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26.12.11

Serie Mandamientos de la Ley de Dios - 2º.- No tomarás el nombre de Dios en vano

A las 12:49 AM, por Eleuterio
Categorías : General, Serie Mandamientos de la Ley de Dios

Enlace a Libros y otros textos.

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Diez Mandamientos

RAZÓN DE LA SERIE:

Los Mandamientos de la Ley de Dios vienen siendo, desde que le fueron entregados a Moisés (Éxodo 20, 1-17) en aquella tierra inhóspita por la que deambulaban hacia otra mejor que los esperaba, una guía, no sólo espiritual, que el ser humano ha seguido y debe seguir. Quien quiera ser llamado hijo del Creador ha de responder afirmativa a Cristo cuando le diga, como al joven rico (Mc 10, 19) “ya sabes los mandamientos…” y ha de saber que todo se resumen en aquel “Quien ama, ha cumplido toda la ley” que dejara escrito San Pablo en su Epístola a los Romanos (13,8).

Por otra parte, los Mandamientos, doctrinalmente así se entiende, están divididos, o podemos así entenderlo, en dos grandes grupos: el primero de ellos abarca los tres primeros que son referidos, directamente a Dios y que se resumen en el “amarás a Dios sobre todas las cosas”; el segundo abarca el resto, 7, referidos, exactamente, a nuestra relación con el prójimo y que se resumen en el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Tenemos, pues, que traer a nuestra vida ordinaria, el espíritu y el sentido exacto de los 10 Mandamientos de la Ley de Dios para no caer en lo que San Josemaría refiere en “Amar a la Iglesia” (El fin sobrenatural de la Iglesia, 11) cuando escribe que “Se rechaza la doctrina de los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, se tergiversa el contenido de las bienaventuranzas poniéndolo en clave político-social: y el que se esfuerza por ser humilde, manso, limpio de corazón, es tratado como un ignorante o un atávico sostenedor de cosas pasadas. No se soporta el yugo de la castidad, y se inventan mil maneras de burlar los preceptos divinos de Cristo.

Seamos, pues, de los que son llamados humildes, mansos y limpios de corazón y traigamos, aquí, el sentido que la norma divina tiene para nosotros, hijos del Creador. Sabemos lo que nos espera, en la vida eterna, en tal caso.

2º.- No tomarás el nombre de Dios en vano

No tomarás el nombre de Dios en vano

“Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el ‘Cielo’, porque es ‘el trono de Dios’, ni por ‘la Tierra’ porque es ‘el escabel de sus pies’; ni por ‘Jerusalén’, porque es ‘la ciudad del gran rey’. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno”.

Estas palabras (Mt 5, 33-37), Palabra de Dios Santo, dichas por Jesucristo en un momento en el que aleccionaba a sus discípulos acerca de lo que se decía que había que hacer y lo que, en realidad, se había que hacer y creer, encierran la verdad de lo que, sus discípulos, tenemos que tener en cuenta para nuestra vida espiritual y, en general, de comunión con nuestro prójimo. Pero, además o, mejor, sobre todo, hacen constar que el nombre de Dios es santo.

Dice Jorge Loring SI en su “Para Salvarte” (64, 1) que lo que “El segundo mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del nombre de Dios” porque, en efecto, es muy común hacer tal cosa por parte de sus hijos sin darnos cuenta, la mayor parte de las veces, de lo que hacemos.

Por lo tanto, no podemos hacer uso del nombre de Dios de forma inconveniente. ¿Y cómo no conviene?

Con el siguiente pequeño examen nos podemos hacer una idea sobre la situación en la que, con relación al “No tomarás el nombre de Dios en vano” nos encontramos:

¿Has jurado con mentira o con duda? ¿Cuantas veces?

¿Has jurado vengarte? No te obliga y no debes cumplirlo.

¿Has jurado sin necesidad o por mala costumbre?

¿Has dicho blasfemias (contra Dios, la Hostia, la Virgen, los santos y las cosas sagradas)? ¿Cuantas veces? (Al año, al mes, a la semana…)

¿Has dicho palabras irreverentes, chistes irreligiosos?

¿Has dejado de cumplir, pudiendo, algún voto que hiciste o alguna promesa grave?

¿Has maldecido o echado imprecaciones?

Estas preguntas nos pueden servir, digamos, de aviso, para tratar de comprender el contenido esencial que tiene este segundo Mandamiento de la Ley de Dios porque, como pasa con el resto de normas que entregó a Moisés no basta con conocer la letra que contiene los preceptos divinos sino que resulta conveniente profundizar en lo que significa, en su totalidad, cada uno de ellos.

Al respecto de lo que ha de significar el Santo Nombre de Dios, el número 2143 del Catecismo de la Iglesia católica dice que

“Entre todas las palabras de la revelación hay una, singular, que es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre a los que creen en El; se revela a ellos en su misterio personal. El don del Nombre pertenece al orden de la confidencia y la intimidad. ‘El nombre del Señor es santo’. Por eso el hombre no puede usar mal de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de adoración amorosa (cf Za 2, 17). No lo empleará en sus propias palabras, sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (cf Sal 29, 2; 96, 2; 113, 1-2).”

Por lo tanto, no es cuestión, para un hijo de Dios, de que el Nombre de nuestro Padre se le revele como una característica más del Creador sino que se le confía el mismo porque es voluntad de Dios, en una unión tan especial como la que le une a su creación, que lo tenga como hermoso y gozoso don. Y por eso mismo no puede incurrir en determinadas formas de actuar que menosprecien a Quien le dio la vida porque quiso dársela porque Dios es santo y también su nombre lo es. Por eso, no se entienda que se trata, simplemente, de la unión de unas cuantas letras que conforman el Nombre sobre todo Nombre sino que cuando se pronuncian lo que se hace es mencionar a Dios, Uno y Trino. No extrañe, por lo tanto, que Jesucristo, al enseñar (cf. Lc 11.1) la oración de las oraciones (el Padre Nuestro) dijera “Santificado sea tu nombre…”.

Decíamos arriba que el contenido de los Mandamientos es profundo y que no basta con conocer la letra y no profundizar en los mismos. Así, por ejemplo, partamos de la base de que no tomar el nombre de Dios en vano tiene una vertiente positiva y otra negativa. Así, la positiva supone el hecho mismo de honrar el nombre de Dios y el de invocarlo.

Por ejemplo, esto se hace muy bien en el Libro de Job (1, 21) cuando se dice “¡Sea bendito el nombre de Yahvéh!”. Pero, sobre todo, se hace en los Salmos como por ejemplo, los que siguen:

Vuélvete Yahvéh, recobra mi alma,
sálvame por tu amor (Sal. 6, 5).

Bendeciré a Yahvéh en todo tiempo,
sin cesar en mi boca su alabanza, (Sal. 34, 3).

Engrandeced a Yahvéh conmigo,
ensalcemos su nombre todos juntos (Sal. 34, 4).

Espera en Dios: aún le alabaré,
¡salvación de mi rostro y mi Dios! (Sal. 42, 12).

Te doy gracias, Yahvéh, con todo el corazón,
porque tú has escuchado las palabras de mi boca (Sal. 138, 1).

Quienes no invocan el nombre de Dios le niegan el honor debido.
¿No son necios todos los agentes del mal
que comen a mi pueblo
que se comen el pan
y a Yahvéh no invocan? (Sal. 14, 4).

Por otra parte, la vertiente negativa supone no incurrir en aquello que supone contradecir lo positivo que tiene el segundo Mandamiento.

No tomarás el nombre de Dios  en vano

Por ejemplo, el hecho mismo de jurar no es que lo prohíba la Ley de Dios. De lo que está en contra es que no se haga con justicia, con verdad y con necesidad que son, digamos, las condiciones que debe cumplir todo juramento para no incurrir, en caso de que así no sea, en una falta contra el Nombre de Dios y, así, contra Dios mismo. De esto resulta que, como puede ser tan difícil estar en la total seguridad de no faltar a algunas de las condiciones… lo mejor es no poner el Nombre de Dios en solfa en ningún juramento.

No debemos, según lo aquí dicho, caer en el vicio de tener por costumbre jurar porque, como se dice en Si 23, 9-10 Al juramento no acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al Santo. Porque, igual que un criado vigilado de continuo no quedará libre de golpes, así el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado”.

Jurar, por lo tanto, por jurar no nos trae cuenta en nuestro anhelo de alcanzar la vida eterna que, si bien es entregada por Dios no por eso deja de ser importante demostrar que la tenemos como importante para nuestra futura existencia.

Pero existen otras muchas formas de desairar a Dios tomando su Santo Nombre en vano pues no vaya nadie a creerse que la capacidad pecadora del hijo de Dios es limitada sino que ha dado muestras, a lo largo de su historia de salvación, de tener al Creador no como Quien es sino como quien nos conviene que sea.

Existe, por ejemplo, la blasfemia, de la que dice el número 2148 del Catecismo de la Iglesia católica que

Blasfemar

La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios -interior o exteriormente - palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto en las expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago reprueba a ‘los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús) que ha sido invocado sobre ellos’ (St 2, 7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión.

La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de suyo un pecado grave (cf CIC can. 1396).

.

Blasfemar es, por tanto, una forma muy contraria de manifestarse contra Dios. De la blasfemia dirá, además, Jesucristo que la que es contra el Espíritu Santo no se perdona (Lc 12, 10) y, a más abundancia, “será reo de pecado eterno” (Mc. 3, 28-28). Y esto porque, en realidad, aquella persona que blasfema no obtiene nada a cambio como cuando, por ejemplo, se roba o se hurta. Se blasfema, por lo tanto, porque se pretende dañar a Dios en su Santo Nombre y en su Misericordia y Amor infinitos. Por eso dice muy bien Jorge Loring SI (en el libro citado arriba) que “Si crees en Dios, comprenderás que es un disparate insultarle. Y si no crees, a quién insultas?” (64.2)

No debemos, pues, blasfemar y, aunque es cierto que se puede blasfemar sin darse cuenta no es menos cierto que debemos poner empeño en corregir tal forma de proceder porque, además, que un hijo de Dios blasfeme es ejemplo perverso que nadie debería recibir de tal persona.

Pero también peca contra el segundo Mandamiento de la Ley de Dios quien, habiendo hecho votos o promesas a Dios (como forma de refuerzo de lo que pedimos al Creador o cuando manifestamos agradecimiento) no las cumple porque pueda dar la impresión de que no tomamos en cuenta, de verdad y con franqueza, el Santo Nombre a Quien nos dirigimos.

No podemos olvidar que también se procede contra este Mandamiento cuando se usa de forma irreverente el nombre Dios cuando, por ejemplo, se hacen chistes o bromas acerca de las cosas sagradas y, aunque puede considerarse como venial tal proceder no es poco cierto que todo zaherimiento a Dios debería doler mucho a quien lo lleva a cabo.

Por lo tanto, según lo aquí traído quien pronuncia el Santo Nombre de Dios no puede hacer, luego, como si nada tuviera que ver el mismo con su vida ordinaria. Muy al contrario debe proceder quien se diga hijo de Dios y tenga a su Padre como Creador Omnipotente porque, al fin y al cabo, entre decir Dios y dar testimonio de su Amor no ha de haber separación ni de tiempo ni de actitudes.

Leer Primer Mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas.

Eleuterio Fernández Guzmán

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6 comentarios

Comentario de Fortis
Si uno lleva rosarios y cruces en el pecho y luego lleva vida escandalosa, ése, ésos, ésas, pecan contra el Segundo Mandamiento. Si un cristiano catequista, profesor de Religión, un cura, una monja, habla de dios y lleva una vida contraria a su ser, pecan contra el Segundo Mandamiento. Contra este Mandamiento se peca muchísimo, pero pocos se dan cuenta. Los malos son los que menos pecan contra éste. Pecan contro los otros mandamientos.
26/12/11 9:07 AM
Comentario de rastri

-También habéis oido que se dijo a los antiguos: No jurarás, antes cumplirar al Señor tus juramientos. Pero yo os digo que no juréis de ninguna manera: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la Tierra pues es el escabel de sus pies; Ni por Jerusalen pues es la ciudad del Gran Rey. Ni por tu cabeza jures tú tampoco, porque no está en ti volver uno de tus cabellos blanco o negro. Sea vuestra palabra. sí, sí; no,no; todo lo que pasa de esto, de mal procede. (Mt.33,37)


-No jureís de ninguna manera.

-No juréis por Dios en su trono que es su morada. Porque si juráis por Dios, blasfemais. ¿Pues quien siendo limitado y jurando por lo que es limitado, puede traer y poner por testigo ante lo limitado la infinita dimensión de la Verdad que es Dios en su morada sin blasfemar? -No Juréis por el infinito Dios Padre.

-Ni jures tampoco por Jerusalen, la Ciudad Nueva de Jerusalen la que desciende del Cielo de mi Dios, es Dios parte de Dios, porque ésta es la ciudad del Grande, del Único rey que es Dios . -No juréis por el infinito Dios Hijo -

-Ni por tu cabeza jures tú tampoco, porque tú, en tu limitado conocimiento no conoces el principio, medio y fin de tu existencia, y por esto no está en ti volver uno de tus cabellos blanco o negro. No juréis por el infinito Dios Espiritu Santo que es causa de toda vida que de Dios procede.

P-Ni jures por tu honor. Bues desde y cuando en cuando en escendente continuidad de origen lo perdiste cuando saliste del Paraiso Terrenal.
26/12/11 10:21 AM
Comentario de perallis
Le agradezco esta serie y toda su información. Hay mandamientos que tenemos olvidados y necesitamos este refresco.


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EFG


Pues esa es la idea. Aunque yo sé que no lo puedo hacer tan bien como lo haría un teólogo, la verdad es que recordar lo más elemental puede ser de utilidad para algún católico. Por ejemplo, para mí mismo.
26/12/11 9:56 PM
Comentario de juan manue zuñiga
no se supone que el segundo mandamiento segun la biblia es "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. NO te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque YO SOY el Eterno tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generaciám de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis Mandamientos" (Exodo 20:4-6)
por que entonces cuando enseñan el catesismo a los niños desaparecen este mandamiento y para justificar los 10 el decimo lo dividen y lo convierten en 2??


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EFG



Para su conocimiento, le pongo aquí el siguiente artículo: cuyo autor es el P. Miguel Ángel Fuente


"¿Por Qué Los Católicos Fabrican Imágenes?"

¿Por qué se adoran imágenes y se inclina uno ante ellas si la Biblia dice lo siguiente…?: Éxodo 20,4: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

Esta objeción me ha sido puesta de muchas formas, con mayor o menor virulencia, con cierto respeto y a veces sin ningún respeto. He aquí cómo me escribía una mujer protestante, aunque no asiste a ninguna iglesia en particular:

Para mí es claro lo de que no nos hagamos imágenes de las cosas que están en el cielo, ni imágenes en las que pongamos nuestra fe. Día a día veo religiosos de la fe católica, que le rezan a un Cristo en la cruz o a una virgen como si esas imágenes pudieran hacer algo por nosotros. En el Apocalipsis cuando Pedro1 tuvo la santa revelación cometió el mismo error de inclinarse ante el ángel que le mostraba todas las cosas, pero éste le dijo: “no lo hagas; adora a Dios”.

Otro me escribía:
¿Por qué se adoran imágenes y se inclina uno ante ellas si la Biblia dice lo siguiente…?: Éxodo 20,4: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

1 Así dice en el original; en realidad la visión la tuvo Juan. Téngase en cuenta que cuando cito las objeciones que he recibido, trato de ser fiel al modo en que han sido presentadas. Por tal motivo no corrijo los errores –salvo ortográficos– que a veces aparecen en las citas bíblicas, algunas inexactas y otras incluso inexistentes.

Ante todo hay que aclarar que para cualquier católico bien formado, la adoración de una imagen (ya represente un santo, un ángel o la misma Virgen) es un pecado contra el primer mandamiento de la ley de Dios. Si un católico “adora” una imagen, no es católico sino idólatra. Pero esto no debe confundirse con la “veneración” de las imágenes sagradas y de los santos. Se trata de dos cosas muy diversas.

Es cierto que el texto de Éxodo 20,4-5 prohíbe la fabricación de imágenes, pero al mismo tiempo también es cierto que en el mismo libro, apenas cinco capítulos más adelante, Dios manda hacer imágenes en el Arca de la Alianza: ...dos seres alados de oro labrado a martillo en los dos extremos, haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formarán un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos. Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno en frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio (Ex 25,18-20). Más adelante Dios manda, por medio de Moisés, fabricar la imagen de la serpiente de bronce: hazte una serpiente como ésas y ponla en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, mire hacia la serpiente del asta, y se salvará (Núm. 21,8-9). David entregó a Salomón, su hijo, un plano en donde se detallaba: para el altar del incienso, oro acrisolado según el peso; asimismo el modelo de la carroza y de los querubines que extienden las alas y cubren el arca de la alianza de Yahveh. Todo esto conforme a lo que Yahveh había escrito de su mano para hacer comprender todos los detalles del diseño (1Cro 28,18-19). El profeta Ezequiel (41,18) describe imágenes grabadas en el templo: estaban cubiertos de grabados alternados de seres alados y palmeras . No debemos tampoco olvidar que la misma Biblia recurre a las imágenes de Dios, pues los primeros capítulos del Génesis y los libros posteriores nos hablan de Dios por medio de imágenes “antropomórficas”, es decir, asignándole a Dios rasgos humanos, para poder hacerlo comprensible a los primeros oyentes y –luego– lectores de esos libros: Dios es descrito por el autor sagrado como modelando con sus manos la arcilla para hacer al hombre (cf. Gn 2,7), acerroja tras Noé la puerta del arca (cf. Gn 7,16) para estar seguro que no se perderá ninguno de los moradores; tiene el universo en su mano y cultiva a su pueblo como un viñador (cf. Is 5,1-7); su Espíritu aleteaba sobre las aguas al comienzo de la Creación (cf. Gn 1,2); descansa el séptimo día de la Creación (cf. Gn 2,3); se pasea por el Jardín al caer de la tarde y sus pasos hacen ruido (cf. Gn 3,8); Dios hace las túnicas de piel para Adán y Eva y Él mismo los viste con ellas (Gn 3,21); y si vamos al resto de la Biblia vemos a Dios descrito con pasiones humanas: se enoja, se arrepiente, se goza, se agita, etc. Y el Libro de los Salmos nos inunda con imágenes de Dios: tiene una voz que descuaja los cedros del Líbano y enciende llamaradas (Sal 29), mira desde lo alto morando en el cielo (cf. Sal 33,13), tiene ojos (cf. Sal 33,18), Dios unge con óleo (cf. Sal 45,8); está sentado en un trono (cf. Sal 47,9); sale al frente del pueblo como un guerrero (cf. Sal 68,8); tiene alas y plumas con las que cubre a sus hijos (cf. Sal 91,4); se arropa de luz como un manto (cf. Sal 104,2); se desliza sobre las alas del viento, usa a las nubes como carro (cf. Sal 104,3-4), etc. Todas éstas son imágenes literarias, pero no menos imágenes que un cuadro de Dios o una escultura. Dios no tiene manos, ni camina como los hombres, ni tiene pies para que sus pasos se escuchen, Dios no cose vestidos, ni cultiva como un labrador, ni viaja sentado en una nube, ni tiene ojos, ni se viste de luz material, etc.; todas éstas son imágenes tomadas del mundo de los hombres para dar a entender a nuestros pobres intelectos, la majestad divina. Pero si el literato puede usar imágenes, ¿por qué no puede usarlas el pintor o el escultor? Si podemos hacer imágenes en nuestra imaginación, ¿por qué no pueden hacerse en el exterior?


Evidentemente esto nos muestra que la intención y el alcance de este mandamiento de Dios es otro. Los autores sagrados (y Dios que los inspira) no pretenden reaccionar principalmente contra una representación sensible, pues, como hemos dicho, la misma Biblia está colmada de representaciones sensibles y la historia del pueblo de Israel nos muestra que Dios manda varias veces hacer representaciones de cosas espirituales (como los querubines o la serpiente salvadora), sino que lo que intenta este mandamiento es luchar contra la magia idolátrica y preservar la trascendencia de Dios. Dios prohíbe la fabricación de imágenes destinadas a la adoración, porque el culto de adoración sólo corresponde a Dios. Es, pues, pecado de idolatría el adorar una imagen, sea representativa de Dios o de un santo, como si ésta fuera Dios . No es en cambio idolatría el solo hecho de representar a Dios con imágenes, ni el rendir a las imágenes una veneración que no termina en ellas sino en la persona venerada o en Dios mismo, del mismo modo que un joven que tiene sobre su mesa una fotografía de su novia o de su esposa no está enamorado del papel que la representa, aunque de vez en cuando la bese, sino de la persona retratada en esa foto de papel. Y lo mismo se diga de quien lleva consigo fotografías de sus hijos o de sus padres. Así como estas personas al mirar esos retratos piensan en las personas de carne y hueso que están allí retratadas y rezan por ellos a Dios, de la misma manera quien mira una imagen de un santo o de la Virgen, no se detiene en el papel, la terracota, el yeso o la madera de que están fabricadas sino en la persona real que, desde el cielo puede interceder por nosotros ante Dios.

Éste es el motivo por el que el Concilio de Nicea reunido en el año 325 afirmó lo siguiente: “Siguiendo la enseñanza divinamente inspirada de nuestros santos Padres y la tradición de la Iglesia católica (pues reconocemos ser del Espíritu Santo que habita en ella), definimos con toda exactitud y cuidado que las venerables y santas imágenes, como también la imagen de la preciosa y vivificante cruz, tanto las pintadas como las de mosaico u otra materia conveniente, se expongan en las santas iglesias de Dios, en los vasos sagrados y ornamentos, en las paredes y en cuadros, en las casas y en los caminos: tanto las imágenes de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, como las de nuestra Señora inmaculada, la santa Madre de Dios, de los santos ángeles y de todos los santos y justos”2 .

Si bien la fe no depende de nuestra visión, tampoco debemos despreciar las imágenes. De hecho, el mismo cuerpo de Jesús presente en este mundo era una imagen para sus discípulos; como dice el Catecismo: “la Iglesia siempre ha admitido que, en el cuerpo de Jesús, Dios que era invisible en su naturaleza se hace visible”3 . Y también: “lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora”4 .

Las imágenes de santos y otras cosas sagradas, cumplen una función muy importante en la vida de la Iglesia. No nos dan la fe, pero a través de ellas permiten a nuestra naturaleza, que es a la vez corporal y espiritual, remontarse a Dios de modo connatural.

La Iglesia ha condenado siempre la adoración de las imágenes. Así, por ejemplo, en el segundo concilio de Nicea (año 787), hablando de la adoración de las imágenes, dice que “no está de acuerdo con nuestra fe, que propiamente da adoración a la naturaleza divina, aun cuando haya gestos que tengan apariencia de adoración, como aquéllos con los que se honra la figura de la vivificante cruz o los libros santos de los evangelios así como otros objetos sagrados”.



El catecismo del Concilio de Trento (año 1566) enseñó que se comete idolatría “adorando ídolos e imágenes como si fueran Dios, o creyendo que ellos poseen alguna divinidad o virtudes que les dé derecho a recibir nuestra adoración, a elevarle nuestras oraciones o a poner nuestra confianza en ellos”. Y el Catecismo de la Iglesia Católica explica que “la Escritura constantemente nos recuerda que hay que rechazar los ídolos de plata y oro, la obra de manos de los hombres. Ellos tienen boca pero no hablan, ojos pero no ven. Estos ídolos vacíos hacen vacíos a sus adoradores, aquéllos que los hacen son como ellos, así como todos los que confían en ellos (Sal 115,4-5, 8)”5 .


2 DS 600; la doctrina de las imágenes y su justo lugar en el culto católico está expuesto de modo muy claro en el Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1159-1162.
3 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 477.
4 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 515.

..........

Por otra parte, la reducción de los Mandamientos (10) de la Ley de Dios a 2 no se hace para tergiversar nada sino porque Cristo mismo dijo que todo se resumía en dos: Amar a Dios sobre todas las cosas y a al prójimo como a nosotros mismos (Mt 22 37-39).
29/01/13 4:02 PM
Comentario de juan manuel zuñiga macias
muchas gracias por la respuesta, muy abundante y explicita, pero no contesta mi pregunta del porque el 2do mandamiento no aparece en el catesismo que le enseñan a los niños cuando se preparan para hacer la primera comunion lo de la adoracion de imagenes me queda muy clara, lamentablemente la mayoria de catolicos la practica, en mi familia lamentablemente le dan mas credito a la guadalupana que a Jesus o a Jehova, Dios padre, otro error que creo se comete es que no se le enseña a los niños el nombre de Dios padre, pero en fin ese es otro tema, me gustaria saber, ya que he buscado, preguntado y no he encontrado algo congruente del por que en el catesismo no aparece el 2do mandamiento original, y del por que el decimo lo dividen en dos, estoy de acuerdo en que todo se resume en los 2 primeros mandamientos, pero....aplicamos realmente esto??? en las iglesias nos enseñan realmente a poner a Dios por sobre todas las cosas??? y de amar a nuestro projimo como a nosotros mismos?????
30/01/13 4:35 PM
Comentario de reyes jeronimo torres
En todas las preguntas que hace en el recuadro de
arriba algunas veces e pecado les invito a todos los que vean este mensaje cambien su forma de vivir.
26/04/14 7:10 PM

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Eleuterio Fernández Guzmán

Eleuterio Fernández Guzmán

Licenciado en Derecho, casado y con dos hijos. Hijo de Dios y hermano en Cristo… en defensa de la fe, sabiendo que en esta labor, a veces ingrata pero siempre fructífera, no estoy solo sino, al contrario, acompañado de muy buenas compañías.
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