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15.09.17

Régine Pernoud: una medievalista olvidada

Hace casi veinte años que, feministas a ultranza como somos, venimos leyendo y difundiendo a la gran medievalista francesa Régine Pernoud, indiscutida paladín de esta época en el siglo XX.

Su encanto al escribir, su sencillez y llaneza al biografiar y, sobre todo, su aplicación obsesiva a las fuentes primarias y secundarias, fueron algunas de las características que la transformaron en una autoridad indiscutida en la materia de la mal llamada “Edad Media".

En un resumen excelente nuestro colega bienpensante del sur, el Prof. Sebastián Sánchez, nos la presenta a grandes rasgos.

Aquí y aquí, podrán encontrar algunos trabajos realizados a partir de sus libros. En cuanto a sus obras, no tienen más que pegarse una vuelta por la parte de Libros recomendados.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi


Mitos ideológicos sobre la Edad Media

POR SEBASTIÁN SÁNCHEZ

Es cosa innegable la influencia de las escuelas históricas francesas en los estudios actuales, especialmente en nuestro país, donde los “taitas oficiales de la historia” -como les llamaba Castellani- han sostenido una incansable admiración por los historiadores galos.

En efecto, desde la predilección de Mitre por Michelet, la preeminencia de los Annales de Bloch y Febvre o el influjo reciente de los cultores de la “historia cultural” como Chartier o Darnton, la historiografía argentina ha sido largamente seducida por su análoga francesa.

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11.09.17

Laudes en Narnia. Un monacato juvenil

Hace algunos años, siendo aún seminarista, tuve la gracia de participar de una “misión popular” en el sur italiano. Con varios laicos, nos acercábamos a las casas a proclamar el Evangelio haciendo un verdadero y santo proselitismo cristiano.

Invitábamos a la Santa Misa, a frecuentar los sacramentos, en fin: a la conversión, que de eso se trata…

Un domingo, durante la tarde, recuerdo la frustración que sentimos por ver que eran pocos los jóvenes que se acercaban a la Misa. Estábamos decepcionados, sin embargo, el párroco, un joven sacerdote que hacía poco había descubierto el atractivo de la sotana, nos decía:

- “Tengan paciencia. A la misa vendrán pocos, pero en las Vísperas cantadas se llenará”.

Mi mentalidad, por entonces demasiado “jesuítica”, me hacía ver con desconfianza eso de que los laicos jugaran a ser monjes.

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7.08.17

Cuando la homosexualidad era pecado... El “Liber gomorrhianus” en español (2-2)

La pedofilia en la Edad Media

 

La pedofilia o el abuso de los hijos espirituales no es patrimonio exclusivo de nuestros democráticos tiempos. La Iglesia militante siempre ha sido un cambalache donde la Biblia y el calefón se amigaban en las letrinas, según decía Discépolo.

Para que veamos que desde los primeros siglos la depravación existió siempre en el seno de la Iglesia (que es santa por su fundador y no por sus miembros), nuestro santo trae a colación lo que San Basilio Magno decía allá por el siglo IV:

 

El clérigo o monje que abusa de niños o de adolescentes, y cualquiera que fuera sorprendido con ellos en un beso o alguna otra torpeza, será públicamente azotado y despojado de su rango. Tras rasurar sus cabellos, se le escupirá en la cara; y, atado con cadenas de hierro, será entregado a los tormentos de la cárcel durante seis meses, y alimentado tres veces por semana con pan de cebada. Tras otros seis meses bajo la custodia de sus superiores en un lugar apartado, será admitido a la oración y al trabajo manual, y sometido a vigilias y oraciones. Caminará siempre acompañado de dos hermanos espirituales, evitando toda palabra ociosa, así como la compañía de jóvenes (…). Si un simple beso es castigado con semejante pena, ¿qué no merecerá quien se pervierte con otro? (…). Quien se mancha cometiendo pecados lujuriosos con otro hombre no es merecedor del sacerdocio. Y no puede administrar las cosas santas quien antes se ha ensuciado con estos vicios”[1].

 

Pasados los siglos, y ya en pleno siglo XI, San Pedro Damián titulaba así el capítulo sexto de su obrita:

 

 “Sobre los padres espirituales que cometen perversiones con sus hijos”,

Donde declaraba:

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5.08.17

Cuando la homosexualidad era pecado... El “Liber gomorrhianus” en español (1-2)

Cuando la homosexualidad era pecado:

El “Liber gomorrhianus” en español

 

Acerca de la primera edición en español del “Liber gomorrhianus” de San Pedro Damián (Traducción y notas de José-Fernando Rey Ballesteros)

 P. Javier Olivera Ravasi

(24/7/2017)

 

Con enorme y titánico esfuerzo, el Pbro. José-Fernando Rey Ballesteros ha traducido del latín, por primera vez a la lengua de Cervantes, el famosísimo “Liber gomorrhianus” de San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia, donde se denuncia el pecado de Sodoma y Gomorra.

Libro polémico si los hay en estos tiempos, debería ser propuesto para su lectura tanto en seminarios como en casas de formación. Su lenguaje directo, sin gambetas ni eufemismos, denuncia la gravísima corrupción del clero en años duros de la alta edad media.

A partir de la lectura que hemos hecho, venga aquí entonces un resumen del texto digital (que puede adquirirse aquí) a la espera de la edición definitiva en papel.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

 

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2.07.16

Los templarios: ¿duendes o gigantes de la Edad Media? 2-2

El sermón de San Bernardo sobre la Milicia Templaria

Hablar de los templarios es hablar de aquél que, tomándose la vida religiosa como una milicia, no cejó en la defensa y expansión de la Cristiandad. San Bernardo era tan popular por su estilo de vida y sus sermones que por todos era buscado para predicar, exhortar, amonestar y corregir las costumbres. Tanto predicaba contra los cátaros como entusiasmaba para las Cruzadas, atrayendo a multitudes a una vida de mayor intimidad con Cristo; de allí que las mujeres, temerosas de que sus esposos o hijos se les fueran a Tierra Santa o al claustro, pedían a llantos que no fuesen a escuchar sus sermones.

Fue a pedido de su tío y del maestre Hugo de Payns, que compondría esta pieza de homilética para los del Temple. En ella si se la lee a la luz de la historia, se encuentra la postura de la Iglesia en una época floreciente para: «una, y dos, y hasta tres veces, si mal no recuerdo, me has pedido, Hugo amadísimo, que escriba para ti y para tus compañeros un sermón exhortatorio. Como no puedo enristrar mi lanza contra la soberbia del enemigo, deseas que al menos haga blandir mi pluma».

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