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23.08.11
Sr directo, como participante de la JMJ, y desde la alegría de ver a una impresionante muchedumbre de jóvenes compartiendo una misma fe, unidos al Santo Padre y en comunión con toda la Iglesia, no puedo olvidar ni dejar de lamentar los graves errores de organización que convirtieron una experiencia en la que habíamos depositado tanta esperanza, en un acontecimiento que -por momentos- se convirtió en un verdadero infierno.
1- No me parece de recibo que hayamos tenido que esperar 4 horas el viernes de pie en IFEMA (que no está precisamente en un lugar céntrico) para recoger una acreditación y una mochila a la que le faltaba buena parte de su contenido. Por motivo de esa espera, acabamos llegando agotados a nuestro alojamiento para comer a las 6 de la tarde, por lo que apenas nos dio tiempo para llegar al final del Via Crucis en Recoletos. Fue un día perdido en lo espiritual, ya que ni pudimos acudir a la catequesis de la mañana ni al Via Crucis con el Papa. Eso es un error (o una falta de previsión de la Organización).
2- No pretendo que la JMJ se convierta en un resort de lujo, pero no es de recibo el que la organización obligue a los peregrinos a caminar durante 6 kilómetros (metro de la Peseta) hasta el aeródromo a las 3 de la tarde, a pleno sol, con 39ºC y cargados como burros, y que la organización no prevea (como mínimo) unos puntos de aprovisionamiento de agua por el camino o de acompañamiento de peregrinos.
3- No me parece de recibo que la organización haya utilzado la técnica del OVERBOOKING jugando con las ilusiones de los peregrinos. Y es que, habiéndonos inscrito hace ya 4 meses, es desilusionante comprobar que nuestra inscripción no ha servido para nada, ya que (a pesar de llegar con 3 horas de antelación) nos han privado de ver al Santo Padre en la vigilia de Cuatro Vientos metiéndonos en la zona sur (zona para no acreditados), la cual no tenía las condiciones mínimas para participar en un acto en el que, aparte de la alegría, hay que vivir intensos momentos de piedad, oración y escucha de la Palabra.
4- Las deficiencias de la zona sur eran clamorosas: Realmente no estábamos en la base de Cuatro Vientos, sino en una finca con una cota de altitud muy inferior a la base aerea (una especie de foso) en la cual era físicamente imposible ver los actos (ya que había una barrera natural de terreno que lo impedía). Sólo había dos pantallas para seguir el acto (una de ellas, defectuosa), el sonido defectuoso durante toda la tarde (antes incluso de la tormenta), cortes en el suministro de agua, inexistencia de contenedores de basura en las parcelas (basura volando por toda la explanada). Terreno recién desbrozado y no consolidado (tierra suelta y no pisada ni allanada, que se convirtió en barrizal). Inexistencia de luz eléctrica (¿es de recibo tener a a varios cientos de miles de personas en un páramo, pasando la noche en la más completa oscuridad?).
5- La falta de información desesperó a los asistentes de la zona sur: nadie nos decía por qué estábamos allí ni por qué no podíamos pasar a nuestro sector, simplemente se nos mandaba esperar junto a la valla de acceso al recinto norte, a la espera de que se nos permitiera entrar (algo que nunca ocurrió). La escena de la multitud desinformada agolpada junto a la valla, la rotura de la valla, y la carga policial contra los peregrinos es una imagen que nunca había vivido en una reunión con el Papa y que jamás se me podrá olvidar: miles de personas escapando corriendo, gente por el suelo agotada y asustada, personas llorando…
6- Sé que esto último no es socielmente correcto, pero la organización de Voluntarios fue un completo desastre. Hay que agradecer la labor impagable de los voluntarios que trabajaron y se dejaron la piel por nuestra comodidad, pero es de justicia decir que eran la minoría. De los 30.000 jóvenes que lucían la camiseta verde de “voluntario", muy pocos lo eran de verdad. La organización no supo ver que muchos jóvenes (demasiados) se apuntaron como voluntarios para disfrutar personalmente de las ventajas de esa condición, y no para ayudar a los peregrinos: ventajas como poder moverse con libertad por los actos y estar más cerca del Papa, o tener comida gratis aportada por la organización. Muchos de ellos (lo siento, niñatos y niñatas sin madurez suficiente para responsabilizarse de su importante tarea en un acto de estas características) utilizaron la condición de voluntario como una mera acreditación privilegiada: solicitarles alguna información se convirtió en una temeridad, ya que simplemente se inventaban la respuesta para “sacarte de encima", provocándote más confusión y desesperación.
Tengo 29 años, he acudido a JMJ Colonia y a otros eventos con el Papa (y también con el anterior, aunque siendo bastante niño), y nunca me ha pasado esto: no pude acompañar al papa y rezar en el Via Crucis, no recé en la Vigilia debido al caos existente y a las pésimas condiciones del sector sur. Al finalizar, acabé yéndome a mi alojamiento, agotado físicamente. El domingo no tuve el ánimo suficiente ni la fuerza física (tras dos jornadas agotadoras de contratiempos) para volver a Cuatro Vientos, y me limité a rezar con y por el Papa ante la TV, e ir a Misa por la tarde por mi cuenta.
Creo que la organización tiene mucho que reflexionar. Es cierto que ha sido un éxito de asistencia. Pero lo ha sido a pesar de la organización, no gracias a ella. El éxito de convocatoria se lo debemos al Santo Padre: él es quien tiene “tirón” entre nosotros, los jóvenes católicos, a quienes nos ha conquistado con su cariño y con sus sabias enseñanzas de Padre.
Siento haber sido tan negativo, pero para mí y para mi grupo no ha sido una experiencia agradable, a pesar de la visión sobrenatural y del ofrecimiento continuo de las dificultades. Pero todo tiene un límite.
Saludos en Cristo, recemos por los frutos de tanta gente a la que le habrá servido esta JMJ, y paladeemos ahora tranquilidad las palabras del Papa. Quizá los mayores frutos de la JMJ empiecen ahora (aunque no se vean…)
Carlos Perea
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