Microfeminismos eclesiales

Modelo de microfeminismo eclesialDesde hace tiempo se viene usando un término ideológico y represivo que va ocupando primeras posiciones en el diccionario de la neolengua políticamente correcta, el micromachismo. Como parte de la narrativa feminista de género (el único feminismo que existe actualmente), se debe inculcar a la sociedad la idea de que la violencia, la imposición, el abuso, vienen siempre del varón. Esta pretendida característica masculina se manifiesta a través de pequeños gestos que, vistos a través del prisma feminista, se convierten en signos de esta dominación viril perpetua. Hace un par de días me enteraba, por ejemplo, de que cuando me rasco la barba (normalmente porque me pica), en realidad estoy remarcando mi virilidad como elemento diferenciador con la mujer, lo que constituye, en esencia, un micromachismo.

Porque la esencia de este pretendido machismo no consiste en no reconocer la igualdad esencial de varones y mujeres, que comparten una misma naturaleza humana realizada de dos modos diversos. No consiste en negar a las mujeres los derechos comunes a todo ser humano, o defender que se deba dar un trato ventajoso a los varones por el hecho de serlo. En realidad el machismo viene definido como cualquier actitud o idea que señale la existencia de una diferencia de cualquier tipo entre varones y mujeres. De acuerdo con el artículo antes citado, el hecho de que el varón tenga vello facial, en cuanto que lo diferencia de la mujer, que normalmente no lo tiene, ya es algo machista.

De manera semejante, el feminismo no consiste en un justo reclamo del reconocimiento de la común dignidad de todo ser humano, o la defensa de la posibilidad de la realización personal de todos, independientemente de su sexo. El feminismo de género (una vez más, el único que existe actualmente), es el intento de eliminar por vía de negación represiva cualquier diferencia real entre el varón y la mujer. La manera de hacer esto es paradójica, porque se realiza en tres tiempos:

  • En primer lugar, se exige la feminización del varón, insistiendo en que las características culturalmente viriles, como la fuerza, la violencia, la tendencia al dominio, etc. son esencialmente malas. Hay que tener en cuenta que estas características no son malas, sino que tienen, como tantas otras cosas, un carácter ambivalente: tan malo es que uno sea violento para imponer injustamente sus intereses como que uno sea pusilánime ante el abuso a un inocente.
  • En segundo lugar, se valora que las mujeres adopten esas características culturalmente asociadas a lo viril, como muestra de rebeldía revolucionaria ante un sistema injusto, el heteropatriarcal.
  • En tercer lugar, deben ser negadas por vía ideológica las diferencias evidentes entre varones y mujeres (por poner un caso concreto, que ser madre es exclusivo de las mujeres).

De acuerdo con las dos definiciones que he esbozado, que son discutibles, cualquier persona con un mínimo de sentido común y libertad frente a la ideología, será indudablemente calificado como machista. Tenemos que vivir con ello. Pero la lucha contra la perniciosa ideología de género conlleva una lucha contra el feminismo, tal como lo he definido. Y si los feministas insisten en encontrar micromachismos, tal vez nosotros debemos hacerles caso, y estar atentos a los microfeminismos (que en la mayoría de los casos no suelen ser tan “micro"), especialmente los que se encuentran en la Iglesia. Por presentar una definición concreta de lo que hablamos, diré que considero un microfeminismo eclesial la presencia de una práctica, actitud o idea que supone una aplicación directa de los principios del feminismo de género en la Iglesia, especialmente cuando no se hace de forma consciente o pretendida. Voy a comentar algunos de los que se me ocurren, teniendo en cuenta que posiblemente haya muchos más, que serán sugeridos oportunamente por los lectores en los comentarios.

La catequesis de niños

Mi primer encontronazo con el feminismo eclesial tuvo lugar cuando, siendo seminarista, surgió una discusión sobre la conveniencia o no de tener las catequesis con los niños separados por sexo. La respuesta de una religiosa que andaba por allá fue claramente feminista: separar a los niños por sexo es machista. Véase claro la aplicación de los conceptos que he presentado antes, pues no se trata de tratar mejor a los varones que a las mujeres, sino que el hecho de señalar de alguna forma que hay diferencias entre ambos ya merece la calificación de “machista”.

Cuando hablamos de microfeminismos no nos referimos a una declaración tan absurda como la de aquella religiosa, sino al hecho de que, sin ninguna motivación práctica o teórica, se haya asumido como normal la práctica de la catequesis o la educación católica mixta. Cualquier iniciativa que suponga tratar de forma diferenciada a los niños según su sexo supone casi siempre un rechazo (rara vez de parte de los mismos niños). No es que en cualquier parroquia en que la catequesis sea mixta, o en cualquier colegio católico que la educación sea mixta, se esté poniendo en práctica un feminismo de forma refleja, sino que el hecho de que esto sea asumido como normal y la otra opción, que es la de la tradición católica, como algo extraño o inconveniente, indica la presencia de un prejuicio ideológico, un microfeminismo.

Hermanas y hermanos

Se ha señalado hasta la saciedad que, según la Real Academia de la Lengua Española: «en los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos», y que «la mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto». Sin embargo, el uso del desdoblamiento innecesario por sexos aparece continuamente en la retórica eclesial, incluso en textos litúrgicos. Es cierto que esta característica de la lengua española no se da en todos los idiomas, y que a veces este giro viene de traducciones literales de otras lenguas, pero su uso normativo en el politiqués (la neolengua de la corrección política) debería encender la luz de alarma. Me parece que adoptar este lenguaje defectuoso, que es herramienta evidente de imposición ideológica, es un auténtico microfeminismo eclesial a evitar. Nos preguntamos si, dado que al rodillo de la ideología de género ya no le basta el «todas y todos», sino que ahora hay que usar el «todxs» para que no se sientan excluidos otras opciones del mundo multicolor del género, se impondrá ese engendro impronunciable también en la corrección eclesial.

El altar, campo de batalla

Una de las consecuencias de la extensión del feminismo de género en la sociedad ha sido la eliminación de los ambientes, papeles o prácticas reservados a miembros del mismo sexo. Es la tendencia de lo unisex que en muchos de los casos, por la mayor habilidad social de las mujeres, suele suponer que muchos de los ambientes tradicionalmente masculinos se vayan convirtiendo en exclusivamente femeninos. Un caso práctico es el del servicio del altar en las funciones litúrgicas, reservado tradicionalmente a los varones. No entraré en la defensa cuasi-herética de un sacerdocio católico femenino; ni siquiera en la cuestión recurrente del diaconado femenino. En las parroquias se vive algo mucho más habitual, el problema de los monaguillos.

Es cierto que la disciplina actual permite, a discreción del obispo, que las niñas sirvan el altar. Pero lo que sucede en las parroquias que adoptan esta práctica tan desaconsejable es un buen ejemplo de lo que pasa en tantos otros ámbitos de la sociedad. En las parroquias en las que sólo hay monaguillos varones, suele haber fácilmente un buen número de los mismos, que se educan en un ambiente convenientemente masculino. Cuando se permite la entrada a las niñas, que en esa edad están mucho más desarrolladas física y emocionalmente, suele suceder inevitablemente que los niños varones quedan desplazados y terminan perdiendo interés y desapareciendo. Si tradicionalmente la mayoría de los seminaristas y futuros sacerdotes han iniciado su historia vocacional con su servicio como monaguillos, hagan ustedes las cuentas de los efectos de este microfeminismo en la pastoral vocacional.

La censura bíblica

El feminismo no tiene límites, y se atreve hasta con la Palabra de Dios. No puede asignársele como mérito haber destacado elementos femeninos de la Revelación del Misterio Divino, pues están de sobra resaltados en la tradición católica. Ni haber descubierto los modelos de mujer presentados en la Sagrada Escritura, que han sido siempre ensalzados por los católicos. Su gran mérito, en realidad, ha sido aplicar la censura selectiva a los textos bíblicos que no se ajustan a los dogmas de género. Es común, hasta cierto punto, haber escuchado a alguna religiosa algo desorientada decir barbaridades como que «San Pablo era un machista». Y esta censura feminista se convierte en microfeminismo cuando ya no se aplica de forma refleja sino automática, o por evitarse problemas y tener que dar explicaciones. Así, es muy raro escuchar la lectura de Efesios 5 en una boda, por ejemplo e incluso, si es posible, que se evite leer públicamente aquello de «mujer hacendosa, ¿quién la hallará?» (Pr 31,10). No digamos los apuros que pasan algunos si tienen que explicar de forma políticamente correcta los relatos de la creación y la caída del Génesis, y eso que los Santos Padres lo ponen fácil. Y también hay que evitar, si se puede, o dar explicaciones imposibles, el mencionar que Jesucristo eligió como Apóstoles únicamente a varones, comportamiento intolerable a los ojos de cualquier feminista que se precie.

La impotencia divina

El microfeminismo acaba entrando incluso en la reflexión teológica más especulativa. No se trata de las ridiculeces en las que cae la teología eco-feminista, sino de cosas mucho más sutiles. Aunque prometo que hablaremos de este tema más adelante, el tema de la omnipotencia divina es un tema incómodo en la reflexión teológica actual. Más allá de la vieja polémica entre el Dios bíblico y el Dios de los filósofos, se trata de un rechazo de la misma idea de omnipotencia, por resultar un atributo demasiado cercano a esas características de la virilidad que rechinan a la corrección política. Hay teólogos que, tratando de mantenerse dentro de los cauces de la ortodoxia (y no lográndolo, en mi opinión), presentan un Dios que decide no ser omnipotente sino hacerse vulnerable. La repulsión a la omnipotencia divina llega hasta el punto de sustituir las frecuentes expresiones litúrgicas «Dios omnipotente y eterno» o «Dios todopoderoso» por otras más correctas como «Dios, que es rico en misericordia» o, para ser mucho más cursi, «Dios, que es omnipotente en el amor».

El combate contra los microfeminismos

Aquí qusiera darle la palabra a los lectores, para que podamos desarrollar una estrategia eficaz de combate contra los microfeminismos. Es posible que algunos consideren que estas cosas no tienen importancia; yo estoy en desacuerdo con esa opinión. Es mucho peor un comportamiento negativo inconsciente como estos que he comentado que otros más groseros, pero que se defienden desde un feminismo beligerante. Yo creo que los microfeminismos deben ser desenmascarados y se les debe aplicar el agere contra, es decir, insistir en el comportamiento contrario. ¿Se les ocurren otros microfeminismos eclesiales? ¿Y otras estrategias para combatirlos?

30 comentarios

  
chico
Que los curas y Obispos aprendan gramática española.
17/05/17 5:59 PM
  
chico
¡ Ah, me olvidaba !: Que lean El Quijote, que recen más y sobre todo a la virgen María, y que lean mucho la Biblia........... Y todo eso para no se cursis.
17/05/17 6:02 PM
  
Miguel García Cinto
Padre Francisco José o don Francisco José, ignoro si pertenece al clero regular o secular, de todas maneras considero correctos​ ambos tratamientos. Dicho esto le felicito por su post o artículo, es bastante esclarecedor, tengo experiencia de ver hace tiempo en mi parroquia a dos chicas asistiendo de monaguillo en una Misa, fue bastante lamentable no sabían que hacer, se miraban una a otra con risas.
Actualmente suelo asistir de acólito no instituido a un sacerdote en la Santa Misa, es un auténtico placer estar tan cerca del Señor. De joven nunca fui monaguillo, si lo fueron dos de mis hijos, que por cierto me han salido muy pillos, me parece que lo son la mayoría, pero en general son buenos. Conozco a otros monaguillos disminuidos que son una delicia.
Paz y Bien.
17/05/17 7:36 PM
  
Pedro L. Llera
Yo propongo volver al latín. ¿Vale como estrategia?
Gracias por artículo. Yo soy profesor de lengua española y llevo años luchando contra el lenguaje "igualitario" políticamente correcto. Es una neolengua orwelliana repugnante contra la que hay que combatir con todas las armas a nuestro alcance.
17/05/17 8:15 PM
  
Carlosw Aurelio
Tampoco estaría de más, aparte de repasar lo aprendido en la escuela sobre gramática de la lengua española, que muchos sacerdotes y laicos se leyeran el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia Española, para que entre otras muchas cuestiones aprendan que la denominada "perspectiva de género" es hoy el principal enemigo del Evangelio, y para que sepam cuàles son sus peligrosos alcances y consecuencias...
17/05/17 8:44 PM
  
Manuel Pérez
Sinceramente, creo que un obstáculo muy grave para despamplinizar las parroquias y liberarlas del nefasto influjo de la ideología de género es la ignorancia de muchos curas respecto a dicho error antropológico.

Es necesaria una iniciativa de formación que reciba el respaldo de los obispos. Pero, si los obispos no se mueven, no por ello vamos a quedarnos parados los demás.

Hay que formar equipos de divulgadores que se ofrezcan a dar conferencias en las parroquias sobre la ideología de género. Una vez que un buen número de fieles (de los habituales) ya tengan un soporte teórico mínimo, se podría entrar en detalles como los apuntados en el artículo. De otra forma, la reacción va a ser airada, indignada, casi violenta.

Formar al párroco, a los vicarios, a los catequistas y a todo feligrés que se deje.

Y rezar cada día para que el Señor bendiga la iniciativa.
17/05/17 8:47 PM
  
Opinando
Maravilloso y necesario artículo; si lo tuviera delante padre Francisco lo abrazaría -con las masculinas y machistas palmaditas en la espalda de efusividad y virilidad que nos damos los hombres para no sentirnos femeninos; jajaja (yo también leí el infantil y absurdo artículo de los 'gestos'; en un diario de tirada nacional, como muestra de que no sólo leo portales 'ultracatólicos' que me incitan al enfrentamiento y al enfado jajaja)-.

Un saludo
17/05/17 9:17 PM
  
Mujer
Pues nada, chico, quédate en tu mundo macro-masculino y en tu casta clerical y déjanos en paz. Tu te lo pierdes!
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FJD: En realidad, como queda bien claro en el artículo, lo que yo quiero es un mundo masculino y femenino, que es como Dios lo ha creado. Cada uno como tiene que ser, iguales en esencia y diferentes en el ser varones o mujeres. Como sabrás, decir eso: que varones y mujeres, siendo iguales en esencia y dignidad, somos diferentes en muchas otras cosas, es lo que los feministas llaman machismo.
17/05/17 9:22 PM
  
antonio1
¿Qué es lamentable que haya monaguillas?

Me encanta cuando habla porque se retrata.

¿Me puede dar una sola razón teológica de esto, a parte de ideologías y prejuicios aberrantes.

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FJD: Me alegro de que te gusten mis artículos. Estoy seguro de que aprendes mucho.
17/05/17 9:49 PM
  
Ricardo de Argentina
Este artículo está genial, muchas gracias.

Aporto un ejemplo de microfeminismo eclesial: poner alguna mujer en el lavatorio de pies del Jueves Santo, rompiendo así el "monopolio fálico"...
Si son seis mejor, para resaltar la "igualdad de género".
Pero el acabóse sería quizás poner doce mujeres, para "compensar siglos de opresión heteromachista"...

Todo esto es muy delirante, terriblemente delirante. Demos infinitas gracias a Dios que nos permite captar que es cosa delirante. Porque el día que perdamos esa percepción, es que también habremos perdido el norte.
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FJD: No se me había ocurrido. Muchas gracias. Seguro que hay más.
17/05/17 10:30 PM
  
Juan Gabriel Caro Rivera
En lo personal pienso que el cisma de la Iglesia vendrá cuando se apruebe el sacerdocio femenino.
17/05/17 10:41 PM
  
Ricardo de Argentina
En cuanto a propuestas para combatir el microfeminismo eclesial, habría que recordar hasta el hartazgo lo siguiente: Dios hizo a los sexos DIFERENTES Y COMPLEMENTARIOS. Tan diferentes como tan complementarios. En la diferencia está la complementareidad. Si no hubiese diferencia, tampoco habría complementareidad, sino oposición y competencia.
Que es lo que buscan promover las usinas culturales marxistas del Pensamiento Único.
La consecuencia inmediata de semejante oposición es la pulverización del fundamento de la familia.
La consecuencia mediata es la destrucción del hombre.
Que es lo que busca el diablo.

¡Vaya si es importante esta cuestión!
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FJD: Creo que esa reflexión sobre la complementariedad se encuentra perfectamente explicada en la teología del cuerpo de Juan Pablo II. Tal vez por eso quieren erradicarla.
17/05/17 10:42 PM
  
Francisco de México
De acuerdo al diccionario de la RAE, la definición de victimismo: "Tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal."

Muy usada dicha estrategia por los anticatólicos, que en el caso del feminismo que presentar a las mujeres como "víctimas" y a los hombres como "victimarios". Pero no es la única, es solo una variante mas del "Divide y vencerás". Ejemplos sobran, La pobre contra rico de la lucha de clases ,la de indios buenos y españoles malos de la conquista de América, la España abusiva y Cataluña abusada que busca su independencia en la actualidad.

Los hombres y las mujeres no somos somos iguales somos diferentes y complementarios en cada sentido posible, la ciencia lo afirma, no yo y, por cierto, ninguna religión afirma que la creatura mas perfecta jamás creada fue una mujer, mas perfecta que los ángeles del cielo, digna de ser la madre de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios y hombre verdadero.

¿Machistas los católicos? Juar, juar, juar.

17/05/17 11:03 PM
  
Tulkas
¿Se le ha ocurrido en su parroquia proponer que las mujeres lleven velo, como decía san Pablo y como ordenaba el CIC de 1917?

Ya se que en el código actual ni se menciona esto.

Lo digo porque esto no es microfeminismo, sino macrofeminismo pero del bueno.
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FJD: Pues yo ahora no estoy en parroquia, así que no puedo. Pero en mi última parroquia no dejé de sugerirlo, y algunas de las jóvenes lo usan a veces, sobre todo cuando van a Misa en forma extraordinaria. Sin duda recuperar el uso del velo sería un paso adelante en el combate contra el feminismo.
18/05/17 12:08 AM
  
Palas Atenea
Ahora no podrian decir nada porque las musulmanas nos amparan. Las musulmanas estan in y nosotras out.
18/05/17 12:35 AM
  
Jose Diego
Lo del Dios omnipotente y lo del amor no lo sabia hasta que en una comunión el cura cambio el credo para decir que creía en un "Dios todoamor". El pobre no sabía que el Concilio de Nicea lo declaraba anatema por hacer tamaña barbaridad.
18/05/17 7:01 AM
  
Manuel Pérez
Ya que la mencionas, sería de agradecer un artículo sobre teología del cuerpo
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FJD: Pues no es que yo sea el más indicado, pero si hay que hacerlo, se hará.
18/05/17 8:33 AM
  
Manuel Pérez
Es más, a la labor formativa que yo proponía antes para dar a conocer la ideología de género, se podría añadir una respuesta desde la Revelación, que tomaría importantes elementos de la antropología adecuada de San Juan Pablo II.
18/05/17 8:44 AM
  
José Ángel Antonio
"Mujer hacendosa, ¿quién la hallará?» (Pr 31,10)": es la lectura que pidió mi hoy esposa para nuestra boda. Ella es conversa, se había bautizado 2 años antes. El jesuita que nos casó tuvo que explicarlo en su homilía, un poco desconcertado. ¡Doy gracias a Dios de que la lectura se hizo profecía real en nuestra vida!

Sobre la Biblia nueva de la Conferencia Episcopal, que dice: «En los días de Noé, antes del diluvio, los hombres se casaban y las mujeres tomaban esposo» (Mateo 24, 37).

Lo que pone en realidad en el texto griego es «las mujeres eran dadas en matrimonio», mientras que los hombres «se casaban». Díaz Rodelas, el director de la traducción, dijo en La Razón que traducen «tomar esposo» a instancias de una teóloga, aunque esta opción «políticamente correcta» se aleje del texto original.
18/05/17 9:35 AM
  
Gregory
Interesante asunto sobre todo por lo de la catequesis mixto nunca lo había considerado como un avance del feminismo sino como algo mucho más practico si solo se tiene un salón parroquial o dos ¿para que crear dos grupos o cuatro? eso no es practico vamos a crear grupos mixtos es mejor hacerlo así.
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FJD: Es posible que se pueda dar un caso en un pueblo pequeño en el que sólo haya un grupo de catequesis. En la mayoría de parroquias medianas y grandes hay muchos grupos, pero se hacen mixtos la inmensa mayoría de las veces. No es un tema práctico, porque cualquier catequista sabe que es mucho más difícil llevar un grupo mixto que uno de sólo niños o sólo niñas, especialmente si son adolescentes.
18/05/17 3:57 PM
  
Juan Andrés
La importancia del lenguaje es de tal envergadura para el formateo de mentes que ha sido, y sigue siendo, el mecanismo para el cambio radical suicida que vivimos hoy. Es allí donde habría que poner ab initio la fuerza para intentar torcer el camino que sigue el mundialismo ideológico libertario, ya de derecha, ya de izquierda. Y lamentablemente en la Iglesia se ha caído en esa trampa y sucumbido las mas altas esferas al uso pervertidor de lenguaje. No estimado Padre, esto no tiene arreglo humano posible, sólo la intervención sobrenatural de cualquier modo. La gangrena ha avanzado tanto que no se soluciona con una amputación parcial.
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FJD: La Iglesia ha salido adelante en situaciones muy difíciles. La acción de la Providencia pasa muchas veces por la colaboración humana, que suele manifestarse como débil e insuficiente, para que quede claro de quién es la gloria.
18/05/17 5:45 PM
  
Scintilla
Querido padre:
No sé si es cierto que se han asumido esas prácticas sin motivación práctica ni teórica, como dice. Al contrario, creo que son colofón de una praxis bien diseñada a la que responden transformaciones previas. Pongamos el caso de la anécdota que cuenta de la catequesis diferenciada. La religiosa a que alude tiene razón... dentro de lo que se llama catequesis hoy día (y desde hace décadas). Que raramente hace cristianos, sino que trata de establecer relaciones, actividades, juegos... entre niños. Donde buscar la alegría es la premisa y no la consecuencia de dar a conocer al Hijo de Dios vivo, como hace décadas los niños iban a misa por la perra gorda que les daban los mayores (claro, sin perra gorda, sin el jueguito, para qué ir a misa, si yo me gano mi sustento o me procuro alegrías: de aquellos polvos, estos lodos). Dentro de esa perversión de la catequesis que es lo que se llama hoy y desde hace tiempo con ese nombre, separar chicos de chicas tiene tanto sentido como hacer clubes de hombres y ligas femeninas. Tan poco católicos como la catequesis que les imparten en conjunto. Pero más concordes con la ideología del mundo de hoy sin que, aparentemente, se rompa nada (aunque se tire a la basura saber qué significa catequesis, para qué sirve, etc. cosa a la que no dejan de colaborar gloriosamente el propio episcopado, sus libros y cursos, de los que salen catequistas que no han abierto ni abrirán un catecismo en su vida). Puesto que la catequesis no da a luz a cristianos (es decir, hombres y mujeres de una pieza, para quienes lo primero es el amor de Dios y luego todo lo demás, limpiar escaleras, impartir justicia o jugar a las canicas), es normal que haya hermanas y hermanos. Herman@s. Aún más, hermanxs. No es politiqués, es lógica asunción de que en la Iglesia, llamándonos cristianos, no nos ponemos ante Dios, sino ante el mundo. Seguimos en el mundo. Un micromundo de hermanos y hermanas, herman@s y hermanxs. Dado ese ponerse ante el mundo cuando se acude a la iglesia (único modo en el que la mayor parte de los cristianos se siente en Iglesia, cuyos sustitutos son ir a cáritas o alguna otra ong más o menos cristiana), formando parte de ella (fuera del recinto sagrado no te saludarán, pero sí dentro, pues sólo dentro se marca la pertenencia, fuera es el mundo puro y duro), es lógico que el altar sea un campo de batalla. Del que ustedes son la próxima pieza a derribar. No quite de en medio las cuestiones del sacerdocio femenino y la del diaconado, porque están en el centro. La cantera de curas que fue el servicio del altar, ya pasó a mejor vida, y por las razones que dice. Que evidencian en más de una parroquia los catecúmenos alrededor del altar después de consagradas las especies para cantar o dar palmas o tontear con la satisfacción del cura. Y detrás de esa pérdida, ya hemos sufrido de facto la del diaconado. Los ministros extraordinarios suelen ser ministras, los lectores, lectoras (y no digo que lo hagan peor que ellos), y ya sólo faltan los curas. Percibido el altar como un club masculino, olvídese de barreras. La más obvia ya la han derribado: han secado las fuentes que regaban las vocaciones, han convertido las cosas de la Iglesia en omnipresentemente femeninas. Y lo del lenguaje bíblico no ha parado en los libros. Ahí no le interesa a nadie. El poder, siempre el poder. Cherchez le pouvoir. El otro día oí llamar a una mujer al hombre con quien comparte cama y gastos domiciliarios su costilla.
Sólo se me ocurre una estrategia: un rotundo non serviam a ese poder que lo inunda todo (que no es sólo feminista, arranca de atrás y de raíces más complejas) por parte de los hombres y mujeres que sirvan a Cristo y su esposa, nuestra madre la Iglesia, para restablecer fronteras. Cada uno en su lugar, tratando de conservar, y no de malbaratar, lo que Cristo, como Pastor y Agricultor, le allega. Un non serviam, pues, lleno de humildad pero sin flaqueza, que por lo que malbaratemos se nos pedirán cuentas y juzgará. Que el Señor tenga misericordia de todos nosotros, especialmente de sus pastores. Con el deseo de que disfrute de una feliz Pascua.
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FJD: Con el concepto de "microfeminismo eclesial" que me he sacado de la chistera me quiero referir a prácticas que se han extendido de forma general y que no se hacen con una base ideológica consciente. Por supuesto, se ha llegado a esto a través de la imposición de una ideología de forma consciente y más o menos estratégica. Pero me dirijo aquí a los que, rechazando de base el feminismo, podrían estar siguiendo sus dictados de forma inconsciente. En lo demás, plenamente de acuerdo.
18/05/17 6:57 PM
  
Juan Bautista Donnet
Excelente. Lucido y preciso. Felicitaciones!
18/05/17 11:53 PM
  
Álex
Pues se ha metido en un buen berenjenal.
Nada hay más ingrato e incomprendido que cuestionar las tonterías que la sociedad ha asimilado como "sentido común". Así, es de sentido común la educación mixta o el servicio en el altar de monaguillos y "monaguillas". Y cualquiera que se atreva a cuestionarlo es tachado de retrógrado y machista discriminador, como mínimo.
Los científicos, sin embargo, ya están diseñando medicamentos específicos según el sexo del paciente, y no hablemos de la oferta de servicios y productos de todo tipo, que cada vez afinan más el perfil de sus clientes y, por supuesto, "discriminan" a la hora de promocionar un champú, una crema, un automóvil, un gimnasio de moda... Pero la ciencia y el mercado son intocables, no así la educación o la religión, trincheras de batalla ideológica para el marxismo cultural.
Cuando uno señala las posibles ventajas (que existen y tienen argumentos lógicos y válidos) de la educación diferenciada en las escuelas, se lo "comen" y le acusan de "discriminador", como si uno propusiera que las niñas no recibiesen enseñanza. Parece que una mujer sí puede aceptar un medicamento específico para ella, que será más eficaz al ser adaptado a su peso, complexión, metabolismo, etc, pero no una educación que tenga en cuenta su especificidad psicológica, madurativa, de intereses, etc, y que son parámetros distintos a los del varón.
Muy difícil, tarea casi imposible. Le felicito por su arrojo.
19/05/17 1:57 AM
  
Ramvel
Se nos ha enseñado (impuesto) que los grupos mixtos son los ambientes "normales" donde deben desarrollarse la enseñanza, y la catequesis no es la excepción. Entre los motivos que se esgrime para desaconsejar los grupos por sexo es la supuesta repercusión negativa en el desarrollo piscoafectivo.
Los primeros nueve años de enseñanza escolar los realicé en institutos mixtos y los tres años de la secundaria en un internado masculino, No tengo elementos de juicio suficientes para decir si estos tres años de secundria hubieran sido mejor en un ambiente mixto, pero sí puedo aseverar que el aprovechamiento académico fue óptimo.
En cuanto a la catequesis, habría que ver si existe suficiente "apertura" del párroco para poder separar niños y niñas. No faltarán padres que se sientan molestos por el hecho y se nos reclame "con qué autoridad haces estas cosas" y habría que fundamentarlo, preparase con buenos argumentos para defender esa postura.
Reconozco que me he dejado llevar por la práctica habitual, inconscientemente, es algo tan común que me he acostumbrado y por más que intuyo que para ciertas cosas es mejor separar por sexos desisto fácilmente porque no me detengo a reflexionar.
Si es "mejor" dar catequesis a grupos de niños y niñas por separado ¿por qué no lo hacemos así? No conozco si existe algún estudio concluyente sobre si es más beneficioso o no, pero quisiera profundizarlo.
Me interesa también analizar la conveniencia de las monaguillas, pero de ahí a anular esa práctica ya es otra cosa.
Se han cambiado muchas cosas en pocos años, da la sensación de que todo está permitido, permitido por los sacerdotes y obispos, lo que muy difícil defender una causa porque nos encontramos solos, sin el respaldo de los que deberian ser guardianes de la sana tradición. Tradición que tiene su dosis de sabiduría.
19/05/17 4:01 PM
  
Mateo
Lamentablemente en el actualidad la "transversalidad de las políticas públicas con ideología de género" permean todos los ámbitos. En la actualidad a través de los objetivos del desarrollo sustentable. Y para muestra un botón con la imposición, digo implementación, de esas corrientes anticristianas dentro de la Santa Iglesia. En nombre de los "derechos de las mujeres" y de una "diversidad reconciliada" se nos pretende vender a los católicos que el respeto se da a través de la aceptación de todo lo referente al género y a estos objetivos que pretenden reemplazar los 10 mandamientos, que es lo más misericordioso que podemos hacer para ser buenos cristianos y seres humanos.
Todos los discursos, páginas, están empapados de esta jerga. Incluso hablan abiertamente de la emancipación de las mujeres y de convivir "armoniosamente" con la poligamia.
La respuesta y salida a toda esta esclavitud mundial solo la encontraremos a través del Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, quienes han revelado la forma de enfrentar todo esto a través del amor, la glorificación y desagravio a ellos. (Santa Margarita María Alacoque y Fátima).
Que ellos lo bendigan y guarden.
19/05/17 6:21 PM
  
Ricardo de Argentina
Coincido contigo Mateo, porque ¿qué sería de nosotros si Dios no nos iluminara y amparara a través de su gracia, en esta hora aciaga de confusión y escarnio?
Seguramente nos arrastraría la corriente y terminaríamos aplaudiendo nuestra ruina.
20/05/17 2:52 AM
  
Miguel Antonio Barriola
Si es verdad que "ridendo castigantur mores", no vendría mal la ironía de un amigo sacerdote, que proponía, para ser justos, comenzar las homilías de este o parecido modo:
"Queridos hermanos y queridas hermanas,
que habéis venido a este templo y a esta iglesia,
para participar en el Santo Sacrificio y en la Santa Misa,
oyendo este Sermón y esta homilía,
sobre el Evangelio y la Buena Nueva,
sobre Dios Padre y Madre,
que nos mandó a su Hijo (aquí....sonamos)"

También podría recordar mi propia imitación de las
redoncillas de Sor Juana Inés de la Cruz
("Hombres tontos que acusáis
a la mujer sin razón...")

"Hembras tontas, que imitáis
al varón sin ton ni son,
buscando emancipación,
cuando más os maniatáis"

Un imitador de la
presidente(ta) argentina
Cristina Fernandez De Kirchner,
la imitaba diciendo:
"Argentinos y argentinas,
Dengues y Dengas..."

Saludados y saludadas
todos y todas....
22/05/17 11:24 AM
  
Jose Luis
A la mujer le han puesto delante un fruto muy apetitoso, un fruto que si lo muerde le han prometido "seréis como dioses", o sea, como los varones. Un lugar que no conquistarán y cuando lo hacen sienten toda decepción y que ya les ha hecho perder el puesto que tenían. Primero fue el varón en esto de qurer ser como dioses (o sea como los ricos y nobles) y ahora al varón se le ha salido la costilla de madre, la mujer se le ha rebelado, con razón o sin razón. Guerra al ser humano en todos los frentes.
22/05/17 5:50 PM
  
Ricardo de Argentina
Cuando mis hijos eran pequeños, les contaba un cuento que ellos al día de hoy recuerdan hasta en sus detalles:
Había en Holanda un niño al que le habían explicado que si se producía una pequeña filtración en los diques de tierra que defendían el polder de la furia del mar, ese hilo de agua de haría corriente, y luego torrente, y luego sobrevendría el desastre irreparable.
Volvía un día de la escuela, solo, cuando se percató que en la
base del dique de tierra había aparecido un hilo de agua. Sin pensárselo, introdujo su mano donde se colaba el barro y allí se quedó, gritando sin ser escuchado. Sus padres lo buscaron afanosamente por horas, hasta que encontraron al pequeño héroe, con las manos ya entumecidas, pero firme en su propósito de evitar la tragedia a sus semejantes.

¿A qué viene este cuento? A las semejanzas que hay entre los "microfeminismos" y el pequeño hilo de agua que empieza a horadar el muro hasta volverse torrente incontrolable. Porque los microfeminismos son la avanzada de la ideología de género en la Iglesia: dejadlos prosperar, y luego no os alcanzará la vida para arrepentiros del error cometido.
Y mucho me temo que quien tenga responsabilidades pastorales, no será un mero error lo que cometa sino antes bien, un gran pecado.
23/05/17 3:30 PM

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