Gracias a los jueces de Estrasburgo

Cuando una sentencia de un tribunal es sensata se nota volando. Cuando ese mismo tribunal es nada menos que el existente en Estrasburgo, entonces el aplauso a la sensatez se lo doy con las manos y las orejas.

Era hora ya de que el caso de este señor Fernández no anduviera más por las salas de la justicia. Han pasado años. Al final el sentido común ha ganado a la sinrazón.

Desde ahora la Iglesia Católica tiene, reconocido internacionalmente, que los despidos que hace de los profesores de Religión por razones puramente religiosas y morales, son perfectamente legítimos.

Esta doctrina sentenciada crea jurisprudencia para otros casos que colean aún, y para los que puedan venir.

Los que ahora les toca callar como muertos, son los medios de comunicación que siempre han jaleado estos casos buscando la notoriedad infundada y de paso pegar una patada en la espinilla a todos los miembros de la Iglesia Católica.

Los que ahora tendrán que ocuparse de otros asuntos judiciales son los abogados que han perdido un pleito tan claro como la luz del día. Son esos abogados que buscan, desde el laicismo repugnante, quitar imágenes públicas de Cristo y otros asuntos fronterizos en una sana convivencia entre Religión Católica y sociedad civil.

Como profesor de Religión y Moral Católica me alegra la sentencia del alto tribunal de Estrasburgo, porque con ella recibimos, también, los que hoy estamos enseñando un respaldo legal y moral tanto personal, como profesoralmente.

La asignatura de Religión y Moral Católica no es, ya, aquella “maría” desaprovechada hace años y desprestigiada hasta por los propios profesores que la impartían. Desde hoy es una materia optativa que debe impartirla quien posea sus títulos correspondientes y acompañe su enseñanza con la coherencia de su vida personal y familiar.

El contenido de la asignatura no es el pensamiento individual de quien enseña, sino que es el contenido doctrinal, transmitido por Cristo a la Iglesia Católica, a quien hizo depositaria de su profundización a la luz del Espíritu Santo. Los garantes de este proceso educativo son los obispos, directos sucesores de los Apóstoles, quienes son los encargados de nombrar a los profesores de Religión en un centro docente público.

La suspensión de esa misión canónica dada al profesor de Religión la puede hacer y la hace el pastor diocesano, siempre que los motivos sean de peso y razones suficientes para semejante decisión.

Felicito al tribunal de Estrasburgo. Con magistrados así la Justicia la escribo con mayúscula y espero que no tuerza su camino nunca.

Para saber más haga clic aquí.

Tomás de la Torre Lendínez

2 comentarios

  
Asclepio
Una sentencia justa, que produce además jurisprudencia.
La verdad siempre se impone sobre sobre la falsedad y el error.
16/05/12 9:55 AM
  
abc
¡Cuánto me alegro por el triunfo de la verdad, osea de Dios !.
16/05/12 10:34 AM

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