7.10.12

Santa Hildegarda

No podía pasar desapercibida en este blog la proclamación como Doctora de la Iglesia de Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), cuya vinculación con la música es uno de los aspectos más conocidos de su vida.

Al igual que ocurre con otras grandes mujeres de la Iglesia, la postmodernidad se acerca a Hildegarda ansiosa por asociarla a sus filas. Un breve paseo por internet me ha bastado para encontrar su nombre en páginas feministas, new-age, esotéricas… todo bastante lejos de la realidad de esta mística benedictina, empeñada en empresas tan poco postmodernas como combatir fieramente la herejía cátara, denunciar la elección del antipapa Víctor IV o reclamar la regeneración del clero.

Como compositora Hildegarda se dedicó principalmente a crear música para el culto de su monasterio, sobre todo la liturgia de las horas: antífonas, responsorios, himnos, etc. Estas piezas para uso cultual están recogidas en su Symphonia armonie celestium revelationum (“Sinfonía de la armonía de las celestiales revelaciones”). Otra muy curiosa obra musical de Hildegarda es su auto sacramental Ordo virtutum (“Orden de las virtudes”).

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27.09.12

La misa es una fiesta muy alegre

Este es el título de una canción que en la parroquia de mi infancia y adolescencia solía ocupar el lugar del introito en las llamadas misas de niños (algún día hablaremos de esta singular aportación psicopedagógica a la Economía de la Salvación). El texto comenzaba así: La misa es una fiesta muy alegre, la misa es una fiesta con Jesús. 

Me vino esto a la memoria al leer una entrevista al sacerdote carismático brasileño Marcelo Rossi. El padre Rossi, junto con algunas ideas un tanto discutibles, dice cosas con muy buen sentido. Pero lo que más me llamó la atención fueron sus propuestas respecto a la música litúrgica: No hay que cambiar la liturgia, sólo la música. La misa necesita alegría, y la música alegre hace participar. Sin duda el padre Rossi dice esto con la mejor de las intenciones, y me consta que hay muchos católicos que coinciden plenamente con él. 

Nadie duda de que la fe ha de ser alegre, y de que el conocimiento y la aceptación de la salvación operada por Cristo debe producir ante todo una profunda y agradecida alegría. Ahora bien, ¿estamos de acuerdo en cómo deba ser esa alegría?

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9.09.12

Sobre la música en las bodas

Las misas de las bodas son curiosamente una especie de reliquia de lo que antiguamente era la organización de la música en la liturgia. Son casi el único tipo de celebraciones en que se suele utilizar música de algún interés artístico, y por esto mismo constituyen un recuerdo de lo que fue el antiguo mundo de los músicos profesionales al servicio de la Iglesia: organistas, cantores e instrumentistas varios.

Después de haber defendido en artículos anteriores que la lectura de las disposiciones del Vaticano II ha de hacerse en consonancia con la tradición, podría parecer que esta  alusión a la semejanza de la bodas actuales con la antigua organización musical del culto tiene un tono laudatorio. Nada de eso. En realidad pienso que lo que habitualmente se hace con la música de las bodas no es más que una caricatura de lo que fue el antiguo mundo de la música eclesiástica cualificada.

La cuestión se puede ver desde dos perspectivas: la de los músicos y la de los participantes en la celebración. 

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1.09.12

San Gregorio y la música

San Gregorio, cuya memoria litúrgica se celebra el próximo lunes, fue sin duda un pontífice Magno. Lo muestra bien su gran labor en la evangelización de los anglosajones o en la administración material de la ciudad de Roma, por poner sólo dos ejemplos. 

En cuanto al canto gregoriano, se pensó durante siglos que había sido compuesto o recopilado por él. Por eso desde el siglo IX fue llamado así, canto gregoriano. Hoy sabemos que es más bien fruto de la fusión entre el antiguo canto litúrgico de la iglesia de Roma y el canto del rito galicano, fenómeno acontecido en la segunda mitad del siglo VIII. Fecha, por tanto, bastante más tardía que el siglo VI en que Gregorio consumió la mayor parte de sus días terrenos. Ahora bien, ¿Cómo se originó la creencia respecto a San Gregorio?

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22.08.12

Vidi speciosam de Tomás Luis de Victoria: audición comentada

Después de abordar hace unos días la cuestión de la música sacra católica actual en sus líneas generales, quiero compartir hoy con ustedes un bellísimo ejemplo de lo que la Iglesia define como música sacra. 


El vídeo del motete se puede ver en la portada de Infocatólica desde hace unos días (concretamente desde el día de la Asunción). En él aparece el texto latino con su “traducción simultánea”, junto con algunas explicaciones. Quizá muchos de ustedes ya lo hayan visto. No importa: en estas líneas encontrarán motivos para disfrutarlo todavía más.


Si a alguien le parecen un poco largas las palabras que siguen ahora, que no piense en todo lo que digo, sino en todo lo que he tenido que dejar de decir por no extenderme en exceso. Les aseguro que esta obra de Victoria, como tantos otros ejemplos de la verdadera música sacra, es un tesoro  inagotable del que siempre se pueden sacar cosas nuevas y viejas.


El motete Vidi speciosam de Tomás Luis de Victoria (1548-1611) fue publicado por vez primera en 1572, dentro de su libro Motecta quae 4, 5, 6, 8 vocibus concinuntur. Litúrgicamente se trata del responsorio correspondiente a la primera lectura del primer nocturno de los Maitines de la Asunción de la Virgen María, según la ordenación del oficio divino previa a la reforma del mismo posterior al Vaticano II. 


Para quienes quieran situarlo litúrgica y espiritualmente: la lectura a la que estaba primitivamente asociado era el comienzo del capítulo 1 del Cantar de los Cantares, donde entre otras cosas la Amada dice:

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