InfoCatólica / Que no te la cuenten / Categoría: Personas y personajes

18.01.18

Hugo Wast no era antisemita (3-4)

e. La conversión del judío: ¿posible?

Este «crisol de razas» que sigue siendo la Argentina, ha recibido innumerables multitudes de pueblos: italianos, españoles, franceses, irlandeses… todos se han afincado en una tierra que no ha discriminado; el judío no fue la excepción. Muchos de los pueblos (es verdad) ya venían acristianados mientras que otros se volcaron a la verdadera Fe.

Los hijos de Abraham también abrazaron dicha Fe pues para un judío verdadero y sin doblez, su razón de ser es el preparar la venida del Salvador (salus iudaeorum) y abrazarla cuando llegue. Ellos han sido en cuanto pueblo el primero en el honor y gloria, como narra el mismo San Pablo: «gloria, honor y paz a todo el que obre el bien; al judío primeramente y también al griego» (Rom 2,9-10), de allí que muchas y santas hayan sido las conversiones desde el principio de la nueva y última alianza hasta nuestros días.

Es verdad, sin embargo, que no siempre las conversiones fueron sinceras como denota la historia de la Iglesia; así plantea el problema Hugo Wast en boca de sus personajes:

¡Escuchad! Vosotros sabéis que el judaísmo es inde­leble como el color de la piel. Porque no es una religión sino una raza, la primera y la única que salió de las manos del Eterno (¡Bendito sea Él).

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15.01.18

Hugo Wast no era antisemita (2-4)

2. Lo que dijo Hugo Wast

Pero vayamos sin más trámite a la obra acusada; como sería tedioso entrar en detalle, veamos el resumen que hace un hijo de Abraham según la carne:

Una oscura conspiración atraviesa y explica la historia mundial desde hace milenios: la conjura judía mundial para dominar a la humanidad. Este complot se organiza a través del Kahal, soberano invisible y todopoderoso, que existe dondequiera que haya judíos. Cada una de estas organizaciones locales están subordinadas al Gran Kahal de Nueva York, cuyo jefe gobierna desde las sombras a los israelitas de acuerdo a las normas del Talmud. El arma principal de los judíos para la conquista del mundo es la acumulación del oro, mediante el cual lograrían subyugar a los bancos, explotar a los productores y esclavizar a los gobiernos de todo el planeta. Sin embargo, la nación israelita se había dividido en dos bandos a partir de las discordias de dos grupos de banqueros poderosísimos: los Rheingold, que dominaban en Francia e Inglaterra y los Meyerbeer, omnipotentes a las finanzas de Estados Unidos y Alemania. Ambos grupos defendían opuestas doctrinas financieras, lo que no les impedía beneficiarse alternativamente de las situaciones de guerra y paz, con los que los ganadores en cualquier circunstancia eran siempre los judíos. Para alcanzar sus objetivos —continúa la novela— los judíos han desatado guerras, generando crisis económicas, difundido las teorías económicas que los benefician, controlando la prensa, impulsado el voto universal y desatado revoluciones sociales, beneficiándose del sufrimiento de naciones enteras en su ciego afán de fortuna.

En Argentina, dos familias se disputan la jefatura del Gran Kahal local: los Kohen, representantes de la casa Meyerbeer y los Blumen, aliados de los Rheingold.

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12.01.18

Hugo Wast no era antisemita (1-4)

Hugo Wast no era antisemita

 

La primera vez que escuché hablar de Hugo Wast fue en 1996; tenía apenas 19 años. Se informaba en un matutino que la Policía Federal, había secuestrado bajo orden judicial, varias de sus novelas en la librería Huemul[1].

- «¿Qué daño pueden hacer un par de libros?» — me preguntaba.

No entendía por qué agarrárselas con unos cuantos libros…

El episodio me causó, como a todos los jóvenes, curiosidad; más aún cuando me fue explicado que se trataba de una conspiración: de una conspiración silenciosa.

Pasados los años en 2012, mientras escribimos estas líneas, otro diario nacional, publicaba los alaridos de quien funge actualmente el título de presidente; en efecto, la doctora (en discusión) Cristina Fernández Wilhelm, viuda de Kirchner, decía: «Hay una verdadera batalla cultural. Nosotros la vamos a seguir dando en todos los campos… Sólo nos podrán vencer cuando hayamos decidido no seguir luchando»­[2].

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6.05.17

¿Por qué aún Isabel la Católica no es santa? Los conversos y conclusión (7-7)

Hemos realizado un veloz recorrido por los puntos fundamentales acerca del drama de los judíos en España y su final expulsión bajo el reinado de Isabel I, de Castilla.

De la mano de la Comisión Histórica encargada de la investigación para el proceso canónico de la Reina, hemos podido advertir que no se encuentra en el accionar de la reina acción alguna digna de reproche; y que por lo tanto, los vidriosos temas de la Inquisición y la Expulsión de los Judíos no conforman motivo alguno para frenar su beatificación.

Pero quisiéramos brevemente arriesgarnos más aún, y comprobar cómo la multitud de virtudes que Isabel la Católica guardaba en su alma se ven reflejadas en estas dos medidas de gobierno.

Si la suspensión del permiso de residencia en los reinos castellanos y la instauración de tribunal inquisitivo se ven colmadas de bondades y de virtudes de nuestra reina, no solo no son un motivo para frenar su causa sino que son dos escalones más hacia los Santos Altares.

Para realizar la tarea que nos proponemos, nos basaremos principalmente en la Positio histórica que venimos siguiendo hasta el momento. Dicho, pues, esto introduzcámonos en lo que nos compete.

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5.05.17

¿Por qué aún Isabel la Católica no es santa? La inquisición 6-7

Como el lector podrá advertir el clima de tensión que se había creado alrededor de la comunidad judía cada vez iba tomando mayores dimensiones y  clamaban una pronta solución.

Desde el momento en que Isabel llegó al trono castellano adoptó para con los judíos una actitud benévola y maternal. Lejos de ser esta actitud poco sincera o interesada, estaba fundamentada en la caridad hacia el prójimo que la Iglesia Católica ha enseñado siempre, siguiendo las palabras del apóstol: “En Cristo no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos sois uno en Cristo Jesús[1].

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