(240) La dirección espiritual o el acompañamiento espiritual –1

–Perdone. ¿Ese «o» es disyuntivo o copulativo, como lo usan algunos periodistas?

–Disyuntivo, como Dios manda. Una cosa es la dirección espiritual y otra, distinta, el acompañamiento espiritual.

En honor de San Juan de Ávila (1500-1569), declarado Doctor de la Iglesia (7-X-2012), escribo este artículo al finalizar ya el Año Jubilar Avilista (12-X-2012 / 19-X-2013) concedido por el Papa Benedicto XVI en Montilla (Córdoba), en la Basílica donde se venera el sepulcro del Maestro santo. Él, con su vida y sus escritos, especialmente en el Audi filia (=AF) y en sus Cartas (=Cta), nos dejó sobre la dirección espiritual preciosas enseñanzas.

–Es cuestión de humildad. La necesidad de un guía para ir adelante por los caminos de la perfección evangélica fue conocida desde el comienzo del cristianismo. Cuando un cristiano busca la plena unión con Dios, la perfecta configuración a Cristo, la total docilidad al Espíritu Santo, conociendo la vulnerabilidad de su entendimiento ante el error y la de su voluntad ante la carne, el mundo y el diablo, si es humilde, busca un guía. Si es humilde. Si es soberbio, se fía de su saber y poder, y no lo busca.

«Esto tiene el alma humilde –dice San Juan de la Cruz–: que no se atreve a tratar a solas con Dios, ni se puede acabar de satisfacer, sin gobierno y consejo humano» (2 Subida 22,11).

En el siglo IV, por ejemplo, cuando un fiel cristiano, por el camino del monacato, lo deja todo y parte al desierto, lo primero que hace es buscar «un guía espiritual», «un maestro», «un anciano»monje santo y experimentado, «un padre (abba)», que pueda conducirlo por el camino de la santidad. A él ha de sujetarse en todo por la docilidad y la obediencia, pues para unirse plenamente a la voluntad de Dios, muriendo a la propia, no hay camino más corto y seguro. Y no queriendo vivir más tiempo «abandonado a los deseos de su corazón» (Rm 1,24), busca por eso un guía, un maestro, un padre, que le ayude a salir de sí mismo, para unirse del todo a Cristo. Y hoy, y más hoy, estando tan revuelto el mundo y habiendo dentro de la Iglesia tantos errores, esa necesidad de un guía fide-digno es mayor que nunca.

Juan Pablo II: «Es necesario admitir con realismo que los cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos, e incluso desilusionados. Se han propalado a manos llenas ideas contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre. Se han difundido verdaderas y propias herejías en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones» (6-II-1981). Hoy San Juan de Ávila, a cualquiera que intente ir adelante por el camino de la perfección evangélica, le exhorta: «no has de vivir, hermano, por tu seso, ni por tu voluntad, ni por tu juicio; por Espíritu de Cristo has de vivir» (Ser 28,478). Gran parte de los bienintencionados candidatos que entran en seminarios, monasterios, movimientos, traen en su mente muchos engaños y confusiones, y están muy necesitados de ayuda para ir adelante por los caminos de la santidad.

El Magisterio apostólico y los grandes Maestros de espiritualidad siempre han venerado la dirección espiritual.

San Juan de la Cruz enseña que Dios dispone el orden sobrenatural en formas semejantes a las que Él mismo ha dado al orden natural. Y en este sentido, dice, es Dios «muy amigo de que el gobierno y trato del hombre sea también por otro hombre semejante a él»: un padre, un maestro, un médico, un director… (2 Subida 22,9). Podría santificar Dios las almas in-mediatamente; pero ha querido hacerlo mediatamente, haciendo participar de su espíritu y de su acción a ciertos hombres que co-laboren con Él.

León XIII reafirma la validez de la dirección espiritual frente a los americanistas que, alegando la primacía de la libre moción del Espíritu Santo, consideran «toda dirección exterior como superflua, e incluso menos útil para aquellos que quieren tender hacia la perfección cristiana». A éstos les dice: «La ley común de Dios providente establece que, así como los hombres son generalmente salvados por otros hombres, de modo semejante aquellos que Él llama a un grado más alto de santidad sean también conducidos por hombres». Cuando San Pablo, por ejemplo –recuerda el Papa–, recién convertido, pregunta: «¿qué he de hacer, Señor?», y el Señor le remite a Ananías, en Damasco: «allí se te dirá lo que has de hacer» (Hch 22,10) (Cta. Testem benevo-lentiæ, 1899).

Pío XII enseña: «Al trabajar y avanzar en la vida espiritual, no os fiéis de vosotros mismos, sino que con sencillez y docilidad, buscad y aceptad la ayuda de quien, con sabia moderación, puede guiar vuestra alma, indicaros los peligros, sugeriros los remedios idóneos, y en todas las dificultades internas y externas os puede dirigir rectamente y llevaros a perfección cada vez mayor, según el ejemplo de los santos y las enseñanzas de la ascética cristiana. Sin estos prudentes directores de conciencia, de modo ordinario, es muy difícil secundar convenientemente los impulsos del Espíritu Santo y de la gracia divina» (enc. Menti Nostræ 1950, 27).

–El Concilio Vaticano II muestra un gran aprecio por la dirección espiritual, exigiéndola en Seminarios y Noviciados, según establece el Derecho Canónico. La dirección es muy conveniente para la santificación de los sacerdotes (PO 18c), que a su vez deben procurarla, siempre que puedan, a los fieles, especialmente a los jóvenes con indicios de vocación sacerdotal (11a). En los Seminarios, tanto menores como mayores, la dirección ha de emplearse asiduamente en la formación espiritual (OT 3a, 19a), y también ha de ser parte integrante de la vida religiosa, en su formación y en su desarrollo (PC 14c, 18d).

La acción pastoral de Cristo es modelo permanente y universal. Y el Señor, teniendo solamente tres años para llevar adelante Él solo la obra entera de la implantación del Reino de Dios sobre la tierra, sin embargo, distribuye su actividad, su tiempo, su dedicación, en círculos concéntricos de menor a mayor: los tres, Pedro, Santiago y Juan, los doce, los setenta, la muchedumbre. Así nos consta por los Evangelios. Y así debe seguir planteándose el trabajo pastoral en la Iglesia de hoy.

Actualmente, con tanta escasez de sacerdotes y con tantas necesidades pastorales apremiantes, fácilmente la dirección espiritual viene a considerarse como un lujo más bien superfluo dentro del conjunto de los ministerios pastorales. Y ése es un error muy grave. Hemos de seguir el modelo pastoral de Cristo en todo lo que nos sea posible. En una parroquia, por ejemplo, deben desarrollarse cultivos pastorales amplios, como de agricultura: liturgia, catequesis, enfermos, cáritas, etc.; pero no deben faltar cultivos más reducidos e intensos, como de jardinería: y ahí se sitúa, entre los demás ministerios, la dirección espiritual.

El crecimiento de la comunidad cristiana exige acciones pastorales extensas y también intensas, más concentradas en grupos pequeños o en personas concretas. Todos los ministerios son necesarios, aunque cada sacerdote, por supuesto, no es capaz de ejercitarse en todos ellos. Y la dirección espiritual tiene entre todos los ministerios una gran necesidad, pues allí donde no hay un cultivo pastoral suficientemente intenso y profundo, no podrán ser fecundos los cultivos más extensos. No habrá, por ejemplo, vocaciones sacerdotales y religiosas, sin las cuales el servicio apostólico del pueblo se ve tan gravemente comprometido.

Este criterio parte de la imitación pastoral de Cristo, pero al mismo tiempo se fundamenta en una verdad muy profunda e ignorada: más agrada a Dios y a los hombres un santo, un cristiano perfecto, que un millón de cristianos imperfectos. Más crece la Iglesia con un San Juan de Ávila que con mil sacerdotes mediocres. Más le dice a la gente una madre Teresa de Calculta que un millón de religiosas mediocres. Es evidente.

Comentando a Santo Tomás, enseñan los Salmanticenses: «1. Un justo perfecto agrada más a Dios y lo glorifica más que muchos justos tibios e imperfectos… [Por tanto] 2. Más agrada a Dios y le glorifica un predicador o maestro de espíritu que convierte a un solo pecador llevándolo a la perfección, que el que convierte a muchos dejándolos tibios e imperfectos. 3. Hace cosa mejor y glorifica más a Dios el predicador o maestro de espíritu que con su doctrina y ejemplo lleva a gran perfección a un justo imperfecto, que quien convierte a muchos del pecado, dejándolos tibios e imperfectos» (Tractatus de caritate disp.3 dub.3).

* * *

Cualidades del director

A los sacerdotes, generalmente, corresponde el ministerio pastoral de la dirección espiritual, pues por el sacramento del Orden, Dios los ha ungido y confortado especialmente para que, «en persona de Cristo Cabeza», puedan enseñar, guiar y santificar a los fieles (Vat.II, PO 2c). Pero también es cierto que a veces confiere el Señor este mismo carisma a religiosos no ordenados (el hermano jesuita San Alonso Rodríguez, portero en Mallorca del teologado de la Compañía, fue director de San Pedro Claver), a religiosas (maestras de novicias, como Santa Teresita), o a otros cristianos (como la terciaria Santa Catalina de Siena).

En todo caso, sean sacerdotes, religiosos o laicos, los directores espirituales necesitan tener ciertos dones naturales y espirituales, como es obvio, pues «si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mt 15,14). Por eso San Juan de la Cruz recomienda con tanto empeño al que va a tomar director espiritual «mirar en qué manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo» (Llama 3,30-31).

La falta de dirección espiritual o la mala dirección, dice San Juan de la Cruz, trae consigo que muchas almas «no pasan adelante… por no se entender y faltarles guías idóneas y despiertas, que las guíen hasta la cumbre. Y así, es lástima ver muchas almas a quienes Dios da talento y favor para pasar adelante… y quédanse en un bajo modo de trato con Dios, por no querer, o no saber, o no las encaminar y enseñar a desasirse de aquellos principios» (Prólogo Subida 3). Ya se había quejado de lo mismo San Juan de Ávila –y todos los maestros espirituales–: «¡Oh, cuánto mal ha hecho a sí y a otros, gente sin letras, que ha tomado entre manos negocio de la vida espiritual, haciéndose jueces de ella, siguiendo solamente su ignorante parecer» (AF 28,2734).

1. Ciencia, buena doctrina. Y buena doctrina especialmente en teología espiritual, en ascética-mística. Es condición primera y fundamental. Un director, aunque no tenga plena experiencia de los caminos del Espíritu, debe tener al menos un conocimiento doctrinal de ellos, para poder enseñarlos a quienes, ignorándolos, quizá los van a recorrer totalmente. Y por otra parte, también las personas de altísimas experiencias espirituales necesitan verificarlas, confrontándolas con la buena doctrina. Por ejemplo, Santa Teresa, según ella misma dice, «no hacía cosa que no fuese con parecer de letrados» (Vida 36,5). «Es gran cosa letras, porque éstas nos enseñan a los que poco sabemos y nos dan luz, y allegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos; de devociones a bobas líbrenos Dios» (13,16) «Buen letrado nunca me engañó» (5,3).

Por el contrario, durante diecisiete años, como ella misma refiere, «gran daño hicieron a mi alma confesores medio letrados… Lo que era pecado venial decíanme que no era ninguno; lo que era gravísimo mortal, que era venial» (Vida 5,3). Pareciera que, al menos, las verdades fundamentales cualquier director las conocerá; «y es engaño. A mí me acaeció tratar con uno cosas de conciencia, que había oído todo el curso de teología, y me hizo harto daño en cosas que me decía no eran nada. Y sé que no pretendía engañarme, sino que no supo más; y con otros dos o tres, sin éste, me acaeció» (Camino Vall. 5,3). Y de ello se lamenta mucho: «Si hubiera quien me sacara a volar…; mas hay –por nuestros pecados– tan pocos [directores idóneos], que creo es harta causa para que los que comienzan no vayan más presto a gran perfección» (Vida 13,6: es la misma enseñanza de S. Juan de la Cruz: prólogo Subida 3; 2 Subida 18,5; Llama 3,29-31).

2. Experiencia. ¿Cómo podrá guiarnos por caminos evangélicos aquel que apenas los ha caminado?… Dice San Juan de Ávila: «conviene que para el regimiento de vuestra conciencia toméis por guía y padre alguna persona letrada, y experimentada, y ejercitada en las cosas de Dios, y no toméis quien no tenga uno sin otro» (Reglas de espíritu II,9). San Juan de la Cruz dice que «algunos padres espirituales, por no tener luz y experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y dañar a semejantes almas que ayudarlas al camino», y así «doblan el trabajo a la pobre alma» (Prólogo Subida 4-5).

Un maestro espiritual experimentado es en Cristo una luz preciosa, que puede iluminar a otros los caminos misteriosos de la santidad que él ya ha caminado o está caminando. Un guía que, en mayor o menor medida, se está ya ejercitando en los dones intelectuales del Espíritu Santo –entendimiento, sabiduría, ciencia, consejo–, y que está ya libre de tantos apegos desordenados que oscurecen el discernimiento y entorpecen el consejo, haciéndolo demasiado rígido o demasiado laxo, prematuro o tardío. De hecho, en muchos casos, aunque no siempre, los santos han tenido directores espirituales santos, canonizados o no.

El padre Lallemant (+1635) muestra la necesidad de una vida espiritual profunda en los directores espirituales: «Las personas más idóneas para conducir a otras y darles consejo en las cosas que se refieren a Dios, son aquellas que, teniendo la conciencia pura y el alma libre de pasión y de todo interés propio, teniendo de modo suficiente ciencia y talento natural, aunque no los tengan en un grado eminente, están bien unidas a Dios por la oración y bien sumisas a las mociones del Espíritu Santo» (Doctrine spirituelle IV,4,4).

Parece claro, por el contrario, que un director apenas experimentado en los caminos del Espíritu, difícilmente podrá guiar a otros por senderos que él no ha andado; ni será tampoco capaz de entender unos estados de alma que no conoce ni de lejos. Y esto es así sobre todo cuando ha de darse asistencia espiritual a los que van más altos; porque para la dirección de los más incipientes, la buena doctrina, aunque la experiencia sea escasa, puede ser suficiente.

3. Oración. «El confesor debe orar mucho al Señor por la salud de su enfermo», dice San Juan de Ávila (AF 28,2734). Parece fácil hacer el bien a las personas, escribe Santa Teresa del Niño Jesús; pero estando en ello «se comprueba que hacer el bien [a alguien] es tan imposible sin la ayuda de Dios como hacer brillar el sol en medio de la noche» (Manusc. autob. X,11). Para hacer el bien al dirigido es preciso un milagro de la gracia, y los milagros, más que hablando y haciendo, se consiguen por la oración. Por tanto, está claro: el director ha de ser un hombre de oración, que rece mucho por las personas que el Señor le ha confiado. Si un milagro del Espíritu es necesario para que un pecador pase de la vida mala a la buena, aún más grande es el milagro que ha de hacer para que pase de la vida buena, pero más o menos mediocre o retardada, a la vida plenamente santa. Y de hecho es un milagro mucho menos frecuente.

¿Cómo conseguir que una persona entienda algunos pensamientos que no acaba de captar, cautiva todavía en ciertos pensamientos viejos? ¿Cómo lograr que haga lo que no hace, porque no se decide o porque no lo consigue? ¿Qué puede hacerse para que un corazón que es duro o frío, o cerrado en sí mismo, o temeroso, inseguro, triste, venga a sentir «los mismos sentimientos de Cristo Jesús» (Flp 2,5)?… Sólo el Espíritu Santo es capaz de «crearle un corazón puro, y renovarle por dentro con espíritu firme» (Sal 50,12).

Un buen director espiritual ha de ser para aquel cristiano que Dios le confía un maestro en las cosas del Espíritu, un amigo y un guía para andar por los caminos evangélicos, un consejero para las dudas y conflictos, una asistente para ayudarle a llevar la cruz. Pero aún más todavía, mucho más, ha de ser un intercesor orante, alguien que se hace cargo de él en una oración asidua: un hombre de fe, capaz de pedir con perseverancia y esperanza que, por pura bondad de Dios, se obren en él esos milagros de la gracia que necesita.

«La literatura oriental –escribe el padre Luis Mendizábal, S.J.– subraya insistentemente que la oración constante por sus dirigidos es función esencial del director espiritual. El dirigido se confía a la oraciones del director, y éste lo asume por título especial como objeto de su intercesión orante. El director debe ser un “ven Espíritu Santo” continuo en el corazón, pidiendo la asistencia del Espíritu para sí y para el dirigido. Puede decirse que invoca al Espíritu Santo “en fuerza de su oficio” y, por tanto, de manera especial, “en el nombre del Señor”. En consecuencia, puede hacerlo con confianza y con humilde audacia e insistencia, aun cuando se vea personalmente indigno, porque ora en nombre de Cristo y está seguro de que alcanzará el influjo irresistible del Espíritu» (Dirección espiritual, BAC, Madrid 1978, 84-85).

4. El discernimiento adquirido y el infuso. El director que tiene ciencia, experiencia y oración, tendrá también, en mayor o menor medida, discernimiento, sea éste adquirido o sea infuso. Las íntimas mociones que el dirigido experimenta, a veces en forma intensa y duradera, pueden proceder 1.-del Espíritu divino, 2.- del espíritu del diablo y del mundo, o 3.-de la propia carne, de las inclinaciones, deseos y temores personales. Es necesario, pues, el «discernimiento de espíritus» (1Cor 12,10), es preciso «examinar si los espíritus vienen de Dios» (1Jn 4,1). Y a los comienzos, sobre todo, el cristiano está muchas veces confuso y dubitativo. Gran cosa es entonces, y siempre, la humildad para recibir el consejo de un guía espiritual fidedigno, que le ayude a conocer la voluntad de Dios en el momento concreto, y aún más en la opción decisiva. Y como dice San Juan de Ávila en carta a Santa Teresa, hay que «esperar en Dios que, si hay humildad para sujetarse a parecer ajeno, no dejará engañar a quien desea acertar» (Cta. 158).

El discernimiento adquirido es necesario en el director para ayudar a las personas que se le confían, para no hacerles daño alguno, y no le faltará si tiene suficiente ciencia, experiencia y oración, y si, en alguna medida, aunque no sea perfecta, está libre de apegos personales desordenados. Es éste, sin embargo, un discernimiento no infalible, que puede faltar a veces sin culpa, por ejemplo, cuando carece el director de ciertas dotes psicológicas para conocer el interior de las personas. Para su práctica prudente existen ciertas reglas de discernimiento, ya elaboradas por la tradición espiritual, como las de San Ignacio.

Si el director, por el contrario, careciera de discernimiento espiritual bastante, podría practicar el acompañamiento –del que hablaré después–, pero no la dirección espiritual, pues en ésta, que incluye una cierta forma de obediencia, podría causar en las personas, aún sin pretenderlo, graves males, de los que sería tan responsable como un cirujano, que se atreviera a hacer operaciones para las que no está preparado. San Juan de la Cruz advierte a los guías espirituales, con gran severidad, que «el que temerariamente yerra, estando obligado a acertar, como cada uno lo está en su oficio, no pasará sin castigo, según el daño que hizo» (Llama 3,56).

El discernimiento infuso, en cambio, que puede ser una gracia especial gratis dada o bien un crecido don de consejo, hace posible discernir los espíritus de modo infalible, ya que en ambos casos el guía obra por moción inmediata del Espíritu Santo. Por este don el director espiritual puede prestar a las personas una guía inapreciable, ayudándoles a conocer con toda certeza, en los aconteceres diarios y en ciertos momentos cruciales, la voluntad concreta de Dios providente.

El discernimiento infalible es muy infrecuente, y suele Dios darlo únicamente a los santos, en quienes es ya poderosa y casi continua la acción de los dones del Espíritu Santo. Pero incluso falta a veces en los mismos santos.

–San José, siendo «un varón justo», santísimo, humilde, sin apegos desordenados, después de mucho meditarlo y orarlo, ante el embarazo de su esposa la Virgen, «decidió repudiarla en secreto» (Mt 1,18-19). Y si Gabriel arcángel, enviado por Dios, no le hubiera mandado recibirla, habría cometido un enorme error.

–San Francisco de Asís, tan firme y seguro, a veces frente a muchos, en tantas cosas del Evangelio, no acaba de ver por dónde quiere llevarle Dios, ya en la madurez de su vida, y ha de mandar un mensajero a Santa Clara y al hermano Silvestre, para preguntarles a qué debe dedicarse, si a la predicación o a la contemplación (!), dispuesto a seguir su dictamen (San Buenaventura, Leyenda Mayor 12,2).

–San Ignacio de Loyola, el genial autor de las famosas Reglas para la discreción de espíritus, estando en Tierra Santa, hace «propósito muy firme» de arraigarse allí. Y durante bastantes años persiste con sus primeros compañeros de París en su idea, cuando en realidad no era ése el plan providente de Dios. Y en 1551, cinco años antes de morir, después de haber examinado mucho la cuestión y de haberla encomendado largamente al Señor en la oración –siendo un hombre de tan altísimas luces contemplativas –, decide «absolutamente» renunciar a la guía de la Compañía (!), al frente de la cual, dócil al sentir unánime de sus hermanos, sigue hasta su muerte. Toda su vida, como dice su biógrafo Nadal, «era llevado suavemente a donde no sabía». Y no le fue mal. Ya lo dice San Juan de la Cruz: «para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes». El discernimiento infalible de espíritus es muy infrecuente, y se recibe de Dios sobre todo por la oración de súplica y la sujeción humilde al parecer de hombres espirituales fidedignos.

5. La libertad del cristiano, bajo la acción del Espíritu Santo, debe ser guardada en la dirección espiritual con todo cuidado.La dirección espiritual es, sin duda, una forma preciosa de paternidad, y ésta es transmisión de vida. Por eso, como dice San Juan de Ávila muchas veces, el director o confesor es «guía y padre» (AF 55,5638). Es, pues, completamente normal que San Francisco de Asís transmita a sus hijos y hermanos una especial devoción por la pobreza, o que San Pablo de la Cruz forme a los suyos en la meditación asidua de la Pasión de Cristo. Esto es así, y debe serlo, sin atropello alguno de la libertad personal, sobre todo cuando el dirigido comienza su camino espiritual. Es lo mismo que sucede con los padres en relación a sus hijos más pequeños. Pero cuando ya el cristiano va más adelante en la vida espiritual, debe el director concentrar más su cuidado en descubrir las vías particulares por donde Dios quiere llevarle, que no siempre serán las de su padre espiritual. No debe sujetar y retener a las personas en el camino que él mismo lleva. Los santos han aplicado este principio con una gran prudencia.

–San Pablo de la Cruz, por ejemplo, a una señora «que [según ella dice] no sabe hacer oración si no es sobre la vida, pasión y muerte del Salvador» –es decir, del modo que él mismo le habría enseñado e inculcado tantas veces–, le avisa: «es óptima cosa y santísima el pensar en la Pasión santísima del Señor, hacer oración sobre ella; es la manera de llegar a la santa unión con Dios. Pero debo advertirle que no siempre el alma puede seguir la misma conducta que al principio; hay que secundar los impulsos del Espíritu Santo y dejarse guiar como quiere su Divina Majestad» (A Mariana de la Escala 3-I-1729).

–Santa Teresa: «así como hay muchas moradas en el cielo, hay muchos caminos» para llegar a él (Vida 13,13). Es un grave error, que puede darse incluso dentro de un mismo instituto religioso, en el que todos sus miembros participan de una espiritualidad común. Y así lo hace notar la Santa por lo que se refiere al Carmelo: «Una priora era amiga de penitencia. Por ahí llevaba a todas»… Pero no ha de ser así, sino que en ese asunto, y en todos, hay que «procurar llevar a cada una por donde Su Majestad la lleva» (Fundaciones 18,6-10).

–San Juan de la Cruz: «Adviertan los que guían las almas y consideren que el principal agente y guía y movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Espíritu Santo,que nunca pierde cuidado de ellas, y que ellos sólo son instrumentos para enderezarlas en la perfección por la fe y la ley de Dios, según el espíritu que Dios va dando a cada una. Y así todo su cuidado sea no acomodarlas a su modo y condición propia de ellos,sino mirando si saben el camino por donde Dios las lleva, y, si no lo saben, déjenlas y no las perturben» (Llama 3,46). Y esto ha de ser así porque «a cada uno lleva Dios por diferentes caminos; que apenas se hallará un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo del otro» (3,59). «Deben, pues, los maestros espirituales dar libertad a las almas» (ib. 3,61).

Por eso, cuando un director se empeña en retener las personas bajo su influjo, como apropiándose de ellas; cuando estima que es capaz de ayudar a cualquiera en todas las fases de su crecimiento; cuando procura evitar que consulten con otros, comete un grave pecado. Y así es como «muchos maestros espirituales hacen mucho daño a muchas almas» (ib. 3,31; cf. 56-59). Un cirujano experto puede salvar una vida, pero otro inexperto puede causar la muerte. De modo semejante, «los negocios de Dios con mucho tiento y muy a ojos abiertos se han de tratar, mayormente en cosas de tanta importancia y en negocio tan subido como es el de estas almas, donde se aventura casi infinita ganancia, y casi infinita pérdida en errar» (ib. 3,56).

Esta doctrina es frecuentemente ignorada en la práctica, y eso explica la insistencia de los grandes maestros espirituales en enseñarla. En efecto, fácilmente el director estima, aunque sea inconscientemente, que su camino o el camino de su Orden o movimiento es el mejor de los posibles –apego carnal al bien espiritual que Dios le ha dado–, y trata así, con la mejor voluntad, de inculcarlo a todos sus dirigidos, dando por supuesto que es el camino que el Espíritu Santo quiere darles. Sin embargo, «el viento [del Espíritu] sopla donde quiere. Y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo nacido del Espíritu» (Jn 3,8). En realidad, las personas son un misterio para ellas mismas y para quien las dirige. Sólo Dios las conoce de verdad, y sólo Él conoce sus designios de amor sobre ellas.

Santa Teresita, en su tiempo de maestra de novicias, comprueba que en la formación de las personas «es absolutamente necesario olvidar los gustos personales, renunciar a las propias ideas, y guiar a las almas por el camino que Jesús les ha trazado, sin pretender hacerlas ir por el nuestro» (Manusc. autob. X,11).

En el próximo artículo, con el favor de Dios, veremos las actitudes espirituales que debe tener el dirigido, y la diferencia considerable que existe entre la dirección espiritual y el acompañamiento espiritual.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

33 comentarios

  
Luis Fernando
Dos cosas.

1- Dice usted:
Pero también es cierto que a veces confiere el Señor este mismo carisma a religiosos no ordenados (el hermano jesuita San Alonso Rodríguez, portero en Mallorca del teologado de la Compañía, fue director de San Pedro Claver), a religiosas (maestras de novicias, como Santa Teresita), o a otros cristianos (como la terciaria Santa Catalina de Siena).


Pregunto: ¿y a seglares? ¿se ha dado algún caso en la historia? ¿existe alguna indicación de la Iglesia al respecto?

No hablo de dar algún consejo de vez en cuando. Yo mismamente lo hago con personas que me hacen todo tipo de consultas, algunas de orden espiritual. Pero no es eso. Me refiero a que un seglar se dedique a llevar la dirección espiritual de otros. Yo creo que es altamente inadecuado, aunque puede que el Señor lo permita en ausencia de sacerdotes dedicados a ese menester.

2- Aunque sé que no se puede citar a todos los santos, le ruego que en el próximo artículo nos cite algo del capítulo IV de la Introducción a la Vida devota, de San Francisco de Sales, que está dedicado expresamente a esta materia. Precisamente él hace referencia a San Juan de Ávila (quizás por eso no le ha citado ya)
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JMI.-Respondeo dicendum

ad primum.-Como ya he dicho, en principio la dirección espiritual es un ministerio pastoral, sobre la persona individual, no sobre la comunidad, que corresponde especialmente a los sacerdotes, que actúan "in persona Christi". Pero ya digo que ha habido muchas excepciones, como las que cito. Y en cuanto a laicos/as, tanto como decir que "se dediquen" a ese ministerio, no conozco casos, quizá los haya. Pero p.ej. una Conchita Cabrera de Armida, la fundadora mejicana de la que hablo en artículo (152), sí que venía a ser una directora espiritual de muchos. Y en cierto sentido, también Marthe Robin. Pero son excepciones, digamos, carismáticas. Normalmente no es ésa la vocación y misión de los laicos. Aunque en casos de ausencia casi total de sacerdotes, Dios los moverá a suplirlos en la dirección espiritual.

ad secundum.-En el segundo art. de Dirección espiritual cito a SFco de Sales, sobre todo en el tema de la obediencia. El cap.IV de la Introducción, sobre la dir.esp., es precioso.
14/10/13 1:03 PM
  
David
Gracias, maravilloso artículo, como siempre.

//////////////// editado /////////////////////////.

Por otro lado, ¿no le parece que los diáconos permanentes casados podrían realizar muy bien este papel dirigiendo a personas también casadas dada su doble condición sacramental orden-matrimonio, y por tanto doble "sensibilidad"? No los menciona en su artículo.

Y por último, a veces ocurre, en seminarios por ejemplo, que se impone un director espiritual concreto. ¿Qué opina de eso?
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JMI.-No conozco con toda exactitud el estatuto de los diáconos permanentes, y no tengo a mano documentación para informrme. Por eso no sabría responder con seguridad su pregunta. En cuanto que participan del Orden sagrado, reciben una especial configuración con Cristo (sobre la del bautismo) que en principio les hace más idóneos que a un laico para la dirección espiritual. Sin embargo, las misiones que la Iglesia les encomienda -atención a los pobres, servicio en la Eucaristía, administración de algunos sacramentos- no tengo idea de que incluya la formación espiritual y guía de los fieles, como es misión de los presbíteros. Por otra parte, la formación doctrinal y espiritual que la Iglesia dispone para los presbíteros es mucho más prolongada que la de los diáconos permanentes.

El Derecho Canónico dispone que en el Seminario haya al menos un director espiritual, y otros directores espirituales opcionales designados por el Obispo (c. 239,2). En algunos casos, puede el Obispo (y me figuro que el Rector) autorizar "ad casum" que un seminarista lleve dirección con otro sacerdote.
14/10/13 2:48 PM
  
susi
Muy interesante su artículo, como siempre, Padre.
Sí que es muy necesario tener un director que nos diga , oyendo al Espíritu Santo, por dónde ir.
Es una gracia de Dios muy grande el tener un buen director espiritual, pero harto complicado en estos momentos en los que hasta es difícil encontrar un simple confesor.

/////////////////// editado ////////////////////////
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JMI.-Pedirlo al Señor. Y si no lo da, el ESanto será el dir. espiritual, como ocurrió con Santa Teresita. Y no le fue mal.
14/10/13 3:23 PM
  
Emiliana
En realidad, las personas son un misterio para ellas mismas y para quien las dirige. Sólo Dios las conoce de verdad, y sólo Él conoce sus designios de amor sobre ellas.

Padre se darán casos en los que tal ves Dios no quiera darle al alma un director espiritual o guia y la mantenga en la soledad de criaturas, que nadie la entienda, nisiquiera cuando habla y no pueda reposar su corazón más que en el Sagrario?.

Existe alguna forma de saber hasta donde estas almas sin guia o director y con deseos de santidad, viven es engañadas?

Dios le pague y lo siga bendiciendo.
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JMI.-La dirección espiritual es un don de Dios muy grande, pero es un medio, y es un medio que no necesariamente da Dios a todos, y menos en tiempos de muy pocos sacerdotes; y menos aún cuando la mayoría de ellos tienen escasa preparación en la doctrina espiritual (ascético-mística, o como quiera llamársele).
Podemos pedirle a Dios un guía espiritual, pero no exigírselo. Y si no nos lo da, Él nos guiará por el ESanto, sin mediador, o nos concederá la ayuda de alguna/s persona/s espiritual/es que pueda/n aconsejarnos bien.

"No debe el hombre tomarse nada si no le fuere dado del cielo" (Jn 3,27).
14/10/13 3:28 PM
  
José María Iraburu
AVISO
Con pena, he tenido que "editar" un par de párrafos de comentaristas.

Los institutos religiosos y las asociaciones de fieles (me refiero a los que tienen Constituciones o Estatutos aprobados por la Autoridad apostólica), suelen regular de una u otra manera la cuestión interna de la dirección espiritual de sus miembros.

Aquí, por supuesto, no vamos a discutir sobre las Constituciones o Estatutos de tal o cual congregación religiosa o asociación laical. Si la Santa Sede ha aprobado sus normas de vida, pidamos a Dios que asista con su gracia a esos cristianos para que las vivan fielmente en su espíritu y en su letra, y lleguen así a la perfección de la caridad, es decir, a la plena santidad.

Así sea.
Amén, aleluya.
14/10/13 9:10 PM
  
Dahrendorf
Los laicos no hacen dirección espiritual strictu sensu. Si acaso harán acompañamiento espiritual. Eso sí es frecuente en algunas instituciones eclesiales. Confundir una cosa con la otra es habitual, incluso en el lenguaje común de esas instituciones, pero incluso en ellas se tiene clara la diferencia.
14/10/13 11:23 PM
  
Leonardo
Estimado Padre:

Siempre son esclarecedores sus conceptos, y le puedo asegurar que al leerle sentimos un gran alivio. Está usted, junto a otros compañeros, reconstruyendo aquellos muros que otros se empeñaron en desmontar, piedra a piedra, desde dentro de la propia Iglesia.
15/10/13 1:59 AM
  
Aquíles Boy
–Es cuestión de humildad. La necesidad de un guía. Estoy muy de acuerdo con usted, me recuerda este pasaje

De modo que el espíritu dijo: “Acércate y Felipe corrió al lado y le oyó leer en voz alta a Isaías el profeta, y dijo: “¿Verdaderamente sabes lo que estás leyendo?”. Él dijo: “¿Realmente, cómo podría hacerlo, a menos que alguien me guiara?”.(Hechos 8:26-38)

Este hombre demostró una gran humildad, tengamos en cuenta el prestigio que al parecer gozaba en su país. Como recompensa, comprendio mejor las Escrituras y se Bautizo.
15/10/13 4:54 AM
  
José Castro Velarde
En varias ocasiones he escuchado que Juan Pablo II en Polonia tuvo a un laico como Director (no sé si era zapatero). No lo tengo contrastado pero sí lo he oido de personas en las que uno puede confiar.

///////////////// EDITADO - lea mi AVISO, tres o cuatro anterior a su comentario /////////////

Desgraciadamente creo que es difícil encontrar hoy sacerdotes que quieran y puedan (por tiempo) dirigir espiritualmente y que tengan el don de ayudar al dirigido a seguir el camino que Dios quiere que siga.

También es difícil encontrar fieles que quieran seguir la dirección
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JMI.-Casos sueltos, como el que indica de Juan Pablo II y el zapatero (no lo conocía yo), ha habido, hay y habrá más de uno. Lo que no altera la doctrina dada en general.
15/10/13 12:55 PM
  
Gres
Habiendo estado con más de un director espiritual, me gustaría comentar, que muchas veces resulta muy difícil encontrar sacerdotes con tiempo disponible para este menester y que si uno va pidiéndola se escaquean bastante del tema o no le dan importancia, supongo porque debe ser una tarea pesada. De los que me han aceptado me queda la duda de su experiencia en esta materia, y de los que tienen experiencia me queda la duda de su ortodoxia, como dice el evangelio (y también San Juan de la Cruz) nadie es más que su maestro.
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JMI.-Puede haber escaqueo, al que Ud. se refiere, pero en general el número de sacerdotes es muy insuficiente para atender las necesidades pastorales más elementales del pueblo cristiano; y los sacerdotes bien preparados doctrinal y espiritualmente suelen ser los más ocupados y requeridos para uno y otro servicio ministerial. Por eso, según he visto en medio siglo, va siendo muy difícil hallar un director espiritual idóneo y al mismo tiempo asequible.
Muchas causas. Pero digo sólo una. Si la mayoría de los matrimonios cristianos practican la anticoncepción, no hay hijos. Y si hay uno, o uno y medio por matrimonio, no hay sacerdotes. Apenas.
15/10/13 2:47 PM
  
Joaquin Gorreta
. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años
15/10/13 5:52 PM
  
Isabel
Padre, estoy en todo de acuerdo con usted, y al mismo tiempo con la mayoría de comentaristas, que dicen no encontrar al sacerdote idóneo, pues andan todos muy ocupados y ya es difícil encontrar para confesar, cuando es necesario.
En mi Comunidad, cuando hacemos penitenciales, son muy rápidas. Nos dicen que enumeremos los pecados y punto.
Está el problema de encontrar a una persona, que por su parte tenga el tiempo necesario para atender la espiritualidad del demandante, y de otra parte que el penitente, encuentre en el sacerdote, la persona adecuada.
Así que desde que tenía diecisiete años, no he vuelto a tener director espiritual. Y bien sabe Dios, que me hubiera hecho mucha falta en muchos momentos de mi vida.
Alguna vez he pensado en lo útil que sería, que lo mismo que hay apostolado en internet, pudiera haber alguna forma de dirección espiritual, desde la red.
Sé las limitaciones que esto ofrece. Pero las circunstancias son muy especiales, y a grandes males grandes remedios.

Reciba un saludo afectuoso Padre.
15/10/13 7:35 PM
  
Estimado Padre
Gracias:
Estoy terminando mi primer año para Direccion Espiritual con Espiritualidad Cristiana como requisite con LMU; se me ha ido volando el año me ha hecho pensar lo poco que nos dedicamos a la Espiritualidad y despues de andar dando diferntes clases en mi Parroquia senti mi llamado a la Espiritualidad Cristiana y al la Direccion spiritual, seguire viendo sus mensajes, que me daran mucha ayuda en el future y los compartire.
Mis mejores deseos en salud y sabiduria.
Virginia Castro
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JMI.-Bendigamos al Señor.
15/10/13 11:34 PM
  
José Luis
Conocí a un sacerdote, muy piadoso, un alma entregada a Dios de verdad, pero yo necesitaba un Director Espiritual, pero me respondió que no podía ser. La verdad, que aunque no fue mi director, aprendí de sus palabras, y homilías, totalmente fiel al Magisterio de la Iglesia Católica, estoy convencido que ya está en la Vida eterna, pues se lo merecía.

En una parroquia había otro sacerdote, que parecía leer las conciencia, y si alguna cosa hay que no quiere salir cuando se está confesando, aquel sacerdote, como el Santo Padre Pío de Pietrelcina, sabía dirigir con mucha caridad, no tuve la suerte que fuese mi director espiritual, pues por aquella época me despisté, además por la distancia en que vivía, algo lejos.

Pero si rogamos con perseverancia al Señor que nos ponga en nuestro camino un Director Espiritual, según el Corazón de Cristo, lo vamos a tener. Pero me parece que si no lo tenemos es porque aún no hemos aprendido a rezar.

Tampoco uno puede atreverse a preguntar a un sacerdote, ¿podría ser usted mi director espiritual? Algunos pretende serlos, pero no te llevarán a Cristo, y esto es un peligro. Pues si el alma busca un guía espiritual, es para que nos ayude a pisotear nuestra soberbia, que no queremos trato con nuestro hombre viejo, sino con Cristo.

Estas enseñanzas sobre la Dirección Espiritual siempre me ha interesado.

Y ahora, en la espera, de como debe comportarse los dirigidos, y por lo menos para mí, me es necesario; pues todos necesitamos corrección y conversión de corazón. Pues no son pocos los errores que podemos arrastrar y no darnos cuenta.
16/10/13 6:47 PM
  
José Ángel Antonio
""""si es humilde, busca un guía. Si es soberbio, se fía de su saber y poder, y no lo busca.""

Yo planteo otro criterio: "si es humilde, se fía de Dios, que es bueno, y el Espíritu Santo, que por promesa de Cristo nos guía. Y si es soberbio, se dedica a acaparar el valioso y escaso tiempo de los valiosos y escasos sacerdotes con sus cuitas y cositas".

A ver: ha querido Dios que el Espíritu Santo bautice a 1.200 millones de católicos; y hay 413.000 sacerdotes, la mayoría ancianos y concentrados en países ricos.

Cada sacerdote debería dirigir a 2.900 fieles. ¿O quiere Dios condenar por soberbios a todos esos sin director?

La realidad es que si un cura con 300 feligreses estables no se sabe ni el nombre de más de 50 de ellos, mucho menos va a llevar espiritualmente a 2.900.

Pero el Espíritu Santo es generoso y reparte sus dones cuando se necesitan y varios oran juntos. Si dividimos a los 2.900 en 200 grupos de 15 o 14, sin duda en cada grupo habrá una persona (laica, probablemente) con buena experiencia y capacidad para acompañar a los otros 13, con su presencia, comentarios edificantes, oración conjunta, etc... como un caminante de Emaús. En situaciones duras y complicadas [y para los sacramentos] ya hará falta acudir al sacerdote.

Lo mismo pasa con otros servicios, como el liderazgo: si divides una parroquia de 300 en 30 grupos de 10, enseguida cada grupo encuentra una persona con cierta capacidad "natural" (un don que Dios da, como la voz o la simpatía) para animar, orientar y fortalecer a los demás.

Recomiendo "Building Christian Communities", de Steve Clark.
16/10/13 6:52 PM
  
Maricruz Tasies
Padre, tengo algunas preguntas:

Podría ser que algunos de nosotros busquemos director espiritual pero lo que estemos necesitando es un psicólogo católico?

Podría ser que, también, un director espiritual sustituya al psicólogo? Lo pregunto porque un sacerdote le dijo a alguien conocido que los psicólogos, teniendo un buen director espiritual, no son necesarios.

Debe intentar un laico recurrir a un psicólogo en determinados casos?
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JMI.-Mi respuesta a las tres preguntas va en una sola palabra: "según".
Pero por ser vos quien sois, señora mía Maricruz, me explico más.

-Hay casos, de relativa gravedad, que requieren la co-laboración del director y del psicólogo, incluso poniéndose de acuerdo entre ellos (con permiso del dirigido). Para ello, claro, tiene que haber una sintonía suficiente entre el sacerdote y el psicólogo o psiquiatra. Yo tengo alguna experiencia, claramente positiva, de esa manera de ayudar a una persona con problemas psicológicos de cierta gravedad. El psicólogo, concretamente, además de su terapia oral, puede ayudar con medicinas a una persona que de momento, si no es ayudada farmacológicamente, no está en condiciones de recibir ni la terapia psicológica ni la espiritual.

-Hay casos, más benignos, en que una buena dirección espiritual puede hacer superflua la intervención de un psiquiatra. Si el director espiritual tiene por estudio o por don natural una buena preparación en psicología, puede ayudar mucho al dirigido a ir soltando sus nudos interiores y a ir reformateando su alma, localizando y superando obsesiones, filias-fobias, etc.

-Hay casos, gravísimos ("buenas, vengo a que me ayude en dirección espiritual. Soy Napoleón Bonaparte"), en los que llegan a pedir dirección espiritual personas que en realidad necesitan un tratamiento psiquiátrico urgente.

-Los psicólogos y psiquiatras pueden hacer mucho bien a las personas, tanto en la terapia oral como en la farmacológica, si ésta es precisa. Pero para eso, claro, tienen que ser buenos profesionales y buenos católicos. Y ésta es una especie de bípedos muy muy muy infrecuente. Pero haberlos, haylos.
Si no hay seguridad de que el psiquiatra sea muy bueno, tanto en su profesión como en la visión cristiana del ser humano, es mejor no acudir a él. Y apañarse como buenamente se pueda: director espiritual, ayuda familiar, amigos, etc. Porque si no son muy buenos, pueden hacer mucho daño. También de esto me ha tocado conocer casos.

Bendición, Maricruz + JMI

17/10/13 12:00 PM
  
Antonio
Padre José María, muchas gracias por su excelente artículo pero.. en la práctica tengo serias dudas de que éste acompañamiento sea una realidad en muchas parroquias, al menos en mi caso ya que por varias veces que lo he intentado sólo he visto largas.

Bendiciones.
17/10/13 3:37 PM
  
Isabel
Si una persona cristiana, necesita ayuda, y no puede valerse de un psicólogo buen profesional y buen católico, porque es muy difícil encontrarlos, y se tiene que valer de familiares y amigos ¡apañados estamos!

En el caso de los psicólogos buenos profesionales y buenos católicos, por lo visto pasa como con el resto de los demás seres humanos. Los habrá buenas personas y buenos cristianos, pero dar con ellos es más difícil que encontrar una aguja en un pajar.

Confieso, que he perdido la fe y no digamos la confianza en el ser humano.

Haberlos haylos, pero ¿dónde se meten?
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JMI.-No es que se escandan detrás de un armario o debajo de una alfombra. Es que son pocos, 1 entre 100.000, por decir algo. Es como buscar una aguja en un pajar. Por eso hay que buscarlos cuando se necesitan, pero sobre todo ¡pedirlos! a Dios, por si quiera dárnoslo.

Que el ser humano, en general, es un bicho muy de poco fiar, eso es de cultura general.
Pero con tal de que no se le acabe la confianza en Dios, quedo tranquilo.
17/10/13 3:50 PM
  
Nauta
San Francisco de Sales decía (sobre la necesidad de un director):"Y, para esto, escoge uno entre mil, dice Ávila, y añado yo: entre diez mil, porque son muchos menos de lo que parece los capaces de desempeñar bien este oficio."
¡Ay Padre! es tan difícil hallar uno "lleno de caridad, de ciencia, de prudencia" porque "si le falta una sola de estas tres cualidades, es muy grande el peligro" como sigue diciendo el Santo.

Y con tiempo y ganas de hacer ese servicio, además.

"Pero, te lo repito de nuevo, pídelo a Dios, y, una vez lo hayas alcanzado, sé constante, no busques otros, sino camina con sencillez, humildad y confianza, y tendrás un viaje feliz."

De momento seguimos pidiendo, quiera N S, darnos esa ayuda.
17/10/13 9:17 PM
  
Maricruz Tasies
Muy completa su respuesta, su merced y agradecida estoy por ella, Reverendo padre.
:)

Cierto, se de alguien a quien juzgaba un Napoleón Bonaparte en ciernes y que, sin más ayuda que de la de su director espiritual (y los ejercicios de san Ignacio) ha obtenido del Señor la gracia de la salud.

Se de un par de buenos psicólogos católicos también que con gusto colaborarían con sacerdotes en este esfuerzo así como sacerdotes que, conociendo de psicología o poseyendo la gracia, llevan a los fieles de la mano donde el profesional en psicología.

Es bueno que hayamos aclarado esto, querido padre. Me sirve y a los demás también.

:)
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JMI.-Bendigamos al Señor.
18/10/13 3:46 PM
  
Isabel
Padre, me ha hecho mucha gracia su frase de que el ser humano en general, es un bicho muy poco de fiar. Y sin embargo, yo antes tenía una percepción muy distinta. Debe ser porque tenía dos abuelos, que siendo hombres, eran dos magníficos seres humanos. Buenos con todos los que les rodeaban, y queriendo muchísimo a mis abuelas y a sus hijos. Desde entonces, no he conocido a ninguno como ellos. Eran seres excepcionales, no lo digo por amor propio, sino por hacer honor a la verdad.

Y sí, tengo confianza en el Señor. Es el único al que le tengo confianza ciega, porque Él me ampara y me siento amada por Él. El único miedo que de verdad tengo, es que en algún momento El apartara su mano de mí, o de que yo, perdiera esa confianza en Él. Dios no lo quiera. Antes prefiero morir.

Un saludo muy afectuoso y muchas gracias por su contestación.
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JMI.-Que somos unos bichos de poco fiar es de cultura general (de fe): somos pecadores, y en cualquier momento, zas, pecamos. Con que imagínese ud. qué elementos...
19/10/13 2:24 AM
  
Luiscar
Pues si,levanta la mano,para que aprendamos a escucharLE en los silencios,a verLE en las oscuridades,a seguirLE en los desiertos de las soledades,a esperarLE en las ausencias,a invocarLE en las esperas,a crecer en la pruebas,a amarLE sin consolaciones,a buscar compunciones ,a confiar en SU Palabra; en fin, es muy facil volar en SUS alas,pero nos es conveniente que nos crezcan las plumas.

Si,esta es la oracion mas fervorosa de un recien convertido en plena luna de miel; "Señor,dame lo quieras,¡lo que sea!,pero no me sueltes de TU mano,no me vaya a caer de este vuelo tan alto".
De todos modos,EL nos sigue sosteniendo aunque se "oculte" por un tiempo,para que la Cruz,se nos haga SU cara mas amable.

Ya podriamos tener a un Santo cura de Ars de director espiritual o a Tomas de Kempis o en estos dias a Jose Maria iraburu,pero me temo que no va a ser posible,asi pues,no dejemos de acudir a ellos por todos los medios disponibles a nuestro alcance.
Que duda cabe,que no hay mejor Director que el Santificador y EL nos ilumina y guia por medio de tantos siervos santos que el Señor ha levantado,y que nos han dejado sus obras escritas.
La Paz de Cristo.
19/10/13 6:57 AM
  
carlos
Estimados hermanos y miembros del cuerpo Místico.es muy importante,tenemos el catecismo universal,un don de dios,los documentos del magisterio.Pero debemos tener un Director que nos dirija,es clave que sea estudioso y de buena doctrina,se trata no de ser ortodoxo,solamente sino de ser Fiel a DIOS NUESTRO SEÑOR,a veces vale la pena caminar lejos para tratar las cosas de Nuestra alma con EL.A Cristo por Maria y con el Papa.
22/10/13 3:44 PM
  
carlos
Siempre en dudas frente al Sagrario,EL SEÑOR nos ayudará.
22/10/13 3:46 PM
  
Jose Luis
Lo que se expone aquí es la doctrina tradicional sobre la dirección espiritual, pero silencia por completo, como también ha sido tradicional, que la dirección espiritual de las personas con carismas es y ha sido siempre una completa calamidad y Santa Teresa da testimonio de ello. Hoy en día es mucho peor, el sacerdote común echa a correr en cuanto ve alguien que tiene o acude a carismas. Lo que parece es que los directores espirituales resultan una cruz para los carismáticos, y esa sería principal su función bienhechora, y parte de su misión victimal como carismáticos. Es del todo frecuente que el carismático acabe siendo tenido como extraeclesial. Los celos, la comodidad y la prudencia humana concitan en el sacerdote común convertirse en enemigo de los carismas (y no estoy hablando de la renovación carismática, porque al ser heterodoxa sí que tiene al menos permiso de actuar y no se condena en teoría ni en la práctica, hablo de los carismáticos de elección aislada).
-------------------------------
JMI.-..."ha sido siempre una calamidad". Falso.
... "la renovación carismática es heterodoxa". Falso.
26/10/13 2:50 PM
  
Montse Ayala
Muchas veces hay guias que rechazan, y la persona abandona decepcionada.

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JMI.-Si los guías rechazan sin motivo justo (falta de tiempo, de capacidad personal, etc.), hacen mal. Oremos por ellos y por las persona decepcionadas.
26/10/13 9:03 PM
  
Francisco Gracia García
Gracias por este artículo, muy esclarecedor y ha sido de mucha ayuda poderlo leer.
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JMI.-Me alegro.
Demos gracias a Dios.
27/10/13 1:25 PM
  
Montse Ayala
Gracias por su respuesta pero a con las decepciones no puedo rezar por ellos
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JMI.-El Señor nos manda amar-rezar por todos, también por nuestros enemigos. Y da su gracia para que hagamos lo que manda. Si no lo hacemos, resistimos Su gracia.
28/10/13 12:27 AM
  
Alejandro González Padilla
Pensé que hablaría sobre qué diferencia hay entre dirección y acompañamiento. ¿Podría esclarecer un poco la diferencia entre uno y otro, por favor?

Saludos desde México y muchas gracias por su muy buen artículo.
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JMI.-Este artículo tiene otros dos que lo completan (241) y (242), y ahí explico lo que consulta usted. Feliz Navidad.
27/12/13 8:07 AM
  
Adriana Eluzabeth Montes Salcedo
como le hago yo para tener un guía espiritual católicos aquí por internet
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JMI.-No sé decirle. Alguna vez he visto pág-webs católicas que ofrecían este servicio. Le pido al Señor que le ayude a encontrarlo.
Pero debo decirle que la dirección espiritual por escrito es prácticamente imposible, a no ser que 1) ya se conozca presencialmente a la persona, 2) sepa la persona expresarse por escrito con precisión y brevedad, y 3) halle un sacerdote (siendo ahora tan escasos como somos) con tiempo y preparación personal como para atender ese ministerio.
24/06/15 1:41 AM
  
Octavio
JMI.-En mi blog no ofrezco a los lectores de InfoCatólica como director espiritual a ningún sacerdote, y menos si no lo conozco. Obvio.
16/08/15 12:13 PM
  
María de la Luz Ortiz
Padre Iraburu, hace unos días me tope con el video de una ponencia suya sobre la Dirección Espiritual, dirigido a sacerdotes diocesanos seculares hace dos años. Me encantó la manera de cómo fue llevando los puntos de la DE, desde la perspectiva de San Juan de la Cruz y por ende, de Santa Teresa de Jesús. Grandes doctores de la Iglesia que junto a San Ignacio de Loyola, fueron el elemento perfecto que le hacía falta a la Espiritualidad de ese momento histórico, por tener la osadía de dejarse llevar por Dios en busca de la perfección interior y por su legado que ha llegado hasta nosotros.
Soy teóloga con especialidad en Espiritualidad, y tanto el video como su blog sobre la Dirección Espiritual, han sido un plus para mi tarea como docente universitaria. Créame Padre que me dio tanto gusto encontrarme "accidentalmente" con su blog, (aunque en cosas del Espíritu, nada es accidental); que me completó su ponencia, a la que me referí antes, y que me quejó con sabor a más. Gracias Padre por su dedicación y téngame desde ahora como a una de sus fans...
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JMI.-"Solo Dios es bueno".
Gracias por sus palabras.
Dios los cría y ellos se juntan. Se ve que coincidimos en el campo de la espiritualidad, que no es poco hoy.
Dios la guarde siempre en la verdad y la caridad.
Bendición +
29/10/15 1:16 AM
  
Liz Lezcano
Buen día padre. Su artículo me ha consolado y ayudado mucho. Dios le pague. Tengo una duda, en la EXHORTACION APOSTOLICA
POSTSINODAL
VITA CONSECRATA #39 dice: Las personas consagradas, en la medida en que profundizan su propia amistad con Dios, se hacen capaces de ayudar a los hermanos y hermanas mediante iniciativas espirituales válidas, como escuelas de oración, ejercicios y retiros espirituales, jornadas de soledad, escucha y dirección espiritual.
En su artículo no se menciona, pero este documento da apertura a todos los consagrados /as a ser directores y no sería más en casos aislados como anteriormente se daba en la Iglesia, claro teniendo en cuenta su preparación e idoneidad. Lo digo más bien porque he comprobado que que monjas dirigen a las novicias/postulantes, etc. tal como usted lo menciona de los santos. Me podría confirmar si lo interpreto bien?
----------------------------------
JMI.-Ese consejo d VITA CONSECRATA va bien, pero en su realización es, lógicamente, sumamente indeterminado. Depende la formación doctrinal mayor o menos, de la experiencia de vida espiritual, de la relación personal que se tiene con la persona y de su receptividad... En etos casos Y EN TODOS pedir luz a Dios para que nos muestre qué quiere que hagamos o no hagamos, y encomendándose a todos los santos y ángeles, hacer con la gracia de Dios lo que parece que Él quiere.

Añado (2-VIII-2017)
La Iglesia ha aprobado las CONSTITUCIONES de muchos institutos y congregaciones que confían la formación y guía espiritual de los/las postulantes y novicios/as a un Maestro/a de novicios, con gracia especial de estado para cumplir bien su ministerio, que a su vez ha de obedecer al Abad o Superior de la comunidad.
01/08/17 5:06 PM

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