíblicos, como hizo en el desierto contra Cristo. El cristiano debe resistir con «la armadura de Dios» que describe el Apóstol (Ef 6,11-18), y muy especialmente con la Palabra divina, la oración y el ayuno, que fueron las armas con que Cristo resistió y venció en las tentaciones del desierto. Pero debe resistir sobre todo apoyándose en Jesucristo y sus legiones de ángeles (Mt 26,53). Como dice San Jerónimo, «Jesús mismo, nuestro jefe, tiene una espada, y avanza siempre delante de nosotros, y vence a los adversarios. El es nuestro jefe: luchando él, vencemos nosotros».

El Magisterio de la Iglesia afirma en sus Concilios que Dios es creador de todos los seres «visibles e invisibles» (Nicea I, 325); que los demonios, por tanto, son criaturas de Dios, y que por eso es inadmisible un dualismo que vea en Dios el principio del bien y en el Diablo «el principio y la sustancia del mal» (Braga I, 561). El concilio IV de Letrán (1215) enseña –es, pues, doctrina de fe– que «el diablo y los demás demonios, por Dios ciertamente fueron creados buenos por naturaleza; mas ellos por sí mismos se hicieron malos».

Es ésta la doctrina de Santo Tomás (STh I,50ss, especialmente 63-64), del concilio Vaticano II (LG 48d; +35a; GS 13ab; 37b; SC 6; AG 3a), del Catecismo de la Iglesia, en el que se nos advierte que cuando pedimos en el Padre nuestro la liberación del mal, «el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” [dia-bolos] es aquel que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo» (2851, cf. 391-395).

La liturgia de la Iglesia incluye la «renuncia a Satanás» en el Bautismo de los niños, y dispone exorcismos en el Ritual para la iniciación cristiana de los adultos. El pueblo cristiano renueva cada año su renuncia a Satanás en la Vigilia Pascual. Y en las Horas litúrgicas, especialmente en Completas, la Iglesia nos ayuda diariamente a recordar que la vida cristiana es también lucha contra el demonio: «Tu nos ab hoste libera», «insidiantes reprime»; «visita, Señor, esta habitación, aleja de ella las insidias del enemigo» (or. domingo). Las lecturas breves de martes y miércoles de esa Hora nos exhortan a resistir al diablo, que nos ronda como león rugiente (1 Pe 5,8-9), y a no caer en el pecado, para no dar lugar al diablo (Ef 4,26-27).

El demonio es el Tentador que inclina a los hombres al pecado. De los tres enemigos del hombre, demonio, mundo y carne (cf. Mt 13,18-23; Ef 2,1-3), el más peligroso es sin duda el demonio, con ser tan peligrosos los otros dos. «Sus tentaciones y astucias, dice San Juan de la Cruz, son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne» (Cautelas 3,9). Los tres actúan atacan al hombre aliados, pero cuando el cristiano ha vencido ya en buena parte mundo y carne, el demonio se ve obligado a atacar directamente.

Por eso se dice que el demonio ataca a los buenos –viene descrita su acción en todas las «vidas de santos»–, y tienta a lo bueno, pues «entre las muchas astucias que el demonio usa para engañar a los espirituales, la más ordinaria es engañarlos bajo especie de bien, y no bajo especie de mal, porque sabe que el mal conocido apenas lo tomarán» (Cautelas 10). Tentará, por ejemplo, a un monje a dejar su vida contemplativa y marchar a las misiones.

Conocemos bien las estrategias y tácticas del demonio en su guerra contra los hombres, pues ya la misma Escritura nos las revela. Siendo el Padre de la mentira (Jn 8,44), para seducir a los hombres usa siempre de la astucia, la mentira, el engaño (Gén 3; 2 Cor 2,11). Lobo con piel de oveja (Mt 7,15), reviste las mejores apariencias, y hasta llega a disfrazarse como ángel de luz (2 Cor 11,14). Por medio de sus mentiras extravía a las naciones y a la tierra entera (Ap 12,9; 20). Siendo el Príncipe de las tinieblas, se opone continuamente a Cristo, que es la Verdad y la Luz del mundo. El que sigue al diablo, anda en tinieblas y se pierde en una muerte eterna; el que sigue a Cristo tiene luz de vida, de vida eterna bienaventurada.

El demonio infunde, p. ej., en personas espirituales ciertas convicciones falsas («me voy a condenar»), ideas obsesivas, que no parecen tener su origen en temperamento, educación o ideas personales… y que siendo falsas, atormentan, paralizan, desvían malamente la vida de una persona o de una comunidad. El demonio ataca a los fieles muy especialmente a través de las doctrinas falsas difundidas por católicos dentro de la misma Iglesia católica. «Cuando él habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44). Todo en él es engaño, mentira, falsedad; por eso en la vida espiritual –¿qué va a hacer, si no?– intenta engañar y falsificar todo.

Es, pues, muy importante en la vida espiritual tener una fe viva y alerta sobre el demonio y sus insidias, y llevar la luz de Cristo a los fondos oscuros del alma, donde actúan las tentaciones del Maligno. Decía Santa Teresa: «tengo yo tanta experiencia de que es cosa del demonio que, como ya ve que le entiendo, no me atormenta tantas veces como solía» (Vida 30,9).

El demonio ataca a todos los cristianos, pero, lógicamente, sobre todo a los apóstoles. El demonio ataca a todos los discípulos de Cristo y, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar (1Pe 5,8); pero persigue muy especialmente a todos aquellos que se atreven, como Cristo, a «dar testimonio de la verdad en el mundo» (Jn 18,37). Sabe bien que ellos son sus enemigos más poderosos, los más capaces de neutralizar sus engaños con la luz evangélica, de disminuir o eliminar su poder sobre los hombres. Ataca, pues, sobre todo a los confesores de la fe: «¡Simón, Simón!, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como a trigo» (Lc 22,31-32). Cuenta una vez San Pablo: «pretendimos ir… pero Satanás nos lo impidió» (1Tes 2,18; cf. Hch 5,3; 2Cor 12,7). Por eso los Apóstoles están siempre alertas, «para no ser atrapados por los engaños de Satanás, ya que no ignoramos sus propósitos» (2Cor 2,11).

Apocalipsis, victoria próxima y total de Cristo sobre el demonio. Ciertamente, la Iglesia lleva en esta lucha contra el demonio todas las de ganar, porque «el Príncipe de este mundo ya está condenado» (Jn 16,11). «El Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies» (Rm 16,20). Es éste justamente el tema fundamental que San Juan desarrolla en el Apocalipsis. «Vengo pronto; mantén con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate tu corona» (3,12). «Vengo pronto, y traigo mi recompensa conmigo, para pagar a cada uno según sus obras» (22,12). «Sí, vengo pronto» (22,20).

Muchos cristianos hoy lo ignoran –es una pena–, pero el demonio lo sabe perfectamente. Y por eso en «los últimos tiempos» acrecienta más y más sus ataques contra la Iglesia y contra el mundo. «El diablo ha bajado a vosotros con gran furor, pues sabe que le queda poco tiempo» (12,12).

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

18 comentarios

  
Luis Alberto
Precioso "post", Padre.

¡Qué gran esperanza nos transmite con sus escritos!

Está claro que la vida es una lucha sin cuartel. Cuanto antes nos mentalicemos de ello, mejor lo llevaremos y más preparados nos encontraremos para la victoria.

Y, evidentemente, si el enemigo no está bien identificado, mal empezamos.
22/07/09 12:04 PM
  
José María Iraburu
Luis Alberto,
su reacción es la buena: alegrarse en la verdad, llenarse por ella de esperanza.
Pero, como bien sabe, hay cristianos que cuando se les dice la verdad, se arrugan, se quejan de fanatismos y exigencias.
Qué pena. ¡Es la verdad la que nos hará libres!
22/07/09 12:13 PM
  
Aquilifer
Padre Iraburu: ¡Qué extraño e irreal resulta en estos tiempos de apostasía y de tibieza generalizada leer o escuchar sermones netamente católicos, incluso en portales católicos! Es Vd. una rareza, una bendita rareza. Que la Santísima Virgen lo ampare de los ataques del Enemigo, que no debe estar nada contento con Vd.
22/07/09 1:29 PM
  
José María Iraburu
Aquilifer,
viviendo bajo el amparo del Altísimo (salmo 90),
de la Virgen gloriosa y bendita, de la comunión de los santos,
de los del cielo y de los de la tierra,
se vive en paz y total seguridad,
libre de las tinieblas del error, guardado en el esplendor de la verdad,
y el demonio da menos miedo que un mosquito (Sta. Teresa).
22/07/09 2:07 PM
  
Miriam
Gracias padre, por difundir la Verdad!. ¡Qué necesaria es también la dirección espiritual para nosotros, los laicos, ya que como usted dice, muchas veces somos tentados con bienes, pero que nos alejan de nuestros verdaderos deberes!. Para mí es muy difícil descubrir la tentación por "exceso de bien", pero puedo más facilmente defenderme de la tentación de hacer cosas malas. Si no fuera por un buen sacerdote que nos pone en cara la tentación, caemos fácilmente. Un ej: las esposas preocupadas más por sus actividades apostólicas que por ser ministra del sacramento del matrimonio en su hogar con su esposo y madre y guía de sus hijos. O ver en el esposo un obstáculo (enemigo)para su santificación, en vez de verlo como una ayuda. Sería muy bueno que en algún momento usted pudiera (por su vasta experiencia) ponernos en guardia contra estas tentaciones. Que Nuestra Madre lo bendiga en su iluminadora vocación.
22/07/09 2:43 PM
  
solamente juan
¡Aleluya! Por los maestros que se ponen bajo el amparo del Altísimo Nuestra Madre siempre Virgen y nuestra muy querida Comunión de los Santos y se arman de la Verdad Para entrar en batalla

Gracias padre, no sabe como mi fe se reafirma y mis esperanzas para las Iglesias hispanas, sobretodo la de España se reavivan .

Pido a Dios a La Virgen María y todos los Santos, que le protejan en éstas batallas tan poco populares y escabrosas. ¡Aleluya Aleluya!

22/07/09 6:12 PM
  
Flavia
" Los libros de espiritualidad cristiana que ignoran al demonio son un fraude."
Dios se lo pague. No sabe las ganas que tenía de verlo así de claro escrito.
22/07/09 11:00 PM
  
Irina
Gracias, gracias, gracias

Precioso "post", Padre.

¡Aleluya, Aleluya!

Pido a Dios a La Virgen María y todos los Santos, que le protejan

Gracias padre, por difundir la Verdad!

Que Nuestra Madre lo bendiga en su iluminadora vocación

Es Vd. una rareza, una bendita rareza. Que la Santísima Virgen lo ampare de los ataques del Enemigo

¡Qué gran esperanza nos transmite con sus escritos!
23/07/09 8:45 AM
  
Luis Alberto
Padre, no busco publicar un comentario, porque lo que voy a comentarle no está relacionado con este hilo, sino pedirle un consejo a nivel personal. Me viene muy bien, por tanto, que estos comentarios sean moderados previamente por usted.

El caso es que tengo una compañera de trabajo, joven de 29 años, guapa, soltera, “liberada”, educada en total desconexión con las verdades y los valores cristianos y muy probablemente en contra de los mismos. Para ella, hablar del tema religioso es como hablarle del punto de cruz, algo que no le interesa y que rechaza por ósmosis con el ambiente en que se mueve.

Me da pena y rabia porque la veo muy perdida. Desde hace un tiempo ella es consciente de que necesita poner un rumbo en su vida, hasta ahora bastante a la deriva, y lo está buscando en la psicología, manuales de autoconocimiento, el eneagrama, etc.

Como cristiano, sé que la difusión de la fe es una de nuestras obligaciones y aquí he visto una oportunidad, ya que me parece que lo está pidiendo a gritos. Pero el caso es que no sé cómo afrontar el asunto. Si entro a saco, se me espanta. Cuando he intentado alguna maniobra envolvente, rápidamente cambia de tema.

Quiero pedirle consejo, Padre, algún texto para ofrecérselo, cómo se puede actuar en un caso así. Para mí es un reto, ya que me siento comprometido con la “causa” y creo que hace mucha falta una labor de reevangelización. Si nuestros antepasados nos han dado tan grandes ejemplos en este terreno ¿cómo puedo yo imitarlos, que no les llego ni a la altura de las zapatillas?

Muchas gracias, Padre, por su ayuda diaria a través del blog y a través de sus conferencias y de sus textos.

Mi dirección de correo electrónico es ldiazcam@gmail.com


Un afectuoso saludo en Cristo.


Luis Alberto
23/07/09 10:42 AM
  
José María Iraburu
Luis Alberto,
si hemos de "evangelizar a toda criatura", a esa joven también, sin duda.
¿Cómo? Esto ya se refiere a los medios prudenciales que conviene poner, y no conociendo yo ni la persona ni las circunstancias, no soy capaz de aconsejarle. Hablarle, dejarle libros, invitarle a una reunión de jóvenes católicos, rezar por ella (lo fundamental), los medios que ya conoce.
Desde luego, un pró-logo al logos evangelizador suele ser necesario: entrar un poco en su amistad, ganarse su confianza con el afecto, pequeños servicios, etc. Hay que "ganarse el derecho" de llamarle a conversión. No se puede entrar en la intimidad de las personas como un caballo que entrara en una cacharrería. El Señor comienza hablando con la samaritana del agua, del pozo, etc., pero en seguida la habla del Agua viva que recibe quien le recibe a Él, Salvador del mundo, también de los samaritanos.
23/07/09 10:59 AM
  
Pedro Gonzalez
Me confunde Padre Iraburu.

Critica sin piedad, se mofa y desprecia a los escritores de libros de espiritualidad que no mencionen al diablo. El libro de espiritualidad que más me ha impactado en mi vida fue escrito por un Sacerdote holandés que vivió sobre todo en Estados Unidos y el libro en cuestión trata sobre la parábola del hijo pródigo. Y no recuerdo que en ningún momento mencione al diablo. Por tanto, según usted, sería un oportunista o un cobarde! Su arragoncia me impresiona. Pero después, al responder a Luis Alberto, responde con toda humildad que no es capaz de aconsejarle. Verdaderamente, me confunde.
23/07/09 7:24 PM
  
José María Iraburu
Pedro González,
"critica sin piedad", etc. Bueno, yo digo que silenciar al diablo por sistema en libros de espiritualidad, como tantas veces se hace, implica una falsificación del Evangelio.
Que una obra concreta, como ésa del hijo pródigo, se centre en un tema y lo desarrolle muy bien sin mencionar al diablo, por supuesto que no me parece sea ni oportunismo ni cobardía.
Lo de arrogancia, bueno, usted verá lo que le parece.
Lo de no dar consejo concreto a Luis Alberto lo razono de modo convincente.
23/07/09 7:49 PM
  
Luis Alberto
Pedro González

Para mí, la respuesta del Padre Iraburu es satisfactoria.

Es más, comprendo que la cuestión que le he planteado, sin conocer "ni la persona ni las circunstancias", no es dar muchas facilidades por mi parte.

Me queda claro que cuando el evangelizador es una persona a la que la fe se le rebosa por los poros, el acto evangelizador se da casi de forma natural.

Por el contrario, para los creyentes mucho más modestos, como es mi caso, conseguir algo así es casi una hazaña. Como si me planteasen ascender a una montaña de 3.000 metros: fácil para el montañero experimentado, pero mucho más complicado para los más sedentarios.
23/07/09 10:26 PM
  
blogall

Cuenta José Antonio Sayés, en su libro "El Demonio ¿Realidad o mito?" (Edicep), que las referencias al demonio en el Nuevo Testamento (con diversas denominaciones) son 511.
Habría que arrancar unas cuantas páginas para suprimirlo ...
24/07/09 12:21 AM
  
Chema
Padre Iraburu, cual es el metodo mas efectivo para combatir al demonio?
25/07/09 1:19 AM
  
José María Iraburu
Chema,
contesto en (18) El demonio -y III
25/07/09 9:33 AM
  
Natalia
Padre, fantástico post. Gracias por hablar tan claro y con tanta fuerza. Es usted una luz para nosotros.
25/07/09 10:53 AM
  
william
Hermano Jose Maria I . yo soy un seguidor de cristo pentecostal y apesar de nuestras diferencias en otras areas creo que en la mayoria estamos de la mano porque nuestro guia es Cristo , y me ha dado mucho gusto leer lo que usted escribio con respecto a los demonios, y realmente no tengo dudas de que el opsitor y sus ayudantes son tan reales como nosotros , por lo tanto nesesitamos cubrirnos con la armadura de nuestro Dios todo poderoso . Amen, y que Dios le Bendiga !!:))
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JMI.- Dios le bendiga.
05/03/12 8:15 AM

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