La cruz, la hoz y el martillo –1

El propósito de este artículo es comentar algunos textos extraídos de: Pbro. Arnaldo Spadaccino, Prólogo, en: Encíclicas Populorum Progressio (de Pablo VI) y Mater et Magistra (de Juan XXIII), Editorial Diálogo, La Paz – Canelones, 1967.

He tomado conocimiento de esos textos a través de citas encontradas en: Pbro. Felix García Álvarez, Consideraciones a propósito de la gravitación de la Iglesia en la Constituyente de 1830 y sus consecuencias. ¿Existió crisis contemporánea en la Iglesia uruguaya?, Imprenta Arias, San Carlos – Maldonado, 1981, pp. 104-108.

Aunque este último libro tiene un valor relativo, con algunos aspectos de carácter panfletario, posee al menos la virtud de contribuir a conservar, a través de las citas mencionadas, el interesante escrito referido del Pbro. Spadaccino, quien fue un sacerdote muy influyente del clero secular montevideano (en 1970 era el Responsable de Pastoral de la Arquidiócesis de Montevideo).  

A continuación reproduciré los textos en cuestión del Pbro. Spadaccino, indicando las páginas correspondientes del referido Prólogo.

El autor se congratula de las profundas analogías que él cree encontrar entre la doctrina de la Encíclica Populorum progressio (publicada en marzo de 1967) y la doctrina marxista: “Sin embargo, creo que en ningún otro documento hasta ahora podrían señalarse profundas analogías con la doctrina marxista. La Iglesia ha dejado de tener miedo” (Pbro. Arnaldo Spadaccino, o. c., pp. 14-15).

El Pbro. Spadaccino sugiere implícitamente que antes de 1967 la Iglesia tenía miedo de plantear “profundas analogías con la doctrina marxista”. Pronto veremos que esas “profundas analogías”  no son tales, pero de momento me interesa subrayar que esta visión de un Magisterio de la Iglesia supuestamente dominado por el miedo no es compatible con la fe católica. Dicha visión parece provenir, en cambio, de la interpretación “rupturista” del Concilio Vaticano II, que ve a éste como una especie de quiebre en la historia de la Iglesia y casi como un nuevo comienzo absoluto, que obliga a descartar casi todo lo que es “pre-conciliar”.

Veamos ahora cuáles son las “profundas analogías” entre cristianismo y marxismo señaladas por el autor: “Sin indicar paternidades o prioridades históricas en las formulaciones y sin miedo a los suspicaces, anotamos algunos puntos de esta covisión [visión común al cristianismo y el marxismo].

-En ambas doctrinas hay un profundo mesianismo. (…)

-Cualquiera podría reprocharles un exceso de confianza en el hombre y en su educación para poder formar una comunidad universal. (…)

-Las denuncias formuladas sobre las injusticias actuales, en una forma más dura de lo que hasta ahora se había hecho. Frases que en otro contexto pueden ser llamadas marxistas.

-Una doctrina de la evolución y de la marcha histórica con una mayor posesión del mundo y de sus riquezas para una mayor paz y desarrollo pleno del hombre.

-La necesidad de una fraternidad universal para la marcha común.” (Íbidem, p. 13)

Analicemos punto por punto estas cinco “profundas analogías”:

1. No negaré que hay una semejanza entre mesianismo cristiano y mesianismo marxista, pero se trata sólo de una semejanza superficial. Hay, en efecto, una distancia abismal entre la redención cristiana y la dialéctica marxista. El Hijo de Dios, hecho hombre para nuestra salvación, nos reconcilió con Dios y entre nosotros dando su vida por amor en la Cruz. Somos salvados por la gracia de Dios en Cristo, aceptada libremente por el hombre con fe, esperanza y caridad. En cambio, en la doctrina marxista (atea y materialista), Dios está totalmente ausente y el hombre se “salva” a sí mismo construyendo, mediante la lucha de clases, una sociedad sin clases, un utópico “paraíso en la tierra”. Se trata en este caso de un inmanentismo radical.

2. No corresponde reprochar al cristianismo un exceso de confianza en el hombre. En último análisis, el cristiano no pone su confianza absoluta en el hombre, a quien sabe pecador, sino en Dios; pero sabe también que el Espíritu Santo es capaz de santificar verdaderamente al hombre que coopera libremente con la gracia de Dios. La comunidad universal llamada “Iglesia” no es formada meramente por el hombre y su educación. Es una comunidad humano-divina, una obra de Dios uno y trino que se manifiesta visiblemente en una comunidad humana. En cambio, sí es correcto reprochar al marxismo una excesiva confianza en el “hombre nuevo” nacido de la revolución socialista. Este “hombre nuevo” es el mismo que construyó el GULAG soviético y el que aún mantiene los laogai en China.

3. Los cristianos podemos coincidir con los marxistas (y también con los liberales y los partidarios de otras ideologías) en la denuncia de ciertas injusticias, pero ambas denuncias proceden de visiones y diagnósticos muy diferentes y conducen a respuestas muy diferentes entre sí. Para el cristiano, la injusticia tiene su más honda raíz en el pecado, que se combate mediante la unión con Cristo Redentor. En cambio, para el marxista la injusticia social es una etapa necesaria en la evolución dialéctica de la historia, que será superada mediante una lucha de clases necesariamente violenta. Según él, la violencia es la partera de la historia.

4. El cristianismo es una religión que reconoce la relativa autonomía de los asuntos temporales, por lo cual no ofrece recetas concretas para la construcción de una sociedad perfecta en el terreno económico y político; sí ofrece principios morales que permiten orientar la acción de los individuos y las sociedades de acuerdo con la voluntad de Dios revelada por Cristo. En cambio, el marxismo se presenta a sí mismo como una ciencia (el “socialismo científico”) y cree poseer la clave de interpretación adecuada de la historia pasada y de la realidad presente y la fórmula exacta para pronosticar y edificar el desarrollo futuro de la sociedad perfecta, la sociedad colectivista.

5. La fraternidad cristiana está basada en una filiación común: todos los hombres son o están llamados a ser hermanos, porque son o están llamados a ser, en Cristo, hijos de un mismo Padre. El colectivismo materialista, pese a las aspiraciones con frecuencia nobles de sus partidarios, es incapaz de construir una verdadera fraternidad, debido a su desconocimiento del Padre común a todos los hombres. Se corre así el terrible riesgo de edificar una “fraternidad” puramente biológica, semejante a la de un hormiguero o una colmena.

Consideremos ahora lo que el autor escribe acerca de la revolución violenta: “No hay duda alguna de que el cristianismo es un mensaje de paz entre los hombres, que la única violencia es la que debemos realizar sobre nosotros mismos, sobre nuestros egoísmos y desequilibrios, para poder vivir de verdad al servicio de nuestros prójimos.

Con todo, los filósofos y teólogos cristianos han hablado siempre del derecho a la guerra justa, a la pena de muerte, a la legítima defensa, aún hasta la muerte del que injustamente agrede a muerte.

Por influencia del Hinduismo y de otras comunidades cristianas, hay una corriente del pensamiento católico que ha optado por la no violencia y el pacifismo absoluto. Por la influencia del marxismo, teóricos y prácticos del catolicismo perciben la violencia actual de este mundo que oprime en sus derechos fundamentales de personas a una gran mayoría de hombres en el mundo entero. Fundamentado en algunas doctrinas tradicionales de la Iglesia y en la experiencia revolucionaria de algunos países, se inclinan a sostener lo que podríamos llamar un “derecho revolucionario”. Ésta es la tensión hacia adentro de la Iglesia Católica.” (Íbidem, p. 17).

Aquí el Pbro. Spadaccino describe de un modo muy tendencioso “la tensión hacia adentro de la Iglesia Católica” en torno al problema de la legitimidad de la insurrección violenta en el contexto concreto de la América Latina de los años sesenta del siglo XX. En este ámbito, el conflicto principal se dio entre los católicos fieles a la doctrina católica tradicional, que establece un conjunto de condiciones muy estrictas para que se dé efectivamente el derecho a la insurrección violenta contra una tiranía (condiciones que evidentemente no se cumplían en el referido contexto), y los católicos influenciados por la doctrina marxista y la revolución cubana, que creían en ese entonces en la inevitabilidad de la revolución socialista por la vía armada en toda América Latina y en la necesidad de que, en ese contexto, la Iglesia Católica “tomara partido por los oprimidos”, es decir por el socialismo.

El autor, en cambio, presenta falsamente este conflicto como una tensión entre un imaginario grupo de católicos partidarios de un pacifismo absoluto de raíz gandhiana o cuáquera y el grupo real de católicos que, por influencia del marxismo, percibía una “violencia institucionalizada” de los gobiernos latinoamericanos (dictatoriales o democráticos) que mantenía oprimidos a los pobres en un régimen de explotación capitalista y que, aplicando erróneamente la doctrina católica tradicional, legitimaba la adhesión del cristiano a la revolución socialista en curso.

Continúa el Pbro. Spadaccino: “La Iglesia siempre advirtió de los peligros de la revolución… y advirtió de los peligros de la situación actual que provocaba a los despojados a una revolución violenta. (…)

Creo que también puede entenderse tiranía económica, como poco más arriba se señala de los efectos del capitalismo liberal.” (Íbidem, p. 17).

El autor es consciente de que en 1967 en muchos países de América Latina (como el Uruguay) no se daba siquiera la primera condición para la legitimidad de una insurrección, según la moral católica: o sea, la existencia de un gobierno tiránico. Por eso, de un modo muy cuestionable, estira el concepto de “tiranía” para abarcar el régimen capitalista, entendido como “tiranía económica”. Además califica al capitalismo vigente en nuestro sub-continente como “liberal”, para hacer recaer sobre él todo el peso de las reiteradas condenas del Magisterio de la Iglesia al liberalismo económico clásico.  Sin embargo esta calificación resulta sumamente dudosa. En el caso uruguayo, por ejemplo, el régimen económico se caracterizaba por un muy alto grado de intervencionismo estatal, como herencia del batllismo, que podría ser visto como una especie de “socialismo a la uruguaya”. Además, por más que la Iglesia rechace el capitalismo liberal, no por eso respalda automáticamente una revolución violenta para sustituir dicho sistema económico por otro.

A continuación el Pbro. Spadaccino, aunque de un modo confuso, parece sugerir, en un mensaje dirigido directamente a “los cristianos comprometidos”, que la insurrección revolucionaria era justa o justificable en aquellas circunstancias (¡en el Uruguay de 1967!): “No se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor. Es por lo tanto una cuestión de prudencia, de posibilidad de mayor bien, a la corta o a la larga. La fijeza prolongada con todos sus desórdenes, puede justificar aún en el orden de los principios doctrinarios, la prolongación de un estado de insurrección revolucionaria necesariamente prolongado. (…)

Para los cristianos comprometidos

Participar o fomentar una insurrección revolucionaria no es una cuestión de oportunismo, según se libre o no de actuar como partido político, ni de cartel para la gran masa de ciudadanos. Es, en primer lugar, una cuestión de conciencia y un asunto de justicia.” (Íbidem, p. 17).

Veamos ahora otro párrafo del Pbro. Spadaccino: “El tema, así como la “tentación revolucionaria”, da como para una próxima encíclica que esperamos en la medida que esté madura una opinión en la Iglesia, entre tanto corresponde a todos elaborar opiniones y doctrinas y tomar actitudes concretas.” (Íbidem, p. 21).

Al parecer, el autor no quedó satisfecho con la encíclica Populorum progressio, porque –en lo referente al tema analizado aquí– Pablo VI no hace más que reiterar la doctrina católica tradicional sobre la insurrección legítima. El autor expresa su esperanza de que en la Iglesia Católica se produzca una evolución que haga “madurar” su doctrina. No parece arriesgado suponer que él esperaba que esa evolución tendría un sentido “progresista” y se manifestaría algún día en una nueva encíclica más afín con la posición marxista. En un momento humorístico de su extraño libro, el Pbro. Felix García Álvarez acota que esa encíclica “la escribirá el Pbro. Spadaccino cuando sea Papa”.

El autor insinúa un error grave al decir que “entre tanto [es decir, hasta que no se escriba su imaginaria encíclica] corresponde a todos elaborar opiniones y doctrinas y tomar actitudes concretas”, al parecer libremente, sin preocuparse de mantenerse fieles a la doctrina católica vigente.

Concluiré este artículo comentando otras dos citas del Pbro. Spadaccino: “Si la Iglesia tuvo en el pasado esa participación, y ahora está arrepentida de ello, debe decirlo en este momento de revisión y fidelidad profunda.” (Íbidem, p. 21).

“La Iglesia que no está por los vientos del momento, sigue sosteniendo que la propiedad privada ayuda a la realización del hombre.” (Íbidem, p. 15).

En la primera frase, el autor parece sugerir que hasta el presente la Iglesia ha participado de un modo negativo en la lucha de clases, apoyando a la clase explotadora, lo cual es un grueso error histórico y teológico.

En la segunda frase, pese a su ambigüedad, el autor parece lamentar que la Iglesia no se sume a la corriente (que entonces a muchos parecía destinada a un triunfo global inevitable) de la revolución socialista, orientada a eliminar la propiedad privada de los medios de producción. Efectivamente, la Iglesia Católica –y ésta es una de sus notas de gloria– no se dejó llevar por “los vientos del momento” y siguió sosteniendo firmemente que la propiedad privada es un derecho natural, pero no absoluto, en razón del destino universal de los bienes. Así la Iglesia defendió al hombre del sistema socialista, el que, dondequiera se aplicó integralmente, se reveló muy pronto y muy claramente como inhumano.

Daniel Iglesias Grèzes 


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7 comentarios

  
Miguel Antonio Barriola
Spadaccino fue un muy inteligente sacerdote, que tuvo a su cargo por largos años una audición radial, ampliamente seguida por católicos y no católicos en Montevideo.
Lamentablemente, en los últimos años de su vida se dejó influenciar por aquel nefasto movimiento de la teología de la liberación, que prendió no sólo en él, sino en muchísimos integrantes del clero, universitarios y trabajadores. Entre los cuales uno de los más influyentes, fue otro, ex sacerdote, autor de más de uno de los revolucionarios escritos citados en el artículo anterior: Juan Carlos Zaffaroni, igualmente de gran valor intelectual ...otrora. Porque, lastimosamente se dejaron deslumbrar por la "moda del momento", archivando grandes motivos de la fe y la teología, incompatibles con aquella ansia de "triunfo ya". Lo otro era "opio del pueblo".
16/07/15 4:44 PM
  
Bernardita
Oportunísimo post, Daniel.
Quiera Dios que sirva de luz para muchos confundidos con los vientos de cambio que pretenden imponerse.
16/07/15 7:51 PM
  
Piedad
La única "analogía" posible entre los fundamentos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana y el marxismo es la miseria humana. La primera, encuentra sus respuestas en la Fe y la Confianza en Dios, Uno y Trino; el segundo, cree solucionar la miseria promoviendo el ateísmo e imponiendo sus "verdades" por medio del odio a los semejantes y de la guerra.
Cualquier visión diferente que se nos quiera imponer debe ser sometida a discernimiento, tal como nos enseña San Pablo en Gálatas:
" No hay otro evangelio
…que en realidad no es otro evangelio, sólo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.…
16/07/15 10:07 PM
  
antonio49
De acuerdo con la opinión del P. Barriola:
Spadaccino era inteligente pero captado por la visión marxista del mundo. Y muy influyente en el arzobispado de Montevideo, en una época que personalmente prefiero olvidar por sus graves ambigüedades episcopales. Fue mi párroco, y tengo suficientes motivos para sustentar mis afirmaciones y opiniones.
Félix García fue compañero de docencia mio. Un personaje agradable y extrañamente peculiar.
17/07/15 2:19 AM
  
Néstor
No hay que olvidar la profunda analogía que se puede establecer entre Satanás y el Arcángel Miguel. Ambos son creaturas de Dios, espíritus puros, de gran poder intelectivo y volitivo, y son mencionados en la Escritura.

Saludos cordiales.
17/07/15 6:14 PM
  
,"EL PROFETA"
Que un laico se deje influenciar por el espíritu del mundo, que tal es la doctrina marxista-socialista-comunista no nos debe extrañar, porque el mundo atrae a quienes no tienen una fe en Dios activa y comprometida con Jesucristo y Su Evangelio; pero parece descabellado que un sacerdote preparado en un seminario y conocedor del Evangelio de Jesús se deje influenciar y afectar por una doctrina materialista y atea, y de paso, quiera arrastrar con él a un conglomerado-el rebaño- que él se ha comprometido a guiar hacia Dios.
Resulta lamentable, pero se ha vivido esa experiencia en el siglo XX y ha continuado por otros derroteros en el siglo que corre.
Recientemente hace pocos años el presidente de Venezuela en aquel entonces afirmó que Cristo era socialista, lo cual es una vil herejía. Pero la última acción vil que debe ser rechazada por todos los católicos como un acto infame es lo que hizo el presidente de Bolivia, Evo Morales, al regalar al Papa Francisco con un adefesio deplorable: un supuesto cristo tallado en madera sobre un martillo y una hoz, símbolo del oprobio en que han vivido muchos pueblos del mundo bajo los regímenes comunistas.
Lo triste del caso es que quien hizo la talla fue un sacerdote dizque católico, consecuente con la teología de la liberación de corte marxista-leninista.
Esperemos a ver con qué horrores nos salen nuestros honorables representantes de la Iglesia Católica en los tiempos venideros.
Amanecerá y veremos...
17/07/15 11:59 PM
  
VIRGINIA SPADACCINO
Llego aquí a este blog de casualidad, y me encuentro un "análisis" vacío en contexto de la obra de mi tío. El autor puede pensar que por citar fragmentos de su libro, llega a comprender lo acontecido en primera persona por UN SACERDOTE que literalmente DIO SU VIDA POR LOS POBRES.

Pudo llegar a ser Obispo, pero jamás le interesó la carrera en el Vaticano; desde donde todo sea dicho, llamaban para celebrar conferencias casi todos los años tras su retiro. Piensen y valoren ustedes la razón de éllo. ROMA RESPETABA A MI TÍO y todo lo que el significaba.

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DIG: Estimada Virginia: Mi post no busca de ninguna manera juzgar a la persona de su tío, sino simplemente algunas de las muchas cosas que él escribió. Si fue buen o mal sacerdote, lo juzgará (lo ha juzgado ya) Dios, no yo. Lo que a mí me toca aquí es criticar algunas afirmaciones del P. Spadaccino sobre la relación entre catolicismo y marxismo. Y también los comentarios deberían versar sobre eso.

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Qué gratuitamente fácil es comparar a mi tío con Satanás; un comentario ofensivo por parte de Néstor. ¿Permite usted un comentario así?

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DIG: Simplemente, usted no entendió el comentario de Néstor. Él no compara en absoluto al P. Spadaccino con Satanás. Sólo sugiere que se puede establecer analogías entre cualquier par de cosas: y una analogía entre el cristianismo y el marxismo no es mucho más "profunda" (para usar el término de su tío) que una analogía entre San Miguel y Lucifer.

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Mi tío tenía un coeficiente intelectual muy muy superior a la media. Y estamos orgullosos de su vida, de su forma de pensar, de acercar la palabra de Dios a todos y de la gigantesca humanidad que en él había.

Cuando los feligreses veían y oían a mi tío celebrando la Eucaristía, sentían más próximo a Dios. Mi tío era un cura como Dios manda. Con voto de pobreza y viviendo para los pobres, no para hacer carrera.

Si ustedes hubiesen vivido lo que mi tío, mi padre y mi madre tuvieron que soportar en Uruguay, por pensar diferente, otros comentarios serían los suyos. A mi tío INTENTARON ASESINARLO varias veces, lo SECUESTRARON y lo TORTURARON. Por luchar por los pobres.

Oportunismo dice otro comentarista aquí. Otro que no tiene ni idea en el año 2015, de lo que se vivió en los años 60 y 70 en América Latina. Años en los que se luchaba por no vivir bajo el yugo de una dictadura.

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DIG: Por favor lea con más detenimiento. No dice "oportunismo" sino "oportunísimo".
Por otra parte, en 1967 no había ninguna dictadura en Uruguay.

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Para analizar la obra de mi tío, no sólo hay que leer sus libros, hay que remontarse al pasado y situarse en aquellos años, hablar con personas que lo conocieron, que trabajaron con él. Ver los programas de televisión y escuchar los de radio donde participaba.

Su análisis ciertamente es sesgado. Le invito a que se informe usted señor Daniel Iglesias Grèzes y también comentaristas de este blog.

Así mismo agradezco de ante mano la publicación de mi comentario.


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DIG: Pues yo viví esos años en primera persona y conocí al P. Spadaccino; y no creo que más información sobre su persona o sobre aquella época puedan cambiar mi juicio crítico sobre lo que él escribió acerca de la relación entre cristianismo y marxismo. Gracias por su comentario, pero por favor, si vuelve a escribir aquí, diga exactamente cuál frase mía le parece injusta y por qué.
16/12/16 10:42 AM

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