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13.10.09
Aunque otras personas más preparadas que yo ya habían fijado su atención en la
monja benedictina Teresa Forcades tanto va el cántaro de agua a la fuente que, al final, se ha roto, y me veo en la obligación de decir algo.
Como para corregir lo que dijera Teresa Forcades en el mes de mayo pasado, ha escrito un artículo titulado Aclaración sobre el aborto en el que muestra el sentido de su pensamiento de una forma meridianamente clara.
Dice, por ejemplo, en su artículo, algo que no se sostiene (traduzco del catalán) y que contradice eso que al final del mismo afirma: “Mi fe me hace dejar constancia de mi obediencia al Magisterio actual”.
Y dice esto que sigue:
“Manifestar la propia duda de forma prudente y razonable es una muestra de fidelidad y de confianza. Es también una muestra de humildad y es tomarse seriamente la propia pertenencia eclesial y la corresponsabilidad que esta comporta”
Pues eso es algo curioso.
1.-Cuando alguien duda es que no confía mucho en lo que se supone que debía defender.
2.-Además, esto supone una muestra de fidelidad algo rara.
3.-En cuanto a la humildad, bien poca es la que manifiesta porque supone un acto de cierta soberbia dudar de tal manera del Magisterio que parece que se diga lo contrario porque, al fin y al cabo, es lo contrario. Eso no es dudar; es, simplemente, discrepar en lo esencial y querer sentar, además, cátedra de tal forma de pensar.
Y es que, en verdad, dudar no es, precisamente, manifestar fidelidad cuando lo que se busca es que el Magisterio cambie para que sea del gusto de quien duda. Eso no es dudar sino, como poco, querer imponer un cambio.
Tampoco es humilde quien trata de ponerse por encima del Magisterio y trata de tergiversar de tal forma el mismo que pretende que el problema del aborto se defina de otra forma y que, en general, sea tenido como algo aceptable desde el punto de vista católico; algo sometido a la autodeterminación de la mujer. En fin… como un “derecho”.
Ahora bien, todo esto tiene explicación.
Si tenemos en cuenta que la tienen, y ella no lo niega, por teóloga feminista, con lo que eso supone, nada debería extrañarnos.
Pero sí producirnos bastante tristeza y quedar a la espera de que Teresa Forcades, de verdad, se arrepienta de lo dicho.
Al fin y al cabo, una cosa es pedir más libertad y otra muy distinta que sea para zaherir aquello en lo que se, supone, se cree.
Y digo se supone.
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Licenciado en Derecho. Casado y con dos hijos. En permanente estado de paz (aunque) en contra de todas aquellas personas que se oponen, de la manera que sea, a la fe católica.
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