8.01.24

Imprudencias eclesiales

Gracias a Dios, conozco un gran número de sacerdotes buenos, sabios, llenos de celo, piadosos y bien formados, e incluso algunos a los que me atrevería a considerar cercanos a la santidad. También he conocido a otros bastante menos ejemplares, claro y, aunque resultan mucho menos interesantes, creo que podría ser buena idea dedicar un breve post a un tipo de ellos en particular: los clérigos imprudentes.

Cualquiera que tenga una cierta experiencia de la vida eclesial sabe que los clérigos más imprudentes y narcisistas siempre son los que quieren salir en los medios a pesar de ser unos bocazas cuya única habilidad es la de parlotear incesantemente sin pensar lo que dicen; los que están deseando ser exorcistas cuando el demonio les engaña todos los días en cosas de principiante; los que quieren a toda costa mandar a pesar de que no saben obedecer; los que se empeñan en pontificar sobre altas teologías aunque ni siquiera conocen bien el catecismo, y los que quieren dedicarse a hablar del éxtasis místico sin haber llegado a comprender la ascesis personal más básica. Es decir, siempre los menos indicados para hacer todas esas cosas.

Tradicionalmente, la Iglesia, como sabia Madre y Maestra, les indicaba con cariño que era mejor que se dedicaran a otras cuestiones al alcance de sus capacidades y así eran más felices, daban más gloria a Dios y, sobre todo, no hacían daño a los fieles. Como es lógico, siempre se escapaban algunos, que se obstinaban y al final conseguían lo que creían que querían, con consecuencias generalmente desastrosas para los que estaban alrededor y sobre todo para el propio interesado. No obstante, en general había una especie de sabiduría institucional acumulada en la Iglesia que ponía coto a las imprudencias más grandes.

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6.01.24

Cuento de Navidad

Hace tres años, por estas mismas fechas, hablábamos del magnífico cuento de Navidad de Natalia Sanmartín y, sin duda, es una época propicia para esos relatos, a veces tristes y a veces alegres, pero ante todo conmovedores. Este año, sin embargo, en vez de leer un cuento navideño me he encontrado con uno real inesperadamente.

Por razones que no vienen al caso, me ha tocado revisar los ingresos de InfoCatólica y, a diferencia de lo que esperaba, ha sido una labor preciosa. Primero, porque he podido palpar una vez más que InfoCatólica no es un medio como los demás: nació pobre y lo ha seguido siendo a lo largo de los años. Verlo de primera mano al comprobar los (más bien escasos) ingresos me lo ha recordado y ha avivado mi fe. Qué grande es Dios que ha querido regalarnos la pobreza. Así se cumple lo que dijo San Pablo: conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. ¡Es verdad, yo lo he visto!

Siempre me ha parecido que InfoCatólica es como el establo de Belén: un portal (digital) desvencijado, con goteras, algo frío cuando sopla el viento y sin ninguna de las comodidades de la posada, pero en el que, sorprendentemente, el Niño Dios parece estar a gusto, San José arregla lo que puede cuando se lo pedimos y nuestra Señora, bueno, nuestra Señora convierte cualquier lugar en un palacio con su presencia, como Reina que es. No faltan la mula y el buey, que somos los que escribimos en el portal, más bien brutos, pero ahí estamos, mirando al Niño. Y todos los que acuden, por supuesto, que no lo hacen por el portal en sí mismo ni por nosotros, que no somos precisamente una atracción turística, sino para contemplar al Salvador de todos los pueblos.

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4.01.24

El cardenal Fernández se bate en retirada, aunque atacando

Dos semanas después de asegurarnos que la declaración Fiducia supplicans era “suficiente” y no cabía “esperar otras respuestas” (FS 41), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publica otro documento sobre el tema, una nota de prensa aclaratoria. Parece que el hecho inaudito de que multitud de obispos y conferencias episcopales de todo el mundo hayan rechazado la declaración original ha obligado al Dicasterio a publicar urgentemente algo, lo que fuera, para intentar cubrir el desaguisado. El resultado es una nota de prensa que hiede a pánico y desesperación.

En la nota se hace referencia a las “comprensibles manifestaciones de algunas Conferencias episcopales” frente a Fiducia supplicans. Si esas reacciones resultan inauditas, pero a la vez son comprensibles, ¿no significa eso necesariamente que el documento en sí fue una chapuza inaudita? Porque, si los obispos, que nunca se atreven a cuestionar lo que viene de Roma, de pronto han rechazado en gran número esta declaración y esa reacción es “comprensible”, nos vemos obligados a deducir que hay un grave problema en la propia declaración.

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2.01.24

Cuatro casos prácticos (y medio) de aplicación de Fiducia supplicans

Estos últimos días hemos hablado mucho sobre Fiducia supplicans, el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que permite dar la bendición a las parejas en situación matrimonial irregular o del mismo sexo. Hay que reconocer que, en el plano teórico, en el texto del documento se ofrecen múltiples garantías de que estas bendiciones no se van a utilizar de forma indebida, para saltarse la doctrina católica sobre la sexualidad y el matrimonio.

En el documento se nos asegura, por ejemplo, que con las bendiciones “no se pretende legitimar nada, sino sólo abrir la propia vida a Dios, pedir su ayuda para vivir mejor”, que son “un pedido de auxilio a Dios, un ruego para poder vivir mejor” y están destinadas a personas que “desean encomendarse al Señor y a su misericordia, invocar su ayuda, dejarse guiar hacia una mayor comprensión de su designio de amor y de vida”, para “responder a la voluntad del Señor” y que el ministro puede pedir para las personas bendecidas “la luz y la fuerza de Dios para poder cumplir plenamente su voluntad”. En ese sentido, se reconoce que “la Iglesia no tiene potestad para conferir su bendición litúrgica cuando ésta, de alguna manera, puede ofrecer una forma de legitimidad moral a una unión que presume de ser un matrimonio o a una práctica sexual extramatrimonial”. Resumiendo, según el documento, las bendiciones permitidas están dirigidas a personas que quieren pedir la ayuda de Dios para salir del pecado y cumplir la voluntad de Dios y en ningún caso pueden ofrecer legitimidad a las prácticas sexuales extramatrimoniales.

Como, por desgracia, es frecuente que las palabras se las lleve el viento, los lectores estarán de acuerdo en que conviene contrastar esas palabras con los hechos. Dos semanas después de la firma de Fiducia supplicans podemos considerar cuatro casos prácticos (o mejor, cuatro y medio) de aplicación de la misma, para comprobar si esas garantías que nos ofrecía eran reales. Como dice el proverbio ruso que recordó Reagan en relación con el desarme nuclear: confía, pero verifica.

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30.12.23

¿Qué podemos aprender de Fiducia supplicans?

Gracias a Dios, de todo podemos aprender algo y la reciente declaración Fiducia supplicans del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no es una excepción.

En este caso, con todo el respeto, sugiero no intentar aprender nada del propio documento. Está viciado de raíz por la idea de que no existen actos que sean malos en sí mismos y parece haber sido escrito con una forma mentis que no es católica. Eso hace que, a mi entender, sea dañino, incluso en las partes que pretenden ser consideraciones piadosas. Como decían los escolásticos, bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu o, dicho de otra manera, basta una cucharada de veneno para estropear un gran pastel.

Podemos, sin embargo, aprender dos importantísimas lecciones de lo que ha sucedido con la declaración. A fin de cuentas, ha sido rechazada públicamente por multitud de obispos y conferencias episcopales enteras, algo que apenas tiene precedentes en el último siglo de la Iglesia, así que por fuerza ha de ser un acontecimiento significativo.

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