| « Resultados provisionales votación concurso | I Concurso de blogs católicos Espada de Doble Filo - Nominaciones » |
12.11.09
Como hoy no tengo mucho tiempo, sólo voy a escribir un articulito corto sobre un detalle que me pareció interesante este verano, al visitar los Países Bálticos. Supongo que los lectores conocerán las típicas cruces de las Iglesias orientales, con diversas formas y simbolismos. La más común, propia de las Iglesias eslavas en general y de los ortodoxos rusos en particular, en lugar de ser una simple cruz, con el madero horizontal y el vertical, es más elaborada, y tiene otro madero horizontal más pequeño en la parte superior, además de un curioso madero inclinado en la parte inferior.
La segunda línea horizontal es fácil de comprender, se trata del “titulus crucis”, es decir, el letrero con la profética acusación que Poncio Pilato mandó poner en lo alto de la cruz, en hebreo, latín y griego y que, en nuestros crucifijos, se suele resumir como INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum). En griego, la inscripción es “Ἰησοῦς ὁ Ναζωραῖος ὁ Bασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων” y en hebreo (leyéndola en dirección contraria, claro) “ישוע הנצרת מלך היהודים”.
La línea inclinada inferior, sin embargo, no resulta inmediatamente evidente. ¿Qué significa? ¿Por qué está inclinada? ¿Y por qué siempre con el lado izquierdo hacia arriba y el derecho hacia abajo? Como sucede a menudo con pequeños detalles tradicionales cuyo origen se pierde en la historia de la Iglesia, existen varias explicaciones diferentes.
Una de ellas supone que el madero inclinado recuerda la cruz de San Andrés, que fue crucificado en forma de X, porque la tradición dice que fue este santo el que introdujo el cristianismo en el Este de Europa. Otros piensan que el símbolo hace referencia a la inenarrable tragedia cósmica que supuso la muerte del Hijo de Dios: en el momento de su muerte, en el que se produjeron terremotos y el sol se oscureció, se soltó uno de los clavos que sostenían el travesaño inferior y éste quedó inclinado.
También he escuchado otra explicación muy curiosa que me gustó mucho. La explicación se basaba en los cánticos proféticos de Isaías sobre el Mesías, los llamados “cánticos del siervo de Yavé”. En estos cánticos, el Mesías no se presentaba como triunfador, como “el más hermoso de los hijos de Adán”, sino como un “varón de dolores, acostumbrado al sufrimiento”, que entregaría su vida como expiación por su pueblo.
Al leer esos cánticos, los cristianos veían a Jesús “sin aspecto humano", como alguien con aspecto tan horrible que, al cruzarse con él, uno mira hacia otro lado. Por lo tanto, lo imaginaban, sin escandalizarse por ello, con una gran fealdad física como resultado de su pasión: amoratado, con la espalda desgarrada, sangrando y cojeando. Y, para no olvidar que el Hijo de Dios había aceptado esa humillación, rechazando la vanidad del mundo, recordaban su cojera con el travesaño inclinado, adaptado a una pierna encogida o más corta que la otra.
Quizá la explicación más habitual que se suele ofrecer para el madero inferior inclinado se refiere a los compañeros de Jesús en el suplicio, cuyos nombres, según algunas tradiciones, eran Dimas y Gestas. Ambos eran bandidos, condenados a muerte por sus crímenes. Y condenados justamente, como reconoce el propio Dimas. Uno de ellos, en sus últimos momentos de odio, insultaba a Cristo, crucificado con él. El otro, en cambio, aprovechó esos últimos instantes para reconocer su culpa y dirigir a Jesús un sencillo ruego: “Acuérdate de mí, cuando llegues a tu Reino”. Y ese simple arrepentimiento, después de una vida de pecados y delitos, fue suficiente para que Dios le recibiese con los brazos abiertos en el Reino de los Cielos. Es el santo que, quizás, refleja mejor la gratuidad de la salvación, que nosotros no podemos ganar por nuestras propias fuerzas, sino que es un regalo de la misericordia que Cristo ha tenido con nosotros. Desde siempre ha sido, por ello, mi santo favorito.
Por lo tanto, el madero inferior está inclinado hacia arriba a nuestra izquierda, que correspondería a la derecha del Señor y, según la tradición, al lado en el que se encontraba Dimas. Apuntando hacia arriba, se recuerda que a San Dimas, el Buen Ladrón, el mismo Cristo le prometió el cielo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. En cambio, el otro lado está inclinado hacia abajo, recordando al Mal Ladrón, que prefirió morir maldiciendo, sin darse cuenta de que tenía junto a él la salvación.
Aprovechando que el Jordán pasa cerca de Jerusalén, incluyo un soneto que escribí sobre San Dimas:
Dimas, amigo, hermano, compañero,
un bandido hasta el cuello empecatado,
por la ley con razón ajusticiado…
y, entre todos los santos, quien prefiero.
Antes que Pablo tú fuiste el primero
en estar con Jesús crucificado
y Esteban, al morir, te vio sentado,
al banquete del Reino verdadero.
Seguro de que a Dios no le importabas,
te enfangaste en el crimen y en el vicio,
hastiado por no hallar lo que anhelabas,
hasta ver a tu lado, en el suplicio,
al mismo Dios que tan lejos pensabas,
ofreciendo por ti su Sacrificio.
.
34 comentarios
Dejar un comentario
Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con dos hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
literaria, se empeña en ofrecer al mundo sus ocurrencias sobre todo y nada en este blog, siempre
desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
Para purgar sus pecados, forma parte del Consejo de Redacción de InfoCatólica.
Su correo electrónico es
espadadoblefilo@hotmail.com
y se pueden seguir sus artículos en
facebook.