Sacerdotes mártires valencianos (VIII)

Antonio Costa Alcayna nació en 1901 en la villa de Museros (cerca de Valencia), en el seno de una familia pobre. Su vocación al sacerdocio (por bien que no fuera carrera especialmente onerosa) no se la podía costear de ningún modo, por lo que ingresó como becado o fámulo en el Colegio Mayor de la Presentación y Santo Tomás de Villanueva. Gracias a su inteligencia y constancia pudo terminar los estudios sacerdotales en el Seminario Conciliar de Valencia, ordenándose en 1925.

Ocupó los cargos de coadjutor en Bufalit, en Enguera y finalmente siendo designado capellán del Hospital Provincial de Valencia. Los testimonios confirman que en su ejercicio destacó sobremanera en dos virtudes: primeramente era hombre afable que se hacía querer por todos; en segundo lugar, por venir de ambiente humilde, tuvo una gran preocupación por los más pobres, a los que atendía a costas de su propio estipendio como clérigo, ya que vivía muy sencillamente. Su propia familia dependía principalmente para sobrevivir del dinero que les daba regularmente. El estallido de la guerra y la consiguiente revolución en retaguardia le sorprendió atendiendo su turno de capellán de guardia en el Hospital de Portacoeli (dependiente del Provincial). Ordenada su salida del mismo por el comité local, no logró llegar a Museros hasta el 19 de agosto de 1936, siendo esa misma noche requerido para presentarse en la “Casa del Pueblo”, de donde fue liberado de madrugada. El 30 de agosto se presentaron en su casa cuatro individuos, dos de ellos del pueblo, diciéndole que le van a llevar al Gobierno Civil de Valencia. Don Antonio, presintiendo su fin, se despide de su familia, dándoles ánimos y encareciéndoles a que se resignaran a la voluntad de Dios y perdonaran a todos, aunque él no volviese. Se lo llevaron en un coche, y jamás se volvió a saber de él. Su cuerpo nunca fue hallado. Tenía 35 años.

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El 27 de mayo de 1910 nació en Valencia Alfonso Sebastiá Viñals. Como anécdota cabe señalar que entre los 7 y los 10 años ejerció el papel del ángel que anuncia la muerte de la Virgen María en el famoso auto sacro-lírico del “Misterio de Elche”. Decidida su vocación, ingresó en el seminario de Orihuela, y concluyó su carrera eclesiástica en el Colegio de Vocaciones eclesiásticas de san José, en Valencia. Se ordenó en 1933, y su primer destino fue Ludiente, en el valle del Alto Mijares (provincia de Castellón), donde asumió el arciprestazgo de siete pueblos. Era destino ciertamente difícil, pues allí vivía el cabecilla de todos los comunistas de la comarca, y habían logrado estos que no hubiese en el pueblo cura durante un año y medio, propagándolo como gran hazaña. Al poco de llegar, un anónimo del jefe rojo le hizo saber que si se quedaba, de un cura “harían dos”. Don Alfonso contestó que sólo saldría muerto o por orden de sus superiores. La situación de la Iglesia en el pueblo era tan penosa que prácticamente hubo de levantarla de la nada. Según un testimonio local, supo ganarse la simpatía de todos los vecinos. Visitaba a los enfermos de toda la parroquia, y tras ser insultado groseramente y hostigado en la pedanía de Giraba por esa labor, resolvió acudir dos veces por semana, en vez de una. Creó un círculo de Estudios para Acción católica, un teatro para la juventud, donde se representaban obras y se hacían proyecciones cinematográficas gratuitas. Fomentó el catecismo infantil, llegando a tener altercados con los ateos de la localidad pues hasta sus hijos acudían. Incluso acudía regularmente a discusiones religiosas con los comunistas, lo que puso en peligro su integridad más de una vez. En octubre de 1935 fue destinado a Valencia como director de la Escuela de Formación Social. Al estallar la guerra fue quemado el palacio arzobispal. A pocos metros del mismo se halla la parroquia de san Esteban, donde don Alfonso seguía confesando pese al peligro evidente. A ruegos de su padre enfermo se retiró finalmente a casa de un hermano suyo que vivía en el valenciano barrio de Ruzafa. Se daba la circunstancia de que había arreglado la documentación para salir al extranjero hacía unos meses, por tener previsto un viaje de estudios. Sus hermanos le aconsejaron que aprovechara la circunstancia y se marchara, pero él se negó diciendo “si nos vamos todos, ¿quién defenderá la Religión en España?”. El 20 de agosto de 1936 fue detenido por no llevar documentación, y no negó su estado sacerdotal. Fue encerrado en la prisión habilitada en el antiguo monasterio de san Miguel de los Reyes por esa única razón, y el 1 de septiembre fue sacado en una camioneta. Alcanzó aún a despedirse con un “adiós” de su madre y hermana, que estaban en el patio esperando el turno de vistas a los presos. Fue fusilado ese día en Paterna. Tenía 26 años.

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Vicente Gimeno Ferrando nació en Meliana (cerca de Valencia) el 20 de mayo de 1877. Con vocación temprana, ingresó en el Colegio de Vocaciones eclesiásticas de san José a la edad de 13 años, siendo ordenado sacerdote en Orihuela el año 1901. Su primer destino fue como coadjutor de Castalla, un pueblo de la Hoya de Castalla, no lejos de Alicante. Ejerció allí su ministerio hasta septiembre de 1915, y tan honda impresión dejó a sus habitantes de su bondad y cercanía como pastor, que al ser trasladado, el pueblo en masa trató de impedirlo de todas las maneras por el mucho afecto que le tenían. Hubo de ser el propio don Vicente, con sus consejos, el que les convenció de que depusieran su rebeldía. Un año permaneció párroco de Teulada (en la montaña de la Marina, entre las provincias de Valencia y Alicante), donde pese a su breve estancia dejó también gratísimo recuerdo. En 1917 fue destinado como coadjutor de Santa María, en el Grao de Valencia. Todos los recuerdos que de él se conservan (en aquel barrio que, por su cercanía al puerto, era bastión de los movimientos revolucionarios) coinciden en su bonhomía, su sencillez y su vida entregada a los demás, que le granjearon merecida fama de ejemplar bondad cristiana. Se preocupó especialmente de los pobres de la parroquia e impulsó las catequesis para niños; también cargó sobre sus hombros la tarea de sostener las acciones caritativas de la “sociedad de san Vicente de Paul”, que desarrolló enormemente en aquella parroquia. El 20 de julio de 1936, al estallar la revolución marxista en retaguardia, el templo de Santa María fue incendiado completamente. Don Vicente hubo de esconderse y finalmente pasó a Meliana, donde residía su familia. Enterado el comité local, le exigió todo su dinero el día 31 de agosto, entregando este sus ahorros. Mas el comité del Grao de Valencia, enterado de que se hallaba allí, lo reclamó al comité de Meliana, y el 20 de septiembre de 1936 fue uno de los 14 sacerdotes hijos de la localidad que fueron “sacados” de sus casas de madrugada. Entregado a los del Grao, fue torturado durante 2 días en la checa que estos poseían en el número 249 de la avenida del Puerto de la capital valentina. Trasladado a la prisión de las Torres de Cuarte, fue sacado de la misma al poco, la noche del 23 al 24 de spetiembre, y llevado a la pedanía de El Saler, donde acabaron con su vida con una ráfaga de ametralladora. No se sabe nada cierto de su final, pero algo se puede intuir sabiendo que sus familiares, al recoger su cadáver, contemplaron conmovidos que en su rostro, acribillado a balazos, brillaba aún su última sonrisa. Tenía 59 años.

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En el pueblo de L´Ollería (Valencia) nació Francisco Sanchis Mateu el 15 de julio de 1894. A los 13 años ingresó en el Colegio de Vocaciones eclesiásticas de san José, logrando ordenarse sacerdote en 1917, pese a una enfermedad intestinal crónica que padecía y que le tuvo en puertas de la muerte hasta en tres ocasiones durante su adolescencia. Recuperado de aquella, fue nombrado ese mismo año coadjutor de la parroquia de la pequeña localidad de Anna, no lejos de Játiva, donde se destacó por su apoyo a la religiosidad popular, reorganizando y potenciando las cofradías de la localidad. En los siguientes años fue nombrado coadjutor de Villanueva de Castellón (en la Ribera del Júcar) y Jeresa (no lejos de Gandía), destinos donde se ganó la simpatía de los lugareños. En 1926 fue destinado a la parroquia de El Cabañal, un poblado marítimo de Valencia, no lejos del Grao. La cercanía y afecto de este sacerdote le convirtieron en un personaje muy querido en el barrio, hasta el punto de que cuando nombrado coadjutor de Santa María del Grao en 1935, muchos vecinos de El Cabañal preferían visitar la vecina parroquia para consultar con su “don Paco”, antes que con su nuevo titular. Al arder el templo parroquial el 20 de julio de 1936, se refugió en su casa junto al cura párroco, don Vicente Selfa. De allí fueron sacados por un pelotón armado del comité, que saqueó su casa e insultó y agredió al sacerdote y sus familiares (también hechos prisioneros). Fue llevado al comité local, llamado “de la Naval”, donde fue maltratado y de seguro hubiese muerto de no interceder por él algunos vecinos con influencia sobre los revolucionarios, que lograron fuese trasladado a la cárcel Modelo de Valencia. Pocas semanas después esta cárcel fue asaltada ilegalmente (y ante la pasividad del director y funcionarios) por miembros de la llamada “columna de hierro”, una banda marxista formada principalmente por delincuentes comunes liberados y armados por las autoridades, que tras una derrota militar en el frente iban a “ajustar cuentas con los facciosos”. Allí demostró el sacerdote su temple, animando y confesando a los aterrorizados reclusos. Logró sobrevivir soportando mil penalidades hasta que, a principios del mes de diciembre, tres individuos sin identificar pero con alguna autoridad, llegaron a la prisión a hacer una “purga”. Montaron una parodia de tribunal y uno de los llamados fue don Francisco Sanchis. Según consta textualmente en la causa, le acusaron de “haber predicado el Evangelio a los trabajadores”, lo cual era lesivo para ellos. Condenado por tan hermoso cargo, fue sacado y fusilado el 8 de diciembre de 1936 en el Picadero de Paterna, alcanzando de ese modo la palma del martirio. Se da la circunstancia de que era muy devoto de la Virgen de la Inmaculada, cuya festividad se celebra ese día, lo cual sin duda llenó de gozo su generoso corazón. Enterrado en el cementerio general de Valencia, al finalizar la guerra fue trasladado al cementerio del Grao, junto a sus familiares asesinados allí en el mismo conflicto. Tenía 42 años.

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Ruego a los lectores una oración por el alma de estos y tantos otros que murieron en aquel terrible conflicto por dar testimonio de Cristo. Y una más necesaria por sus asesinos, para que el Señor abriera sus ojos a la luz y, antes de su muerte, tuvieran ocasión de arrepentirse de sus pecados, para que sus malas obras no les hayan cerrado las puertas de la vida eterna. Sin duda, los mártires habrán intercedido por ellos, como lo hicieron antes de morir.
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La vida y martirio presbiteriales aquí resumidas proceden de la obra “Sacerdotes mártires (archidiócesis valentina 1936-1939)” del dr. José Zahonero Vivó (no confundir con el escritor naturalista, y notorio converso, muerto en 1931), publicada en 1951 por la editorial Marfil, de Alcoy.

Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la Justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, persigan y, mintiendo, digan todo mal contra vosotros por causa mía. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los Cielos. Pues así persiguieron a los profetas antes que a vosotros.
 Mateo 5, 9-12

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7 comentarios

  
José Manuel Genovés
Gracias, Luis Ignacio, por hacer memoria. Como sabes, soy y vivo en Valencia. He pasado muchas veces por algunos de los sitios que mencionas.

Como ya dije en el último y bellísimo post de Bruno, " impresiona contemplar las huellas que hace tantos siglos dejaron nuestros hermanos en la fe. Y comprobar que, aunque la Iglesia en una barquilla sacudida por el oleaje de la Historia, no se hunde, porque Nuestro Señor va en ella, aunque a veces parezca dormido. Y que mi fe está regada por la sangre de los mártires. Los de entonces, y los de ahora... "

Desde san Vicente Mártir hasta los mártires valencianos de la Guerra Civil, esta tierra hermosa ha sido regada y bien regada por aquellos que "no amaron TANTO su vida que temieran la muerte". ¡Cuánto odio a Cristo!. Fueron buenas personas, que ayudaban a los más pobres, muchas veces. Nos muestran el camino hacia el Cielo.

Benditos sean.

Y que los pinos del Saler, regados con sangre de mártires, crezcan dando Gloria a Dios.
Descansen en Paz.

José Manuel Genovés.

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LA

Así sea, José Manuel. Un fuerte abrazo.
09/05/13 3:43 PM
  
Setarcos

"Y una más necesaria por sus asesinos, para que el Señor abriera sus ojos a la luz y, antes de su muerte, tuvieran ocasión de arrepentirse de sus pecados"

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¿Orar para que ocurra algo en el pasado?¿No es un poco paradojico?

-Ni siquiera Dios puede cambiar el pasado.
Agatón
09/05/13 5:01 PM
  
Carlos Gómez Aviña
Respecto al comentario de Setarcos, hace tiempo oí, de un sacerdote muy querido y que espero que por misericordia de Dios esté felizmente en el cielo, la siguiente explicación: Dios que es eterno y está fuera del tiempo, puede ver la oración que yo hago en el futuro por aquella persona y aplicarla en el presente (qué es mi pasado), por lo cual es conveniente que yo ore por los difuntos.
Saludos. Dios les bendiga.
09/05/13 7:00 PM
  
Luis I. Amorós
En efecto, Carlos. Así es. Además, Setarcos, si en su momento aquellos se arrepintieron de sus crímenes antes de morir, seguro que no les vendrá mal una oración para aliviar su purgatorio.
Tal vez digo una heterodoxia, pero, en caso de duda razonable, creo que vale más rezar que no.
Un saludo a ambos.
09/05/13 8:01 PM
  
vicente
y a partir del 13 de octubre tendremos más beatos y beatas mártires de la pers. religiosa.
09/05/13 9:15 PM
  
pascual
Si es verdad que murieron muchos sacerdotes, monjas niños, y mujeres en manos de los en manos de los bandoleros, asesinos socialistas y comunistas judíos anarquistas al igual que está pasan do hoy en día, no sacerdotes y monjas como antes. Eso no lo ven los ciegos y necios de hoy en día y culpan a la iglesia y al general franco con sus mentiras y leyendas negras. ahora dentro de dos mil años culparan a la iglesia y al PP cuando todo lo malo lo han traído los socialistas, menos los socialistas honestos que se están marchando del partido, porque les amargan la vida y no aceptan esa leyes asesinas y corruptas. esos asesinos no creo que vayan al purgatorio por mucha oraciones que hagan, irán al infierno sino se arrepienten de verdad, ahora esos que no eliminan esas leyes dificil lo tienen.
23/09/13 10:53 PM
  
pascual
He leído la historias de estos sacerdotes si el General Franco hubiera estado en el poder no hubieran muerto, aun hay gente tan ignorante que no ven lo que él evitó para que esos comunistas y ateos y socialistas que habían también procedente de Alemania, el General Franco salvó a mucha gente de las masacres, salvó a más de 60.000 judíos eso no lo dicen los anarquistas de hoy en día de las mentiras que les han contado los mismos.
23/09/13 11:16 PM

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