| « ¡Qué cosas hay que ver! | La Palabra del Domingo -9 de mayo de 2010 - Espíritu de luz » |
10.05.10
Mucho ha sido lo que se ha escrito de lo sucedido con el fundador de la Legión de Cristo, el sacerdote mexicano Marcial Maciel: verdades que han tenido que doler mucho a las personas que dan forman y constituyen tanto la Legión de Cristo como Regnum Christi pero que, también y por extensión, están haciendo mucho daño a la misma Iglesia católica.
Primero fue el comunicado del Vaticano en el que se especifica, con claridad, lo que se ha deducido de la visita que han hecho los cinco obispos designados por la Santa Sede para llevar a cabo una investigación en el mismo seno de la Legión de Cristo.
Lo último, o a lo mejor penúltimo, que ha salido a la palestra ha sido una comunicación interna del movimiento fundado por Maciel en la que se expresa el sentido que se le da a las comunicaciones que, desde el Vaticano, se les ha enviado a tenor de la Visita Apostólica, que, a la Congregación de los Legionarios de Cristo, han hecho los cinco obispos encargados de tal menester.
(EXCURSUS)
El que esto escribe, por causa de la ignorancia, creo que excusable, conoció a la Legión de Cristo atraído por el nombre de la misma.
Habiendo prestado el servicio militar en el glorioso cuerpo de La Legión, que hubiese un movimiento católico que tuviera un nombre parecido fue motivo más que suficiente como para hacer la correspondiente búsqueda en la red de redes para ver qué era, exactamente, aquello.
Ya sé que puede parecer algo pueril pero tienen que entender que mi fe, entonces, no iba más allá de lo que cualquier católico del “montón” puede conocer o saber y que la formación, al respecto, era escasa.
Sin embargo, sí me sirvió para ponerme en contacto, aunque fuera internáutico, con aquel grupo de personas que habían decidido seguir a un sacerdote mexicano llamado Marcial Maciel.
Así, desde el 1 de diciembre de 2004 estoy suscrito a la “lista de suscripciones del Regnum Christi” y, hasta ahora mismo sigo recibiendo sus comunicaciones en forma de meditaciones semanales de lo cual ni me arrepiento ni me da la santa gana arrepentirme.
(FIN DEL EXCURSUS)
Independientemente de lo que cada cual pueda pensar de lo contenido de los documentos citados arriba no es poco cierto que todo esto, como se dice, ya estaba escrito en las Sagradas Escrituras.
Por ejemplo, el evangelista Juan (Jn 15, 5-6) recoge las siguientes palabras de Jesús: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden”.
Si Marcial Maciel se separó de la vid para ser un sarmiento podrido, fue él mismo el que se perdió. Ante esto sólo se puede orar porque su alma no perezca en el fuego eterno y porque sepa defenderse ante el tribunal de Dios porque Maciel no supo permanecer en Cristo.
De aquí que se haya dejado dicho que: “Los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del padre Maciel, confirmados por testimonios irrefutables, son verdaderos delitos y manifiestan una vida sin escrúpulos y sin un auténtico sentimiento religioso”.
Sin embargo, creo que de la fundación de los Legionarios de Cristo por Marcial Maciel, que se dejó llevar por el Espíritu Santo para fundar tan digno movimiento católico, no puede deducirse que todo fuera negativo, triste o delictivo sino que es de suponer que el Espíritu Santo debió guiar en algo lo que aquel sacerdote mexicano llevó a cabo.
De todas formas, no podemos olvidar que el Mesías, en expresión recogida en el evangelio del recaudador Mateo (23,3), dijo lo siguiente:”Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen”.
Por eso, no es de creer que lo hecho, hasta ahora, por la Legión de Cristo, se pueda tener por no hecho porque no sería actuar de forma justa.
Sabiendo esto, el comunicado de la Santa Sede reconoce que es necesario preservar el verdadero núcleo de la Legión de Cristo, “El de la “militia Christi”, que distingue la acción apostólica y misionera de la Iglesia y que no se identifica con una persecución de la eficiencia a cualquier precio”
Y es que, a diferencia de lo que muchos quieren difundir sobre la verdadera validez de la Legión de Cristo, no puedo dejar de recordar un verso de Salvador Espriu que dice, más o menos, “Es posible que un hombre muera por un pueblo pero no es posible que un pueblo muera por un hombre”.
Cada cual, pues, ha de aguantar su vela, como el palo del dicho.
Eleuterio Fernández Guzmán
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