InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Categoría: Biblia

31.07.26

Textos del Mar Muerto, cristianismo e islam (Edouard-Marie Gallez)

¿Por qué persiste el mito de los «esenios de Qumrán» veinte años después de 2005?

Edouard M. Gallez

Los mitos gozan generalmente de una larga vida. No sólo se sigue enseñando comúnmente la idea de los «monjes esenios de Qumrán», sino que además las objeciones a este mito se suelen pasar por alto con demasiada frecuencia, especialmente las siguientes, cada una de las cuales es determinante de por sí:

• Ya en los años 50, André Paul (1933-2019) fue uno de los principales divulgadores de la figura de los «monjes esenios», y en el 2000 aún enseñaba que Jesús se había formado con ellos; cambió completamente de opinión al respecto en 2007. Y en 2008 publicó Qumrân et les Esséniens [Qumrán y los esenios] con un subtítulo elocuente: El derrumbe de un dogma. Si, como él mismo escribe (p. 77), los «esenios» constituyen un «mito», la literatura que se les ha atribuido debe ser reatribuida, en un nuevo enfoque histórico [1].

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22.07.26

Las cuatro analogías del «Reino de Dios» y su significado propio (P. Edouard-Marie Gallez)

El tema o la expresión «Reino de Dios» se presta a numerosas interpretaciones, e incluso a malentendidos si no se comprende la naturaleza analógica de las palabras en labios de Jesús, así como en el espíritu de quienes lo escuchaban. El uso de analogías no suponía ningún problema para los hebreos de aquella época, pero sí lo supone para nosotros, que limitamos [a menudo] nuestro pensamiento a las realidades materiales o bien a sus imágenes (en sentido figurado o simbólico). La analogía es más sutil: establece una relación entre dos realidades que tienen algo en común, de modo que al menos una remite a la otra (o viceversa).

«Reino de Dios» tiene un sentido prioritario

Éste es precisamente el caso aquí: la expresión «Reino de Dios» (o «de los Cielos», como escribe san Mateo por respeto al nombre de Dios) aparece con cinco significados, como veremos, pero sólo uno de ellos es estrictamente apropiado: los otros cuatro remiten a él, siendo análogos (ya sea como prefiguración o como realización celestial). En efecto, si las palabras tienen un significado (y lo tienen en labios de Jesús), la palabra «reino» debe referirse, en primer lugar, a la realidad sociopolítica (y cultural): en sí misma, la expresión «Reino de Dios» designa pues nuestro mundo humano, que debe ser santificado… ¡lo que pedimos cada vez que rezamos el Padrenuestro! Esto tiene perfecto sentido: puesto que la santificación de la persona humana por el bautismo y por sus consecuencias en la vida cristiana es una realidad, parece seguro que también el mundo humano será santificado algún día; pero ¿cómo?

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14.07.26

Se encontró en Anatolia la tumba del Apóstol Felipe (EEChO)

San Felipe fue enterrado en la antigua ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía

La tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles de Cristo, fue descubierta en 2011 en el suroeste de Turquía, en Pamukkale, la antigua Hierápolis. El descubrimiento fue realizado por la misión arqueológica italiana que trabaja [allí] desde 1957 y que hoy está compuesta por un equipo internacional dirigido desde 2000 por Francesco d’Andria, profesor de la Universidad de Salento.

El director de la misión explica el descubrimiento: «Hasta hace poco, pensábamos que la tumba de San Felipe estaba en el Monte de los Mártires, pero no habíamos encontrado ningún rastro de ella en el estudio geofísico realizado en ese sector. Hace un mes, descubrimos los restos de una iglesia desconocida, a 40 metros de distancia de la Iglesia de San Felipe en el Monte de los Mártires. Y en esta basílica descubrimos la tumba de San Felipe. Fue construida alrededor de una tumba romana del siglo I que, evidentemente, gozaba de gran estima. San Felipe es considerado un mártir, razón por la cual la iglesia construida en su nombre en el Monte de los Mártires también se llama Martyrion, aunque no hay allí ningún rastro de su tumba.»

Esta tumba romana no era una simple fosa, sino un complejo (sacellum) con una cámara funeraria y un frontispicio.

Al conectar estos elementos y muchos otros, «hemos llegado a la certeza de haber encontrado la tumba del apóstol Felipe situada en el centro de todo el sistema de peregrinación que estaba asociado a él», afirmó Francesco d’Andria.

D’Andria señala un grafito en la cornisa de la tumba que representa un monte sobre el cual se alza una cruz (Hierápolis o el Gólgota), un mosaico que representa peces, y monedas de bronce que datan de los siglos IV y V. En el siglo XII, los turcos transformaron la tumba en una vivienda. Véase aquí el reportaje de la televisión italiana.

Originario de Galilea, Felipe fue a evangelizar regiones de Asia Menor; fue lapidado y luego crucificado por los romanos en Hierápolis, Frigia.

Pudo haber surgido una confusión con el discípulo del mismo nombre, que era diácono y que habría muerto a una edad muy avanzada y por causas naturales. En el Nuevo Testamento, Felipe el Apóstol es mencionado en: Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14; Juan 1:43-48; 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9; Hechos 1:13. Y Felipe el Diácono es mencionado en: Hechos 6:5; 8:6; 8:9.12-13.26-35.38-40; 21:8-9.18. El diácono Felipe vivía en Cesarea y tenía cuatro hijas vírgenes y profetisas:

«8Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. 9Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban» (Hechos 21:8-9).

En el siglo V, San Jerónimo refiere algo más:

«En estas palabras reconoceréis al apóstol Felipe, que murió en Hierápolis, y a sus tres hijas, de las cuales las dos primeras envejecieron en la virginidad, y la tercera murió en Éfeso, llena del favor del Espíritu Santo» (San Jerónimo, Vidas de hombres ilustres I, 45).

Esto es también lo que Eusebio de Cesarea escribió hacia el 330, acerca de las dos estrellas que brillan en Asia: Juan, enterrado en Éfeso, y Felipe «que descansa en Hierápolis». En un famoso pasaje de su Historia Eclesiástica (III, 31), también habló del Apóstol San Juan, quien “llevaba la insignia” —se trata del símbolo del Sumo Sacerdote, y se puede inferir de la representación de Santo Tomás en el friso de Kong Wang Shan que todos los Apóstoles llevaban tal emblema, así como vestiduras sacerdotales, cuando celebraban [la Misa]—:

“Polícrates (quien era obispo de la Iglesia de Éfeso) escribió a Víctor, obispo de Roma. También él menciona al apóstol Felipe y a sus hijas en estos términos: ‘En efecto, grandes astros se han puesto en Asia, que volverán a salir en el último día, en la parusía del Señor, cuando Él venga del cielo con gloria y busque a todos los santos: Felipe, uno de los doce apóstoles, que descansa en Hierápolis, así como dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y su otra hija, después de haber vivido en el Espíritu Santo, está sepultada en Éfeso. También Juan, el que reposó sobre el pecho del Señor, que fue sacerdote y portó la insignia, fue mártir [en el sentido de testigo de la resurrección, o aludiendo al hecho de que escapó de la muerte en Roma] y maestro, descansa en Éfeso.’ Esto es lo que se refiere a la muerte de estas figuras. Y en el Diálogo de Gayo, que citamos un poco antes, Proclo, contra quien él discute, concuerda con lo que acabamos de afirmar sobre la muerte de Felipe y sus hijas, cuando dice: ‘Después de esto, hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierápolis de Asia; allí está su tumba, así como la de su padre’. Esto es lo que él dice.

Por otra parte, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, menciona a las hijas de Felipe, que vivían entonces en Cesarea de Judea al mismo tiempo que su padre y que habían sido honradas con el carisma profético. Él mismo dice [como se refirió antes]: «Llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban.»

Se debe interpretar correctamente este pasaje. Eusebio cita los Hechos de los Apóstoles por asociación de nombres, no para afirmar que el Apóstol Felipe sea el diácono del mismo nombre que proclamó el Evangelio, sino simplemente porque ambos tenían hijas. Las hijas del diácono Felipe, que eran cuatro, vivían en Cesarea, como su padre, explica –no en Hierápolis como las del Apóstol, que eran tres.

Asimismo, se debe tener cuidado de no malinterpretar las indicaciones de Eusebio sobre el Apóstol Juan, a quien menciona también en el Libro V, Capítulo XXIV: él señala que a este Apóstol y evangelista le sucedió otro Juan, también sepultado en Éfeso –como lo indica Ireneo de Lyon en su tratado «Contra las herejías» (Libro 3, Capítulo 1). Pero Juan no sería el autor del Apocalipsis: éste sería obra del «presbítero Juan» de Éfeso. De hecho, como todos aquellos tentados por el arrianismo, Eusebio quería desacreditar este último libro del Nuevo Testamento, que orienta a los cristianos hacia lo que Dios hará aún en la historia y los disuade de querer establecer el Reino de Dios en este tiempo o “siglo", que es precisamente el designio de los arrianos y de todas las ideologías de tipo mesianista: a fin de sacralizar el poder político, los arrianos ya no quieren oír hablar de la venida real de Cristo, que relativiza radicalmente todas las empresas políticas. Por otra razón, esta tesis de los dos autores todavía tiene algunos defensores hoy: el estilo del Evangelio de Juan en griego difiere del del Apocalipsis en griego, lo que delataría el trabajo de dos autores respectivos; de hecho, esto simplemente demuestra que el traductor del Evangelio al griego no es el mismo que, más tarde, tradujo el Apocalipsis al griego. Pero si se compara el texto arameo del Evangelio de Juan con el del Apocalipsis, se constata que el estilo es el mismo, lo que indica un único autor real, el Apóstol Juan, de acuerdo con las tradiciones orientales unánimes. Por lo tanto, la cuestión ya no es relevante.

Fuente: https://www.eecho.fr/la-tombe-de-lapotre-philippe-retrouvee/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

6.07.26

Los días posteriores a la Pascua: ensayo de síntesis (EEChO)

Resumen de las siete semanas anteriores a Pentecostés:

la Pascua, las apariciones y las experiencias de los Apóstoles

Muchos cristianos desean saber con mayor precisión qué ocurrió entre la Pascua y Pentecostés, durante esos cincuenta días en que se cristalizó toda la fe de la Iglesia.

Este tema ya ha sido abordado en este sitio mediante un estudio exegético minucioso. Partiendo del relato de los peregrinos de Emaús, pero sin llegar hasta el de la Ascensión, [allí] se analizan pasajes clave que a menudo son malinterpretados y suscitan falsas dificultades; éstas desaparecen en cuanto uno se basa más en el texto arameo tradicional del Nuevo Testamento —y en los datos proporcionados por las tradiciones orientales— que en un «texto» reconstruido en griego sólo en el siglo XX, y que, en el mejor de los casos, no es más que una traducción del texto arameo (del cual se deriva fielmente la Peshitta, que hoy está ampliamente disponible).

Baste aquí remitirnos a este estudio, que está llamado a ser enriquecido, tras haber indicado, en el cuadro siguiente, las conclusiones a las que llega necesariamente. A posteriori, el orden de los acontecimientos que esclarece parece corresponderse con el que ofrece el Diatessaron de Taciano; si se buscara, sin duda se encontraría la confirmación de esto también en otros lugares. No hay casualidades.

Los acontecimientos de los cuarenta días posteriores a la Pascua 

• Siete días de espera en Jerusalén, marcados, en lo referente a los Apóstoles, por dos apariciones: una en la noche del día de Pascua (aunque Pedro tuvo una breve visión en la mañana), y la otra al final [de los siete días]. Tomás no estuvo presente en la primera aparición, pero tras pasar una semana reflexionando (y estudiando mientras se quejaba), estuvo presente en la aparición que tuvo lugar el domingo siguiente; al darse cuenta del misterio y tocarlo, le dijo a Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!». La afirmación es completa (más tarde, los Apóstoles tendrán que encontrar maneras adecuadas de expresarla a todos).

• Dos semanas de viaje de ida de rememoración (tan importante en el mundo oral), durante las cuales los Apóstoles y los discípulos caminaron hacia Galilea «recordando» (es decir, recordándose unos a otros) las palabras y los hechos de Jesús ocurridos durante los tres años [de su vida pública].

• La aparición en el monte Hermón, en la frontera norte de Galilea —es decir, con vista a las naciones—, en presencia de los 72 discípulos y de sus propios discípulos (los que ya lo eran o los que lo serán, es decir los 500, de los cuales muchos son de Galilea) —Jesús los había citado a todos allí (Mateo 28:16)—.

• Una semana de viaje de regreso de rememoración, durante la cual Jesús se aparece de nuevo a los Apóstoles, por ejemplo a la orilla del Lago, y durante la cual los Apóstoles vuelven a hablar sobre todo de lo que Jesús ha dicho acerca del futuro.

• Once días en Jerusalén durante los cuales Jesús se apareció principalmente a cada apóstol por separado, a fin de aclarar a cada uno cuál será el eje de su futura «misión» en el mundo. Dos de ellos no recibieron una misión propiamente dicha: Santiago el Justo, a quien Jesús le pide que permanezca en Jerusalén pase lo que pase; y Juan, a quien Jesús quiso mantener apartado, no tanto por ser demasiado joven para una vida «misionera», sino porque le reserva una misión especial junto a María, en vistas a un conocimiento más profundo de los misterios y al servicio de la formación de los «ancianos» [presbíteros].

• La Ascensión desde el Monte de los Olivos, que deja a los Apóstoles con sentimientos encontrados de entusiasmo, miedo, esperanza, incertidumbre, expectación, nostalgia (por las apariciones), certeza y perplejidad.

A estos cuarenta días, se debe añadir los diez días siguientes, que les dan su pleno significado: 

•• los días del Cenáculo en Jerusalén, durante los cuales los Apóstoles se organizan bajo la mirada de María, en torno a quien se congregan espontáneamente —incluso eligen a Matías (quien más tarde irá a Etiopía) para reemplazar a Judas—;

•• Pentecostés, que tiene lugar en medio de una Iglesia que ya se había constituido (a la manera judía), pero a la que aún le faltaba el Espíritu [Santo].

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evenements-des-jours-apres-paques-essai-de-synthese/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

15.05.26

Los Evangelios, de la oralidad a la escritura. Entrevista a Pierre Perrier

Entrevista realizada por Henri de Begard

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evangiles-de-loral-a-lecrit-entretien-avec-pierre-perrier/

Texto traducido del francés por Daniel Iglesias Grèzes

En relación con otros artículos de EEChO, compartimos íntegramente la publicación de una extensa entrevista con Pierre Perrier, concedida a nuestros amigos del sitio Le Rouge et le Noir [El Rojo y el Negro]. Hemos añadido algunos enlaces hacia artículos que ilustran y desarrollan ciertos puntos, así como a este conjunto de fuentes orientales no exhaustivas sobre la formación de los Evangelios, compiladas por P. Perrier.

Nacido en 1935, Pierre Perrier fue responsable de investigación y de estudios avanzados en la industria aeronáutica. Elegido miembro correspondiente de la Academia de Ciencias [de Francia] en 1990, es también delegado general de la Academia de Tecnologías [de Francia]. Durante cuarenta años, en Francia, ha desarrollado estudios sobre la tradición oral aramea de los Evangelios en la Iglesia judeocristiana primitiva, colaborando con las Iglesias orientales y basándose en la obra de Marcel Jousse. Es autor de varios libros, entre ellos:

  • Évangiles de l’oral à l’écrit [Los Evangelios de la tradición oral a la escrita] (Fayard - Le Sarment, 2000),
  • Les colliers évangéliques [Los collares evangélicos] (Fayard, 2003),
  • La transmission des Évangiles [La transmisión de los Evangelios] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2006),
  • Thomas fonde l’Église en Chine (65-68 après Jésus-Christ) [Tomás funda la Iglesia en China (65-68 DC)] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2008),
  • L’apôtre Thomas et le prince Ying (Kong Wang Shan) : L’évangélisation de la Chine de 64 à 87 [El Apóstol Tomás y el Príncipe Ying (Kong Wang Shan): La evangelización de China del 64 al 87] (Sarment -Éditions du Jubilé, 2012) y
  • L’Évangile de la miséricorde : Avec les chrétiens d’Orient [El Evangelio de la misericordia: Con los cristianos de Oriente] (L’évangile au Cœur, 2015).

Amablemente accedió a responder a las preguntas de Le Rouge & Le Noir [R&N].

R&N: La cuestión de la fidelidad de los Evangelios escritos sigue siendo objeto de intensos debates. ¿Qué respuestas ofrece usted a esta cuestión en su obra?

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