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18.06.26

"Encontrarse" con Cristo: ¿qué significa eso? (Edouard-Marie Gallez)

Las dos perspectivas plenas

P. Edouard-Marie Gallez csj

De forma espontánea, todos los conversos dicen: «Me he encontrado con Jesús». Se refieren a su experiencia, pero, cuando hablamos en términos generales del Encuentro con Jesús, ¿no nos referimos a momentos y aspectos diferentes, entre los que a veces se generan grandes confusiones?

Si lo pensamos bien, el hecho en sí del encuentro ya tiene algo de misterioso. No es casualidad que la palabra «encuentro» [con] no apareciera hasta el siglo XVIII, tanto en las lenguas latinas como en las germánicas, y sin duda también en otras lenguas en la misma época1. Antes, los conversos sólo podían decir: “He encontrado a Jesús” o “he conocido a Jesús”. En el primer caso, nos dan ganas de preguntarles “¿dónde?”, y en el segundo “¿cómo?”. Faltaba una palabra, y esa carencia supuso un grave obstáculo para la teología antigua, latina o griega.

¿Una palabra para decir qué?

Hay una diferencia entre cruzarse con una persona en la calle y “encontrarse” con ella. Cuando simplemente nos cruzamos con una persona, aunque la veamos, no pasa nada. Pero si nos detenemos y conversamos con esa persona, ocurre algo: un intercambio. A partir de ese momento, algo cambia en mí y también en el otro. Por supuesto, las cosas pueden salir mal y acabar en pelea: en el verbo “encontrar” (begegnen, συναντώ), está el adverbio “contra” (gegen, αντί). O, por el contrario, todo sale tan bien que en francés antiguo se hablaba de “casarse con tal persona”. El verbo fue inventado a partir de ahí; permite expresar una experiencia muy particular.

¿Qué ha cambiado en mí y en la otra persona? Es algo que no se puede definir con precisión, ya que depende de muchas cosas (circunstancias, pasado, etc.). Si, pues, la palabra “encuentro” es demasiado imprecisa para constituir un verdadero concepto, significa al menos que algo ha influido en mi “persona” al mismo tiempo que en la del otro —siendo el mismo término “persona” una palabra inventada (no en el siglo XVIII, sino ya en el III o IV2) a fin de poner de relieve nuestro devenir: somos individuos dotados de razón y, sobre todo, de relaciones, por lo que somos perfectibles. Fueron los cristianos quienes inventaron esta palabra. También es adecuada para referirse a las relaciones en la propia Vida del Dios Uno que Se ha revelado en tres “Personas” que, por su parte, son perfectas (ellas, que no necesitan perfección [perfeccionamiento]).

De hecho, también fueron los cristianos quienes, en cuanto a Occidente, inventaron la palabra “encuentro”, en particular para decir que el “encuentro” con Jesús cambia algo en nuestra vida y en nosotros —y más que un poco. En arameo, tal palabra ya existía, por así decirlo: qurbanah, es decir, el hecho de llegar hasta tocar o ser tocado; esta palabra fue elegida para designar lo que en Occidente se ha llamado “Misa”. La palabra «misa», por su parte, no significa nada [en sí misma]; imaginemos que la palabra “encuentro” hubiera existido ya en el siglo II: sin duda se la habría utilizado para decir que el domingo los cristianos van “al Encuentro”. El término se definiría por sí mismo: tocar / ser tocado por Dios. Habría sido maravilloso…

Cada “encuentro” con Jesús es una experiencia única, pero también relativa. En lugar de intentar destacar los rasgos que podrían ser comunes a los testimonios de los conversos o incluso a los de otras personas, parece más oportuno fijarnos en cómo todos estos encuentros anuncian un Encuentro pleno. Porque los encuentros con Nuestro Señor aquí en la tierra nunca son absolutos: son, evidentemente, anticipos de algo que sólo puede tener lugar fuera del marco de este mundo actual.

Preparar un Encuentro pleno

Hay que hablar, pues, del Encuentro pleno con Jesús, para el cual los encuentros de nuestra vida terrenal son, por así decirlo, preparaciones. Este Encuentro que nos espera puede tener dos «formas» plenas.

La primera es aquella que, al final de nuestra vida personal, es decir, en la “profundidad de la muerte” (Catecismo de la Iglesia Católica n.º 6353), espera al alma de todo difunto frente al alma de Cristo «descendido a los infiernos» (según la terminología tradicional), un encuentro vinculado a la Salvación, pues sólo se puede ir hacia el Padre a través de aquel cuyo nombre significa «Él salva» o «Salvación» (en hebreo4).

La segunda es aquella que, al cabo del tiempo actual (saeculum o aïôn griego), espera históricamente a quienes estarán sobre la tierra cuando Cristo aparezca como “Hijo del Hombre”, según las palabras de la profecía de Daniel 7:13 y de innumerables anuncios de los evangelios, y será un encuentro de Juicio para algunos, pero de salvación y vivificación para aquellos que lo hayan esperado y hayan sufrido a causa del Anticristo (Hebreos 9:28).

Se trata de dos cosas diferentes, que no se superponen ni se mezclan: el destino personal más allá de la muerte y el juicio de la humanidad no son lo mismo, aunque se puedan señalar analogías entre ambos, como veremos, y aunque la experiencia del encuentro con Cristo a lo largo de nuestra vida en la tierra ya tenga algo de ambos. Ciertamente, habría que (re)ofrecer aquí toda una enseñanza tanto sobre una como sobre la otra de estas dos “formas” plenas del Encuentro con Jesús; aquí no podemos sino remitirnos a los (demasiado escasos) estudios serios que tratan sobre ello5.

La analogía entre los dos Encuentros plenos

Partiendo de un cierto conocimiento de estas dos dimensiones del Encuentro y, por tanto, de la Salvación (véanse los enlaces indicados en las notas), es posible ver la analogía que surge entre ellas, sin riesgo de confusión. Por lo demás, quienes vivan en la tierra en el momento de la manifestación gloriosa de Cristo o “segunda venida” conocerán ambas: la colectiva e impresionante de Cristo que viene como “Hijo del Hombre” y Juez, y más tarde, tras el fin de su vida terrenal, el otro encuentro pleno, esta vez de carácter personal, con Cristo “descendido a los infiernos”.

Los escritos de Ireneo de Lyon sugieren una analogía de la que se puede extraer este cuadro:

Las dos dimensiones de la Salvación (nosotros mismos / el mundo)
implican dos “Encuentros” plenos con Cristo:

1. Por cada hombre después de su vida terrenal en el paso de la muerte (sheol)

‒encuentro de Luz‒

Al aceptar la Luz, cada uno entra en el camino (instantáneo para los Santos) hacia el Padre, mientras que los que la rechazan lo hacen para siempre (Juan 3:19-21).

2. Por la humanidad tras el tiempo presente (aïôn), enfrentada al Anticristo y luego a la segunda Venida

‒encuentro en la Luz‒

Al aceptar la Luz, los justos inaugurarán el tiempo del “Reino de los Justos” (San Ireneo), mientras que los adoradores del Anticristo no sobrevivirán.

Analogía de “preparación para la Eternidad” (San Ireneo6)

Para algunos, la dificultad radica en la naturaleza del Encuentro con Cristo, cualquiera que sea su «forma» o su momento: un encuentro de Luz o en la Luz (da igual), sería demasiado sencillo. Es que el Encuentro de la Luz está vinculado a la Salvación: la luz de Cristo ilumina las sombras —las vilezas de la vida pasada— y ya no se puede mentir ni fingir. Lo único que se puede hacer entonces es pedir perdón, lo que permite comenzar a caminar hacia la Luz. En el mejor de los casos. Porque si nos negamos a pedir perdón, el Encuentro sale mal: vamos a huir de la luz (Juan 3:21).

«Lo que Tú has ocultado a los sabios y a los entendidos, lo has revelado a los pequeños», dice Jesús al Padre (Mateo 11:25). Todo es sencillo para quienes quieren comprender.

Notas

1) Es fácil investigar la aparición de la palabra “encuentro” y su acepción moderna; pero resulta más complejo en lo que respecta al verbo ὕπαντώ-upantaô, “salir al encuentro de” (por ejemplo, para un ejército), que se encuentra en los evangelios en griego y que se traduce en francés por «rencontre» [encuentro]: así, se podría creer que, además del sentido antiguo, tiene el sentido moderno de la palabra, a la vez exterior e íntimo. No es así.

En efecto, en Mateo 8:28; Juan 4:51; 11:20.30, upantaô traduce el término arameo ’r‘ (ܐܪܥ ‒hebreo וארע), enfrentarse a, suceder, ir hacia, así como en la forma del sustantivo upantèsis (Mateo 8:34; 25:1; Juan 12:13). Además, upantaô traduce también una vez el arameo pgˁ ܦܓܥ(suceder, encontrarse con, Lucas 8:27) y otra vez npqܢܦܩ, (salir al encuentro de, Juan 12:18).

Si este término griego abarcara el sentido moderno e íntimo de encuentro, traduciría en ocasiones la raíz aramea qrb, llegar hasta tocar o ser tocado: este sentido es precisamente fundamental en teología para expresar el misterio del encuentro con Cristo (la palabra ܩܘܪܒܢܐ, qurbanah, designa el Encuentro por excelencia que es la “Misa”).

Así pues, no existía ninguna palabra en la teología antigua, latina o griega, para decir lo que hoy entendemos por “encuentro” —y esta laguna ni siquiera se ha colmado en nuestros días: esta palabra (en el sentido moderno) aún no es [muy] utilizada en la teología.

2) A principios del siglo VI, Boecio intentó definir qué es la “persona” y dio seis o siete definiciones (no es fácil). No fue él quien acuñó el término, sino que contribuyó a divulgarlo.

3) Introducido por el recordatorio de que el propio Jesús descendió al «misterio de la muerte» y que por medio de él “el Evangelio fue anunciado también a los muertos” (1 Pedro 4:6), el n.º 634 constituye, junto con el n.º 635, el núcleo de la comprensión de la sección del CIC dedicada al Descenso a los infiernos:

   634 “Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva…” (1 Pedro 4:6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares, porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.

   635 Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mateo 12:40; Romanos 10:7; Efesios 4:9) para “que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan” (Juan 5:25). Jesús, “el príncipe de la vida” (Hechos 3:15) aniquiló “mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud” (Hebreos 2:14-15). En adelante, Cristo resucitado “tiene las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18) y “al nombre de Jesús toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra y en los abismos” (Filipenses 2:10).

4) Sólo hay dificultad si no se ve que realmente pasa algo en el más allá; véase: www.eecho.fr/mystere-de-la-mort-et-rencontre-du-christ-objection/. Véase también www.eecho.fr/lame-du-christ-rencontre-t-elle-chaque-defunt/ o www.eecho.fr/eclaircir-un-peu-ce-qui-concerne-lau-dela/. En cuanto a la «venida gloriosa», también llamada con el término griego «Parusía», y el Juicio que la acompaña: www.eecho.fr/le-jour-du-jugement-ce-quil-est-ou-nest-pas/ o www.eecho.fr/venue-glorieuse-difficulte-factice-et-comparaisons-eventuelles, o también www.eecho.fr/retour-du-christ-quelques-reflexions-de-fond, www.eecho.fr/antichrist-et-monde-apres-la-venue-glorieuse-discussions, y la playlist [lista de reproducción] www.youtube.com/watch?v=l8_koPIMyBM&list=PLsIIgGqUVov8PYD08Z43PBqzwRWCEddkJ.

5) Véase en particular:

‒Françoise Breynaert, Bonne Nouvelle aux défunts, perspective pour la théologie des religions, Via Romana, 2014, 262 páginas;

‒Idem, La Venue glorieuse du Christ [www.eecho.fr/parution-le-christ-viendra-en-roi-et-juge/], éd. du Jubilé, 2016, 256 páginas (presentación de una página en PDF);

‒Christian Wyler, La Parousie et sa spiritualité [https://www.eecho.fr/venue-glorieuse-et-spiritualite-orientale/], ed. Grégoriennes, febrero de 2021, 192 páginas.

6) Es posible establecer otra analogía con el destino global de la humanidad, basándose en lo que ya ha vivido en esta tierra el bautizado (y que también se refiere a la “preparación para la Eternidad”):

El sentido revelado de la vida y de la historia

A) Vida personal

Caída: vida sin Cristo, librada al imperio del mal; “luz del mundo” (Mateo 5:14): determinación por o contra Cristo – Elección de Cristo: Bautismo: venida del bautizado a la luz y rechazo de “el hombre viejo” – Vida nueva en Cristo, liberada del imperio del mal, gracias a la vida de fe, a los sacramentos y a la vida cristiana que prefigura la vida eterna – Reunión con Dios: Paso de la muerte (aniquilación de la muerte): unión final con Cristo y con Dios, vida eterna y gloriosa con Él: “Dios todo en todos” (1 Corintios 15:28).

B) Futuro de la humanidad

Caída: “luz del mundo” (Mateo 5:14): determinación de la humanidad por o contra Cristo – Elección de Cristo: Venida de Cristo en la gloria y Juicio*; caída en las tinieblas de los que rechazan la luz – Vida nueva de la humanidad bajo la mirada de Dios, “poder real de Cristo”** (“millenium”) – Reunión con Dios: resurrección de la carne, aniquilación de la muerte y entrada de la creación en la gloria**: “Dios todo en todos” (1 Corintios 15:28).

*) «El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.» (Juan 3:18-21).

**) «Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies. Mas cuando diga que ‘todo está sometido’, es evidente que se excluye a Aquel que ha sometido a él todas las cosas. Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.» (1 Corintios 15:24-28).

Fuente: https://www.eecho.fr/rencontrer-le-christ-les-deux-dimensions-plenieres/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

12.04.26

Reflexiones sobre la realidad de la resurrección de Cristo

Cristo resucitó verdaderamente: su tumba está vacía

Daniel Iglesias Grèzes

El día 07/04/2026 el diario El Observador de Montevideo publicó un artículo de Javier Pereira Bruno titulado Reflexiones incómodas de un domingo de Resurrección.

Javier Pereira comienza confesando que le “ha costado creer en la resurrección [de Cristo], al menos tal como la presentan”. Como la presentan los católicos, puesto que antes dice: “Pese a haber recibido una educación católica, el tema de la resurrección siempre me ha hecho ‘ruido’ [es decir, me ha generado dudas]… Quizás porque es una idea bastante irracional.”   

Sin embargo, Pereira no quiere caer en la increencia pura y dura: “[Resurrección] es una palabra que no termino de soltar en mi fuero íntimo. Algo en ella insiste en quedarse.”

¿De qué manera acepta él la resurrección de Cristo?: “Durante mucho tiempo, la discusión quedó atrapada en una alternativa pobre: o se la acepta como un hecho físico extraordinario, o se la descarta como una creencia sin relevancia. Sin embargo, algunos pensadores contemporáneos han intentado salir de esa trampa.”

Enseguida, apoyándose en tres teólogos católicos heterodoxos españoles (José Antonio Pagola, Andrés Torres Queiruga y Pablo d’Ors), Pereira propone una interpretación subjetivista de la resurrección de Cristo, que no habría sido un hecho histórico objetivo, sino una experiencia interior de sus discípulos, que les habría dado fuerzas para seguir adelante.

“[Los tres teólogos citados] Hablan, en el fondo, de algo profundamente humano: de esos momentos en los que una vida —individual o colectiva— parece agotada, y sin embargo, contra toda evidencia, algo vuelve a comenzar.”

Pereira termina su nota diciendo: “Quizás por eso la resurrección sigue siendo una palabra incómoda. Porque no se deja encerrar ni en la explicación científica ni en la negación escéptica. Nombra, más bien, ese punto ciego donde —sin garantías— la vida insiste. Y donde, a veces, lo más humano que podemos hacer no es entender del todo lo que pasa, sino animarnos a empezar de nuevo. ¡Felices Pascuas!”

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7.03.26

Dios, en resumen (P. Édouard-Marie Gallez csj)

¿Qué o quién es “Dios”? Merece la pena reiterar algunos puntos fundamentales.

  • Dios no puede ser menos viviente que los seres vivos que vemos, ni vivir una vida inferior a la nuestra, propiamente humana, es decir, espiritual: una vida hecha de capacidad de conocer y capacidad de amar.
  • Él está infinitamente más vivo que nosotros, y perfectamente.
  • Tres siglos antes de nuestra era, el gran filósofo Aristóteles ya expuso esta perspectiva de sabiduría, principalmente en su libro Ética a Nicómaco. Así, él postuló en Dios tres “polos” de Vida, la que se reveló poco a poco en la historia de los hebreos y luego plenamente en Jesús el Cristo (o Mesías), dicen los cristianos; esto es lo que han llamado con el término bastante abstracto de Trinidad.

Los fenómenos religiosos posteriores al cristianismo han adoptado la perspectiva opuesta de esta Revelación, a veces valiéndose de una nueva revelación.

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1.02.26

Predestinación (del Padre William Most)

Padre William Most

Definición de términos

Predestinación significa un arreglo de la Divina Providencia para asegurarse de que alguien obtenga 1) el cielo o 2) la membresía plena en la Iglesia. Especificamos la membresía plena porque también hay un grado menor, una membresía sustancial que puede ser suficiente para la salvación final.

Desde el principio, ambas acepciones se han superpuesto, es decir, no se ha hecho distinción. Así pues, la parábola del banquete se ha entendido como una referencia tanto a la salvación final como a la membresía plena en la Iglesia. Esto es lamentable, pues las dos cosas son diferentes en sí mismas y diferentes en los principios sobre los que Dios toma Sus decisiones.

La reprobación es la decisión (desfavorable) [de Dios] de dejar que alguien vaya a la perdición final.

Se pregunta: ¿Dios toma ambos tipos de decisiones, predestinación y reprobación, antes o después de considerar méritos y deméritos? Dado que en Dios no hay tiempo, esto realmente significa considerando o sin considerar méritos y deméritos.

Todos han asumido que si Dios decide predestinar sin considerar los méritos, debe decidir la reprobación sin considerar los deméritos. Y si Él decide predestinar considerando méritos y deméritos, debe decidir la reprobación de la misma manera. Esta visión proviene de la creencia de que una persona está predestinada o reprobada: ambas son las dos caras de la misma moneda. Esto se ha considerado obvio e ineludible. No obstante, no es ineludible. Como veremos, hay una manera de separar las dos caras: decir que Él predestina sin los méritos, pero reprueba solo después de considerar los deméritos.

Opiniones de los tomistas y los molinistas

a) Los tomistas. Dicen que Dios predestina y reprueba sin considerar los méritos ni los deméritos.

Objeción: aquí está Juan Pérez, a quien Dios ha decidido reprobar sin siquiera ver cómo vive Juan. ¿Puede Él hacer esto y también decir (1 Timoteo 2:4) que Él quiere que todos se salven, lo cual incluiría a Juan Pérez? Obviamente no.

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29.01.26

Las “antitrinidades” de los poscristianismos (de Edouard-Marie Gallez csj)

Texto Revisado – Octubre de 2025

Edouard-Marie Gallez csj

El título es interrogador, ya que emplea dos palabras poco habituales. Sin embargo, se puede adivinar que ambas se refieren a desviaciones de la fe cristiana. Su significado se aclarará durante nuestra presentación, que se refiere al libro [del mismo E.-M. Gallez] aparecido a principios de 2025, Le christianisme face aux autres religions Jésus-Christ est le centre de l’histoire [El cristianismo frente a las otras religiones –Jesucristo es el centro de la historia] (ed. Artège).

Esta breve presentación no puede repetir el recorrido desarrollado en el libro, que corresponde a veinte años de investigación; empero, propone una síntesis de lo esencial. Su título se aclarará plenamente en el capítulo 6.

Ya podemos adelantar que su conclusión será fácil de entender, pero que el camino para llegar a ella es algo complejo. Esta paradoja se debe esencialmente a nuestros hábitos occidentales de pensamiento sobre la Revelación, hábitos que complican mucho las cosas; veremos por qué.

Para designar las desviaciones de la fe, la palabra elegida por los Padres occidentales de la Iglesia fue “herejías”, que en griego significa simplemente “opiniones”. ¿Significa esto que se trataba simplemente de una cuestión de opiniones? ¿La fe de la Iglesia sería una determinada opinión que misteriosamente habría logrado imponerse como la única válida y ortodoxa, mientras que otras, quizás igual de válidas, habrían sido descartadas, acusadas de heterodoxas? Esto es lo que se cuenta en los departamentos universitarios de estudios religiosos en casi todo el mundo. A este discurso que socava la credibilidad del cristianismo, este no suele ofrecer una respuesta seria. Nos pondremos manos a la obra.

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