¿Pueden comulgar los divorciados?
La sociedad de la comunicación parece querer empujarnos a respuestas simples para todos los problemas. Un titular no suele ser matizado. Pero el pensamiento humano no puede dejarse encadenar por la lógica de los titulares. A casi nada se puede responder, de modo tajante, “sí” o “no” y no hay que ser relativistas para tener que recurrir, muchas veces, al “depende”.
La moral católica es una obra de filigrana, delicada y pulida, en la que se engarzan la fe y la razón, el sentido común y la luz de la gracia, la conciencia de las exigencias del Evangelio y el realismo que conoce la debilidad humana. Un tratado de teología moral no es una lista de pecados. Es, más bien, un esfuerzo sereno orientado a ayudar al hombre a llegar a ser lo que está llamado a ser; a vivir, en definitiva, a la altura de su dignidad y de su vocación.
La experiencia pastoral dice que, a problemas concretos de tipo moral, hay que responder más en el confesionario que en el púlpito. Sólo sopesando las circunstancias se puede ayudar a quien lo necesite a enderezar su vida para caminar a la luz de la verdad.

Entre los seguidores de este blog – inteligentes, fieles y divertidos – se ha creado una fraternidad que no por “virtual” resulta menos “real”. En esta era cibernética, el “otro” ya no es, exclusivamente, el que está delante de mí. Es también el que está conectado a su ordenador e interactúa conmigo.
Reproduzco aquí un artículo mío de 2005. Tal día como hoy estaba en la Plaza de San Pedro aguardando con ilusión la “fumata blanca". Recuerdo la enorme alegría de todos los allí convocados al escuchar el anuncio de un nuevo Papa, el Cardenal Ratzinger:
La capacidad de padecer, de soportar, de empeñarse en una tarea pesada, de esperar… no es una cualidad de segunda fila, sino muy meritoria y de primera necesidad.






