16.08.16

(145) Guerra al movilismo

1.- Debemos empeñarnos en una santa reforma de la Iglesia, en que la santidad sea el valor primordial y la sana doctrina su agente de perfeccionamiento. Ecclesia semper reformanda. Porque es urgente y necesario, y con la gracia de Dios posible, detener todo itinerario equivocado, todo paso arbitrario e innecesario que acerque al abismo; todo movimiento descontrolado, querencioso de novedades. ¡Debemos reencontrar la perla que ya poseemos, y es fuente de belleza, paz y quietud en el Señor, porque la recibimos! La santa doctrina de Cristo.

 

2.- No se puede caminar por caminos embarrados. Porque mancharse del barro del camino, si el barro es error y pecado, es malo para la Iglesia, es malo para el cristiano, es malo para toda pastoral que en verdad pretenda el bien de las almas. Y porque el barro esconde arenas movedizas.

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5.08.16

(144) Sobre el furor de la conciencia, o que no se puede ignorar la ley moral sin grave daño

Hay cosas que no podemos dejar de conocer, cosas que no podemos ignorar. Cosas que Dios quiere que sepamos. Cosas que no podemos dejar de conocer sin grave daño, y que por eso la santa doctrina de la Iglesia nos recuerda con ardor. Cosas que una sana y católica pastoral debe ayudar a conocer y cumplir, y no a obviar y soslayar.

Es todo aquello que pertenece a la llamada Ley Natural, para cuyo cumplimiento se nos da la gracia, y por cuyo incumplimiento se nos da el sacramento de la confesión.

Y es que todo pecado grave es un desprecio de la ley moral que no podemos dejar de conocer, y que de hecho conocemos por la conciencia —bien formada siempre por el Magisterio eclesiástico.
 

— ¿Qué es el pecado, sino un aplastamiento de la verdad que no podemos dejar de conocer: no matarás, no adulterarás…. ? Porque para pecar hay que ahogar la verdad que preceptúa la ley. Pero, ¿con qué? Con más pecados, y sobre todo, con el olvido heteropráctico, con la demagogia bienintencionada del encubrimiento, con la ignorancia voluntaria de todo aquello que no podemos ignorar, porque nos va la salvación o la condenación en ello, y que se llama LEY MORAL.

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11.07.16

(143) Combatir la anomia predicando la ley

La ley vive malos tiempos, especialmente en toda mente católica en crisis de identidadMinusvalorada, menospreciada, sirve de arma arrojadiza contra la conciencia, como si ésta no la hubiera de aplicar al caso; es contrapuesta a la gracia, como si ésta no se diera para su cumplimiento. Se ha convertido en lugar común, como si fuera enemiga del Evangelio, y éste no fuera su plenitud, que es Cristo.

—La encíclica Veritatis splendor, de San Juan Pablo II, consciente de esta crisis de anomia en numerosas iglesias locales descristianizadas,  recoge entre sus luminosas páginas el pensamiento del Concilio Vaticano II acerca de esta importante cuestión:

«43. El concilio Vaticano II recuerda que «la norma suprema de la vida humana es la misma ley divina, eterna, objetiva y universal mediante la cual Dios ordena, dirige y gobierna, con el designio de su sabiduría y de su amor, el mundo y los caminos de la comunidad humana. Dios hace al hombre partícipe de esta ley suya, de modo que el hombre, según ha dispuesto suavemente la Providencia divina, pueda reconocer cada vez más la verdad inmutable» 

«El Concilio remite a la doctrina clásica sobre la ley eterna de Dios. »

 

A) COMBATIR LA ANOMIA

I.- LA ANOMIA, GRAN MAL. NECESIDAD DE PREDICAR LA LEY

Y es que el virus nominalista, que causó la Modernidad, introdujo esta enfermedad en numerosas iglesias locales en vías de descristianización, dañando la vida cristiana de los fieles, -y muy en especial la institución del matrimonio. Usando la tremenda expresión de Péguy, la anomia produce innumerables exsantos. Porque el desprecio de la ley es un desprecio nihilista, que reduce al mínimo la vida cristiana, sofocando la gracia en lugar de darle alas, frustrando todo proyecto de vida en gracia.

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18.06.16

(142) Otro micropost, en que se dan diez signos de salud católica

1.- Signo de salud católica: amar la Ley Moral.

 

2.- Signo de salud católica: contar con la razón.

 

3.- Signo de salud católica: llamar a las cosas por su nombre, no suavizar pecados con eufemismos, no hechizar el lenguaje.

 

4.- Signo de salud católica: no disolver los conceptos teológicos, que tantos siglos ha costado acuñar, con ácidos de sentimentalismo, ni con pedanterías intelectualoides.

 

5.- Signo de salud católica: no introducir manierismos en el culto, ni dar culto a manierismos.

 

6.- Signo de salud católica: no andar querencioso tras herejes, como si poseyesen verdades que no poseen.

 

7.- Signo de salud católica: no callar cuando hay que clamar.

 

8.- Signo de salud católica: no absolutizar malminorismos, que constituyen cultura de la muerte, división, escepticismo, aconfesionalidad, liberalismos bifrontes.

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30.05.16

(141) Inconveniencias eclesiales VIII: conciencia y ley moral en Amoris lӕtitia

Uno de los efectos negativos de un exceso de lenguaje situacionista es el difuminado en la mente católica del concepto de conciencia. Este no tener claro qué papel juega la conciencia en la vida moral, puede dar lugar a diversos errores morales y a una pastoral equivocada.

En el capítulo VIII de Amoris lӕtitia, diversas expresiones ambivalentes de corte subjetivista pueden suscitar dudas sobre el papel tradicional que la doctrina cristiana ha otorgado a la conciencia y su capacidad para detectar acciones intrínsecamente malas.

En este sentido, en diversos pasajes se puede dar a entender que se propone tal vez una substitución situacional de la conciencia objetiva por el discernimiento subjetivo, tanto personal como eclesial.

Por lo cual pedimos desde aquí, una vez más, una clarificación de lenguaje que haga posible la lectura en clave continuista que todos los cristianos deseamos.

A continuación proponemos una reflexión acerca del papel de la conciencia en la vida moral, y comentamos sólo algunas de las ambigüedades más relevantes del lenguaje del capítulo 8º de Amoris lӕtitia en relación con este tema fundamental de la filosofía y la teología moral católica.