2.12.16

(156) Inconveniencias eclesiales, X: Amoris Lætitia y la teología del antilegalismo de Bernhard Häring

Amoris Lætitia parece plantear su análisis de la situación de los divorciados en nueva unión calificando como rigorista todo tipo de juicio moral definitivo al respecto. Ni bien del todo ni mal del todo, ni blanco ni negro. Afirmar que una situación es blanca o negra, es decir, buena o mala, verdadera o falsa, es etiquetada como afirmación rígida:

«298. Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral.»

Aunque reconoce que no es el ideal moral:

«(298) Debe quedar claro que este no es el ideal»

Es decir, el estado de los divorciados vueltos a “casar” no es ni blanco ni negro; se reconoce que ciertamente no es el ideal, pero que no debe catalogarse como situación en una categoría “rígida”, sino polivalente o indefinida: transgresión de la ley, no transgresión de la ley, aproximada transgresión de la ley, etc. Es lo que hay que discernir, en lugar de juzgar aplicando la ley al caso. Por categoría rígida, evidentemente, se refiere a su relación específica y unívoca con la Ley Moral, como se puede notar en todo el Capítulo ocho.

No es justo, enseña A.L., juzgar la situación irregular respecto a la ley moral, pues esto daría lugar a un juicio rigorista, en que quedaría en exceso definida su bondad o mal respecto a la ley moral. Y no es justo, se pretende mostrar, porque la ley moral, según A.L., no basta para valorar la fidelidad de una persona a Cristo, que no puede “medirse” por su conformidad con la ley divina, sino respecto al discernimiento, que no juicio, de la propia conciencia:

«304. Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general.»

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21.11.16

(155) Elogio del reaccionario

«Ahora bien: sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que según sus designios son llamados.» (Romanos 8, 28)

 

I.- EL RÍO REVUELTO Y EL MAELSTROM

Visto de cerca, sin la debida perspectiva, el remolino del Maelstrom no parece más que un río revuelto. Pero es ambas cosas: el remolino final, la gran batalla, y al mismo tiempo el torrente en que podemos ahogarnos, pero también la turbación temporal en que pescar con provecho y afianzarnos cual roca, erguidos por gracia contra la corriente. 

—Y es que en río revuelto se puede pescar bien, si socorridos por el Pescador divino se resiste la corriente que progresa hacia el abismo. Hay que tener alma de roca y corazón de pescador de hombres. Y hacer muy nuestro el lema de Don Juan de Borja en sus Empresas Morales: Ferendo Vincam: sufriendo venceré.

 
Y es que paréceme que tanta confusión en el seno de la Iglesia es como río revuelto: muchos se ahogarán en él, si el diablo les empuja y ellos se dejan, pero otros muchos obtendrán buena pesca, si saben por gracia resistir las olas y no hundirse, y Cristo les capitanea.
 
No dudemos, hermanos, a la hora de dilucidar cuál es la roca: la roca es la Iglesia católica, la roca es la Ley Natural, la roca es la sana doctrina que libera, la roca es la gracia.

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16.11.16

(154) Inconveniencias eclesiales IX: crisis de lenguaje, crisis de fe

Nuestro refranero, no pocas veces rico en sabiduría, lo dice claro: al buen entendedor, pocas palabras le bastan. La Veterum Sapientia lo enseñaba así, tajantemente, como un dardo: inteligenti pauca.

Pocas palabras cumplen al buen entendedor, se dice en el Libro de Buen Amor, y en La Celestina se omite la mitad, de tan conocida: A buen entendedor… Cervantes en la segunda del Quijote lo recalca: al buen entendedor, pocas palabras.

En la lista de refranes del Seniloquium, ya en el siglo XIV, se consigna el refrán de manera actualísima: A buen entendedor, pocas palabras.

Por eso, quien predica ha de saber que el buen entendedor no necesita más palabras que las precisas. Que captará el sentido, sea verdadero o falso. Pero que el mal entendedor lo entenderá al revés y quedará sumido en confusión

Es necesario, pues, dominar el lenguaje con la ayuda de Dios y el fruto de sus dones; utilizarlo bien, con belleza y verdad, sea conceptual, de imágenes, metafórico, técnico, filosófico, teológico. Todo lenguaje al servicio de la Iglesia debe ser lo más competente posible, ardientemente sobrenatural. De Escritura y Tradición. Sin renunciar a los tesoros de expresión forjados a través de los siglos por la cultura cristiana.

La inflación de voces fatuas y el retorcimiento del sentido fragmentan la doctrina y entorpecen la comunicación, suscitando conflicto y divisiones.

Es la verborrea interminable de la mala metafísica, el bla bla bla que te vuelve embabiado, que te uniforma político-correctamente, sectorizándote de buenismo poliédrico.

 

Es el problema del espíritu de vértigo en el discurso teológico, causante de seísmos en el sentido de la fe, productor de oleajes en la mente, piedra de demolición de ciudades enteras de doctrina; es el problema de las paráfrasis cansinas que disfrazan el error y lo camuflan de borrón y cuenta nueva, de una cosa y otra que ambas valen, aun siendo contrarias. Es el problema, hermanos, del sí pero también no, de la ausencia de precisión y el bisturí mellado, que no sirve para curar. Es el problema de la neoteología católica de estos tiempos.

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5.11.16

(153) Crucifixión

«Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia.» Colosenses 1, 24.

***

«Jesús está en el centro de todo, Él lo asume todo, Él lo soporta todo, Él lo sufre todo. Es imposible pegar a alguien sin pegarle a Él, humillar a alguien sin humillarlo a él, maldecir o matar a alguien sin maldecirlo o matarlo a Él mismo. El más bajo de los criminales tiene que pedir prestado el Rostro de Cristo para recibir una bofetada, de cualquier mano que sea; de otra manera, la bofetada no podría llegar a destino y quedaría en suspenso, en el espacio, por los siglos de los siglos, hasta que encontrase el Rostro que perdona.» (León Bloy, Diarios).

 
Ser otro Cristo. Es la santidad. La cruz, por gracia, tiene también tu rostro.
 

1.- Una manera de sentir con la Iglesia: padecer en tu propio cuerpo y en toda tu alma las heridas que infligen al Cuerpo de Cristo.

 

2.- Completa en tu carne el dolor de Cristo por su Iglesia.

 

3.- La Pasión de Nuestro Señor no padece incompletitud, pero le falta algo: lo que debes sufrir tú.

 

4.- Jesús es el centro de todo. También del sufrimiento. Todos los males que vinieron, vienen y vendrán, desembocan en sus llagas.

 

5.- Todos los males que nos aquejan han golpeado primero en Cristo. Por eso te alcanzan ya pasados por su Cruz, para que también sea tuya.

 

AÑADIMIENTO

Maravilloso es saber que Nuestro Señor nos encuentra primero, y que la iniciativa es siempre suya. Y hasta nuestro caminar en su busca, a menudo a tientas, o a gatas como los niños pequeños, es don que recibimos de su gracia, para que nuestros pasos, aun siendo suyos, sean también nuestros.

De igual forma, también Nuestro Salvador tiene la iniciativa en el sufrimiento. Cuando el dolor nos alcanza, ya ha golpeado primero en Él, ya ha sido sobrenaturalizado por su Sufrimiento. Y esto, hermanos, es fuente de grandes consuelos, de auxilios de perfección y generosidades sin fin.

 

 
 

28.10.16

(152) Diarios octubre 2016.- Savonarola. Galimatazo renacentista. Fray Bartolomeo

Del 12 al 27 de octubre de 2016

1. Lecturas.- Savonarola, de Luis María de Lojendio, Espasa-Calpe 1960. En la pág. 32 encuentro este tremendo pasaje: 

«[Savorarola, en su poema “De Ruina Ecclesiae"] ve a la Iglesia (renacentista) como al hijo prodigo en los días de su máxima aflicción: buscando ávidamente las bellotas con que alimentarse». Fray Jerónimo pasa largas horas de penitencia y oración, preguntándose qué debía hacer.

«Y la Iglesia le respondió: “Tú, piangi e taci: e questo meglio parme”. La Iglesia le dijo: ¡Tú, llora y calla!» Y luego prosigue: «Pero, ¿podría callar acaso? ¿No vestía el hábito de una orden fundada precisamente para clamar?»

 

Galimatazo Renacentista.- Francisco Patrizzi (†1507) se malempeñaba, Sísifo antiescolástico, en demostrar por todos los medios que El Filósofo era un vicioso, un indeseable, y que sus obras no eran suyas, sino de otro griego al que copió. Se arrimó cual burgaíllo al Papa para pedirle y medio exigirle que prohibiera terminantemente la enseñanza de Aristóteles en las escuelas católicas. 

—Pero había otro antiaristotélico mucho más loco y rabioso: Pedro Ramus (†1572). En Animadversiones in Dialecticam Aristotelis, Ramus radicaliza su furor teológico contra El Filósofo, no ya en metafísica, sino en toda disciplina. Ramus finalmente abandonó el catolicismo para hacerse calvinista y proclamar su principal tesis antiescolástica a los cuatro vientos, que condensaba así: nada de cuanto enseñó Aristóteles es verdadero.

***

La mosca sincrética zumba y rezumba a los oídos de la mente católica, y su zumbido siempre tiene el mismo vicio: el odio a la razón.

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