Eppur si muove - ¿Medios de comunicación católicos?

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dar a Dios todo lo que nuestra fe pueda darnos a nosotros es lo mínimo que deberíamos hacer; lo mínimo.

Y, ahora, el artículo de hoy.

Para la celebración de la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que será, a saber, el próximo domingo, 12 de mayo, se ha escogido, para los materiales propios a ser utilizados por quien tenga que utilizarlos, dos documentos del Beato Manuel Lozano Garrido, más conocido como “Lolo”. Estos son, por el orden aquí traído, la “Oración por los periodistas” y, luego aquí mismo, después, el “Decálogo del periodista” del que el que esto escribe ha dicho algo en este mismo blog en la categoría correspondiente a “Lolo”.

Así, como digo, primero, lo primero, la “Oración por los periodistas” que nos podemos aplicar, perfectamente, todas aquellas personas que, de una manera o de otra, escribimos de una forma periódica. Dice esto:

“Señor:

Pon en la frente de todos los que escriben una proa que enfile al buen puerto que eres, y asegura a su nave un paisaje completo de obreros y operarios, estudiantes y madres, profesores y chicas.

Que a su vez, en el trato y al margen del oficio, sean semilla noble de ejemplo y de ternura.

Que también acaricien mirando a los semáforos o en el coche o en el metro.

Que su poso de ciencia tenga el espejo al fondo de tu sabiduría.

Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago.

Si un milagro hace falta sea en los teclados, se les vaya pintando la
imagen de su hijo o la de los amigos.

Que si de pronto se hace en el mundo un silencio porque hacen falta normas, su corazón sea bravo para decir la palabra; que sea clara y rotunda y, sobre todo, justa.

Le negarás el sueño, como también la sal y el pan de cada día, si sólo él puede hablar y calla por cobarde.

Tendrá que poner «robo» o «compasión», o «hambre», y lo dirá sin tentarle la bolsa o el ascenso, el susto o la amenaza.
Que de sus labios broten consejos como fuente de pueblo, que mana día y noche.

Si alguna ración doble hay que dar de optimismo, de amor y de esperanza, escánciala sobre ellos. Mensajeros de fe y de alegría.

Que escriban de rodillas cuando un hogar naufraga. Que no los tiente la prensa de colores — «negra», «amarilla», «rosa»—.

Un periodismo al sol, claro y limpio como tu luz dorada, sea tu guía.

Y, por último, tantas gracias ocultas de quejas aceptadas y rodillas que sangran, a ver si ellos, a ver si en ellos pueden que estén siempre en la brecha del sudor y el esfuerzo para que un hombre vaya por la acera o aprisa y se dé con tu rostro, que le sonríe entre líneas.”

Y, luego, para concretar cómo se puede ser periodista católico, el “Decálogo del periodista” que dice esto:

1. Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la verdad y lo bruñe a todas horas.

2. Cada día alumbrarás tu mensaje con dolor, porque la verdad es un ascua que se arranca del cielo y quema las entrañas para iluminar, pero tú cuida de llevarla dulcemente hasta el corazón de tus hermanos.

3. Cuando escribas lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado para juzgar; erguido y poderos, para combatir y sembrar.

4. Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de savia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean.

5. El buen peregrino de la palabra pagará con moneda de franqueza la puerta que se le abre en la hospedería del corazón.

6. Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilar.

7. Árbol de Dios, pídele que te haga roble, duro e impenetrable al hacha de la adulación y el soborno, pero con tu frente en las ramas a la hora de la cosecha.

8. Si a tu silencio se llama fracaso porque la luz falta a la cita, acepta y calla. Pobre del ídolo que tiene los pies del barro de la mentira. Pero ojo a su vez, con la vanagloria del mártir cuando las palabras no suenan por cobardía.
9. Siégate la mano que va a mancillar, porque las salpicaduras en los cerebros son como sus heridas, que nunca se curan.

10. Recuerda que no has nacido para prensa de colores. Ni confitería, ni platos fuertes: sirve mejor el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora, como es.

Da la impresión de que Lolo tenía bastante claro cómo debe comportarse una persona que, ejerciendo el periodismo, es, además, católica y, en realidad, es tan importante cumplir lo mejor que se pueda el Decálogo y dirigir a Dios la Oración por los periodistas, que, para cada uno de nosotros y de los otros que hacen otro tanto en tantos sitios como hay para dirigirse a la humanidad creyente, hacer otra cosa es mentir al Creador mismo.

Tenemos, pues, que ver en qué situación se encuentran los medios de información “católicos” que en España hay pues los hay de toda condición y forma de ser y no pongo aquí los internáuticos porque, de ser así, no acabaríamos nunca aunque ha saben ustedes que los hay ortodoxos y demasiado heterodoxos que hacen de su capa un sayo y todo lo echan a la modernidad.

Así, por ejemplo, aquellos que procuran adaptarse al mundo con lo que hay (13 TV) y tratan de ser católicos aunque, muchas veces, dejen mucho que desear a tal respecto. Lo intentan, eso es cierto.

También los hay que, como “Intereconomía”, tienen un marchamo católico pero de tanto en tanto caen en la tentación de la economía y prefieren los barcos a la honra que es, exactamente, lo que ha pasado con la aceptación en tal cadena privada de personas como Federico Jiménez Losantos (y su programa de por la mañana) y César Vidal que, recordemos, no deja de asomar su rostro protestante y hereje por el programa del citado periodista faltón.

Y, en fin, y los hay que, como “Radio María”, hacen lo que tienen que hacer, dentro del orden en el que se tiene que hacer y difundiendo la fe católica como se debe difundir la fe católica. Vamos, que son perfectamente presentables y en ellos hay que mirarse para hacer las cosas bien hechas.

Y, claro, luego está InfoCatólica, esta casa, que está donde tiene que estar porque Dios quiere que esté y, pese a quien pese, estará hasta que Dios quiera que esté. Y otros, que estén hasta cuando el Príncipe de este mundo les mande estar.

Eleuterio Fernández Guzmán

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