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12.11.08
Hannah Jones tiene 13 años, la vida de esta adolescente inglesa no ha sido nada fácil, en su rostro se lee la madurez que otorga el sufrimiento prematuro. A los 5 años le detectaron una leucemia especialmente complicada, contra la que ha estado luchando toda su corta vida. Los recuerdos de su infancia están acompañados por duros tratamientos y largos periodos en fríos hospitales, a los que Hannah nunca terminó de acostumbrarse. Debido a los fuertes medicamentos con los que consiguió acabar con su leucemia, su corazón ha perdido un alto porcentaje de sus facultades cardiacas, y sin un transplante morirá.
Historias como la de Hannah muchas veces nos muestran gente que ante las dificultades lucha con coraje hasta el final, consigan o no salir finalmente adelante. Pero somos humanos, ante situaciones extremas también nos desesperamos, ante el dolor hay ocasiones en las que vence la desesperanza. Hannah Jones en ese cansancio que acarrean tantos años de tan joven sufrimiento, ha tirado la toalla y ha decidido firmemente que no quiere que le realicen el transplante que necesita para seguir viva. Quiere volver a casa y morir.
No soy psicólogo, pero las personas que pasan por largos periodos de dolor y sufrimiento, apartados de su hogar, viven momentos depresivos en los que ven la muerte como una evasión a su padecimiento, como la única salida. No es de extrañar que una chica de 13 años cansada de hospitales y operaciones, quiera aferrarse a su hogar por unas semanas, y dejar de luchar por seguir adelante con un difícil transplante de corazón.
Lo que ha convertido este caso en una controversia, es que los padres de Hannah han apoyado su decisión, y no desean que su hija se someta al transplante que le puede salvar la vida. El hospital ha abandonado los medios legales para obligar a que se realice el transplante forzosamente.
Hannah no se someterá al transplante que podía haberle dado una vida. A sus 13 años la desesperación depresiva le ha llevado a ella y a su familia a caer en tal desesperanza, que han elegido la muerte.
Probablemente Hannah morirá en la inocencia que su edad conlleva (por muchas penas que haya pasado), sin un primer beso, sin tantos momentos en familia que luchando hasta el final podía haber vivido. Quizás una sociedad que no ha sabido levantar una moral de vida y de futuro, sea cómplice de acatar una decisión que en momentos desesperados tomó una familia abandonando la lucha. Quizás todos seamos un poco cómplices de la desesperanza. Cómplices de que Hannah Jones no haya recibido de todos nosotros un espíritu de lucha por aquello que más merece la pena.
Javier Tebas
105 comentarios
“Muchos de entre los que aquí estamos (que ya sé que no soy la única) podríamos mostrarle ejemplos heroicos de lucha por la vida...
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