Sobre la tibieza; sobre cierta tibieza frente al aborto

No tibieza

Piedra de molino.
Apocalipsis.

Estas pocas palabras dicen más de lo que parecen. Y, con toda seguridad, a los creyentes católicos bien formados les dirán mucho.

No podemos desconocer que a los menos formados también les han de traer a su presente una realidad triste pero que, por ser triste, no deja de ser real.

Esto es lo que queremos decir:

Mateo 18, 6-7

“Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!”

Apocalipsis 3, 15-16

“Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.”

Vemos, por tanto, que tanto quienes son, somos, considerados pequeños en la fe no merecemos el escándalo que muchas veces produce la falta de acción, el situarse a mitad camino pero no acercarse a la voluntad de Dios; también que el Creador no es del gusto de tener por buena el no decidirse por una cosa o por otra sino que quiere que se sepa qué es sí y qué es no. Es más, que vomita de su boca a quien actúa según tal forma de ser y de hacer.

Quien, por otra parte, se considera creyente, sabe que no debe temer a nadie ni a nada porque Dios es su Padre.

Otra cita bíblica:

Salmo 27, 1-5

Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo.

Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.

Por tanto, no hay poder político o de otro tipo que pueda infundir temor o miedo al creyente. Nos sentimos a salvo de lo que se puede hacer desde el mundo y sus poderes. Nos basta con saber que Dios es nuestro Padre y que nos espera en su morada eterna. Es más, nos basta y nos sobra pues también es más que conocido que no debemos acumular para este mundo sino para que viene o, lo que es lo mismo, para la vida eterna.

Por eso, se ruega, especialmente en el tema del aborto que todo aquel creyente católico (sea de “a pie” o forme parte de la jerarquía, tan necesaria para cuidar de la mies del Señor) que tenga la tentación de no ser claro y de hacer posible, con tal actitud, que Satanás y sus huestes se salgan con la suya de provocar que se siga matando al ser más inocente de todos (el nasciturus) que lean el salmo que ponemos a continuación. Que lo lean muchas veces y que actúe en consecuencia.

Vaya, pues, otra cita bíblica porque para un creyente católico lo que contienen las Sagradas Escrituras ha de ser muy importante y no está puesto ahí por inspiración de Dios porque sí o para llenar páginas de libros sagrados.

Dice el salmo 122 esto:

A ti levanto mis ojos, tú que habitas en el cielo; míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus amos. Como los ojos de la sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en Yahveh nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.

¡Ten piedad de nosotros, Yahveh, ten piedad de nosotros, que estamos saturados de desprecio!

¡Nuestra alma está por demás saturada del sarcasmo de los satisfechos, (¡El desprecio es para los soberbios!)

¿Ven, ustedes, tibios católicos? Miramos a Dios porque sabemos que los que nos desprecian, los satisfechos del mundo y hartos de los melones y viandas de Egipto (que no parecen quieran abandonar en busca de la libertad divina) no dejarán de despreciarnos.

¿Acaso vale la pena el aprecio del mundo y de tales satisfechos si, por contra, eso supone despreciar a Dios y a su santa Ley?

¿Qué es mejor la honra o los barcos?

Aborto

Pues decidan entre una cosa o la otra que Dios los ve y sabe de lo más íntimo de su corazón. No sólo hay que poner el grito en el cielo si se permite el aborto por malformación del feto. Las otras muertes también son muertes. ¿O no? ¿No tienen derecho a la vida? ¿Quién determina si tienen derecho a la vida? ¿No es Dios quien eso debe hacer? ¿Es el hombre que se ha endiosado? ¿Eso se puede apoyar?

Es así de simple: aborto cero. Se acabó la tibieza. Y, luego, que sea lo que Dios quiera.

¿Ven? Lo que Dios quiera. Es sencillo.

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La falta de personalidad religiosa es grave. Sostenerla y no enmendarla es, simplemente, mortal de necesidad.

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2 comentarios

  
Marcos
Tener sentido común y razonar no es ser tibio.

Es tener sentido común y razonar.

06/02/14 12:54 PM
  
MH
Marcos, lo que ocurre es que a veces sin una orientación, el sentido común y razonar se puede influir por ejemplo por el ambiente dominante, por nuestras limitaciones, la comodidad, etc.

Por ejemplo si nos cuentan que una ley del aborto tiene que regular cuando el derecho a la vida del no-nacido entra en colisión con los derechos de la madre, es posible que no caigamos en la cuenta que el derecho reproductivo de la madre va a costar una vida humana, como suena, salvo que enmascaremos la realidad del aborto con eufemismos. Y que en ese caso se contraponen dos derechos my desiguales, cuando el no-nacido muere lo pierde todo (imaginemos esa situación con un niño ya nacido), y si la madre pasa por un embarazo no-deseado padece una situación complicada un tiempo. Y que en el fondo se propone una situación egoísta (más cuando la relación es madre-hijo) en la que además la sociedad nos hacemos colaboradores; tiene que morir un ser humano para que otra persona no tenga que pasar por una situación que no desea.
06/02/14 2:03 PM

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