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23.02.12
Me voy a permitir recomendar a los lectores un buen libro para leer esta Cuaresma, que acabamos de editar en Vita Brevis: La Cristiada, de Fray Diego de Hojeda, un dominico nacido en Sevilla en 1570. Es un libro estupendo, que todo católico hispanohablante debería conocer y releer periódicamente, tanto por su gran calidad poética como por su carácter de obra católica monumental. Podría considerarse la Divina Comedia de la literatura española y del Barroco. Inspirándose en epopeyas clásicas como la Ilíada o la Eneida, Hojeda describió en verso la mayor gesta heroica de todos los tiempos: la encarnación del Hijo de Dios.
Aunque, por supuesto, se puede leer en cualquier momento, resulta especialmente adecuado para la Cuaresma, porque describe, contempla y desmenuza en verso la pasión, muerte y resurrección de Cristo. En ese sentido, nos puede ayudar a identificarnos con los sentimientos de Jesús, a meditar los diversos aspectos de su pasión, a acompañarlo en sus sufrimientos y su muerte y a alegrarnos con la Virgen de su resurrección. En cierto modo, es una versión poética de la contemplación que aconseja San Ignacio, colocándonos dentro de las escenas evangélicas y meditándolas desde dentro. O, por decirlo de forma más moderna, es como la película de La Pasión de Mel Gibson, pero en verso.
Fray Diego, con una mirada de fe, contempla además a Cristo como el centro y el eje de la historia. Por eso, toma el hilo argumental de la pasión de Cristo como tronco en el que injertar un resumen de la cosmovisión católica: el Antiguo y el Nuevo Testamento, la Iglesia, los cismas y herejías, los santos y los Padres de la Iglesia, el cielo y el infierno, ángeles victoriosos y demonios intrigantes, los pecados o las virtudes. Es decir, hace un repaso de la fe y la teología católicas, de la historia de la Iglesia y de numerosos personajes bíblicos, mostrando como todo ello anuncia la pasión de Cristo o es consecuencia de ella.
Una ventaja de esta versión de La Cristiada editada por Vita Brevis es que se trata de una edición anotada, con más de mil notas a pie de página. No son notas eruditas o histórico-críticas, dirigidas a filólogos o historiadores, sino notas que intentan ayudar al lector a disfrutar sin dificultad de la obra y a entender palabras en desuso o referencias bíblicas, históricas, clásicas o mitológicas que puedan resultar complicadas.
Podríamos citar cientos de estrofas preciosas, pero nos limitaremos a unas pocas, para abrir boca, por la brevedad que exige un medio como este. Al hablar de la oración en el huerto de Getsemaní, por ejemplo, el poeta se asombra por ver al mismo Dios llorar:
La noche oscura con su negro manto
Cubriendo estaba el asombrado cielo,
Que por ver a su Dios resuelto en llanto
Rasgar quisiera el tenebroso velo;
Y vestido de luz, lleno de espanto,
Bajar con humildad profunda al suelo,
A recoger las lágrimas que envía
De aquellos tiernos ojos y alma pía.
Son preciosas las palabras que Hojeda pone en boca de Jesús, cuando Judas va a entregarlo. El poeta imagina que, aun en ese momento, Cristo desea la salvación de Judas, le llama amigo y sufre terriblemente porque ve el pecado que va a cometer su discípulo:
Prométeme a los vanos fariseos;
Dame a los sacerdotes envidiosos;
Ofréceme a los torpes saduceos;
Ríndeme a los romanos ambiciosos;
Que pues no avergonzaron tus deseos
De Dios las manos, a tus pies lodosos
Sujetas y lavándolos, clavadas
Quizá en la cruz te moverán rasgadas.Mas ¡ay! que morirás antes que muera
Yo, que por ti mi santa vida entrego.
Tente, Judas amigo, espera, espera;
Que a parar vas en el eterno fuego.
¡Oh terrible dolor! ¡Congoja fiera!
¡Que muera ante mi luz , de vista ciego,
El que a ciegos dio luz y a muertos vida!
Mas él huye la luz que le convida.
En otras estrofas se van describiendo uno a uno, de forma magnífica, los pecados capitales personificados (además de recordar luego a una serie de personajes bíblicos e históricos que son recordados por cada uno de esos pecados, desde Adán hasta Lutero):
En la primera está la majestosa
Libre Soberbia, grave y empinada,
En una silla de marfil preciosa
Con ancha pompa de ambición sentada:
Corona de oro ciñe su enojosa
Descomedida frente; y su hinchada,
Enhiesta, cruel garganta, collar rico
Para lo que le arrastra el mundo es chico.
También se pinta la Jerusalén celeste, en la que se reúnen las cortes de los ángeles y los santos, con estrofas como ésta:
El sumo alcázar para Dios fundado,
Sobre este mundo temporal se encumbra;
Su muro es de diamante jaspeado,
Que sol parece y más que sol relumbra:
Está de doce puertas rodeado,
Que con luz nueva cada cual alumbra,
Y la más fuerte y despejada vista
No es posible que a tanto ardor resista.
Es estremecedora la descripción de las “cortes infernales” de los demonios (además de las diversas moradas del infierno o la presentación de los distintos demonios con la apariencia de los antiguos dioses de la mitología griega o romana):
Mas Lucifer en el tartáreo abismo
De horror poblado y de tinieblas lleno,
Donde habita el confuso barbarismo
De verdad falto y de virtud ajeno,
Manda llamar y llama por sí mismo,
Con voz terrible de espantoso trueno,
A nuevas grandes generales cortes
El osado escuadrón de sus consortes.
Después, Lucifer envía los demonios a la tierra, para que tienten a todos los que intervendrán en la muerte y la pasión de Cristo:
Id presto, furias del Estigio lago,
Id, del reino feroz bravas quimeras,
Dadle de su intención el justo pago
Con duras obras y palabras fieras:
Id y haced un riguroso estrago,
¡Oh tropas de mi ejército ligeras!
En príncipes, escribas, fariseos,
En griegos, en romanos, en hebreos.A los unos envidia mordedora,
Y a los otros soplad soberbia altiva,
Y al vulgo adulador que en Salén mora,
Lisonja infame y abyección nociva.»
Al punto aquella horrífica y traidora
Escuadra, de la cárcel vengativa
Salió, a hacer a Dios y al nombre guerra,
Formando un vivo infierno acá en la tierra.
No podían faltar, por supuesto, las escenas conmovedoras de la Virgen al pie de la cruz de su Hijo, en las que recuerda cuando era un niño pequeño en sus brazos:
Miraba triste el cuerpo desangrado,
Que tan lindo parió, y crió tan bello,
Y de su casta leche sustentado,
Se alegró veces mil de sólo vello;
Y entre espinas miraba enmarañado
El que ella ensortijó rubio cabello
Cuando al niño Jesús peinaba llena
De gozo, como agora está de pena.Esto miraba y desto se dolía,
De amor herida y en dolor suspensa:
¡Gran dolor y amor grande de María,
Inmenso afán y caridad inmensa!
Quien tanto amaba ¡cuánto sentiría
En su amado y su Hijo tal ofensa,
Y siendo el Hijo Dios, y ella tal Madre,
Y de Hijo que acá no tuvo padre!Amor de hijo es el amor más vivo,
Y si es único el hijo, es más interno,
Y si es hermoso y bueno, es excesivo,
Pues ¿qué será el de Hijo tal y eterno?
Y el dolor de su mal es compasivo
Más, cuánto el gozo de su bien más tierno,
Y más fuerte el amor, ¡Ay Virgen pura!
¡Cuál fue tu compasión y tu ternura!Hubo en la Madre Virgen tres amores:
El natural de madre, el adquirido
Con el trato de Cristo y sus favores,
Y el de la caridad más encendido;
Y así, su corazón con tres dolores,
Y todos en el grado más subido
Que imaginar se puede, traspasado
Fue; mas tuvo paciencia en igual grado.
En fin, podríamos pasarnos horas leyendo y comentando estrofas preciosas de esta obra, en las que la habilidad poética del autor saca a la luz de un modo nuevo el dramatismo inigualable de la Pasión. Como dijo Menéndez Pelayo, “cuando Hojeda acierta, ¿quién de nuestros épicos acierta como él?”
Si les gusta la poesía y quieren un buen libro para meditar esta Cuaresma, yo les aconsejo La Cristiada.
……………………..
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Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con tres hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
literaria, se empeña en ofrecer al mundo sus ocurrencias sobre todo y nada en este blog, siempre
desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
Para purgar sus pecados, forma parte del Consejo de Redacción de InfoCatólica.
Su correo electrónico es
espadadoblefilo@hotmail.com.
Carmina Catholica. Este libro recopila una serie de versos católicos
en el más amplio sentido de la palabra. Son versos que tratan de temas muy variados, pero siempre
con los ojos recién creados y llenos de admiración que son la esencia de cualquier poesía y también de la fe.
El autor compone sus versos a la antigua usanza, con métrica y rima. Disfrutando del aroma al Siglo de Oro
que tienen algunos de sus sonetos, romances,sonetillos, décimas o tercetos encadenados, uno no puede evitar
pensar que quizá no anda del todo desencaminado.
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